Tras los gatos ocultos

Yurina de Alba Manjarrés
campesinoemasculado@hotmail.com
Humanidades y Lengua Castellana
Universidad del Atlántico


Tras el barullo de las luces
suave
constante
llena de pregones incesantes,
recurre al sonoro hastío de los cuerpos agitados.

Antes
aprendió indolente a untarse el colorete.
Y más adelante
abrazó la necesidad de saberse amarrada
a la usanza del sudor sofocado de la noche.


Piedra y luna

Tras aquel árbol
hay dos personas:
un hombre y una mujer.

Ya se han dado cuenta de que los miro.
Quieren estar solos
y pensar en los conatos del amor.
Creo que les gusta la oscuridad
y han empezado a buscar un almendro más grande.
Pero aún los veo.

Ahora ella me mira
sabe que la estoy viendo.
Toma una piedra
la tira hacia la luna.
Ya no los puedo ver.












































Me hacen daño los días de sol.
Intento mirarlo
y se burla de mi.
Inclemente y certero
es el único que me acompaña
cuando no estás.


Tren

Hay un deseo que pido
siempre que pasa un tren.

De una canción de Andrés Calamaro.

¿Aparecerá el tren?
Siéntate ahí,
espera.
Y cuando escuches el crujido incesante
de los vagones arrastrándose por el tranvía,
toma tus valijas
y asegúrate de llevar en ellas
sólo las cosas que sean necesarias para el viaje.

Tal vez el tren llegará al anochecer.
Así será mejor
porque irás tras los gatos
que se ocultan con la luna.


Eterno

Quiero embriagarme
esta noche.
No usar faldas
y poder
saltar
gritar
y bailar.
Que liberen los fantasmas fugitivos
que me abrazan,
que fusilen los instantes
cuando no estás.


***

Esta noche
la luna quiere llorar,
pero teme que sus lágrimas
puedan lastimarnos
a nosotros
los que estamos acá abajo
a todos los que necesitamos
dejar de soñar.


***

Sonreír es difícil.
Es como mirar a un gato
y querer saber qué es lo que piensa.
No es tan fácil como en las fotografías.
Es amanecer,
desconocer el color de la gente
y querer dar la vuelta.


***

Que se acaben
los sudores de maestro reprimido.
Hay que empacar las excusas,
escupir las llegadas tardes,
esconder los fragmentos de clases perdidas,
tragarse los saludos
(la cordialidad).

—Buenos días, profesora
—Buenos días, muchachos

Y el pedacito de nada
revoloteando las cabecitas distraídas,
aprovechando la distracción del pensamiento. 


***

Sus labios eran gruesos,
tenía el cabello recogido en una trenza
que le venía del pensamiento,
su rostro estaba inflado
pero no había en él señal de gripa
y sus dientes no estaban en la posición ideal.

Lo conocí a medio día
y nunca he pronunciado su nombre.
Ya lo había visto antes,
siempre mirando a la gente
con la misma esperanza infantil
de quienes llevan un violín en el hombro.


***

Como los cangrejos
cuando tienen hambre.
Así salimos en busca del amor.


***

Los hijos de mis recuerdos
tienen el color de la ceniza.
Los engendró el fuego
y los parí en medio del olvido,
mientras dormía.


***

A pesar de su infinito
amor a la noche
y aunque nadie lo pueda creer.
Los gatos
son hijos del sol.


***

A Sara y Alí,
“Los niños del cielo”.

Correr
parece simple.
Pero no lo es
cuando se ansía romper el furor de la miseria.
Yo no quería romper mis botines
pero corrí
para que no se ahogaran los peces dorados.
Ella me esperaba.
Entonces
cambiábamos de zapatos. 


***

A dos personas que ya no están.

Justo ahora
cuando la suave lluvia
abre surcos en el viento
desearía nunca haber tenido nada
para nunca haberlo perdido.


***

El hombrecito
que duerme en su clase de historia
piensa lejano,
sueña que es acariciado por dagas sin filo.
Entre tanto
Dios le abre los ojos.
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©   Yurina de Alba Manjarrés

LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN: 0124 - 9282

Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen X – Número 37
Abril-Mayo-Junio de 2009

SUPLEMENTO LITERARIO CARIBANÍA
ISSN: 0124 - 9290
Poesía

PROGRAMA DE HUMANIDADES Y LENGUA CASTELLANA
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
Barranquilla - Colombia

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