La Galería
Coordinación:
Álvaro Suescún T.
Ofelia Rodríguez: Cajas y lienzos
(Sala I)
Abecedario Mágico de Ofelia Rodríguez
Alberto Ruy-Sánchez
Para catálogo Galería Ramis Barquet
Monterrey, México (ahora en Nueva York)
1994
Si una caja es casi sinónimo de contención, de interioridad y de resguardo, las cajas creadas por Ofelia Rodríguez son exactamente lo contrario: antes que nada se desbordan. Pero no se salen únicamente de sí mismas sino que se desbordan también de la realidad. Son un desafío a las cosas de la vida cotidiana porque introducen en ella una presencia lógicamente inesperada, radicalmente imaginativa, siempre carnavalesca, onírica.
Título:
Caja mágica con la muerte
comiéndose el amor de su corazón
En la estética de Ofelia Rodríguez hay otras marcas profundas, además de la del desbordamiento fantástico, que hacen únicas sus piezas. Su colorido tiene un eco del arte popular de varios países latinoamericanos, pero Ofelia Rodríguez introduce en esa gama vibrante un juego sutil de combinaciones que es capaz de convertir cualquier grito colorido en modulación y por lo tanto fuerza. Sus colores mismos seducen y se nos ofrecen como sutileza en una gama alta.
Los objetos que dan nueva forma a sus cajas son como habitantes enigmáticos de un sueño: el de las formas que parecieran soñarse a sí mismas y en los avatares de su sueño engendraran correspondencias, estabilidades súbitas, acoplamientos singulares, bromas naturales del universo de las formas.
Título:
Caja mágica con el hombre vuelto caimán
ya empezando a probar a Barranquilla (2008)
De las obras de Ofelia Rodríguez emana una gran sonrisa que es sin duda pasión vital, una mirada irónica ante la aparente estabilidad del mundo, y la alegría de estar en medio de una creación sin fin de desbordamientos fantásticos. Si el humor es reírse llanamente de las cosas y la ironía es reírse con ellas, lo de Ofelia Rodríguez es ironía plena. Y cuando se trata de resquebrajar las sombras estiradas de la sociedad, la ironía entra más a fondo que el humor, con dardos más certeros y dulcemente envenenados.
La sonrisa irónica, con sus modulaciones y sus maneras se convierte en ritual Y en las cajas de Ofelia Rodríguez hay un eco lejano de los altares privados, viajeros u hogareños que desde el fondo de algunas cajas llevan a la vida cotidiana de los creyentes una porción de mundo sagrado. La enorme energía fantástica de estas cajas misteriosas y sonrientes, altares de la imaginación más profunda de los hombres, irrumpen en nuestra vida cotidiana obligándonos a ver y a sentir el mundo de otra manera.
Se trata de revelaciones resguardadas y ofrecidas, como regalos, como dones primordiales y personalizados: en cada caja, sin duda, una sorpresa. Pero también cada caja de Ofelia Rodríguez es como una nueva letra del abecedario mágico con el que aprendemos a escuchar el mundo y nos damos cuenta de que dice algo diferente para cada uno: nueva sorpresa, nuevo collage de formas, nueva creación desbordada de la que ya formamos parte. De pronto, estamos dentro de las cajas de Ofelia. Y al instante, su obra, casi al oído, sonriendo irónicamente pero con afecto nos sorprende pronunciando con sus formas secretas nuestro nombre. A todos algo nos dice si podemos escucharlo. Cada sonrisa una caja, cada caja una escalera hacia un mundo compartido con sutil ironía.
Título:
Caja mágica con la calaverita
felizmente entregada a la Eternidad
Título:
Caja mágica con la calaverita
felizmente entregada a la eternidad
Las Memorias Mágicas de Ofelia Rodríguez
Eduardo Márceles Daconte
Desde que estaba en la escuela secundaria en Barranquilla, su ciudad natal, Ofelia Rodríguez se interesó por las artes visuales. Empezó a estudiar dibujo en los cursos libres de la Escuela de Bellas Artes con Alejandro Obregón, quien impartía la cátedra con el desparpajo de su vocación experimentalista y bohemia. Lo que se inició como una temprana vocación, permaneció a través de su carrera académica en la Universidad de los Andes de Bogotá, donde tuvo tutores tan distinguidos como la crítica de arte Marta Traba, y los artistas Armando Villegas, Santiago Cárdenas y Umberto Giangrandi.
Por aquella época desarrolló una pintura que se nutría de la genética y su interés por las teorías científicas. Las células microscópicas se convertían sobre el lienzo en espacios de color que formaban un tejido orgánico. Con esta obra alcanzó a ganarse una beca para hacer una maestría en bellas artes en la Universidad de Yale en 1970. Allí se percató de las ideas preconcebidas que sobre el arte latinoamericano gravitaban en el ámbito académico. Eran estereotipos contra los cuales se rebeló con una pintura de grandes formatos que confeccionaba cortando figuras de tela que luego cosía con hilo sobre un fondo monocromo de preferencia negro, blanco y matices grises.
Título:
Caja mágica sostenida por cazador inglés
Su experiencia en Estados Unidos la preparó para enseñar en una facultad de arte en Bogotá pero se mudó a pinturas pequeñas, monotipos y grabados, como medio de expresión. Superada esta etapa colombiana, se radicó en París, donde descubrió, entre otras cosas, las cajas artesanales de madera que utilizan los franceses para guardar el queso o colgar las llaves y se dedicó a investigar las manifestaciones populares de América Latina. Pensaba que si un escritor como García Márquez conquistaba el mundo a partir de los curiosos sucesos de un paraje rural llamado Macondo, tenía que funcionar también en las artes plásticas.
Radicada en Londres por amor conyugal, empezó entonces a reciclar objetos encontrados por azar, cosas reminiscentes de sus vivencias en Barranquilla, los retablos que venden en los mercados mexicanos, los tejidos indígenas del Perú o las coloridas artesanías colombianas. En Estados Unidos se había familiarizado con el arte Pop representado por Andy Warhol, o sea la transformación de objetos populares en obras de arte. También estuvo expuesta a la obra del artista Joseph Cornell, quien asimiló a sus “cajas” objetos cotidianos que compraba en mercados de pulgas, así como al trabajo de Lucas Samaras, artista grecoamericano, conocido por sus ensamblajes en técnicas mixtas y sus experimentos fotográficos que insistían en reconocerse a sí mismo con una obsesión narcisista, a quien tuvo de profesor durante sus estudios en Yale. En esta coyuntura, empezó a explorar el camino de las cajas, las cuales han sido una de sus contribuciones más significativa a las artes visuales.
Título:
Abrazando el país con su paisaje
Teniendo en cuenta que la realidad latinoamericana es a veces tan extraña y compleja que escapa a la lógica, incluso más allá de la simplificadora etiqueta de “realismo mágico”, se lanzó por el camino de una pintura que insiste en grandes áreas de color que dan la idea de un amplio espacio en donde integra elementos autobiográficos o texturales para estimular los sentidos como dedos, uñas, rostros, lenguas sangrantes, pieles de animales o cepillos. La originalidad de Ofelia Rodríguez radica en la coincidencia de objetos incongruentes que se dan cita en sus Cajas Mágicas a las cuales asimila chupos de bebés, tornillos, cachos de animales, figurillas de indios, animalitos plásticos, cueros afelpados, que en su conjunto aluden al arte kitsch, o sea la categoría estética de objetos cursis, que encontramos transformados por la ambigüedad de sus presupuestos impregnados de humor e ironía.
En su obra, como solía suceder con los surrealistas o más aún los dadaistas como Francis Picabia o Jean Arp con sus “papeles rotos” y las fragmentaciones de Joan Miró, se dan las circunstancias propicias para reflexionar sobre las características de una plástica posmoderna. Sólo que aquí encontramos la visión del mundo caribeño en toda su intensidad de trópico fantástico con el encanto primitivo de sus mitos, leyendas y tradiciones populares como el carnaval o los fetiches de santería.
Título:
Chupando el chile hasta la dulzura (2008)
Para ver la SALA II de Ofelia Rodríguez, hacer clic AQUÍ.
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© Álvaro Suescún T.
© Alberto Ruy-Sánchez
© Eduardo Márceles Daconte
LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN: 0124 - 9282
La Galería
Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen X – Número 37
Abril-Mayo-Junio de 2009
PROGRAMA DE HUMANIDADES Y LENGUA CASTELLANA
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
Barranquilla - Colombia
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