Letras en la diáspora,
Cita de seis
Adriana Herrera
Presentamos aquí el prólogo de Adriana Herrera
al libro Letras en la diáspora, Cita de seis,
sobre escritores colombianos en Norteamericana.
Esta antología de seis escritores de la diáspora colombiana reúne las voces de Juan Pablo Salas, Jaime Alejandro Cabrera, José O. Álvarez, Luis Miranda, Marta Daza, y Rafael Vega. No los une lo que escriben —tan diverso como sus obsesiones temáticas o el espectro de sus imaginaciones—, sino el placer lúdico frente a la literatura, y también esa complicidad que aliviana la vida que transcurre en la misma geografía: el territorio que se extiende de Fort Lauderdale a Miami Beach en el Sur de la Florida.
También se acercan unos a otros por lo que a todos los seres humanos nos aproxima: la sombra de la muerte, la atadura del eros, y las tejeduras de la memoria; pero además, por el oficio, por la pertenencia a una era en la que, como anota Vargas Llosa en El lenguaje de la pasión, los escritores no trabajan para la posteridad, con la esperanza de que sus libros serán “pasaportes hacia lo eterno”. Escriben para poder vivir. Escriben, en medio de todos los vértigos que impone la supervivencia, para defender el territorio libre del ser, el fiero espacio de su creatividad. Escriben porque de otra manera enfermarían de angustia. Y, de un modo soberano, para divertirse.
Como anota Jaime Cabrera: “Somos un grupo de amigos que escribe en la misma ciudad”. Quizá uno de sus primeros vínculos es el de ser inmigrantes que en momentos y circunstancias distintas salieron de Colombia y encontraron en la pasión por la literatura un antídoto contra el desarraigo, una vertiente que los unió, más que alrededor de temas compartidos, en torno a una red de complicidades, a la coincidencia de miradas capaces de articular o desarticular la realidad conjugando palabras. Intercambian correos en un lugar virtual de la Web —Ciudaddarien— y allá convergen preguntando por el origen de un significado, por una duda semántica, por el rastro de un escritor, o invitando a cualquiera de todas las formas con que celebran la vida cotidiana. Entre éstas, los círculos de lectura que presiden Luis Miranda y José Álvarez en la librería Fiftheen Street Books de Coral Gables, o Juan Pablo, en la Barnes&Noble de Kendall.
Jaime y José, tanto como Luis y Rafael habrían podido dedicarse a la pintura, y una suerte de paroxismo frente a la música los arrastra a todos. Ambas artes están presentes de algún modo en sus historias, en su búsqueda de ritmos o imágenes. A Luis y Juan Pablo los une además la pasión por la reflexión política, pero desencantados de las utopías y los dogmas exploran el territorio de las libertades de los cuerpos; Marta y José comparten la capacidad de extasiarse en las cosas mínimas, y esa forma de contemplación los ampara del acecho las violencias que acezan en la corrupción del poder y de todas las guerras.
Cada uno de quienes hacen parte de esta antología ha tenido el coraje de entregar ese inapelable testimonio de sí mismo que es la escritura. Porque toda escritura es, incluso en contra de la propia intención, un acto de revelación. Quien escribe interroga su propio tiempo, y al hacerlo sabe que se sujeta al veredicto de incontables rostros desconocidos, y que sólo así descubrirá su propio rostro. Cada uno, de modos tan distintos como ellos mismos —con ansiedad o con total desapego, con serenidad o con apasionada expectativa— aceptó ser incluido en Letras en la Diáspora para añadir al mundo una palabra; si era o no necesaria, lo dirán sus lectores.
Más que un prólogo escrito por una crítica literaria, este texto intenta asomarse al modo en que cada autor se apasionó por la literatura; al eco de sus búsquedas personales frente a las historias que cuentan; y, por supuesto, a las elecciones vitales de todos frente a su escritura: sus riesgos y sus apuestas, tanto como las visiones que se precipitan dentro de sí.
Un sucinto perfil de cada escritor antecede sus textos en esta antología. Baste una breve indicación para adentrarse en ellos. Como dijo alguno de sus autores -no importa cuál-: “Algunas historias son tuyas, otras son ajenas; porque lo que imagino como mío, en el fondo conjuga elementos de los otros, o implica algo que pareciéndome extraño, me contiene a mí”. No importa demasiado a quién pertenece cada cuento, ni si surgió de un sueño, o de una estricta crónica de la realidad: el acto de narrarnos nos revela que compartimos fragmentos de una sola historia.
Los lectores y lectoras de estos textos descubrirán que aun sin saberlo, también hacen parte de la diáspora, quizá porque todos llevamos en el pecho el rastro de un exilio, o hemos tenido la osadía de llegar a mil tierras desconocidas a lo largo de la existencia, aun si nunca hemos dejado atrás las fronteras del país donde nacimos.
LA AUTORA:
Adriana Herrera, escritora y periodista colombiana residente en Miami, Florida, USA.
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© Adriana Herrera
LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN: 0124 - 9282
Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen V – Número 18
Julio-Agosto-Septiembre de 2004
DEPARTAMENTO DE IDIOMAS
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
Barranquilla - Colombia
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