¡Lope!,
las damas ya no son bobas
Tania Maza Chamorro
A Diana Daguer, por darse siempre en el escenario, por reinventarse siempre como actriz.
La dramaturgia, al decir de Patrice Pavis, en su libro Voix et image de la Scéne, es definida, en su acepción teórica contemporánea, como la instancia que se pregunta cómo están dispuestos los materiales de la fábula en un espacio textual y escénico, según una determinada temporalidad. Ella estudia a la vez la estructura ideológica y formal de la obra, la dialéctica entre la forma escénica, un contenido ideológico y el modo específico de recepción de ese espectáculo por parte del espectador. La dramaturgia no se refiere al texto escrito únicamente, sino que presupone un conocimiento del código estético o ideológico a partir del cual se genera.
Desde ese punto de vista, la dramaturgia implica una revisión y adecuación de la materia literaria a la sintaxis escénica y al contexto de la representación y de la recepción, la realidad femenina no puede ser ajena a ese proceso de construcción de mundos simbólicos que es el teatro ni al proceso comunicativo que toda representación implica.
Lope de Vega nunca hubiera imaginado que Finea ―su personaje de La dama boba― reencarnase en la dramaturgia española contemporánea de Helena Pimienta, Paloma Pedrero y Josefina Molina, cuando éstas, afirmándose como Finea, han logrado, con discreción, acomodarse a tiempo, como dramaturgas y directoras de escena, ganando con fuerza su lugar en el mundo del teatro, un privilegio que ha pertenecido exclusivamente a los hombres durante siglos.
En el siglo XVII, Lope de Vega, inspirado y lúcido, tanto en la forma de contar como en la reflexión acerca del lugar de la mujer en la sociedad de su época, fue testigo y cronista de la lucha silenciosa de las mujeres por hacerse un sitio en un mundo de hombres anclado en la tradición, los intereses y las formas. Y en este ambiente, escribir e interpretar teatro era impensable para una mujer.
Muchas autoras dramáticas optaron por el enmascaramiento de su verdadera identidad a través de pseudónimos o de nombres masculinos. Refiriéndonos al caso español, tenemos como ejemplo las comedias escritas por Leonor Meneses Noronha, oculta tras el seudónimo de Laura Mauricia, o las escritas y firmadas por una “dama sevillana”.
Con el paso del tiempo, muchos de esos prejuicios y barreras sociales se fueron rompiendo y, poco a poco, la mujer fue abriéndose camino en el teatro. A principios del siglo XX, las dramaturgas escribieron siguiendo los cánones marcados por sus colegas masculinos empeñados en que en sus escritos se mostraran facetas femeninas. Sin embargo, a partir de la mitad del siglo, las mujeres demostraron que no tenían por qué adecuarse a lo sentimentaloide sino que, acordes con los tiempos, los cambios sociales y la tecnología, comenzaron a tener su propia voz como dramaturgas y directoras de escena.
Uno de los hechos más significativos de la dramaturgia de mujeres es el de las angloamericanas, dramaturgas comprometidas con la innovación, la ruptura de los estereotipos y el análisis sobre el papel de la mujer en el teatro y en la sociedad actual. La historia del teatro escrito por mujeres en el mundo anglófono está marcada, como en el caso de los otros géneros literarios, por la invisibilidad y la marginación. Uno de los fines primordiales de estas luchadoras de la escena era el de acabar con la realidad descorazonadora de que, en el mundo del teatro, las mujeres ocupaban sistemáticamente puestos de secretarias, modistas, ayudantes de escena o el papel tradicional de actrices. La mujer no participaba en el proceso de producción ni de dirección del teatro, con lo cual no podía articular su visión del mundo ni su posición social. Por lo tanto, era necesario llevar a cabo un cambio radical en las estructuras teatrales y luchar por convertirse en organizadoras y directoras de un teatro hecho por mujeres y sobre las mujeres, que representara su realidad social y literaria.
En las dos últimas décadas del siglo XX, la dramaturgia femenina se centró, particularmente en los Estados Unidos, en la innovación formal. Esta innovación en los aspectos estético-formales tiene mucho que ver con la revolución multicultural de las letras que se ha llevado a cabo en la sociedad estadounidense. Me refiero a la innovación creativa del teatro afro-norteaméricano, chicano y asiático-norteamericano, a este grupo representativo pertenece la Premio Nobel de literatura Tony Morrison.
Es así como el teatro de la mujeres existe hoy, definido por la especificidad de su motivación, con esa fuerza sorprendente para construir un espacio dramático propio en función de su problemática, expresada en la complejidad de las relaciones políticas, sociales y culturales existentes entre mujeres y hombres en el mundo.
El teatro de las mujeres se ha ido abriendo paso en el mundo actual, hasta el punto de existir todo un movimiento que se reconoce y se encuentra en la organización de festivales, talleres y debates para mostrar el trabajo artístico. Es un movimiento con carácter de apoyo, solidaridad y conviabilidad, que propicia una reflexión, una investigación y una capacitación para enriquecer y fortalecer las decisiones escénicas de mujeres.
Producto de ese movimento teatral de mujeres, ha sido el Proyecto Magdalena, cuya iniciativa nació en Cardiff, país de Gales, en 1986. Así, 38 mujeres profesionales dedicadas a la práctica teatral, de 15 países diferentes, se reunieron en el I Festival Internacional de Mujeres, para mostrar un teatro contemporáneo. El Proyecto Magdalena ha estado encargado de trabajar sobre la toma de conciencia de la contribución de las mujeres al teatro y de apoyar la investigación y búsqueda de material a través del ofrecimiento de oportunidades concretas a tantas mujeres como sea posible en el área de estudio como en el espacio profesional.
No obstante, la lucha de las mujeres en el teatro está todavía centralizada mucho más en términos de ganar un lugar dentro de estructuras existentes que en cuestionar el funcionamiento de esas mismas estructuras. El proyecto ha desafiado esa situación y ha alentado a las mujeres a examinar sus roles en el futuro del teatro, en una forma mucho más profunda. A través de la observación del trabajo existente realizado por mujeres, de compartir metodologías, de examinar formas y contenidos o a través de la creación de nuevos materiales, el proyecto ha tratado en la práctica de revelar temas recurrentes, vocabularios e imágenes.
Tal vez es posible comenzar a identificar un teatro que tenga una resonancia universal para las mujeres, tal vez no, el trabajo del Proyecto es descubrirlo. Una de las metas del mismo es incrementar la participación consciente de las mujeres en el teatro contemporáneo; exhortar a las mujeres a explorar nuevas aproximaciones al teatro, de manera profunda y reflexiva sobre sus propias experiencias, más que sobre las de los hombres; alentar a las mujeres a examinar su rol en el futuro del teatro y a cuestionar las estructuras existentes; dar oportunidades a las mujeres de compartir, desarrollar y hacer su trabajo a través de representaciones, festivales, actividades pedagógicas, talleres, colaboraciones, publicaciones y conferencias.
En 1999, el Consejo de Artes de Gales cortó completamente el subsidio otorgado al Proyecto Magdalena, lo que implicó el cierre de la oficina central y el nacimiento del sitio web. El futuro del proyecto ahora recae en todas aquellas mujeres que, siguiendo el espíritu del Magdalena, continúan generando trabajo.
En nuestro país, el grupo más representativo del Teatro de Mujeres es LA MASCARA, creado en 1972 por Lucy Bolaños, en Cali. Su trabajo teatral está marcado por los preceptos del dramaturgo y director de escena Enrique Buenaventura, a quienes las integrantes del grupo lo consideran un padre teatral. Es propósito de LA MASCARA, la riqueza teatral escénica en cada una de sus propuestas y la reconstrucción del sistema de significación que representa, apoyado en la estética del Nuevo Teatro, el mundo inexplorado de las mujeres.
A partir de 1983, el grupo sufrió una metamorfosis interesante: se dedicó a investigar temas sobre el mundo femenino y la problemática que viven las mujeres en la sociedad actual: la prostitución, la locura, la viudez, el aborto, el infanticidio, la agresión sexual y física ejercida legal e ilegalmente en contra de ellas. Pilar Restrepo afirma acerca del trabajo de LA MASCARA: “Defender esa problemática en el terreno del arte es costoso, no satisface las exigencias del mercado, no provoca la risa inmediata, fácil y gratuita; pero se obtiene una eficacia práctica, en la medida que el público establece una relación viva y reflexiva con el teatro.”
María Farrar, montada colectivamente en 1984, con base en el poema “De la infanticida María Farrar”, de Bertolt Brecht, obra que se convierte en el despertar de la conciencia de las mujeres y de los hombres del grupo frente a las condiciones de sometimiento del género femenino. Este hecho marca el futuro y la orientación del trabajo del colectivo.
Más tarde vendrían los montajes María M y Las tareas, dirigidas por Jacqueline Vidal; María Farrar, segunda versión, dirigida por Enrique Buenaventura, y Las viudas, poema de Bertolt Brecht, dirigida por Lucy Bolaños.
Mujeres en trance de viaje, de 1990, dirigida por Patricia Ariza, es una reflexión sobre sus experiencias de transitorio exilio, sobre la violencia política que padecen las mujeres en el país.
Sobre la obra Historias de mujeres, con la que hacen una gira internacional, comentan las actrices de LA MASCARA: “Generamos discusiones importantes sobre los hábitos en las relaciones entre los hombres y las mujeres, sobre la organización socio-cultural, es allí donde reside la importancia del teatro que hacemos, que se comunica doblemente a través de la imagen y a través del foro.”
Las mujeres no sólo han entrado en escena, sino que dirigen, crean y hacen teatro. Patricia Ariza es uno de los pilares del movimiento teatral de mujeres en Colombia, actriz, dramaturga y directora. Miembro de La Candelaria ha participado en la creación colectiva y ha actuado en una veintena de montajes; es, también, la directora de la Corporación Colombiana de Teatro. En 1986, escribió y dirigió El Viento y la ceniza, un poema que recrea el drama del conquistador alucinado ante la exuberancia americana y que regresa fracasado y enfermo a la patria y, como castigo, debe continuar buscando El Dorado. Dice la autora acerca de la situación de la mujer en el teatro: “A nivel interno de la creatividad del grupo, hay posibilidades de hombres y mujeres. En los grupos de teatro, hay más o menos un 30 % de mujeres, pero a nivel de directores será sólo un 1 %”.
Es de resaltar la obra El hombre de paja, obra escrita por Fanny Buitrago en 1964 y que trata sobre la violencia en Colombia. Ese mismo año, la obra obtuvo el Premio Nacional de Teatro, en el Cuarto Festival de Arte de Cali. La pieza tiene símbolos que la universalizan y muestran la violencia desde una perspectiva sicológica, y sus efectos sociales. Para Frank Dauster, la obra está escrita con técnica realista que no encubre la dimensión simbólica. El hombre de paja examina la culpa de cada uno por la violencia y, en otro plano, por un siglo violento y cruel. Es muy posible que sea una de las mejores obras colombianas del siglo XX.
Y continúa un abanico de mujeres que han fomentado y descubierto el arte teatral en Colombia y en el exterior, entre las que podemos citar a Beatriz Camargo, Laura García; la creadora del Festival Iberoamericano de Teatro de Bogotá, Fanny Mickey; Rosario Montaña, Dina Moscovici, Jacqueline Vidal y Nelly Vivas, entre otras.
Con respecto al teatro local, las mujeres han sido partícipes de procesos estético-teatrales como Rosario Vargas, excelente actriz cartagenera que en los años 60´s y 70´s marcó un hito teatral significativo, al interpretar en escena los personajes femeninos de las obras del dramaturgo alemán Bertolt Brecht; en la actualidad se desempeña como directora teatral en Estados Unidos; Judith Porto de Gonzalez, dramaturga, quien en 1966 obtuvo un premio en el Festival de Arte de Cali, con su pieza Pilares vacíos. En ese mismo año, escribió Son los Chinos; en 1967, Mesa de Juego. Otras obras suyas son: Cuarenta grados bajo cero, Lily llamó el sábado, La casa de Don Benito y Pasan los años en la tierra.
Por ese mismo camino creador teatral, como directoras encontramos a Yolanda Gutierrez, Rosario Vargas, Tania Maza, Dora Verdugo; como actrices se ubican: Lorena López, Margarita Vélez, Idis Alfaro, Dora Malo, Loida Valiente, Sugey Romero, Mónica López, Diana Daguer, Stephany Rodríguez, entre otras, en Cartagena de Indias y Colombia, que no se cansan de crear y configurar un lenguaje teatral que trasciende a la tablas y despliega en el escenario todos sus sueños, configurando un movimiento teatral que comienza a formarse. Todo ello es una alternativa al nuevo siglo que se despliega como escenario en que volcarán su dramaturgia. Ya no son bobas y, como Finea, se abren paso en el espacio teatral.
Las mujeres han creado su propia dramaturgia. Son actrices, utileras, directoras, escritoras de teatro, teatreras incansables, comprometidas con su historia; comparten con los hombres de teatro y se encuentran en la diferencia para hacerlo.
Bibliografía:
—La Máscara, La Mariposa y la Metáfora.Creación Teatral de Mujeres. Pilar Restrepo. Teatro LA MASCARA. Bogotá, Ministerio de Cultura, 1998.
—JARAMILLO, María Mercedes. Nuevo Teatro Colombiano: Arte y Política. Labor de las dramaturgas, directoras, titiriteras y otras teatreras. Medellín, Universidad de Antioquia, 1992. María Mercedes Jaramillo.
—Proyecto Magdalena. Internet.
—ARCILA, Gonzalo. Nuevo Teatro en Colombia. Santafé de Bogotá, CEIS, 1983.
—DIQUE MEZA, Fernando, y otros. Investigación y praxis teatral en Colombia. Bogotá, Colcultura, 1994.
—GARCÍA, Santiago. Teoría y práctica del teatro. Bogotá, La Candelaria, 1989.
—Participación Femenina en la Dramaturgia Colombiana. USA, Fitchburg State College, 1990.
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© Tania Patricia Maza
LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN: 0124 - 9282
Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen V – Número 17
Abril-Mayo-Junio de 2004
DEPARTAMENTO DE IDIOMAS
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
Barranquilla - Colombia
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