Se jubiló

Sergio Sarmiento
Arte dramático
Universidad del Atlántico

La ignorancia es lo que lleva al hombre a superarse a sí mismo. Hay cosas que no conocemos y necesitamos indagar para poder entender lo que se mueve alrededor. Quizás en aquel salón de clases, tal reflexión no podía llegar a plantearse pero por puro instinto se aplicaba.

La profesora estaba más entusiasta que de costumbre, hasta cantó de más. Los niños jugaban felices y no veían las lágrimas que de vez en cuando afloraban  a los ojos de la maestra. La jornada escolar terminó y la despedida fue muy emotiva. Ellos no notaron nada extraño. Sus padres los recogieron para llevarlos a un fin de semana hiperactivo.

El lunes llegó con una variedad de anécdotas para contar, claro está que se silenciaron cuando los niños vieron a una maestra desconocida frente a ellos, una joven  que se presentaba muy melosa para sus gustos. El director la referenció como la nueva profesora... pero ¿por qué nueva?, ¿qué paso con la vieja, aquella que los mimaba y a veces regañaba cuando hacían mucha bulla?

—Se jubiló—  respondió la joven a una niña morena que no soportó más la intriga.

—¿Qué es “jubiló”? —preguntó una más grande, con cabello peinado en cola de caballo.

El recreo en el jardín fue extraño. Los niños no merendaron y permanecieron observando a la joven profesora mientras trataban de ubicar a la antigua. Recorrieron el plantel y no la encontraron, las dudas crecían y la pregunta volvió a saltar otra vez entre el grupo.

—¿Qué es “jubiló”? —repitió curiosa la cola de caballo, seguida por un silencio de análisis.

—Una vez, mi mamá me dijo que mi abuelo se murió después que lo jubilaron del trabajo —anotó un niño gordo, como tratando de encontrar una relación.

—O sea, que la profesora se murió -afirmó otro niño de gruesas gafas de miope.

-No, la mataron —dijo Lucas, el sabelotodo del grupo, mirando a la joven que se dirigía a la oficina del director. -Creo que la mató la nueva profesora -añadió.

—¿Tu crees? —le preguntó la cola de caballo.

—Sí, por que ella  vino a remplazarla —argumentó el sabio Lucas. —La mató para poder quedarse con el trabajo de nuestra profesora —susurró, como resolviendo un gran enigma, y para corroborar su teoría, propuso preguntarle directamente a la profesora.

—Si es así, se lo diré a mi mamá —finalizó el niño miope mientras se dirigían al salón para interrogar a la nueva maestra.

La mañana terminó de pasar con la calma que trae el lunes. Una campana repicó varias veces mientras los alumnos salían para ir a casa. Sin embargo, algo estaba mal en alguna parte. Los padres del segundo grado esperaban que sus hijos salieran del salón pero ningún niño aparecía. El director fue personalmente a avisar a la nueva profesora que la jornada había terminado.

La puerta se abrió con calma y los ojos del director quedaron congelados ante el hecho. Los niños jugaban enérgicamente con una especie de piñata. Allí estaba la profesora  balanceándose inerte mientras las voces tiernas coreaban: “Se jubiló, se jubiló, se jubiló” y la viga del techo crujía acompasadamente.
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©   Sergio Sarmiento Támara

LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN:  0124 - 9282

Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen V – Número 19
Octubre-Noviembre-Diciembre de 2004

SUPLEMENTO LITERARIO CARIBANÍA
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DEPARTAMENTO DE IDIOMAS
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
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VOLUMEN V - NÚMERO 19