Monteadentro, de Jorge García Usta,
o la tierra onírica
Jéssica Barreto Chaparro
Los seres humanos tienden a pensar que sus lugares de orígenes son zonas sagradas y eternas que poseen una gran significación por cuanto son moradas propias que hacen parte de su esencia. Sienten, además, que en la actualidad dichos lugares han desaparecido parcialmente, es decir, debido a la tendencia a la globalización, todo toma un aspecto similar, y así se pierden las señas particulares que los distinguen de otros territorios.
Queda de ésta forma una sensación de nostalgia que induce a las personas a comenzar un viaje de retorno a la tierra espiritual, una búsqueda de identidad e incluso del rumbo de su propio destino. Allí inician un camino pedregoso hacia las raíces personales.
García Usta transforma ese viaje ontológico en una expedición literaturizada, imaginaria, casi mítica. Parte de su tierra natal, la cual atesora en su memoria, para crear un universo nuevo y complejo, que subsiste gracias al poder de la palabra.
Teniendo en cuenta las ideas de Bachelard, el lugar de origen, la primera casa, es la casa refugio en donde el poeta busca amparo de la soledad de la urbe y es lo familiar y lo acogedor que le permiten lograr momentos de intimidad, lejos de toda preocupación.
Se van a analizar, en los siguientes párrafos, los elementos semióticos referentes a espacios específicos, como son la casa, el patio, el río, que se alinderan por el doble eje de la estructura mental y la estructura cultural, lo cual incide de manera directa en la significación de texto.
Estos componentes o elementos semánticos micro-textuales son los que permiten leer desde los poemas la ideología que maneja la obra, puesto que, “es el sistema semiótico y únicamente ese sistema el que puede explicitar el sedimento de la sociedad memorizado en el texto".
En Monteadentro, identificar las imágenes poéticas que evocan en el plano de la ensoñación el lugar de origen, remitirá a los rasgos de la cultura popular que el autor toma del interdiscurso para incluirlos en su obra. Al fin de cuentas la identificación de dichos rasgos ayudará a comprender por qué el texto ofrece como ideología una revalorización de lo popular. (Pouliquen: 1992)
Por otro lado, sostiene Bachelard, en la nueva casa se busca afianzar los lazos con la vida, extraviados en el tiempo, para mantener de esta forma una dialéctica con el universo: “hay que decir, pues, cómo habitamos nuestro espacio vital de acuerdo con todas las dialécticas de la vida, cómo nos enraizamos, de día en día en un rincón del mundo. Porque la casa es nuestro rincón del mundo. Es nuestro primer universo.”
Este interés por la tierra de origen, rincón del mundo, se plantea desde el inicio del poemario, con un epígrafe de Walt Whitman:
La tierra no se cansa jamás.
La tierra gime y reclama lo suyo, exige su lugar en la vida del hombre, que parte cuando apenas es un niño. Jorge García Usta, el hombre, el escritor, no pudo escapar del llamado de la tierra infatigable, a pesar de los intentos de callar la voz de su testimonio.
Entre los murmullos que se confunden con el viento, la tierra da aliento de vida y, en el universo poético de Usta, engendra a través del lenguaje, mundos ilusorios, personajes ancestrales y tradiciones inmemoriales, que se convierten en el inicio de todo, en el génesis de Monteadentro:
Todo:
Surco, pezón o río
Empieza monteadentro (p. 18)
El autor toma distancia del mundo real en el que vive para crear uno nuevo y mejorado (todo empieza monteadentro). Ahí donde nace todo lo conocido —y lo desconocido también— , el amor, el odio, las convicciones ideológicas y todo lo arrastrado por el río diario de la vida.
De esta forma Monteadentro constituye un mundo soñado e íntimo pero que al mismo tiempo se convierte en un mundo real y concreto, y, en donde se consolida un convenio tácito con el lenguaje, el arte y la sociedad, los cuales se leen en la obra. La casa brinda imágenes dispersas y un cuerpo de imágenes; en ambos casos la imaginación aumenta los valores de la realidad .
Por ello, las palabras de Bustos Aguirre son oportunas cuando dice: “Y así, paradójicamente, el poemario (Monteadentro) más tributario de un entorno, de una exterioridad, de unas tradiciones populares, es también el poemario más personal, más tributario de sí mismo, y por esta razón el más total, complejo y valioso de los trabajos de García Usta, respuesta estética tanto más válida y coherente si se le ubica en el horizonte globalizado de la cultura”.
Existe, entonces, una relación del escritor como ser individual con la realidad, de tal manera que busca dar a conocer ese pacto personal, y es la poesía la puerta que permite al hablante lírico y al lector transportarse a la cultura popular y buscar una desestabilización del mundo real. Algunos versos recuerdan muchos intentos frustrados de cumplir dicho encuentro:
Altares agrícolas
al viento y al plato de familia
y a la hierba inalterable y loca:
asambleas de dolores
inundan al primer hombre:
Mataron al Grandísimo Miguel, el último de los Barales.
Lo mataron mientras hablaba entusiasmos de la tierra
y por haber dicho, tan callado, lo que le tocaba. ( p. 25)
Al personaje Miguel Barales lo mataron por invocar desde lo profundo de su conciencia (haber dicho, tan callado) la tierra a la que pertenece.
Por otra parte, este tono melancólico remite al epígrafe del texto, de Fray Luis de León, en donde, de manera similar, se expresa un sentido de identidad, de pertenencia de la tierra a pesar de cualquier pena sufrida por defender dicho sentido:
Y en estos desengaños he aprendido
a no cerrar jamás mi triste boca,
pregonando quién soy y quién he sido.
Y entonces el quejarme más me toca
cuando más la congoja me apretare,
que, llorada, la pena se hace poca.
Ahora bien, este mundo literario creado por García Usta parte de lo particular a lo general, es decir ,su obra da destellos de ensoñación de su pueblo natal, de la casa donde nació, pero con ciertos matices estéticos que le permite a un lector universal identificarse con esos sentimientos de añoranza de una zona de comodidad como lo es la casa materna, a pesar de ser en el fondo reminiscencias intimas del autor.
Para Bachelard, esta casa servirá para invocar el eje de lo inmemorial y del recuerdo, al ubicarse en un lugar en donde memoria e imaginación se funden en una sola.
La casa tiene la capacidad de dar una sensación de estabilidad y equilibro; sin embargo, esta casa no se recuerda de manera fidedigna, ya que se eleva a otro plano, de manera que el evocador, entre sueños, reconstruye a su parecer los cimientos de la casa, regresa a sus pasos y atesora lo enterrado por los años:
El Sinú suelta sus voceríos
y embellece mis veinte niñeces:
ya me orillo, canto y desemboco.
Aquí, la tierra pone en el rostro
un historial de resabios,
y de contado, la piedra de un animal antiguo. (p. 48)
En esa tierra onírica, sueños e imaginaciones febriles se transforman, cobran vida y se convierten en el epicentro de la realidad, y, en el poeta, se concretan en su escritura.
En estos versos, la casa adquiere energía física y moral de ser humano, y trastoca los valores del lector. Así pues, le permite viajar a Monteadentro, tierra íntima, embebida de recuerdos propios, los cuales enriquecen la relación dialéctica con el lector.
Asimismo, a pesar de ser un reflejo de la realidad, la tierra de Monteadentro, tierra onírica, desconoce los dramas del universo. García Usta, al sumergirse en el ensueño poético, la exime de ellos. Las penas de los hombres sólo pertenecen a ellos mismos; la casa soñada, casi perfecta, no interviene de manera negativa en los recuerdos de dicha casa:
El que vive a fondo
sabe llorar su gritería originaria,
y defiende en su corazón
los vestigios del monte (p. 35)
Esa idealización de la tierra es un tema recurrente en la poética del escritor; en varios textos no sólo poéticos sino también periodísticos, permite entrever esa visión. A manera de ejemplo se encuentra, entre muchos otros, un texto periodístico que se titula "El calor os hará libres", en donde defiende un rasgo particular de las regiones del trópico como lo es la temperatura ambiental:
Si de algo está abiertamente orgulloso este columnista es del calor de la Costa. Se siente orgulloso de sudar entre su gente, pues está convencido de que se trata de uno de los derechos más originales del mundo: "sudar juntos [...]. No hay cosa importante que no se haga en medio del sudor: la mujer pare, el hombre enamora y trabaja y engendra, las multitudes gritan en el estadio, el filósofo cree que resucitó o negó por cuarta vez a Dios, el político enfrenta las muchedumbres crédulas."
El calor aparece, en el anterior texto, como un elemento no sólo unificador sino también como elemento de identidad. Tal vez es una forma de repatriación, al igual que la tierra de Monteadentro, un retorno a lo esencial. También este tipo de descripciones son pistas que deja el poeta al lector para que ubique el momento socio-histórico reflejado en la lectura de la obra.
Asimismo, estas imágenes apuntan hacia una exploración para hallar una identificación, la cual se encuentra mimetizada con el cosmos. Tal como ocurre en el poema "Invitación a Vanessa Redgrave":
Usted no conoce el sol del Sinú
Allá los hombres se visten de ropa fuerte
Hasta enero son mansos los ríos
y amanece la mano del hombre,
ancha y corta como una hoja feliz (a usted le gustará)
dando color de madera al día
Usted tampoco
ha visto las lavanderas sonriendo
con sus brazos limpios tatuando el viento
( tiene ellas su misma sonrisa
empecinadamente triste
algo de sus ojos en las iniciales tardes de Blackhead)
lavando a la orilla de las babas del río.
Entonces, la tierra que se lee en los versos de Monteadentro es una tierra de ensoñación que se liga a los anhelos íntimos por volver a la casa materna, ese lugar donde García Usta vivió la etapa más anhelada en Cienaga de Oro, la casa de Nevija Usta.
Para concluir, es importante anotar que Monteadentro, como su mismo nombre lo enuncia, es un monte muy adentro, el cual no es fácil de comprender en toda su extensión. Sin embargo, a través de una lectura de lo social presente en el texto, a partir de la obra poética, este monte espeso se va mostrando con mayor ligereza.
Sus casas, patios y ríos se muestran para un hombre moderno, agotado y fraccionado, en puertas de escape hacia mundos ilusorios y Monteadentro conlleva a este vasto universo, el cual comprende el retorno a las tradiciones culturales y el olvido de las sociedades agitadas y capitalistas.
Pero no sólo se encuentran puertas de salida, también se hayan, dentro de este entretejido ideológico, ritos sagrados que se abren a un despertar espiritual, regreso a las formas esenciales de la vida. La muerte surge no como motivo de sufrimiento, sino por el contrario, como un paso a la nueva sabiduría existencial.
Por ello, Monteadentro, luego de desentramar su estructura, presenta dentro del texto una realidad ideológica clara, el retorno a la cultura original frente a una sociedad moderna, fría y apagada.
Bibliografía:
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GARCÍA USTA, Jorge (1997) Monteadentro. Medellín, Lealón.
_________ (2006). Desde la otra orilla: antologia poética. Cali: Programa Editorial Universidad del Valle.
_________ (2006) "El calor os hará libres". En: Revista Noventaynueve No. 6, pp. 73-74.
GILARD, J. (1986). "Surgimiento y recuperción de una contra-cultura en la Colombia contemporanea". En: Revista Huellas No. 18, pp.41-46.
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PACHECO, C.(1992). La comarca oral. Caracas: Ediciones La Casa de Bello.
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PPOLIQUEN, H. (1992) "Teoría y análisis socio crítico". En: Serie Cuadernos de trabajo.
RRAMÍREZ, J. (2002). "Tres propuestas analíticas e interpretativas del texto literario: estructuralismo, semiótica y socio crítica". En: Revista Comunicación (versión electrónica), Vol.12 (n.12). Extraído en marzo 2 de 2008.
[http://www.itcr.ac.cr/revistacomunicación/vol_12N2_2002/propuestas.htm]
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© Jéssica Barreto Chaparro
LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN: 0124 - 9282
Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen X – Número 37
Abril-Mayo-Junio de 2009
PROGRAMA DE HUMANIDADES Y LENGUA CASTELLANA
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
Barranquilla - Colombia
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