Editorial:
INVITACIÓN A PABLO NERUDA,
EN SUS CIEN AÑOS

Ariel Castillo Mier
Universidad del Atlántico
facasil@aolpremium.com


Pablo Neruda, el segundo escritor hispanoamericano que se ganó el Premio Nobel de Literatura, en 1971, este año cumpliría 100 años de nacido. ¿Quién fue Pablo Neruda? ¿Cuáles son los alcances de su poesía? ¿Qué importancia tiene dentro de la historia de la poesía hispanoamericana y universal?

Entrar en la vida, pero especialmente en la obra poética de Pablo Neruda es moverse en terreno movedizo. Pablo Neruda fue lo que se llama un poeta mayor, no sólo por la calidad de su obra, sino por su vastedad. Sus poemas reunidos abarcan dos tomos de más de mil páginas, en letra pequeña, cada uno. De manera que es imposible pretender decir la última palabra sobre una producción literaria cuyo conocimiento exigiría la dedicación de toda una vida, pues bien sabemos que en la lectura de un poema no se puede correr a la velocidad con que leemos, por ejemplo, las páginas deportivas o de chismes de un periódico. La poesía se lee letra por letra, palabra por palabra, verso por verso, en movimiento de ida y vuelta, tratando de apresar el sentido, como en una cacería, hasta cuando, de repente, se enciende el foquito y empieza uno a entender hacia dónde se dirigen las palabras, y ya puede embarcarse en el tren o el tranvía o el avión del poema y viajar con ellas.

Ricardo Eliécer Neftalí Bernardo Reyes Basualto era el hijo de un maquinista de tren y una maestra de escuela. Nacido el 12 de julio de 1904, en Parral, al mes de nacido quedó huérfano de madre, quien murió de tuberculosis. Aunque su madrastra fue un apoyo constante para su poesía la ausencia de la madre lo marca para siempre. En un poema de muchos años después lo revela:

Y como nunca vi
su cara,
la llamé entre los muertos, para verla
pero, como los otros enterrados,
no sabe, no oye, no contestó nada,
y allí se quedó sola, sin su hijo,
huraña y evasiva
entre las sombras.
Y de allí soy, de aquel
Parral de tierra temblorosa,
tierra cargada de uvas
que nacieron
desde mi madre muerta.

Sus primeros poemas los escribe a los 14 años. A partir de 1920 se cambia el nombre y en 1946, ocho años después de la muerte de su padre, registra oficialmente su nuevo nombre. El cambio de su nombre por el de Pablo Neruda es ya un índice de las dificultades que en nuestros países trae consigo el ejercicio de las letras y de las artes. Su gran maestra fue la poeta chilena Gabriela Mistral, primer Premio Nobel de las letras de esta América, quien tampoco se llamaba así, sino Lucila Godoy Alcayaga. La poeta más importante de nuestra ciudad y una de las mejores del país firma sus poemas como Meira Delmar, pero en realidad se llama Olga Chams Eljach. Las razones para el cambio de nombre son múltiples. En el caso de Neruda, él mismo nos lo explica:

Recuerdo que a mi padre le molestaba mucho que yo escribiera, porque él pensaba que eso de escribir llevaría a la destrucción de la familia y de mi persona y que me llevaría a la inutilidad más completa. Él tenía su razón doméstica para hacerlo, razón que no pesó en mí, en mi vocación. Y una de las primeras medidas que adopté fue la de cambiarme de nombre.

Neruda era el apellido del poeta y cuentista checo Jan Neruda. El Pablo, al parecer, fue un homenaje al poeta francés Paul Verlaine, el gran maestro de Rubén Darío y el modernismo.

De Parral, tierra de temblores, dos años después, Neruda se traslada a Temuco con su padre, quien en 1906 se vuelve a casar. Zona de bosques, incendios y lluvias, allí vive la infancia y la adolescencia, el conocimiento de la naturaleza, del mar y las primeras lecturas (Buffalo Bill, Emilio Salgari, Julio Verne, Jorge Isaacs, Vargas Vila, Victor Hugo, Simbad el marino): “No comía ni dormía leyendo” – recuerda tiempo después. El primer poema que escribió, dedicado a su madre de crianza, se lo presentó a su padre, cuando éste hablaba en voz baja con su esposa:

Les alargué el papel con las líneas, tembloroso aún con la primera visita de la inspiración. Mi padre, distraídamente, lo tomó en sus manos, distraídamente lo leyó, distraídamente me lo devolvió, diciéndome: —¿De dónde lo copiaste? Y siguió conversando en voz baja con mi madre, de sus importantes y remotos asuntos.

Como el muchacho siguió escribiendo, el padre pasó de la indiferencia a las amenazas y las prohibiciones y los azotes. Tímido al principio, y mal estudiante, con el tiempo se encarrila y se hace lider, dicta conferencias, dirige una revista, publica en la prensa, participa en concursos poéticos. Por esa época llega a Temuco como maestra la poeta Gabriela Mistral, quien lo orienta en las lecturas y le facilita libros, en particular, los narradores rusos.

Neruda se afirmaba como un poeta antiintelectual al que no le gustaban las teorías ni las reflexiones sobre la poesía, pero leía a montones, en especial a los poetas ingleses de todas las épocas, a algunos de los cuales tradujo (Shakespeare, Blake, Whitman), pero también a los hispanoamericanos, españoles y franceses.

Cuando Neruda empieza a publicar hay dos grandes poetas soberbios disputándose el lugar de privilegio que había ostentado Rubén Darío, iniciador de la poesía contemporánea en español, muerto en 1916 y metido en el limbo inicial en el que entra todo poeta al morir. Por un lado, Juan Ramón Jiménez, poeta de un modernismo depurado, desnudo que se orienta hacia una poesía pura, inteligente, a partir de una visión selectiva de la belleza, dirigida a las grandes minorías, quien afirmaría años después, entre admirativo y envidioso, que Neruda era un gran mal poeta, un gran poeta de la desorganización. Y por el otro lado, Vicente Huidobro, un joven renovador que había iniciado el vanguardismo en las letras hispánicas con un movimiento al que llamó creacionismo, el cual quería apartarse de la poesía expresiva, sentimental y orientarse hacia una poesía imaginativa:

Por qué cantais la rosa, oh poetas,
hacedla florecer en el poema.
El poeta es un pequeño dios.

Para Neruda el poeta se aproxima al hombre común y la poesía es un instrumento para la construcción de una sociedad mejor. Neruda integra una poesía del corazón con las técnicas vanguardistas.

La trayectoria poética nerudiana está signada por un constante cambio, por su conciencia de que el poeta que se repite o repite lo que otros hicieron está muerto. En Neruda hay, pues, múltiples poetas de los cuales destacaré algunos. Casi en cada libro, Neruda se inventa un nuevo poeta, con un nuevo estilo y una nueva temática, como Neptalí Reyes se inventó a Neruda.

1. El de 1923, autor de Crepusculario, un libro modernista en el que la voz juvenil del hablante aún presenta muchas características del romanticismo: un joven extraviado entre crepúsculos, sentimental, sensible, sensitivo, alma afín a la que canta en los boleros caribeños, del cual es buen ejemplo el poema “Farewell”.

2. El de Veinte poemas de amor, libro del amor adolescente que desplaza al breviario vigente desde el romanticismo, Rimas de Gustavo Adolfo Bécquer. El poeta es, por excelencia, el amante, un ser melancólico y desesperado, contemplador del espacio infinito, y el amor aparece ligado a la tristeza y al dolor. En ese entonces, cuando la poesía erótica en lengua española era escrita por mujeres —Delmira Agustini, Juana de Ibarbourou, Alfonsina Storni y Gabriela Mistral—, su obra llegó para llenar un vacío, como lo prueban las ventas interminables del opúsculo que superan los dos millones de ejemplares.

3. El de Residencia en la tierra, es decir, poesía terrenal, aferrada al reino de este mundo, al aquí y al ahora, a lo concreto, a la naturaleza, al cuerpo, a la materia. “Tres cantos materiales”, “Solo la muerte” y “Walking around” ilustran con precisión y calidad esta etapa del poeta agónico, sonámbulo, que contempla el mundo como un proceso permanente de desintegración, de aniquilación, de derrumbe y caída incesantes: un viaje hacia la nada, expresado en un lenguaje barroco por un poeta que mira al mundo con los párpados atrozmente abiertos y privilegia en el hombre lo primario, lo instintivo, lo pasional: el erotismo y la sexualidad. La verdadera vida, parece decirnos, es la vida natural, inocente, en contraste con el cálculo y el racionalismo de las ciudades. Hay en realidad dos líneas en el libro, como bien lo ha visto Hernán Loyola, el mejor crítico de la obra nerudiana: la de los poemas amorosos, las canciones, algunas de las cuales pueblan las antologías hispánicas de poemas de amor y la de los poemas proféticos que asumen la poesía como un modo de conocimiento intuitivo y emotivo de la realidad. Estos poemas están marcados por el fuerte pesimismo, la carga angustiosa, la sensación de opresión mortal que le produjo a Neruda su experiencia del Oriente (Cambodia, Birmania, Java), donde viajó como cónsul de segunda, vivió en la pobreza y en la soledad sin nadie con quien hablar español semanas enteras sin ver un ser humano y estuvo a punto de morir acuchillado por una amante que no aceptaba el fin de la relación amorosa, por lo que le tocó al poeta huir como un ladrón nocturno. Es ésta una poesía ensimismada que recibe la influencia de Quevedo y el surrealismo. Años más tarde, cuando un muchacho se suicidó de un balazo junto al libro, Neruda se arrepintió de este libro y reorientó su poesía hacia el mundo social.

4. El Neruda que en 1935 plantea la necesidad de una poesía impura que incorpore la anécdota, la historia, lo cotidiano en un texto publicado en la revista Caballo Verde para la Poesía y hacia 1936 escribe poesía política a partir de la dramática experiencia de la Guerra Civil Española, cuando siendo cónsul en Madrid, en La Casa de Las Flores, le tocó ver, como lo dice en uno de sus poemas, “La sangre por las calles”. Neruda reniega entonces de su poesía anterior por considerarla negativa, desesperada, y de sus poemas, dañinos para la juventud, los cuales “No ayudan a vivir, ayudan a morir” por estar empapados de un pesimismo y una angustia atroces. España en el corazón, pone de manifiesto una poesía de la esperanza, en la que el poeta es un ser solidario y humilde, preocupado por sus semejantes.

5. El de Canto general, el narrador que resucita la epopeya para cantar la historia de la América hispánica —hecha de atropellos, miseria e injusticia—, mediante una poesía narrativa, política, social, didáctica y, por momentos, panfletaria. Dividido en 15 cantos, el poema recrea críticamente el paisaje y la historia americana desde antes de la llegada de los conquistadores, pasando por la independencia hasta la época contemporánea del poeta, abarcando con nombre propio múltiples personajes europeos, indígenas, dictadores, revolucionarios, obreros y escritores. El poema parece proponerse un gran mural de América a la manera de los muralistas mexicanos. El último canto es una autobiografía del poeta hasta 1949.

6. El de Odas elementales, una poesía clara y alegre, atenta a las cosas humildes, dirigida a gente sencilla.

7. El de Estravagario, poeta maduro, sabio por viejo, irónico, alguien que viene de vuelta, se burla de sí mismo, se contradice, juega con el lenguaje, se aparta de la gravedad y seriedad que lo habían caracterizado.

En medio de la diversidad y del cambio se da también en Neruda la unidad y la permanencia. El rasgo más estable es el vitalismo de quien considera la existencia como un regalo para aprovechar a plenitud. Su poesía, marcadamente autobiográfica, registra este rasgo de su personalidad. Neruda fue un hombre que vivió a manos llenas como un sibarita. Dueño de varias casas, las llenó de antigüedades y trastos viejos, puertas, ventanas, mascarones de proa, faroles, campanas, anclas, caracoles, botellas de formas particulares, libros raros y curiosos, un caballo de tamaño natural disecado en una sala. Amante de los buenos vinos y de la comida exquisita fue el poeta de la terrenalidad, la integración con la naturaleza y la solidaridad humana con los seres desfavorecidos de la fortuna.

Su vida política le acarreó múltiples dificultades: su casa incendiada, perseguido, detenido, exiliado, incomunicado, buscado por más de mil policías, expulsado de algunos países. Neruda murió de cáncer pocos días después del golpe de estado y la muerte de Salvador Allende, por quien Neruda había renunciado a su candidatura presidencial. A su muerte sus casas fueron saqueadas.

Neruda escribía a mano, con tinta verde, y donde estuviera: en un auto, en medio de una conversación, en su casa. El discurso del Premio Nobel lo escribió, según García Márquez, en una servilleta, en un restaurante, mientras departía con unos amigos. Para el Nobel colombiano, Neruda era el rey Midas de la poesía: todo lo que tocaba lo volvía poesía.

El valor de la poesía de Neruda no es sólo hispanoamericano, sino universal. Pero su obra tiene un problema para los escritores principiantes, al igual que la de García Márquez, su influencia es demoledora: quien lo lee tiende a quedar marcado y a repetir sus maneras mediocremente.
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©   Ariel Castillo Mier

LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN:  0124 - 9282

Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen V – Número 18
Julio-Agosto-Septiembre de 2004

DEPARTAMENTO DE IDIOMAS
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
Barranquilla - Colombia

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VOLUMEN V - NÚMERO 18