El erotismo en La Biblia

Carmen Amelia Pinto
Narradora y ensayista
Miembro del Grupo Cultural El Túnel
pintocerete@yahoo.es

La Biblia, ese texto sagrado de que tanto se habla, que muchos leen pero pocos entienden; el libro más editado, más vendido y que cada quien interpreta a su manera; además de ser religioso, ético, moral, histórico, literario, geográfico, filosófico, antropológico, arquitectónico, es, también, un libro erótico. No hay descripciones lujuriosas ni detalladas de los hechos; menciona los casos como hechos normales, simples gotas, llovizna que moja sin empapar; lo demás queda a la imaginación del lector. Esto, especialmente, en el Antiguo Testamento.

Un ejemplo de lo anterior se da en el cuento "Juana aprendió sus primeras letras". Allí, Álvaro Cepeda Samudio lo escribe claro: según él, Juana se volvió puta por andar leyendo La Biblia, sobre todo el Antiguo Testamento, que, como afirma, “es un montón de historias que van desde las más inocentes y elementales hasta las más enrevesadas y pornográficas.” (p. 79)

Una rápida visión por los primeros libros del Antiguo Testamento lo confirma: desde el Génesis, principio de la creación, el sexo se pasea por el edén; no existía el pecado, pero sí el sexo: “Entonces fueron abiertos los ojos de ambos, y conocieron que estaban desnudos” (Gen: 3, 7). Y no sólo conocieron su desnudez, sino que la empezaron a utilizar, a gozar y a poblar la tierra.



































      Adán y Eva, Durero

Quizá nosotros, lectores comunes y religiosos, no entendamos por qué, si Jehová ya había entregado la tabla de los diez mandamientos a Moisés, la sexta ley que es: no fornicar, y la novena: no desear la mujer del prójimo (que también se ordena en viceversa a la mujer: no desear el marido ajeno), sean las más violadas, y que sean los violadores de esa ley los mismos reyes elegidos por Dios. Entre los más sobresalientes por este hecho están David y su hijo Salomón. David, incluso, llegó al asesinato de los esposos de sus amantes para quedarse con ellas. Veamos algunos ejemplos:

En Hebrón, David tuvo las siguientes mujeres: Mical (mujer de Paltiel), Ahinoam, Abigail (mujer de Nabal, a quien mandó a matar en la guerra, cuando éste se enteró de que su mujer también era mujer de David), Macca, Haguit y Abirtal (2 Samuel: 3,3).

Y en Jerusalén tomó David más concubinas y mujeres; once en total, a las que dio un hijo a cada una (2 Samuel: 5,3).





































    
Betsabé en el baño, de Rembrandt

Después tomó a Betsabé, a quien vio bañándose desnuda en el jardín de su palacio, ordenó a sus hombres traerla a su aposento, y la poseyó sin saber quién era. Después de la posesión se enteró de que era la esposa de Urías, jefe de su ejército. Entonces David ordena a sus hombres darle muerte para quedarse con ella. Mientras la orden se cumple, Betsabé vive con su esposo, estando ya embarazada de David. El primer hijo murió poco después de nacer, el segundo hijo fue Salomón.
 
Cuando el rey David era viejo y avanzado en días, le buscaron una joven virgen, “para que esté delante de él, lo abrigue y duerma a su lado” (1 Reyes: 1,1). Le trajeron a Abisag, ella abrigaba al rey y le servía, aunque por su edad no la poseyó.

También se cuenta que en las batallas que ganaban, tomaban a las esposas e hijas de los enemigos asesinados. Y David ganó muchas batallas.

De Salomón se dice textualmente: “Y tuvo setecientas mujeres reinas y trescientas concubinas, y tantas mujeres desviaron su corazón” (1 Reyes: 11, 3). Y todas estas mujeres convivían en sus palacios. Pero a pesar de tener tantas mujeres, no tuvo muchos hijos, sólo dos. Su sabiduría le permitió gozar del sexo sin procrear demasiado.


































Celebración de la esposa, en El cantar de los cantares,
por Celedonio Perellón

Salomón fue menos guerrero que su padre, libró pocas batallas y enviaba a su ejército, él dirigía desde sus palacios, donde estudiaba con cautela los conflictos que se presentaban y les daba una solución que no incluyera la guerra. Estaba más dedicado al estudio de la filosofía y a atender a sus mil mujeres.

Es él el autor del Cantar de los Cantares, poema erótico-sublime, quizá el primero de este género en la antigüedad. Inspirado en sus mujeres escribió estas maravillas:

-Yo os conjuro, ¡oh doncellas de Jerusalén!... / que si lo despertáis, / no hagáis esperar al amor (Cantares: 2-7).

-Ven, amado mío; / sé semejante al corzo, / o como el cervatillo… / saltando sobre mis montes, / brincando sobre mis collados (Cantares 3: 8-17).

-Tus senos son como gemelos de gacela / que se apacientan entre lirios (Cantares 4: 5-6).

- ¡Oh, si él me besara con besos de su boca! / Porque mejores son tus besos que el vino (Cantares 1: 1-2).

-Yo soy de mi amado / y conmigo tiene su contentamiento. / Ven, amado mío, / salgamos al campo, / allí te daré el ardor de mis amores (Cantares 7: 9).

-Que hermosa eres y cuán suave, / ¡oh amor deleitoso! / Tu cuerpo es semejante a la palmera / y tus senos a los racimos. / Yo subiré a la palmera y asiré sus ramas / y que tus senos sean racimos de vid / que llenen mi boca (Cantares 7: 6-9).
































  Salomé, de Rafael Olbinski

Pero también, basado en sus conocimientos sobre las mujeres, escribió estas sentencias sobre ellas:

-Mejor es vivir en un rincón y falto de alimentos, que con mujer rencillosa y soberbia en palacios llenos de provisiones (Proverbios 25, 24).

-Por tu bien y por Jehová, procura mujer silenciosa y prudente, pues las contiendas de las mujeres, son peores que casa con goteras continuas  (Proverbios 19. 11-13).

-Es más fácil atajar el viento o sostener el aceite entre las manos, que hacer entrar en razón a una mujer pendenciera e insensata (Proverbios 17, 16-18).

Roboam, hijo de Salomón, siguió el ejemplo de sabiduría y erotismo de su padre. Sus dos principales esposas fueron sus primas y hermanas entre sí, Mahalat y Maaca. Con ellas, “tomó dieciocho mujeres y sesenta concubinas, y engendró veintiocho hijos y sesenta hijas” (2 Crónicas 11-21). Y eso que murió joven: 58 años, de un promedio de 120.

También el rey Asuero es un ejemplo de desenfreno sexual. Se cuenta en el libro de Ester que Asuero era poderoso y prepotente. Su reino ocupaba 120 países. En una ocasión hizo una fiesta de 180 días para príncipes, reyes e invitados especiales, y después siete días más para el pueblo en general. Estando en estos banquetes, mandó a llamar a Vasti, su mujer, para presentarla ante los demás reyes. Pero ella, en un gesto de soberbia, se negó a asistir. La reina fue despedida del palacio. Entonces le consiguieron nueva esposa al rey, de esta forma: escogieron a las jóvenes vírgenes más hermosas del reino que eran preparadas durante un año antes de presentarse al rey. Y así, una a una, eran entregadas a Asuero, cada noche: “Ella venía por la tarde, y a la mañana siguiente volvía a la casa segunda de las mujeres [...] no venía más al rey, salvo si el rey la quería y era llamada por su nombre” (Ester, 2: 14). Después de desvirgar a múltiples mujeres, Asuero se quedó con Ester.





























 

 
Judith y Holofernes, de Franz Von Stuck


También en las historias bíblicas hay incesto: padres con hijas, hermanos con hermanas.

Por ejemplo, Sara, la esposa de Abraham, era hermana de él por parte de padre. Y cuando hubo sequía y desolación en Israel y ellos huyeron a Egipto, él decía que ella era su hermana viuda, porque no aceptaban como asilados parejas de casados. Ella fue “vendida” por su esposo y hermano Abraham a varios faraones egipcios, quienes la poseyeron y le pagaron dote, con la cual pudieron volver a Israel convertidos en millonarios. Así lo cuenta el Génesis 12: 14-17: “La vieron los príncipes de faraón… y fue llevada a casa de faraón. E hizo bien a Abraham por causa de ella; y él tuvo ovejas, vacas, asnos, siervos, criados y camellos. Mas Jehová hirió a faraón y a su casa con grandes plagas, por culpa del pecado de Sara” [...] También la tomó Abimelec y fue, asimismo, castigado por Jehová”. Abimelec le reclama a Abraham el hecho de haberle mentido al decirle que era su hermana y no su esposa. Abraham responde: “Y a la verdad también es mi hermana, hija de mi padre, mas no hija de mi madre, y la tomé por mujer” (Génesis: 20-12).

Otro ejemplo de incesto lo dan las hijas de Lot, que lo emborrachan y lo “violan” para tener descendencia de él. Después de la destrucción de Sodoma y Gomorra, porque habían llegado a extremos intolerables de libertad sexual (intentaron violar a dos ángeles, enviados por Dios con la misión de sacar a los justos), y salvado Lot de la destrucción, éste huye con su esposa y sus hijas, bajo la orden divina de no mirar hacia atrás; dicho en lenguaje metafórico, significaba que no volverían a vivir lo que habían vivido en Sodoma. Cuando su mujer mira hacia atrás y se convierte en estatua de sal, no es exactamente eso. Ella se devolvió a la ciudad porque le gustaba y participaba de esa vida desenfrenada. Lot se duerme en un paraje solitario donde debían fundar una nueva ciudad. Sus hijas, temerosas de morir sin descendencia, emborrachan al papá y tienen sexo con él, y así hijos de él, a pesar de ser ya casi un anciano. Lot no se entera de esto. Sus hijas no se lo dicen y cuando empiezan sus vientres a crecer, él muere.

Otro caso específico es la historia de Tamar: “Aconteció que Amnón, hijo de David, tenía una hermana virgen y hermosa que se llamaba Tamar y se enamoró de ella [...] con engaños la llevó a su cama, y pudiendo más que ella, la forzó, y se acostó con ella” (2 Samuel: 14, 1, 28). Este hecho desencadena una de las batallas más largas y encarnizadas del Antiguo Testamento. Después de la violación de Tamar por parte de su hermano Amnón, Absalón, también hermano de ambos, le reclama a David, padre de los tres, para que tome represalias contra su hijo. David no lo hace porque necesita a Amnón para la guerra. Absalón recoge a su hermana Tamar, que ya queda sin pudor y mal vista por la sociedad, y la esconde en su casa, arma un ejército y se enfrenta a su padre, advirtiéndoles a sus súbditos que no le hagan daño alguno a David, sino a sus hombres. Lo mismo ordena David a sus guerreros con relación a su hijo Absalón. Dos años después, mientras Amnón toma vino, los hombres de Absalón lo matan.



























   
   Sansón y Dalila, de Rubens

Jacob fue esposo de dos hermanas, Raquel y Lea, y convivía con ambas en la misma casa. También fue marido de las siervas de sus mujeres. Jacob pagó a su suegro con trabajo en el campo el precio de sus esposas, siete años por cada una. Por las siervas Bilha [1] y Zila, no pagó. Ellas venían con la mujer que compraba. Como quien dice, eran la ñapa.

El mismo caso sucede con Sara: “Y Sara, mujer de Abraham, tomó a Agar su sierva egipcia y la dio por mujer a Abraham su marido” (Gen: 16, 3). De la unión de Abraham y Agar nace Ismael. Pero Agar se subleva contra su ama y Jehová da el poder a Sara de tener un hijo. A pesar de su edad, tuvo a Isaac. Agar es expulsada con un cántaro de agua y un pedazo de pan. Ella y su hijo caminan por el desierto, donde, después de acabárseles las provisiones y a punto de morir, guiados por un ángel, encuentran un oasis y plantan una casa. Además de Agar, Abraham también tuvo hijos con Cetura, otra criada de Sara.

Hay prostitución: se produce la destrucción de Sodoma y Gomorra, porque “el pecado de ellos se ha agravado en extremo” (Gen: 18,20).

Casos de acoso sexual: José, hijo de Jacob, quien, después de ser vendido como esclavo por sus hermanos, es calumniado y encarcelado por la mujer de su amo Potifar, porque no quiso tener sexo con ella, siendo José novio de su hija. Hay más violencia: “…y les mandaron, diciendo [...] id y herid a filo de espada a los moradores de Jabes-Galaad, incluyendo mujeres y niños [...] y les dieron por mujeres a los hombres de la tribu de Benjamín, las mujeres que habían quedado vivas” (Jueces: 4, 10). Se cuidaron de dejar vivas a las mujeres vírgenes y viudas, las cuales fueron tomadas sexualmente por los enemigos vencedores.

Hay más relatos de sexo y venganza: “…hubo un levita que moraba como forastero en la parte más remota del monte de Efraín [...] y su concubina le fue infiel. [...] Cuando la encontró, la sacó, la entregó a los hombres de la calle, y abusaron de ella toda la noche. A la mañana la levantó y la echó sobre su asno, y llegando a su casa, tomó un cuchillo, y echó mano de su concubina y la partió por sus huesos en doce partes, que envió por todo el territorio de Israel” (Jueces 19: 1-3). Como se nota, la infidelidad de la mujer era pagada con la muerte y al esposo que ejecutaba la sentencia no se le veía como asesino sino como justiciero. Según sus normas, estaba en su pleno derecho.
 
Pero a pesar de tanto desenfreno sexual, estaba prohibido el homosexualismo, la zoofilia y el acto sexual con mujeres en estado de menstruación. Veamos qué dice La Biblia al respecto: el Levítico 18, 22-23, se refiere al homosexualismo y la zoofilia en los siguientes términos: “El varón no se juntará con varón, como tampoco mujer con mujer: esto es abominación. Ni con ningún animal tendrás ayuntamiento; ni mujer alguna se pondrá delante de animal para ayuntarse con él: esto es perversión”. La abstinencia sexual durante el periodo menstrual se encuentra en Levítico 15, 24-25: “Cuando la mujer tuviere flujo de sangre, siete días estará apartada, según los días de su costumbre, siete días será inmunda y si algún hombre durmiere con ella y su menstruo cayere sobre él, también será inmundo siete días, y hasta la cama sobre la que él durmiere, será inmunda”.

Estos son sólo algunos apartes tomados del Antiguo Testamento, aunque hay muchos más.


























     José y la mujer de Putifar, de Tintoretto

En el Nuevo Testamento los casos son más esporádicos. Sí suceden, pero no los cuentan. Se menciona a María Magdalena, la prostituta arrepentida (ahora algunos investigadores dicen que fue un apóstol), a la mujer adúltera que iban a apedrear y Jesús la perdona. El caso más patético del Nuevo Testamento es el de Salomé. El rey Herodes compartió al mismo tiempo con su hermano Felipe a la esposa de éste, Herodías. Salomé era hija de Herodías y Felipe, sobrina e hijastra de Herodes, quien estaba encantado por su belleza, ya que lo agradaba con sus bailes sensuales. Herodías mandó a matar a Juan el Bautista, valiéndose de Salomé, porque éste le advertía a Herodes: “No es lícito que poseas a la mujer de tu hermano” (Marcos 6, 22-23). Se cree que Felipe aceptó sin problemas compartir a su mujer con su hermano, por el temor que se le tenía a éste. Herodes era un dictador implacable. Y también porque Herodías se sentía satisfecha siendo mujer de dos hermanos en el mismo palacio.
 
¿Contradicción o inconsecuencia? Si eran unos reyes elegidos por Dios, y conocedores de los diez mandamientos, lo hicieron con conocimiento de causa. Aunque no se especifica, como sí lo hace El Corán [2], cuántas mujeres podían tener, se cree que el número es infinito mientras se cumpla con estas leyes: que no sean mujeres con marido y que no adoren a dioses falsos. Y que el marido pueda satisfacerlas económica y sexualmente a todas.

También se cree que eran pueblos que apenas se iniciaban y lo más importante era poblar la tierra, porque ésta tenía pocos habitantes; esas eran ciudades guerreras, donde diariamente morían muchos en las tantas batallas que se libraban. En esos pueblos los hombres fuertes y valientes eran los más aptos y solicitados para procrear, porque se creía que sus hijos también heredarían esas virtudes, de ahí el afán de las innúmeras mujeres.

Negar el carácter erótico-sexual de La Biblia es cerrarnos a una realidad que está presente. Los pasajes sobre sexo en el Antiguo Testamento se narran con naturalidad. Ya existía el concepto de “pecado”, pero no por esto se ocultan los desenfrenos de sus reyes, que también sucedían entre los súbditos y el pueblo raso. Temor y obediencia a Dios, valentía y desenfreno sexual, parece ser la tríada de los antiguos reyes de la Biblia.

Notas:

[1] Bilha, sierva de Lea y amante de Jacob, también fue amante de Rubén, primogénito de Jacob y Lea.

[2] En la actualidad, el Islamismo permite tener cuatro esposas. El caso más reciente, ocurrido el 24 de agosto de 2008, fue el de Mohammadu Bello Masaba, de Nupeland (Nigeria), quien, según el islamismo antiguo, estaba casado con 86 mujeres, y fue obligado a divorciarse de 82 esposas y quedar con cuatro, para cumplir las leyes del Islamismo actual. Él afirmó que lo hizo por sorteo, porque las amaba a todas (tomado de El País de España, en www.diarioelpais.es, septiembre 1 de 2008).

Bibliografía:

CEPEDA SAMUDIO, Álvaro. Los cuentos de Juana. Bogotá, Norma, 1976.

Dios habla hoy. La Biblia católica. En: [www.librodot.com]

La Biblia. En versión de Casiodoro de Reina, primera revisión de Cipriano de Valera. Bogotá. Sociedades Bíblicas de América Latina, 1909.

La Biblia. Bogotá, Ediciones Progreso, 1998.

La Santa Biblia. Bogotá, Círculo de Lectores, 1992.

Salomón. El cantar de los cantares. En: [www.escuelabiblicauniversal.com.co]

Santa Biblia. Versión Reina-Valera. Bogotá, Sociedades Bíblicas Unidas, 1960.

Traducción al Nuevo Mundo de las Santas escrituras. Nueva York: Watch Tower, 1986.

VICENT, Manuel. "Betsabé". En: Generación. Medellín, El Colombiano, nov. 2 de 2008, p. 18.
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©   Carmen Amelia Pinto

LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN: 0124 - 9282

Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen X – Número 37
Abril-Mayo-Junio de 2009

PROGRAMA DE HUMANIDADES Y LENGUA CASTELLANA
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
Barranquilla - Colombia

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