DE LO CARIBE
EN LA CUENTÍSTICA DEL CARIBE COLOMBIANO:
¿RASGOS DE IDENTIDAD

Alfonso Rodríguez Manzano
Universidad del Atlántico
Universidad del Norte
arodrigm@uniatlantico.edu.co


XXIIIer ENCUENTRO DE COLOMBIANISTAS: «COLOMBIA Y EL CARIBE»
UNIVERSIDAD DEL NORTE – DEL 12 AL 15 DE AGOSTO DE 2003


1. LA LLAMADA “CERTIDUMBRE CARIBE”
2. DE LA AUTOCONCIENCIA CARIBE, ANDINOS, GRINGOS Y EUROPEOS
3. ¿METAFÍSICA DEL CUENTO CARIBE?
4. ¿OTRAS IDENTIDADES CARIBEÑAS?
5. ENFOQUES, PROBLEMÁTICAS, TAREAS

ABSTRACT O RESUMEN

La ponencia “De lo caribe en la cuentística del caribe: ¿Rasgos de identidad?” realizada en el marco de la investigación “El cuento caribe colombiano: historia, poéticas e identidad” registra elementos recurrentes encontrados en una decena de libros de cuentos de los autores más reconocidos. Esos elementos son: lo fantástico -generalmente emparentado con lo religioso-, lo musical y lo humorístico, como se ilustra en numerosos ejemplos que van de José Félix FUENMMAYOR a R. BURGOS C, pasando por A. DE LA ROSA, A. CEPEDA S., G. GARCÍA MARQUEZ, G. ESPINOZA, R. I.  BACCA y M. MORENO, sin dejar de lado a J. MERCADO y J.F. SOCARRÁS. En esos cuentos se presenta, además, una autodefinición del costeño como no flojo, una instrumentalización de la mujer, animalización del indio y del negro, estigmatización del homosexual, salvo excepciones desde cuentos del ochenta. Así, mismo, se mira en esos cuentos peyorativamente al andino, según los casos se valora inferior y/o negativamente al gringo y al europeo. En el caso del GARCÍA MÁRQUEZ de 1992, se plantea una “certidumbre caribeña” por oposición a la arrogante razón europea. El enfoque utilizado tiene su perspectiva que plantea su problemática y deja sus tareas.


Dos dones naturales [el don de la creatividad y una arrasadora determinación de asenso personal] nos han ayudado a sortear los vacíos de nuestra condición cultural a buscar a tientas una identidad y a encontrar la verdad en las brumas de la incertidumbre” Gabriel García Márquez.

“El vegetal no tiene movimiento voluntario y, sin embargo, el pueblo de la costa colombiana, en trance de fervor fantástico, asegura que, por la noche, ‘los cocoteros caminan’ […] Pero, en fin, a las afirmaciones bonitas no hay que buscarles razón” Amira De la rosa.

“Estamos cansados del arte que se hace hoy y que se ha hecho en toda la historia. Y esto hay que decirlo con  letras, creo yo”. Álvaro Cepeda Samudio.

El texto que sigue, realizado en el marco de la investigación “el cuento caribe colombiano: historia, poéticas e identidad” (1), registra una búsqueda de rasgos, elementos, leitmotiv comunes en una decena de libros escritos por los autores de cuentos más reconocidos, según diversas expresiones, regional, nacional e internacionalmente.

Varios elementos aparecen como recurrentes en personajes, temas y poéticas, desde un José Félix FUENMAYOR (JFF), hasta un Roberto BURGOS CANTOR (RBC), pasando por Amira DE LA ROSA (ADR), José Francisco SOCARRÁS (JFS), Álvaro CEPEDA SAMUDIO (ACS), Gabriel GARCÍA MÁRQUEZ (GGM), Germán ESPINOZA (GE), Ramón Illán BACCA (RIB), Mável MORENO (MM) y Jairo MERCADO (JM).

En primera instancia, con diversos orígenes y diversas funciones, vemos lo que narradores, personajes y focalizadores  llaman, según los casos, lo extraño, lo sobrenatural, lo irreal, en la mayor parte de los casos emparentado con lo religioso católico; en segunda instancia, con más énfasis en unos autores que en otros, el universo de lo musical; y, en tercer término, según los casos como una constante con diversos matices, una generalizada  actitud humorística. La balanza de lo que se puede llamar, generalizando, lo fantástico, puede abarcar  los otros dos componentes: se puede dar a partir  de la música y puede surgir con humor. Ello contribuye, además, sobretodo en cuentos publicados a partir de los años 80, a la autodefinición por oposición a lo andino, a lo gringo y a lo racional europeo. En esos libros de cuentos, vemos a un hombre caribeño autodefinirse,  instrumentalizar a la mujer, mirar peyorativamente al andino, estigmatizar al marica y animalizar al negro y al indio. En cuentos de después de los 80, vemos a la mujer ya no sólo como un ser para el trabajo casero, al negro en un papel activo valorado y al homosexual configurado como personaje aunque estigmatizado.

Seguidamente me concentraré en mirar ese universo de lo fantasioso, sus explicaciones internas, su eventual significado o “función” en relación con lo que se puede llamar identidad caribe, así como la trascendencia o metafísica de esa significación, después de haber visto, más someramente, los componentes de la religión, la música y el humor. Este perfil así anotado se puede contrastar, muy brevemente,  con el dado por esos mismos narradores en otros tipos de textos y por otros colegas investigadores y ensayistas. Plantear el tema de la identidad caribeña desde la aproximación vista aquí, se verá finalmente, tiene su problemática y deja sus tareas.

1. LA LLAMADA “CERTIDUMBRE CARIBE”

1.1. ¿LO FANTÁSTICO COMO IDENTIDAD?

Lo que según personajes, narradores y focalizadores de los cuentos vistos es llamado fantasía, lo insólito, lo sobrenatural, excentricidades, lo fabuloso, vida imaginaria, irrealidad, lo extraño, consiste en transfiguraciones, presagios inexplicables, historias exageradas, increíbles o milagrosas presentadas como verdaderas que cuestionan el mundo convencional, la lógica formal, lo racional. Pueden tener, según los autores, diversos orígenes. Pueden tener así mismo diversas significaciones.

Ya desde los primeros cuentos de JFF (2), ADR (3) y JFS (4), como después en RBC (5), las transfiguraciones, el diablo, los milagros, son acciones, personajes, fenómenos que cohabitan en el mismo nivel de los personajes y acciones “humanos” y “reales”. En “Las brujas del viejo Críspulo”, de JFF, por ejemplo,  una mujer  confiesa que era bruja, todas las noches se convertía en puerca y una vez se escapó huyendo transfigurada en una zorra. En “Marsolaire” de Amira DE LA ROSA (ADR), el diablo “afuetea” a un personaje con el rabo. En JFS, Don Teófilo había hecho pacto con el diablo, como el acordeonero Pacho Rada.  En “Los misterios gozosos” de RBC “Onissa –nos dice el narrador- en cuya casa encontraron dibujos de muñecas en horca y leyenda, en el barrio todavía la nombran: bruja, puta o santa, depende de quien la olvide” (p. 50).

En Álvaro CEPEDA SAMUDIO (ACS), como ya en JFF, además de mostrarse como reales hechos por lo menos excéntricos –como un piano blanco que ejerce una fuerza insólita, un deseo irreprimible de acariciarlo (6)-, se da una real real-ización de lo que parece ser una mera figura literaria. Así como en José Félix FUENMAYOR (JFF) “la patilla camina como caracol”, en ACS los cabellos de Juana son, verdaderamente, no de color dorado, sino de oro puro: con las dificultades que esto implica para peinarlos, con el aprovechamiento que hacen de ello los diáconos y subdiáconos, hasta el punto de tener que cortárselos totalmente porque algo cortos puyaban demasiado (7).

La cuentística de GGM sabemos, tiene también como eje central la transfiguración, el mundo de lo inexplicable, la equivocidad entre este mundo tangible, real y lógico y el otro mundo espiritual, sobrenatural y metafísico (8). Esas transfiguraciones pueden cuestionar la identidad numérica del ser humano; real-izar en nuestra tierra el universo bíblico; materializar, de hecho, las palabras de maldición proferidas por nuestros padres; ser expresión de una potencia que sobrepase la precaria naturaleza humana; eliminar las dimensiones evidentes entre vida y muerte, entre el mundo “vivido” y el mundo convencional, entre lo racional y lo irracional. En el libro de cuentos de 1992, Doce cuentos peregrinos, incluido en la antología citada, esos “dédalos de la fantasía” configuran los rasgos de una “certidumbre caribe” que se opone a un pretencioso racionalismo europeo.

“La tercera resignación”, la realidad real de una vida después de la muerte,  sustenta desde el más allá la existencia de nuestro mundo equivocado y absurdo de animales racionales. Eva, mujer metafísica, real-iza el mundo de los espíritus puros. La lluvia, elemento natural, en un continente desproporcionado en todo, tiene el poder de hacer perder la facultad del pensamiento, la noción de las dimensiones convencionales, la lógica de los sentidos. “Un señor  muy viejo con unas alas enormes” es un ángel de carne y hueso que cae en este mundo de visión medieval. El espectáculo triste de una mujer que se había convertido en araña, concreta, realiza el castigo premonitorio de desobedecer a los padres.

Estas transfiguraciones en GGM tienen diversas explicaciones, diversas funciones, diversas trascendencias.. Están acompañadas, en la mayoría de los casos, de las nociones de miedo, de terror, de vacío ante lo ignoto. Pueden “funcionar” como un artificio un otro externo que agrede.  Además, puede mostrarse como resultado  de un poder, una potencia, una realización virtuosa del ser humano. Sabemos que la Eva de “Eva está dentro de su gato” sufría el natural espanto del vacío. Ese universo dislocado puede ser además instrumento para fregar a los gringos. Pero también tal transfiguración  en los seres puede ser tomada como la expresión de una fortaleza que sobrepasa  los límites comunes  impuestos a nuestra naturaleza humana corporal: “Alguien nos dijo que estaba muerta –leemos en “Amargura para tres sonámbulos”-[…] Era lo suficientemente humana  para eliminar a voluntad sus funciones vitales” (p.50).

En los cuentos que GGM publica en 1992, los presagios, transfiguraciones y milagros van a tener como “función” importantísima la caracterización de un saber, de una forma de ser, de ¿una seña de identidad? erigidos como rasgos de las gentes de una región del mundo por oposición a las gentes de otra región del mundo. Se trata de la oposición, aunque con algunos matices excepcionales en ciertos casos, entre la “certidumbre caribe” y la racionalidad europea, entre la engreída medicina científica occidental y la efectiva sabiduría de los presagios, entre la pretensión europea de conocimiento y la temible superchería afrocaribeña. Según el narrador de “Tramontana”, sabemos, se trata de una “certidumbre caribe” que no puede ser entendida por una banda de nórdicos racionales”. Sabemos también que al presidente en el exilio de “Buen viaje, señor presidente”,  después de sus lecturas de taza,  incluso abandonadas por “salirle al revés”,  le empieza a ir bien de salud, es decir ni mejor ni peor, y “hacía meses que comía carne con regularidad, y toda clase de mariscos, y era capaz de beberse hasta 20 tazas de diarias de café cerrero, por lo que, definitivamente, su viaje a Ginebra, Suiza, por un tratamiento médico, “había sido providencial” (p. 376). Sabemos también que toda la ciencia parisina no puede impedir la muerte por desangre de Nena Daconte a causa de una herida producida por una espina de rosa.

En Germán ESPINOSA (GE), la “fantasía” está también tintada de lo religioso católico o filosófico esotérico, oficia como rasgo de lo propio que se opone a lo europeo y puede tener un valor altruista (9). Rodolfo Escarpit, sabemos, en “El ángel caído”, padece la maldición de una bruja en Curazao según la cual ninguna mujer podía conservarlo en su poder sin merecer, aunque fuese a fuerza de maldad, exequias de santa” (p.73). Una trasgresión a un ser fabuloso es también la que hace del narrador de “Fábula del pescador y la sirena” una especie de humano con la escamación de un pez sarnoso. La transmigración, no la reencarnación ni la metempsicosis es la que permite en “El crisol” escuchar músicas imponderables y olvidar el propio cuerpo. Ese prodigioso medio alcanzaría la realización del ser humano porque “el hombre -leemos en “La noche de la Trapa”-, más que animal racional es animal insatisfecho (p. 46)”

En Ramón Illán BACCA (10), Jairo MERCADO (11) y Márvel MORENO (12), la vidas imaginarias, excentricidades e irrealidades tienen un origen más bien de orden psicológico. En el caso de Ramón Illán BACCA (RIB) la llamada excentricidad atañe frecuentemente a la identidad  psicológica, es en casos rasgo señalado como paradójico cuando se da en un europeo, es eventualmente explicado por la locura, la deformación fisiológica o la “desviación de la personalidad”, generalmente  está emparentada con la música, el humor y el fracaso de lo propio local. Sabemos que Tobo, personaje a todas luces de origen caribeño, japonés por decisión propia, sufre el drama de haber nacido en un país de habla española, lengua de pobres. La predicción, lo astral, el  universo esotérico local envuelve incluso a una científica europea que en las ensoñaciones de “Cuando cae la noche” se enturbanta para la presdigitación con las estrellas. La exagerada sensibilidad auditiva, sabemos, explicada por una deformación del tallo cerebral hace que con cierto tipo de música Osiris Magué sangre por los oídos. Se trata de desviaciones  o exageraciones  o excentricidades con una explicación, digamos, más racional, más creíble, más psicopatológica, como la del personaje La Avioneta en el cuento “Cosas de hombres” de Jairo MERCADO (JM). Esa prostituta actuaba así –leemos en este cuento- porque se crió cerca del aeropuerto, toda la vida se la pasó viendo aterrizar y despegar aviones. Por eso aceleraba sexualmente a los niños para que se le subieran rápidamente cuando había prendido los motores, aunque también rebuznaba como burra y daba pataditas como mula en calor.

Como en el caso de Márvel Moreno (MM), el poder extraño y malévolo de ciertos juguetes como un muñeco, ciertos espacios como una gaveta, cierto fenómeno como un ruido, parece ser producido por un ensueño, un estado de invención malévolo de la imaginación, un estado de origen mental que se puede superar o asimilar o adoptar con la madurez o la concientización o la superación de la superchería religiosa.

1.2. DE LO RELIGIOSO, LO MUSICAL Y LO HUMORÍSTICO

En varias de las alusiones a lo que se ha llamado la fantasía, lo irreal, lo fabuloso, se habrá podido notar la gran recurrencia de lo religioso católico, de lo musical y de lo humorístico.

Con excepciones como en RIB para denunciar ácidamente, lo religioso católico está presente  con gran insistencia en la mayor parte de los cuentos vistos. En JFF un taburete es bautizado como a un cristiano. En ACS, GGM, RIB, GES, JM, es notable la presencia de cardenales en Ciénaga, arzobispos primados que bendicen bodas en Cartagena de Indias, papas para funerales,  seminarios eclesiásticos con privilegios jerárquicos y depravaciones sexuales, monasterios en donde se confronta lo esotérico, practicantes de la confesión católica. Hay frecuentes santas, milagros, pactos con el diablo. En “Buen viaje, señor presidente” de GGM, una antillana, siendo una princesa yoruba, se casa por lo católico. En su alucinación,  el personaje de GE  antes de suicidarse, grita: “Poséeme, tú, mi diablo”. Ramoncito, después de haberse iniciado sexualmente como hombre montando a La Avioneta con todos los motores prendidos, va a confesarse porque siente que ha pecado.

Lo musical atraviesa también gran parte de la cuentística del caribe colombiano publicada en la parte del siglo XX a la que nos referimos, con mayor o menor énfasis en unos casos.   Ya en JFF un personaje oye música suave para calmar el dolor (p. 110). Hay frecuentes bandas musicales cuando alguien muere, en política, en fiestas. Hay personajes como Nena Daconte, José Raquel y muchos en RIB que sienten una pasión por algún instrumento musical. Uno de los poderes del crisol en el cuento de GE es poder escuchar, viéndolo, “músicas imponderables”. En ACS, GE, RIB, la música es frecuentemente eje temático de la trama. Cantar es una de las palabras recurrentes en la titulación de RBC. Hay la sensibilidad musical, sabemos, que lleva a sangrar oídos. El cuento de RIB “Edipo toca la flauta”, trata del significado psicoanalítico que tiene un aire musical para el narrador, pero también a uno de los personajes “le encanta la música clásica porque es la forma más sofisticada del bolero” (p.93).

En la “Fábula del pescador y la sirena” de GE, el narrador, antes de su transfiguración en pez por su copulación con una vaca marina que creyó sirena, había escuchado una cántico suave y penetrante que al principio tomó por el eco de una cumbia lejana que narraba consejas y fábulas (p.102).

Lo mismo podríamos decir del humor, lo que ya se habrá podido ver en las ilustraciones relacionadas con lo fabuloso, lo religioso y lo musical, más evidentemente en autores como JFF, ACS, GGM, RIB, JM. Ya desde el inicio del primer cuento del libro de  JFF leemos: “Ya está aquí Magdaleno, flaco y cabezón, que parece una olla de mono en su varita” (p. 25)  

  1.3. HOMBRES, MUJERES, INDIOS, NEGROS Y MARICAS

Una vista general del ser humano tal como aparece en estos cuentos estudiados nos muestra a una mujer generalmente instrumentalizada, eje del trabajo de la casa, frecuente sostén del hogar; a un hombre que no se autodefine como flojo; a indios y negros considerados mayormente como animales de carga, incluso esclavizados, destacables sólo por su potencia sexual; a maricas referenciados peyorativamente. 

En “La hamaca”, de JFF, Temístocles saca a vivir a Matea porque así se ahorra la plata del lavado y el cocinado.

Según el personaje de “Con el doctor afuera”, también  de JFF, el costeño no es flojo: llámenlo para una ocupación  y va: “es tranquilo, tardo, pero rendidor” (p.30). Según Billy Sánchez en “El rastro de tu sangre sobre la nieve”, no hay humillación más grande para un hombre que dejarse conducir por una mujer (p. 490). Desde los cuentos de JFF al hombre no le es permitido llorar.

La mujer es mayoritariamente en estos cuentos “un ser para el trabajo casero”, el orden y hasta el sostén de la casa, en JFF, ADR, JFS, ACS, GGM; se le coloca candado para que no tenga relaciones sexuales, se le escoge marido, se la vende en ADR, ACS, GGM; frecuentemente es objeto de violencia, particularmente durante la borrachera de los sábados, aunque como en el caso paradigmático de “En este pueblo no hay ladrones”, ella también se da puños con el marido.

Los negros y los indios son generalmente “seres para cargar”, en JFS, ACS, GGM. En La cándida Eréndira, la abuela dice al carguero: “Ya su esclavo se pagó por la derecha” (p.297).

En Márvel Moreno la mujer no aparece sólo como un “ser para los trabajos de la casa”; en RIB -lo que ya se vislumbra en “El piano” de ACS-, el homosexual muestra configuración como personaje, estigmatizado; el negro José Raquel del cuento de RBC ya es más que un “ser para cargar” invisibilizado. Este personaje central del cuento “Estas frases de amor que se repiten tanto” es amigo de todos y los invita a su casa a jugar dominó y oír canciones. Cuando hay problemas con los turnos o con la paga, habla con el capataz y arregla el asunto. Por  ello el narrador –probablemente su mujer negra-, escribe: Para que estés como Araceli primera en todas las paredes de este barrio” (41).

2. DE LA AUTOCONCIENCIA CARIBE, ANDINOS, GRINGOS Y EUROPEOS

En los cuentos del caribe señalados, hay expresada una autoconciencia de lo caribe, sobre todo en GGM, RIB y GES.

En GES una alusión encontrada rechaza la visión objetivista europea porque raya en la indiferencia (“La alcoba”, p. 76).

En RIB, el caribe, lo local, lo propio es siempre sentido degradadamente frente a lo europeo, lo norteamericano y lo oriental antiguo; sus personajes generalmente miran muy valorativamente “lo mono”, lo blanco; se puede producir, debido al prurito de lucir lo europeo en nuestro trópico,  una fusión de civilización y barbarie que llama a la risa y a la ridiculez.  En  “En la guerra no hay manzanas”, se habla del “desprestigio de nuestra raza crisol donde se funden otras” (p.136). Ya habíamos mencionado que para el “nuevo japonés” el español es una lengua de pobres. En “La sombra de Greta”, leemos que no era raro ver a Jacinta Pérez en la carnicería cortar la carne y salpicar de grasa un sombrerito exclusivo de la casa Patou, o a Rosita Amador por la plaza al medio día con un sol canicular luciendo una gran copa salida de la ópera” (p.50).

En la cuentística de GGM el caribe se asocia a la luz la hospitalidad, la alegría; al gozo primitivo a la exageración de lo sensual, a lo lleno de vitalidad; a una visión medieval, al nepotismo; al origen histórico infame. En “El ahogado más hermoso de del mundo” el caribe es el espacio donde “el sol brilla tanto que no saben hacia dónde girar los girasoles” (p. 260). La antillana de “Buenos días, presidente” añoraba una terraza de flores primitivas donde era un gozo dormir con el alboroto de los grillos y la brisa de melaza y ron de caña de los trapiches”. En este mismo cuento,  el llamado presidente explica así la condición caribe, con palabras por demás certeras que podrían explicar parte de nuestro sino actual: “Así somos y nada podrá redimirnos […] Un continente concebido por las heces del mundo entero sin un instante de amor: hijos de raptos, de violaciones, de tratos infames, de engaños, de enemigos contra enemigos” (p.368).

Ya se ha mostrado un poco el significado que tiene Europa par el narrador y para los personajes caribeños  que se encuentran en Europa. Las referencias a los habitantes del altiplano nunca son positivas tampoco, ni en GE, ni en GGM, ni en RIB. El personaje del gringo, asociado al dinero en abundancia, a lo científico y al oportunismo económico, tampoco tiene una imaginería favorable en la cuentística de GGM. En el caso garciamarquino, lo europeo significa la arrogancia científica, el rigor intransigente, el racionalismo ignorante que, en última instancia, se equivoca, es impotente, se traiciona a sí mismo  “Tramontana”, “El rastro de tu sangre en la nieve” “El verano feliz de la señora Forbes”.

La alusiones a los andinos son negativas en la  totalidad de los cuentos vistos. Para un personaje en “Los doce infiernos” de GES, esos simpáticos lechuguinos son la flor de la hipocresía” (p. 58). En la cuentística de RIB, del cachaco inmundo que ordena disparar en “Si no fuera por la zona caramba” pasamos al de “la fría y gris y corrupta capital”. También en “Los funerales” se habla de “la capital remota y sombría” (p.214). En el resto de la cuentística garciamarquiana, los habitantes del altiplano, aunque algunos como la quindiana de “Me alquilo para soñar” pueda ser un ser humano encantador, en general están asociados a lo triste, lo hipócrita, lo persistente. “Volvía a verlo como era: sigiloso, imprevisible y  de una tenacidad de picapiedrero –leemos del otro andino del cuento comentado”. El papá de la santa en el cuento “La santa” tenía “una conducta lúgubre y las ropas funerarias de letrado andino” (p.378).

En “Blacamán el bueno”, finalmente, hay una explicación bien sugestiva de nuestra inclinación por lo increíble, lo fantasioso, lo exagerado. “La gente del caribe –leemos ahí- tenía la virtud de cambiar la naturaleza para embolatar a los gringos” (p. 282).  

3. ¿METAFÍSICA DEL CUENTO CARIBE?

La cuentística del caribe colombiano, vista con el énfasis mostrado aquí, se presenta como un alegato contra el racionalismo europeo, la arrogancia del conocimiento occidental y las mezquindades de una civilización pretenciosa. Cerca del universo cuentístico de un Guy de Maupassant, aparece como una artillería que desde la ficción realiza lo que desde otros géneros ha realizado la filosofía nietzscheana, las construcciones del psicoanálisis freudiano, la militancia de la teoría crítica frankfurtiana, en el sentido de librar un combate contra la hegemonía de la razón reinante arrogante. Con una fantástico próximo a un Marcel Aymé sin lo religioso, esa arista que hemos señalado aquí, la de la “certidumbre caribeña”, milita en contra del cogito claro, distinto y ordenado del DESCARTES del Discurso, reconocido fundador de la llamada subjetividad modernidad occidental, contra la razón segura y todo conocedora del SARTRE de Situaciones, contra los defensores de una modernidad europea entendida como infalible. Próxima al universo de Rulfo, Borges y su Cortázar, en su lugar se encuentra la efectividad de un saber no racional como el de las intuiciones, la eficacia de las premoniciones ilógicas, un espacio de ficción en el que nos liberamos de las ataduras impuestas por la realidad real, las  dimensiones y las convenciones.

Claro que el presidente caribeño de los “Doce cuentos peregrinos” toma la decisión salvadora después de que decide no leer más las tazas,  pues los mensajes se invertían, estando precisamente en Ginebra, Suiza, Europa. Al africano caribe  no lo salva la “certidumbre caribeña” de la muerte que alcanza al intentar huir del presagio. Y de todas maneras Nena Daconte muere  desangrada, inexplicablemente,  por la herida de la rosa.   Y las nativas de la isla de Sicilia rezan por los muertos. Como si más allá de la evidente superioridad de la “sabia intuición del caribe popular” sobre la equivocada arrogancia del intelectual racional hubiera una sabiduría popular universal que reconoce la precaria naturaleza humana, lo ignoto, lo ineluctable.

4. ¿OTRAS IDENTIDADES CARIBEÑAS?

En otros espacios los cuentistas que hemos reseñado aquí, lo mismo que ensayistas e investigadores han sustentado versiones acerca de la identidad del caribe.

Varios de los cuentistas estudiados han teorizado acerca de la identidad caribe. Según Héctor ROJAS HERAZO (HRH), por ejemplo, nuestros pueblos caribeños en el fondo son pueblos tristes,  no tienen nada de alegres (13). Sabemos también que según GE el carácter más notorio del caribe es, debe ser nuestra vocación universalista (14). GGM, coincidiendo parcialmente con  HRH, califica al caribe como “el centro de gravedad de lo increíble” debido a la profusa variedad de culturas, el sentido de libertad sin términos en nuestras tierras y una realidad real que vas más allá de toda imaginación (15).

Algunos investigadores del decir caribe oral, escrito o artístico literario han indagado acerca de lo caribe. Consuelo POSADA, en un estudio del cuento de MM “Oriane, tía Oriane” encuentra  que “la fantasía popular costeña se integra en el cuento a la credibilidad de la historia” (16). Ariel Castillo, recientemente encontró que en Manuel Madiedo, uno de nuestros primeros cuentistas de principio de principio de siglo, reitera dentro de su cuentística elementos como el baile, la religiosidad, la tendencia a la hipérbole, el mamagallismo (17). Guillermo Tedio, así mismo, en recientes comunicaciones resalta la oralidad como rasgo característico en la cuentística del caribe (18).

Otros autores, no analistas disciplinares del discurso (literario) han encontrado rasgos distintivos en el sujeto o ethos o identidad  caribes. Jesús FERRO B. ha insistido  en  una visión con preeminencia de los sentidos, arraigo, franqueza  y   música  (19). Para Ramón DE ZUBIRÍA, la identidad humana del caribe está caracterizada por el mestizaje, el enraizamiento y la apertura universal; la ausencia de envidia y de egoísmo; el carácter pacífico, comunicativo y de júbilo existencial (20). Para Armando BENEDETTI, a su vez, la identidad cultural caribeña es matrifocal transgresora de la familia cristiana; vive en un tiempo circular con un carácter lúdico, anticastrense y no violento; practica la sabia intuición de un realismo que considera al tráfico venal como única alternativa inteligente (21).

¿Será que estas piezas así encontradas son antagonistas, complementarias o indiferentes? ¿Todas juntas arman el mosaico de nuestra identidad? ¿Habrá que “triangular” los rasgos encontrados por observación con los rasgos encontrados en el discurso escrito?

5. ENFOQUE, PROBLEMÁTICAS, TAREAS

Como ha sido mencionado al inicio, se han mostrado aquí constantes, temas, reiteraciones, en una decena de libros de cuentistas considerados como los más reconocidos.  Esto ha tenido un enfoque, tiene su problemática, deja varias tareas.

La perspectiva buscaba las constantes que den un perfil de cómo aparece el caribe en esos cuentos caribes. Se ha hecho con base en escritores en quienes se den al menos dos de las siguientes características: un libro antológico personal (GGM, GES, RIB, MM, JM), mayor reconocimiento por la crítica, la traducción, la academia (ADR, ACS, RBC); por el comentario altamente valorativo recíproco (ADR, JFF, RBC). En cierta medida, también ha habido la escogencia mía de los textos que sustenten  la tesis que me surgió después de una primera lectura global. A esto se le puede aunar mi “implícita intertextualidad enciclopédica”  como lector de la literatura francesa.

El perfil así alcanzado plantea varias problemáticas. En primera instancia, como lo ha hecho en este mismo congreso GE, los escritores insisten en que  ellos en sus obras no han descrito a la mujer ni al negro ni al indio sino a una mujer, a un negro, a un indio, lo que plantea la problemática de las generalizaciones presentadas. Esto es más notorio cuando, al presentar un perfil, casi por definición abstracto, no se tomen en cuenta las épocas, los campos sociales, la evolución.  Hay además  el tema del cuento como género textual: varios de los textos considerados aquí como cuentos sido considerados, incluso por sus autores, como relato, o noveleta o novela corta sin contar los casos de “fusiones” frecuentes en ACS. Además: ¿será apropiado leer en los cuentos de ficción de una región, como si fueran espejos, los rasgos de identidad de esa región? ¿En qué medida se han expresado aquí tan solo las poéticas de los cuentistas y no los rasgos de las personas humanas habitantes de una región, sus valores y sus instituciones?

Lo anterior deja sobre la mesa varias tareas. Una de ellas sería matizar el perfil mostrando una evolución, las variaciones particulares, encuadrar según una época. Cada uno de los elementos aquí esbozados, sabemos, merece una monografía, incluso de cada autor, incluso de cada libro. Se podría además abordar los cuentos con otro enfoque metodológico, lo que probablemente daría otros resultados.

Tareas hay en esta perspectiva de conocernos más para actuar mejor. Por lo pronto aquí estuvo esta búsqueda para discutirla. Para humo rizarla, para musicalizarla, ¿para fantasearla?

NOTAS:

(1) Manuel G. ORTEGA, Ariel CASTILLO M. y Alfonso RODRÍGUEZ M. “Cuentística del Caribe colombiano: historia, poéticas e identidad”, proyecto de investigación Universidad del Atlántico-COLCIENCIAS, 2002-2003.
(2)  José Félix FUENMAYOR. La muerte en la calle. Prólogo de Gabriel GARCÍA MÁRQUEZ, Bogotá: Alfaguara Hispánica, 1994. 180 p.  
(3) Amira DE LA ROSA. Marsolaire y otras páginas. Bogotá: Banco de América Latina, 1976. 156 p.
(4) José Francisco SOCARRÁS. Viento de Trópico. Bogotá: Antares, 1961.
(5) Roberto BURGOS CANTOR. Lo amador y otros cuentos. Bogotá: Editorial Oveja Negra, 1984? 91 p.
(6) Álvaro CEPEDA SAMUDIO. Todos estábamos a la espera. Segunda edición aumentada. Prólogo de Jacques Gilard. Bogotá: Plaza y Janés, 1980. 131 p.
(7) Álvaro CAPEDA SAMUDIO. Los cuentos de Juana. Bogotá: Editorial Norma, 1995. 92 p.
(8) Gabriel GARCÍA MÁRQUEZ. Cuentos 1947-1992. Santa fe de Bogotá: Norma, 1999. 503 p.
(9) Germán ESPINOSA. Sus mejores cuentos. Antología personal. Medellín: Editorial Universidad de Antioquia, 2001. 230 p.
(10) Ramón Illán BACCA. El espía inglés. Cuentos. Medellín: Fondo Editorial Universidad Eafit, 2001. 152 p.
(11) Jairo MERCADO. Cuentos escogidos. Edición al cuidado de Guillermo Martínez. Bogotá: Trilce Editores, 2001. 254 p.
(12) Márvel MORENO. Cuentos completos. Bogotá: Norma, 2001. 442 p.
(13) Héctor ROJAS HERAZO. “Rasgos lineales para bocetear el caribe”. En: C. LÓPEZ M. y A. ABELLO, comps. La costa que queremos. Reflexiones sobre el caribe colombiano en el umbral del 2000. Cartagena: Departamento Nacional de Planeación-Fondo de Publicaciones de la Universidad del Atlántico-Observatorio del Caribe Colombiano, 1998. p. 9-18.
(14) Germán ESPINOZA. «Caribe y universalidad». En: Historia y Cultura. Revista de la Facultada de Ciencias Humanas de la Universidad de Cartagena, 4. II Seminario Internacional de Estudios del Caribe, Cartagena de Indias. p.155-162.   
(15) Gabriel GARCÍA MÁRQUEZ. «El caribe centro de gravedad de lo increíble». En: N. KLAHN y W. CORRAL, comps. Los novelistas como críticos, 2. México: Fondo de Cultura Económica, 1991. p. 126-128.
(16) Consuelo POSADA. “Hacia una lectura semiótica de “Oriane, tía Oriane”. En: Polifonía. Revista de Lingüística y Literatura, vol. 2, nos. 2-3. jun.-jul.2000. p. 55-59.
(17) Ariel CASTILLO M. «Los inicios del cuento caribe» En: VI Seminario Internacional de Estudios del Caribe. Cartagena de Indias, 23 al 26 de jul. del 2003.
(18) Manuel G. ORTEGA (Guillermo TEDIO). Marco teórico para un estudio de la relación entre cuento caribe colombiano y valores identitarios socioculturales, a partir de los conceptos de campus y habitus de Pierre Bourdieu. En: La casa de Asterión. Revista trimestral electrónica  de estudios literarios. www.lacasadeasterion.homestead.com/v.3, n.12, ene.-mar. 2003.
(19) Jesús FERRO B. « Una visión de la cultura caribe ». En: Huellas. Revista de la Universidad del Norte, 40, abr. 1994, p. 4-6.  
(20) Ramón de Zubiría. “Identidad humana del caribe”. En: Caribe Colombia. Bogotá: Fondo para la protección de l medio ambiente “José Celestino Mutis”-FEN Colombia, 1990. p. 21-27.
(21) Armando Benedetti. “Costeño tenía que ser” En: Lecturas Dominicales. El tiempo, Bogotá, 22, sep., 2002, p.1, 4-8.

EL AUTOR:

Alfonso RODRÍGUEZ MANZANO es docente, investigador y poeta adscrito al Instituto de Estudios Superiores en Educación, IESE, de la Universidad del Norte, y a la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad del Atlántico, miembro de los grupos de investigación “GILKARÍ” y “Lenguaje y educación”.

Licenciado en idiomas de la Universidad del Atlántico, Diplôme d’Études Approfondies en “Méthodologie de la recherche en littérature française contemporaine”  de l’Université de la Sorbonne Nouvelle, Paris III, y magíster en filosofía del convenio Universidad del Norte-Universidad del Valle.

Autor del libro de poemas Humano amor Humana circunstancia, Ediciones Uninorte, 1999; coautor en las antologías Poesía colombiana: nuevas voces de fin de siglo, Epsilon Editores, 1999 y VI concurso iberoamericano de cuento y poesía, Caja de compensación Javiera Carrera de Valparaíso, 1988; del libro Comprensión y competencias lectoras en estudiantes universitarios, Ediciones Uninorte, 2002; de artículos, ponencias y traducciones como “Acerca del lenguaje en Nietzsche”, Aude,4-5, 2003; “Lectura, écriture et enseignement stratégique”, Approche, 13, 2002; “Globalización e identidad caribe”, VIII congreso de la SOLAR, University of West Indies, 2002; “El psicoanálisis existencial de Jean Paul Sastre”, Psicología desde el Caribe, Ediciones Uninorte, 2001; Marcel Proust, ¿precursor de la nueva crítica francesa?, Huellas, 55, 1999; “Lectura, nuevas tecnología y escuela”, Educación y cultura, 45, 1997.
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©   Alfonso Rodríguez Manzano

LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN:  0124 - 9282

Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen V – Número 19
Octubre-Noviembre-Diciembre de 2004

DEPARTAMENTO DE IDIOMAS
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
Barranquilla - Colombia

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VOLUMEN V - NÚMERO 19