La pasión colombiana
por los círculos literarios

Adriana Herrera T.

Tomado de El Nuevo Herald,
Julio 20 de 2004

El círculo de Plantation

A dos horas de Plantation, vive y trabaja en una fábrica un latino que, una vez al mes, ritualmente maneja dos horas hasta la sede de Barnes&Nobles de esa población, con un solo imperativo: ''Poder hablar''. El círculo literario que dirige Freda Mosquera en esa librería es el único espacio donde habla de verdad, es decir, donde más allá de los intercambios de lenguaje funcionales, puede expresar lo que han despertado en él las historias que ama y adentrarse con otros en esa exploración de la condición humana que revelan todas las novelas del mundo.

Son cerca de 40 personas las que al reunirse desde hace cinco años para discutir libros y autores han ido creando un círculo formado por la pasión de las palabras y su poder de contar la vida. En espacios como éste, creados en Miami o Fort Lauderdale por colombianos como Juan Pablo Salas y Luis Miranda, José Alvarez, y Jaime Cabrera, donde conocedores y aficionados buscan develar los ejes ocultos en las historias de los personajes de ficción, muchos inmigrantes recobran un centro interior que los conecta a sus sueños, al entusiasmo compartido o que desata sus propias posibilidades creativas.

Artistas, escritores, maestros de literatura, abogados, periodistas, ingenieros y filósofos encontraron en los Estados Unidos la estabilidad económica o la tranquilidad política que les negaban sus países en el centro y sur del continente, pero en muchos casos tuvieron que resignarse a oficios desprovistos para ellos de alma. El único modo que encuentran para dar sentido a sus días es el conectarse con quienes persiguen esa otra mirada del mundo que da la pasión por el arte y el conocimiento.

Freda Mosquera legó a los Estados Unidos en 1986, para casarse con Nelson Mosquera, su antiguo novio, un pintor y melómano hasta el punto de que no resistiría habitar el planeta si no existieran las composiciones de Rimsky-Korsakov o Ravel, y hace su trabajo en una fábrica de metalúrgica recordando la saga de los primeros alquimistas. Al llegar, Freda perdió la posibilidad de trabajar en su profesión de abogada y sintió que en la distancia de algún modo su figura ''iba desapareciendo del mundo que había dejado en Bogotá''. Se recuerda en la ventana de su casa en Fort Lauderdale con el asombro de no ver a nadie en las calles. ''Ese silencio...'', evoca. Comenzó a trabajar, calladamente, en una fábrica de electrónica porque entonces, pese a su condición legal, no hablaba inglés. ''Se me rompían los dedos haciendo cables --recuerda-- y sentía cómo la sangre se iba en esos objetos''. La vida se reducía al amor de pareja que era intenso, pero no bastaba para colmar todos los espacios.

Un día, conversando con Nelson sobre la fuerza de su experiencia en los famosos Talleres de Escritura de la Universidad Central de Bogotá, se dijeron: ''Tiene que haber más que estén sintiendo este vacío''. Y con una osadía nacida de la soledad decidieron poner un aviso en el periódico con un gran título: ''Convocatoria: I Encuentro de Artistas Colombianos''. Descubrieron a siete que vivían en Broward y organizaron una reunión que fue el origen de una serie de encuentros y actividades como los talleres del arte que impartían una vez al mes en un parque. Freda se hizo contadora y comenzó a escribir reseñas literarias mientras volcaba su ansiedad vital, sus mundos oníricos, su experiencia en las fábricas en su primer libro: Cuentos de seda y sangre.

Invitada a presentarlo en varias bibliotecas del estado, comprendió que en esos espacios ''te encuentras con lo que realmente eres... Siempre al final de la lectura la gente preguntaba cuándo sería la próxima''. Por eso, el día en que la llamaron para hacer una lectura en Barnes&Nobles dijo que lo que ella quería era hacer un programa permanente de lecturas y aseguró que lo mantendría. Algunas de las personas que fueron a esa primera reunión no han dejado de asistir nunca, salvo por un caso extremo.

''Durante mucho tiempo estuve huérfana: había perdido la posibilidad de hablar de literatura. Ir para mí es tan sagrado como alimentarme'', asegura Rosario Muñoz.

Desde 1999 ha leído y discutido medio centenar de libros ''escuchando las opciones de interpretación de gente de muchos países, con diversa experiencia y formación''. La poeta argentina Patricia Mayorana dice: ''Nosotros estábamos enmudecidos hasta que llegó el Círculo. No sólo nos ha ayudado a encontrarnos con la literatura, sino a la promesa que nos habíamos hecho de publicar un libro''. Ella lanzó recientemente el suyo: Espacios Opuestos, editado por La cueva de la Sibila. Fue a la misma Freda Mosquera a quien Juan Pablo Salas le prometió en una feria del libro que el año entrante estaría del lado de la mesa de los que exhibían.

El círculo de Kendall

Para cumplir su promesa, Juan Pablo Salas desertó de su oficio de analista informático en una gran compañía para consagrarse a la literatura. Con el apoyo de Lucía, su esposa, terminó El último colombiano, y pudo dar rienda suelta a su pasión de analista político. Ahora publica sin falta sus columnas en el periódico Imagen Latinoamericana, bajo el seudónimo ''El Escribidor''. Con su cuento La pared ganó una mención única en un concurso nacional de literatura en los Estados Unidos, publicado en la antología Cuentos de emigrantes, y en marzo del 2000 abrió a su vez el Círculo de Kendall de la Biblioteca Barnes&Nobles.

Así se convirtió entonces en el generador de una experiencia que es un antídoto contra el desarraigo, una manera de desatar toda una red de complicidades en torno a la palabra y a la capacidad de enriquecerla infinitamente a través del arte. Ha organizado ciclos de análisis con temas como ''Jóvenes escritores latinoamericanos'' o el que ahora desarrollan cada tercer jueves del mes: ''Locura y razón en la literatura''. Los asistentes --que han leído más de 40 libros-- dicen haber hallado ''una relación de amor y disciplina con la ficción'' que equiparan a un curso de especialización en la literatura, y algo aún más importante: ``El placer de las conversaciones que les han deparado no sólo muchos, sino grandes amigos''.

Gracias al Círculo surgió para Juan Pablo el vínculo de amistad con seres como Ariel Halac, autor de Asalto en la calle 10, una estupenda historia del género negro que transcurre en los andenes de la Córdoba, de donde es oriundo. Pero no sólo se han encontrado con literatos, sino con aficionados, con gente curiosa, con esa inquietud de espíritu que nos instiga a conocer más. Alvaro Mesa, zootecnista y agrónomo, a sus 60 años descubrió la literatura, como una pasión inesperada. ``Yo soy un hombre de pocas palabras, pero me gusta escuchar gente que se mueve en la literatura. Ya no leo para mí solo, sino que pienso cada libro para compartirlo con los demás''.

La casa que alberga una revista oral

El círculo que se reúne en la Casa de la Cultura Hispanoamericana comenzó con un grupo de amantes de la literatura, encabezados por José Alvarez, Luis Miranda y Jaime Cabrera, que se encontraban una noche al mes en la librería Fifteen Street Books para hablar de los autores clásicos. ''Prefiero --dice Alvarez, doctor en literatura, profesor de la Universidad Internacional de la Florida y autor de varios libros de cuentos breves-- dedicar mis horas de lectura a los escritores decantados por el tiempo''. Durante un año y medio se reunieron en esa sede para recobrar dramas como el de Dédalus, el Artista Adolescente de Joyce, queriendo cultivar su arte y enfrentado a la imposibilidad.

La psicóloga y filósofa Amparo Cardeño confiesa que cuando oyó que José Alvarez hablaría de los presocráticos, acudió por el placer de recobrar un tema conocido, pero sin mayores expectativas de aprender algo nuevo. Pero se sorprendió: ''José es un verdadero maestro. Con una tiza y un tablero grafica su pensamiento en una forma tan lógica y estructurada que casi hace tocar las ideas. Aprendí tantas cosas que no pierdo una charla suya. Es lo más concreto y profundo y simple que en mi vida hubiera podido imaginar''. Alvarez, no obstante, sigue intentando lo que resume en el título de su último libro: Vivir del cuento. Y entre tanto, transforma en una continua actitud de gozo la cotidianidad.

El, Jaime Cabrera, Premio Nacional de Cuento en Colombia y autor de varios libros y de Macorina, novela próxima a publicarse; la poeta Martha Daza, y el narrador Luis Miranda, entre otros cómplices artistas como el arquitecto y pintor Daniel Angulo, inauguraron en la sede de la Cultura Hispanoamericana una experiencia completamente inédita en la vida cultura de la Florida: una revista oral que se presentó el pasado 16 de junio, en el centenario del ''Bloomsday'' que conmemora el día que narró James Joyce en su Ulises. La pasión de Miranda por la obra de Joyce raya la obsesión, pero de esa identificación casi delirante se beneficiaron los numerosos asistentes al lanzamiento de ese primer número, cuyo antecedente fue la revista Astrolabio en el Caribe colombiano.

El literato cubano Julio Pino, ''un servidor de El Quijote'', quien reafirma que ''un libro clásico es aquél al que todas las generaciones de los hombres acuden con inusitado fervor'' se ha sumado a estos fervorosos de las letras. Jaime Cabrera es la memoria andante de las más deliciosas anécdotas literarias. A veces, basta aludir a una palabra como ''gato'', para que comience a recordar los célebres gatos de los escritores y las equivocaciones sobre sus nombres. No buscan el arte como eruditos, sino como conspiradores que se defienden de los horarios en las oficinas de bancos y negocios donde algunos trabajan, con la lúdica de un interminable encuentro gozoso con los libros y las gentes que los aman. Publicaron un libro titulado Cita de seis. Escritores colombianos en la diáspora. Intercambian correos en un lugar virtual llamado Ciudaddarien y cada vez se les adhieren nuevos miembros de una cofradía informal, como el humorista gráfico Nelson Garibello, cuyo mayor placer --pero también su arma contra el tedio y la sola sobrevivencia-- puede estar en encontrar en manos de otro un libro del desconocido y maravilloso William Saroyan.

El sábado 31 de julio lanzarán el segundo número de su revista oral: Cortázar, modelo para A(r)mar, a las 6 de la tarde. Una cosa es clara: estos Círculos literarios están desatando una efervescencia creativa que no sólo se traduce en la multiplicación de libros, oyentes y escenarios, sino en la conversión de muchos inmigrantes latinos en Los conjurados. Julio Pino, con indudable acierto, eligió ese epíteto con título de la revista literaria que lanzará en agosto. La conjura es contra ''la vida parva que no nos da sus mieles'' para decirlo en palabras de Barba Jacob y las ''armas secretas'' son la pasión por el arte y el humor que salvaguarda la libertad interior.

Casa de la Cultura Hispanoamericana: 1001 N.E 125 Street, suite # 2, North Miami, Fl, 33161.
Teléfono: 954 802 7803.
Círculo de Kendall: 12495 North Kendall Drive. Teléfono: 305 5988446.
University Dr Plantation, FL 33324. http://www.geocities.com/circulodelectura

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©   Adriana Herrera T.

LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN:  0124 - 9282

Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen V – Número 18
Julio-Agosto-Septiembre de 2004

DEPARTAMENTO DE IDIOMAS
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
Barranquilla - Colombia

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VOLUMEN V - NÚMERO 18