Raúl Gómez Jattin:
Musa paradisíaca

Mar Estela Ortega González-Rubio
marortegagr@hotmail.com
Profesora de la Universidad Pedagógica Nacional
Bogotá - Colombia

Soy el chachito poeta

Soy el chanchito poeta
Mis enemigos me dicen simplemente
CHANCHO HIJUEPUTA
CHANCHO MIERDERO
CHANCHOTE DE MIERDA
Pero ellos no saben que bajo mi sobaco de zanahorias
Guardo un portafolio blanco y rosado
Como mis naricitas de alcanfor
Para cuando no como ni me baño
En el dulce barro del resto
(Del resto lo único que sirve es el resto)
Del plato opulento del resto yo derivo mis poemas
Dulzuras de galletas en almíbar
Ternuras de duraznos sancochados
Frituras de manzanas en su color original y adobadas en azúcar
Allí allí bajo sus adorables mesas deribo el sagrado plato de la poesía
Mía
Mía
De nadie más que del chanchito poeta
El que sobrenada en la sopa de frijoles con chicharrón fraterno
Donde encuentra la saladita musa de su mejor canción
Un chicharrón es una veta de ilusiones siempre vírgenes
Una cantera de sabrosuras líricas
Incomparablemente más jugosas que las de cualquier paraje
Iluminado por un pastel de crema
Allí medro en medio del resto
Que ha terminado por despreciarme y pedirme
No mastiques en voz alta tus poemas
No resoples tan frondosamente tus ayes de placer
Bebo para ti el agua mala de tu inspiración
Y calla chanchito
Te dejaremos engordar tus papeles de ilusión y tus eructos...
Algún día almibaran el principio de algún banquete nuestro.

Raúl Gómez Jattin

Su cuerpo era largo y grande como un gigante desmigajado que guarda dentro de sí el peso de ser diferente y de espantar a quien se le acerque. Erraba sin zapatos con una barba poblada, los ojos extraviados y quienes lo conocieron dicen que es transparente y tumultoso como un río. No pertenece a ninguna escuela pero como dice Milciades Arévalo "su poesía es capaz de desvertebrarnos la razón para siempre" (1), porque cada verso ha sido vivido con una lujuria animal y plena, propia de su existencia tormentosa. Gómez Jattin es un panteísta imprevisible, un unicornio vital en las riberas del río Sinú que metamorfoseaba a todos los seres de la naturaleza en dulces transgresores, alguien capaz de alumbrar con la voz conceptos cotidianos desgastados, paladeados y descoloridos por el uso continuo, o como lo dice Jaime Jaramillo Escobar en respuesta a la carta que el poeta le envió con sus escritos "Cuando empezabas apenas a caminar dabas los primeros pasos de siete leguas, poeta desbocado, lenguaraz, deslenguado, gigantón y desnudo, desusado, desmesurado, indomable.  [...] No cabrías en mi pequeño cuarto, no cabrías en esta ciudad, tú eres el padre de la selva. Mándame todos los poemas que tengas quiero ahogarme en ellos".(2)

Su fantasma debe estar cavilando sueños, errabundeando por las calles de Bogotá, donde vivió algún tiempo, o comiendo raspao en una esquina de Cartagena bajo un cielo despejado que lo protegía siempre de su locura,  ya que una parte de sus últimos años transcurrió en el encierro de las cárceles, los hospitales mentales, los parques y las casas de sus amigos. Estuvo trece veces recluido en manicomios. De estas experiencias derivan poemas como éste, que todavía no aparece en ninguno de sus libros: "En las clínicas mentales/ lo peor son las monjas/ más violentas/ que agujas hipodérmicas/ que la fiebre y la locura/ la monja es una energúmena quieta./ En las clínicas mentales/ cuando lloro/ la monja casi ríe./ Podría decir que la monja/ no es mala ni es buena/simplemente odia/ todo lo que se mueve/ todo lo que vive/ todo lo que palpita/ todo lo que no sea/ su Dios muerto". (3)

Alguna vez dijo él mismo "Soy tan lúcido, que hasta loco soy...". Hubo ocasiones incluso en que hizo temblar a muchos, como cuenta su hermano, un día en la Casa de la Cultura de Cartagena durante un recital en el que había pedido que se le hiciera una corona de flores, pero como no encontraron flores le hicieron una de flor del verano; cuando el poeta llegó se enterró la corona en la cabeza mientras todo el mundo sufría en las butacas al ver correrle la sangre por su frente y su rostro. (4) Se burlaba del terror en las caras de los espectadores, y seguramente muchos recordaron ese día la frase de Silva: "Temo mucho que coleccionen mis poemas, que me coronen en una velada teatral", y es que algunas cosas le dolían tanto como el día de su última visita a Cereté, cuando se apareció con dinero y muchos regalos. Ese día se desnudó y llegó a la casa en la calle Cartagenita, donde vivió toda su niñez. La tendencia de regresar nuevamente a su infancia le impedía aceptar que otra familia estuviera ocupando el lugar que un día fue nada más que suyo. Su hermano lo tuvo que regresar a Cartagena, donde vivió ocho años, hasta el día en que lo vieron por última vez caminando hacia la muerte por el sendero de los faroles, donde ya no molestaría a nadie con su locura.

Lo que este poeta ha creado no se logra jamás haciendo lo apropiado, ni acatando órdenes convencionales, ya Henry Stein había hablado de que hay que "experimentar el malestar de existir" (5), no como algunos poetas que hablan de la locura y la soledad, las tutean y las invocan como si se tratara de un  alegre paseo, pero no la han sentido en el hambre, no conocen la noche.

El amor de Gómez Jattin es personal; sus amantes están descritos de una manera diferente a  como lo hacen los libros tradicionales de poesía; aquí aparecen  personajes con nombres propios, sus padres, sus amantes, sus amigos, sus compañeros de escuela, a los que les reprocha su adultez sin poesía. Aquí la voz asume el rasgo de índice acusatorio, desenmascarador. "Qué te vas a acordar Isabel/ de la rayuela bajo el mamoncillo de tu patio/ de las muñecas de trapos que eran nuestros hijos/   […] /Cuando tenías los ojos dorados/ como plumas de pavo real/ y las faldas manchadas de mango/ Qué va/ Tú no te acuerdas/En cambio yo,/   […] / Haciendo y deshaciendo figuras/ en la piel de la tierra/ y mis hijos son de trapo y mis sueños de trapo/   […]    / Isabel ojos de pavo real/ ahora que tienes cinco hijos con el alcalde / y te pasea por el pueblo un chofer endomingado/ ahora que usas anteojos/ cuando nos vemos me tiras un "Qué hay de tu vida"/ Frío e impersonal/ Como si yo tuviera de eso/ Como si yo todavía usara eso." (6)

Cuenta el poeta que Isabel era la hija del terrateniente del pueblo. Estaba casada con un abogado y la familia Gómez Jattin era muy pobre. Él estaba enamorado de ella, y a ella a veces se le olvidaba su apellido y salía con él. Según Gómez Jattin "una vaina así como de telenovela venezolana" (7), solo que el poema le dañó la alcaldía al esposo. Esta mujer, Isabel, trae consigo una traición a la naturaleza, ya que en su infancia tuvo "ojos de pavo real", y en la adultez usa "anteojos". En cambio él vive en el mundo infantil de la poesía, está puro, en su vida todavía fluyen "hijos de trapo", "sueños de trapo". Este es el mismo caso del poema A una vecina de buena familia, donde también podemos ver una traición enmascarada en la hipocresía social, donde la ausencia de imaginación esta representada en la imagen de la adultez "Lo mas probable es que seas como los otros/ ignorante y mentirosa/ No aquella que pobló mi infancia/   […]  / Lo más natural es que seas como ellos/ indolente y malvada/ Lo más natural/ No el endeble pájaro de verano/ no las margaritas del jardín." (8)  Gómez Jattin nos habla de la negación de los instintos cuando se "crece", cuando ya no se es más un niño "Siquiatra hoy él se olvido de su pasado/ y contra lo distinto levanta su bastión/ Nada valen las mariposas/ que atrapó en su niñez/ ante su estolidez informada/ ni las burritas tiernas de vellón sedoso/   […]". (9) Este hombre descrito en el poema edifica un lugar social, una caricatura de sí mismo y se siente orgulloso de su corrupción, de su antinaturalidad, como los demás.

Así como éste hay otros poemas de amor que son más drásticos, que se refieren a su ansiedad sexual desde muy niño. "A Tirsa se lo metía detrás de la puerta/ de la vieja casa de Catalina Safar viuda de Jattin/ Junto al mar/ Tenía un deseo tan desesperado/ de meterle la mano entre las piernas y tocarle/ el centro de su ser/ De acariciar su pelambre/ que languidecía al almuerzo/Mientras me sobaba la bragueta/ Tenía una vía de acceso/ olorosa a manteca de cocina/ Pero a mi me encantaba/ es decir me enloquecía/ A los nueve años/ tenía una mujer de trece/ Caliente como perra en celo/   […]".(10)  Sus cambios sorpresivos logran que el poeta se fugue del mundo convencional durante el tiempo de creación y luego nos entregue una poesía que deleita y que confunde a la vez, una poesía purgada de retórica y elocuencia, poemas que son como una revelación, y nos damos cuenta que estamos asistiendo al bautizo purificador de la poesía aunque algunos les parezca más bien lo contrario: la demonización del eros.

En el mundo de su eros hay cierta agresividad y procacidad en el lenguaje, sobretodo cuando relata experiencias infantiles con tal sinceridad que algunos podrían confundir con la desfachatez. "Edwin y yo nos masturbábamos de ocho a nueve/ en clase de aritmética/ Y de cuatro a cinco/ en la de Historia Patria/ El de él era idéntico a su cara/ Pícaro y sonriente/ Con el glande torcido como su peinado/ El semiacostado en la última banca del salón/ y yo en la contigua/ Con vaselina o crema dental/ Cuando ocurría lo mejor/ Guardábamos el semen en un libro/ Con fecha/ "Para cuando pasen los años/ y nos querramos acordar Gómez Jattin"/ como él decía." (11)

Los poemas eróticos homosexuales (Erótico Imaginario, Ultima visita a Chaleville, El ambiguo y tormentoso sexo de mi ángel, Después de esos días de parranda, Intimas preguntas, Serenata, Casi obsceno y El disparo final en la vía láctea), harían palidecer de ternura viril a muchos hombres. Estos versos nos llevan al punto cero de la libertad y de la ética del hombre. Ya no hay por qué acomodar las frases ni ocultar obscenidades. "  […] Habitamos el ocho/ Doble infinito/ de los dos universos/ El ocho de los círculos/ El que parece dos astros hermanos y gemelos/ El que parece dos ojos/ Dos culos cercanos/ El que parece dos testículos besándose/ Cuando llegas a mi cielo/ estoy desnudo /y te gustan las columnas de mis piernas/ para reposar en ellas/ Y te asombra/ mi centro con su ímpetu / y su flor erecta/ y mi caverna de Platón/ carnal y gnóstica/ por donde te escapas/ hacia la otra vida/   […] En las sábanas de nuestro cielo/ hay nubes/ perfumadas de axilas/ y delicados residuos del amor/ En la almohada/ el hueco que tu cabeza a dejado/ oloroso a jazmines/ Y en mi alma/ y mi cuerpo/ el inmenso dolor/ de saber/ que desprecias mi amor/ Oh tú/ por quien mi vida renació/dentro de la lumbre de la muerte." (12) La elección de esta singular voz no opera por la “cosa” en sí, a fín de cuentas ella siempre estará allí porque pertenecemos a ella, sino por la palabra que la nombra. Las palabras ya no son expresiones simbólicas, lo que ocurre no es eludido, no es aplazado por una metáfora, las palabras se resbalan entre los dedos, entre las intenciones del poeta y llegan al lector como un baño de agua clara en el que nada nos parece perverso, en el que todo puede ocurrir, porque ya no tenemos que justificarnos. "¿De profesión? Loco/ ¿De vocación? Lerdo/ ¿De ambición? Terco/ ¿De formación? Angel/ Y ni aún así puedo contrarrestar el cabrilleo de los ojos de Jorge/ ¿De fornicación? Lento." (13)   J. Kristeva en su libro Poderes de la Perversión dice que hay en la abyección una de esas violentas y oscuras rebeliones del ser contra aquello que lo amenaza, algo que solicita, inquieta, fascina el deseo que, sin embargo, no se deja seducir; asustado se aparta; repugnado, rechaza. Un absoluto lo protege del oprobio manteniéndolo orgulloso.

Pero sin duda uno de los elementos más perturbadores de la poesía erotizante de Raúl Gómez Jattin es la presencia de la zoofilia, en donde el lector es asaltado por el ingreso de la práctica del bestialismo, tema virulento que suscita el pánico en las ciudades del interior, "Te quiero burrita/ Porque no hablas/ ni te quejas/ ni pides plata/ ni lloras/ ni me quitas un lugar en la hamaca/ ni te enterneces/ ni suspiras cuando me vengo/ ni te frunces/ ni me agarras/ Te quiero/ ahí sola/ como yo/ sin pretender estar conmigo/compartiendo tu crica/ con mis amigos/ sin hacerme quedar mal con ellos/ y sin pedirme un beso". (14) Estos poemas son ejemplos de este mundo bullente de tierra caliente que él nos enseña a gritos, lleno de frutos, hojas, flores y animales erotizados, de jóvenes y muchachitas deseables, que guardan el sabor de la infancia en cada verso, "Nos íbamos a culear burras después del almuerzo/ Con esas arrecheras eternas de los nueve años/ Ante los mayores nos disfrazábamos de cazadores de pájaros/ La trampa con su canario/ De colectores de helechos y frutas/ Pero íbamos a gozar el orgasmo más virgen/ El orgasmo milagroso de cuatro niños y una burra/   […]". (15) En estos poemas la esencia del hombre se desliza hacia la experiencia de lo erótico, lo diferente es que este amor ciego y polimorfo no discrimina animal, planta, objeto ni hombre para el placer. El paseo bucólico del hombre no lo lleva solo a observar sino a descubrir otras fantasías, otros estados de placer, y esto en Gómez Jattin se convierte en una comunión cósmica del hombre con la naturaleza, "La gallina es el animal que lo tiene más caliente/ Será porque el gallo no le mete nada/ Será porque es muy sexual/ y tan ambiciosa que le cabe un huevo/ Será porque a ella también le gusta que uno se lo meta/ Lo malo es que caga el palo/ Pero es en el momento más bacano/ y el orgasmo es de fiebre/ ¡Loco!/ Supersexo para mis seis años/ A la paloma no le cabe/ Pero es lindo excitarla y hacerse amigo de ella   […] Todo ese sexo limpio y puro/ como el amor entre el mundo y sí mismo/ Ese culear con todo lo hermosamente penetrable/ Ese metérselo hasta a una mata de plátano/ Lo hace a uno gran culeador del universo todo culeado/ Recordando a Walt Whitman/ Hasta que termina uno por dárselo a otro varón/ Por amor/ Uno que lo tiene más chiquito que el palomo".(16)

Hace mucho tiempo no encontrábamos una poesía tan pura y vívida como ésta,  que ningún poeta nos echaba tierra en la cara y se reía, que nadie asumía la poesía hasta las últimas consecuencias. Por suerte, ahora tenemos el recuerdo de la figura intensa y los poemas dioniciacos de Raúl Gómez Jattin, tal vez la imagen de su padre cargándolo sobre sus piernas cuando era muy niño y el asma no lo dejaba salir a jugar; entonces lo mecía día y noche, recitándole de memoria Las Mil y Una Noches, para aliviar su mal, "sin darse cuenta de lo que estaba cometiendo".(17)

NOTAS:

1. ARÉVALO, Milciades. Sociedad de la imaginación. Revista Dominical de El Espectador, Marzo 26 de 1997.
2. ARBELÁEZ, Jotamario. Raúl Gómez Jattin. Columna "Mú" Especial para El Tiempo. Julio 23 de 1997.
3. GOMEZ JATTIN, Raúl. Poemas Inéditos. Revista Víacuarenta    Nº1. Escala Impresores. Barranquilla 2do Semestre de 1997, pág. 34.
4. GOMEZ JATTIN. "Raúl, una caja de sorpresas" El Meridiano Cultural. Columna "Vericuetos", Barranquilla, Junio 1 de 1997, pág. 8.
5. STEIN, Henry. Raúl Gómez Jattin. Otro Incomprendido. Revista Luna y Sol, Barranquilla,  pág. 8.
6. GOMEZ JATTIN, Raúl. Poesía 1980-1989. Editorial Norma, Colombia. Pág. 23.
7. EL SUR, Taller Literario. Raúl Gómez Jattin. Enfermo de Literatura. Revista Luna y Sol, Barranquilla. pág. 12.
8. GOMEZ JATTIN, Op. cit. pág. 46.
9. Ibid, pág. 60.
10. Ibid, pág. 135.
11. GOMEZ JATTIN, Raúl. Retratos. Amanecer en el Valle del Sinú. Del Amor. Colección Literaria 22 Fundación Simón y Lola Guberek, pág. 79.
12. GOMEZ JATTIN, Op. cit. pág. 118.
13. Ibid.  pág. 134.
15. GOMEZ JATTIN, Op. cit. pág. 103
16. Ibid.  pág. 104.
17. Ibid. pág. 59.

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©   Mar Estela Ortega González Rubio

LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN:  0124 - 9282

Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen  V – Número 17
Abril-Mayo-Junio de 2004

DEPARTAMENTO DE IDIOMAS
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
Barranquilla - Colombia

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PORTADA
VOLUMEN V - NÚMERO 17