EL PERRO VERDE
Edgardo Ariel Epherra
Escritor argentino
Ilustración de Pilar Ribas Maura
El Perro Verde nació en Primavera, y tal vez por eso tiene el mismo color de las plazas y los árboles, del césped, y de los ojos de las Reinas de la Primavera que tienen ojos verdes.
Así fue creciendo, en un barrio tranquilo del Pueblito de las Casas Iguales, a un costado de la Ruta de los Bostezos.
—No —le dijo el Perro Gris, que comenzaba todas sus frases de esa forma, negando: —Tendrías que cambiar, de algún modo.
—¿Pero cuál es el problema? —quiso Saber el Perro Verde: —Cada uno es como es. ¿Qué hay de malo en eso?
—No, mirá: posiblemente no sea malo pero es incómodo. Si vos sos como todos, nadie se fija —mostró este perro su sabiduría gris —y entonces te dejan vivir tranquilo.
—Todos te aceptan —admitió el Perro Verde.
—¡Ni hablar! ¡Claro! Por ejemplo: yo soy el perro de Gómez. ¿Se queja Gómez? No. ¿Le doy problemas con las vecinas y con los perros de la cuadra? No. Entonces Gómez me baña, me perfuma, puede sacarme a pasear tranquilo. Gómez me da de comer, me limpia la cucha. ¿Te saca a pasear alguien, a vos?
—Muy poco.
—¿No ves? Los que tienen perros negros, blancos, grises, rojizos, marrones, se ríen de tu dueño cuando te lleva a dar una vuelta. No hay que ser tan inmaduro, Perro Verde: deberías ponerte a tono con los demás.
—¡Y todos los perros me ladran! Aunque yo busco estar con ellos...
—No es así, no es así —terminó la conversación el otro, mirando a todas partes por si lo veían con el Perro Verde: —yo me voy a casa, pero te aconsejo que cambies para no tener problemas.
Mientras el Perro Gris se volvía a lo de Gómez, el Perro Verde pensaba cómo hacer para ponerse a tono con los demás, aunque sospechaba que el problema no estaba sólo en su color.
—Aunque se inventara una pintura color perro común, y yo estuviese dos días en un balde para teñirme, hay cosas que no podré cambiar.
El Perro Verde conocía bien su sentido de la desorientación: Cualquier perro, aunque estuviera lejos, encontraba el camino de vuelta a casa, y él se perdía en su propio patio. Daba la vuelta del perro y no era capaz de regresar sin complicaciones. Enterraba un hueso y debía despedirse de él para siempre.
Además, no llevaba una vida de perro, porque de tanto andar solo, se hizo amigo de dos gatos y una gallina; tenía un ladrido chillón, como de canario sordo, y nunca se lo vio correr furiosamente a motos, bicicletas, ni atropellar un mísero cartero.
Había pasado por todos los oficios con igual ineptitud. Los perros negros del lugar vigilaban mucho y ladraban fuerte, y miraban feo cuidando casas; los perros grises hacían compras junto a hombrecitos educados que se llamaban Gómez; los perros blancos sacaban a pasear a las señoras gordas o a las chicas flacas, y los marrones se dedicaban a robar comida de las bolsas de basura.
El Perro Verde no tenía ninguna de esas habilidades.
Ni un poco de olfato tenía, para decir toda la verdad. Nunca supo distinguir entre el olor de las flores y el del humo negro y pegajoso de las chimeneas de la fábrica que hacía toser a todo el mundo.
Se conocían algunos perros ya viejos y sordos, otros cortos de vista, y muchísimos con la renguera del perro. Pero el único sin olfato era el Perro Verde.
Un día su dueño lo sacó a pasear en el auto. Anduvieron muchísimo. Después, sin decir nada, paró a un costado de la ruta del Desconsuelo, le abrió la puerta, y cuando el Perro Verde bajó a corretear por el campo, el hombre se fue del lugar abandonándolo para siempre.
Antes de llegar al Bosque de las Lágrimas, tomando por el Camino de la Ilusión, el Perro Verde alcanzó a ver un montoncito de luces, cuando ya caía la noche y el cansancio lo estaba venciendo. Apuró la marcha y llegó al Pueblo de las Casas Distintas.
En este lugar hay casas de papel brillante, edificios de caramelo, cabañas de mazapán, chozas de helado, la gente es como le viene en gana y todos los perros son verdes.
El recién llegado empezó a andar por las callecitas desiguales, saludando al paso y descubriendo rarezas por las que ninguna persona se alborotaba.
También fue haciéndose amigo de los perros del pueblo; era uno más entre todos y disfrutaba andar sin rumbo por ahí comiendo lo que la buena gente quisiera darle.
Era muy divertido perderse en las noches templadas, y no encontrar el camino de vuelta hasta que el primer sol iluminaba el paisaje.
En eso estaban los perros verdes cuando vieron a lo lejos un punto oscuro. Amanecía, y a medida que se acercaba, la silueta iba creciendo. Al rato ya era como una sombra espesa, en seguida un contorno de perro entristecido, y después una cara familiar: la vieja cara del Perro Gris.
A la entrada del Pueblo de las Casas Distintas, el Perro Gris, cansado y sucio, con hambre y con sed, enfrentó las miradas de ochenta perros verdes.
El Perro Verde, su antiguo vecino, lo recibió con un hueso.
—¿Y Gómez, Perro Gris?
—No; fuimos de vacaciones con la familia, lejos, y se volvieron sin mí. Nunca más quiero saber de Gómez.
—Y pensar que viviste tantos años lamiéndole las pantuflas para tenerlo contento.
—Ni me hables. Tantos años grises —dijo el Perro Gris, y aunque sabía que ahora el diferente era él, se animó a agregar: —No, si estoy amargado y solo, y además, un poco viejo. ¿Ustedes... me dejarían vivir aquí?
Los otros le respondieron con una pregunta, y el Perro Gris entendió cuánto le hubiera servido hacérsela a sí mismo, muchas veces, durante su larga vida de perro:
—¿Por qué no?
EL AUTOR:
Edgardo Ariel Epherra es escritor, periodista y docente, nacido en Bahía Blanca, Argentina, el 10 de noviembre de 1958. Es autor de numerosas obras de ficción, en especial libros de Cuentos y Novelas, y ha colaborado con periódicos y revistas sobre temas de su especialidad. Le fueron otorgadas varias distinciones por trabajos en narrativa; dicta cursos y charlas sobre autores y técnicas de escritura, y sobre animación a la lectura. Tiene a su cargo talleres literarios para niños, adolescentes y adultos. Se graduó en la Universidad Nacional del Sur como licenciado en Humanidades, especialidad Letras. Registra asistencia a simposios y congresos como "Dimensiones del Humanismo", "Cultura de fin de siglo en Hispanoamérica y España", "Simposio Internacional de Literaturas Hispánicas", "Animación y Administración Cultural", "Capacitación de Recursos Humanos para la Promoción de la Cultura", "Congreso Internacional de Promoción de la Lectura y el Libro", y otros.
En 1991 fue declarado uno de los "10 jóvenes sobresalientes" por la Cámara Junior y la Fundación Bolsa de Comercio Argentina, por su labor en promoción cultural. Ha fundado y dirigido revistas de divulgación artística, científica y educativa, fue asesor editorial y periodístico en varias otras, y también co-fundador del Colegio José de San Martín, dirigiendo luego la actividad del Centro Cultural 'Libertador'. También integró el plantel de docentes con que inició su proyecto educativo el Colegio Hispano Argentino. Trabajó 15 años en la Dirección de Prensa de la Universidad Nacional del Sur, y colaboró en diversos medios periodísticos radiales, escritos y televisivos bonaerenses, además de haber tenido desempeño eventual en el ámbito publicitario.
Integra la Asociación Cultural "Prolibro" (personería Jurídica nº 15.315, www.prolibro.com.ar), una ONG dedicada al intercambio cultural en productos, servicios y eventos relacionados con la letra impresa, y coordina el Encuentro con Autores Nacionales, que organiza jornadas de diálogo directo entre el público y escritores de reconocida trayectoria. También coordina en Bahía Blanca los Talleres Municipales de Literatura, el Programa de Talleres El Aleph, presenciales y a distancia, auspiciado por la Fundación Internacional Jorge Luis Borges, y diseñó el Taller Cuentolibre, de escritura creativa para niños, realizado en gabinetes de última generación, con auspicio de una empresa de informática educativa presente en más de 70 países. Creó y fue coordinador del Taller Literario El Puente, del Consejo de Enseñanza Media y Superior de la UNS, y trabaja en la implementación de Programas de Intercambio y Acción Cultural para promover el libro a través de actividades artísticas, educativas y de recreación.
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© Edgardo Ariel Epherra
LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN: 0124 - 9282
Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen V – Número 19
Octubre-Noviembre-Diciembre de 2004
SUPLEMENTO LITERARIO CARIBANÍA
EL BAÚL DE LOS DISFRACES
ISSN: 0124 - 9290
DEPARTAMENTO DE IDIOMAS
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
Barranquilla - Colombia
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