La suerte cambia la vida
Edgar Trejos
Desde el atrio de la imponente catedral Santa Gertrudis miras el parque, las avenidas a lado y lado, sin amor. Piensa: un hormigueante merodear de parroquianos, puros desesperados, rebuscadores de la desgracia o el sustento de la madrugada, merodeadores de la invisible pobreza, asambleas de Dios vociferantes, políticos en campaña permanente, desafiantes edificios, comercio exorbitante aunque ciudad chica, insignificante y anónima, de femenina carne vistosa para compradores, abundantes hoy en día, falsa opulencia, la mañana gris, riqueza fácil de arribistas, de testaferros, vida social de poca monta, rostros, voces, ecos dispersos, rotos, memoria hecha ceniza con el ombligo retorcido por la necesidad y el rencor. Nada que en verdad valga la pena. ¿En qué momento se había jodido Envigado?, ¿cuándo, sin que te dieras cuenta, se te perdió la vida Gabrielito Ramírez? Piensa. Las manos en los bolsillos, cabizbajo, vas escoltado por transeúntes que avanzan, también, igual que tú, derrotados, hacia ninguna parte, piensas, cualquier calle al fin y al cabo, arriba o abajo, es buena para aventurar la cotidiana batalla del sobreviviente.
Quieren darme plata ahora, viejo, lo que nunca, debes estar hundido o decidido a todo, como tantos aquí, viejo, como tantos, y la verdad es que lo estoy pensando, soy una tortuga luchando a aletazo partido por arribar al mar de los que nada necesitan porque lo tienen todo y allí perderme del totazo, ahora dan dinero por todo, socio, ¿no lo sabías?, no te preguntan qué tengo que hacer, nunca, viejo, no es necesario, esas amistades son las que se necesitan. Mira, allá va el alcalde, ¡Ah, ése es el único feliz aquí!, él y sus amables funcionarios, amables para cobrar con jurídicos a bordo dirás, claro, ¡par de tintos, Don Darío, con agua!, Envigado este año es el segundo municipio en estándar de vida en Latinoamérica, ¿cuál estándar, viejo?, eso dicen los empleados de la alcaldía para que no los miremos feo cuando nos cobran los impuestos con intereses, ¿ves los jugadores?, esos sí tienen un estándar de vida ganado día a día siendo los tozudos de la ilusión de la suerte, a diario en los bares están en su salsa rebuscándose, esquilmándose entre ellos mismos dirás, cierto, poniéndole carambolas al lento destino del día, eso hacen, ahí viene el Médico, buena gente ¿cómo está, Médico?, aquí el que tiene amigos políticos y sueldo fijo de algún lado siempre es buena gente, viejo, ¿no sabías?, va para la alcaldía en las próximas, esos asuntos me tienen sin cuidado, aquí no se vota sin componendas o favores, unos por otros dirás, claro, tiene que haber duros de por medio o nanay, si no es por nosotros no suben, viejo, eso sí hay que saberlo, pero esos asuntos no son mi terreno, no te preocupan dirás, otras son mis penas secretas, ni tan secretas, viejo, aquí todos tenemos caras estiradas por estos días, ¡uhh salud por eso!, en todo caso si viene el filósofo no lo vas a llamar a esta mesa, ése nos daña el mundo, ése nos jode el alma, socio, ese modo de pensar la invisible realidad no lo entiende ni el hi viejo, ¡mejor mire esa hermosura, hermano, qué hembrota!, tan temprano y ya agitándose la pasarela, con esa sí me caso en esta tierra de ruido y morcilla, viejo, ese culo y esas tetas valen billete, ¿lo tienes?, la compras, fácil, todos pueden entrar a la ruleta rusa, ah pero sólo con mirar algo de esa escurridiza felicidad me toca, ¿no?, ¡uyuyuy, salud por eso!, ¡Media, Darío, y sin miserias en esta mesa que apenas la cuenta comienza!, esto se pone bueno, viejo. ¿Ya leíste El Envigado Al Día?, qué voy a leer yo esas mediocridades, en esas páginas hay pasión, socio, creación, ideas, qué va, ni los desolados poetastros lo leen, por aquí los vemos a diario como almas de purgatorio en pena, aquí la cultura vale huevo, viejo, ya nadie escribe ni lee, hermano, a quién aquí le interesa el talento, el gusto, la tradición, eso no funciona, viejo, el mundo tiene hoy en día otra cuerda, los dueños exclusivos lo jalonan, y aquí no es ninguna excepción, ningún secreto es para nadie, los artistas son los que más maman de esa fuente, viejo, ¿no conociste al poeta, o al pintor?, todo Envigado lo supo, hermano, los nuevos ricos no saben qué hacer con su dinero, y nosotros debemos ayudarlos tomándolo, ¿cierto, viejo?, esa caparazón de dólares ampara a todos, qué vaina tan fregada dirás, más bien cuánto apostás al Envigado de hoy, qué va, no me desees el mal, viejo, perdí contra el Medallo los últimos ahorros, este equipo ni con el Fantástico puede, la vida es así, ¡salud, hermano! Socio, levantaron al mula, ah, ya era tiempo, viejo, antes duró mucho, nadie resiste tanto dando bandera de buena vida, timando aquí y allá, mintiendo sin sentido, fingiéndose mucho cuando no era más que una caranga resucitada, ése sí es un buen paquete, ¡salud!, otro al que borraron de la lista blanca fue al profe, no me digas, lo encontraron como con veinte rotos en su apartamento, ¡ah, eso ya es común aquí, hermano!, vidas que vuelven al anonimato absoluto con la muerte, esa sí que lo deja a uno sin chance, viejo, y el que se va de cajón es el dueño del Aventino, ¿te acordás cuando íbamos ahí y luego a recorrer los bares de la nostalgia, a paliar con tangos el día?, se lo está comiendo un cáncer, eso le pasa por tener tanto billete, tumbándolo a uno en los vales, y por amarrado dirás, en Envigado todos son amarrados, viejo, o si no, pregunta a los del Consejo, esos sí que tienen codo arrugado, en esa época sí bebíamos, viejo, qué época, ya no hay lugares dónde ir en Envigado, viejo, ni siquiera el Salado, no, hermano, por allá lo acosa a uno la vejez, o la calentura de los parceros, viejo, no vayas a creer, ¿todavía se ve eso?, ¡oiga!, no puede uno tirarse a ninguna hembrita tranquilo sin hacerle daño al prójimo porque ahí mismo caen a molestar, a cobrar, hermano, dirás, eso está lleno de esculturas y de historia, muy cambiado, es una reserva, ¡ah, por fin se movió la momia de la educación!, ya era hora, la historia de Envigado es ésta, vivita y coleando, viejo, sobre todo coleando, la que ves en las mesas de billar, ¿cuándo lo van a entender? ¿Has oído hablar de la tienda del viejo Delgado, la de Omar, el café del arte?, ¿ah, esas donde van los artistas frustrados, los jubilados, los parlanchines de toda monta, los flagelados por la vida?, personas justas y honorables que están del lado de la razón, buenos envigadeños, buenos padres de familia, buenos reeleccionistas, intelectuales dirás, a ésos sólo les interesa la vitrina, su conversación es triste cuando no es pomposa, su aspecto es feo, y siempre solos, sin viejas, viejo, aburridos, también va mucha chimba hermosa con buenos empleos, socio, flagelantes del sistema, y hombres de buen hablar, viejos galeotes del sistema laboral de esclavos dirás, qué va, esos sitios no aguantan, te apuesto a que convence uno más fácil, sobre todo a las féminas, con dinero que con poemas, bueno, los poemas no son pan de estos días, es verdad, la suerte cambia la vida, viejo, dirás, la buena suerte, convéncete, el dólar es rey, si tienes con qué, todo se compra, viejo, una posición o un cargo político, ésa es la cuestión, por eso me le voy a medir a ese billetico que me ofrecen, la cima nos espera, no más pendejadas de tercermundista, escojo, escojo el mundo viejo y escoger la manera de vivir, libremente, es lo que se debe hacer y no aguantar más mierdadas de desplazamiento, dejarse crecer las alas, viejo, de un color o de otro, como sea, es la única manera de romper la cadena negra de los borrados, la atrocidad, viejo, dirás, eso, de nada nos valió estudiar en el gran Muá. ¡Médico, ¿un guaro o qué?, le voy a uno del Fantástico y me voy doble a uno al Envigado, ¡Darío, sin miserias en esta mesa que ya se calentó el día, carajo!, por lo que vemos, la vida empieza a cambiar, viejo, la vida tiene que cambiar dirás.
...La mañana transita, y la mañana de mañana de mañana de todas las mañanas que vendrán si no aguzas tu sentido de orientación. Piensa. Y no hallas aún dónde refugiar tu desvalida soledad, tu alma no tiene acomodo en ninguna esquina donde te paras a mirar como un zopilote desesperado, verdaderamente desesperado, ansiando una esperanza verdadera, algo distinto al muladar al que te obligan tus pasos. Conocer la historia personal, saber de las vidas ajenas, sus aldabas de dolor, sus coronas de barro, conocer de cerca esas fortunas de fantasma, de tantos que hubieran podido ayudar, es una suerte de consuelo, pero tampoco eso sirve de mucho a la hora de responder a lo que el mundo reclama. De nada sirvió pintar una y otra vez la vida, el mundo, querer ponerle otra cara desde el arte, de nada intentar la escalada de un poema tras otro, ¿para qué?, para nada, las palabras sólo hacen más amargas estas calles donde la oportunidad se muta por brillo de oro momentáneo, aunque sea momentáneo, o se recibe como dádiva perenne el camino de los pobres. Ay, Gabrielito. Todo lo reconoces y nada te reconoce, todas las calles son familiares a tu radiografía de desadaptado, todas te ven cruzar como un extraño. Vaya vida. Piensa. Así son los días en Envigado.
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© Edgar Trejos
LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN: 0124 - 9282
Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen XI – Número 41
Abril-Mayo-Junio de 2010
SUPLEMENTO LITERARIO CARIBANÍA
ISSN: 0124 - 9290
Narrativa
PROGRAMA DE HUMANIDADES Y LENGUA CASTELLANA
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
Barranquilla - Colombia
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