Después de una larga búsqueda por el camino de los tópicos o motivos populares, Dairo Barriosnuevo (La Guaranda, Sucre, COLOMBIA) ha llegado a una estética pictórica del mundo de los cuerpos que giran alrededor de la música, en las verbenas o bailes populares. Su pintura se ha instalado en ese abigarrado universo que se mueve en torno del fenómeno de los pick-ups (picots) o estruendosos y monstruosos equipos de sonido, con bafles y parlantes gigantescos, que en Barranquilla y Cartagena, la gente conoce con nombres y eslogans igualmente pantagruélicos: El Coreano (Soy el número uno), El Gran Freddy (La revelación del momento), El Rojo (La cobra de Barranquilla), El Gran Pijuán (El papá de los grandes, El campeón de campeones), El Dragón (Sonido verdadero), El Sibanicú (El que prefieres tú), El Solista (El que llena la pista, El campeón invicto).
Sadid Ortega Pérez, competente investigador en esta temática de las verbenas populares, anota:
En la clase popular y parte de la clase media, el picó representa el alma de la fiesta. Otros sectores lo consideran un rey al que hay que rendirle tributo, y los sectores más fanáticos creen que el picó es una divinidad, un dios cuyos seguidores o fieles devotos lo siguen en cada presentación como si se tratara de un ritual o de una penitencia.
Y agrega:
El picó congrega a sus seguidores como por arte de magia. Cuando comienza a sonar, empiezan a llegar los bailadores de todas partes, atraídos por ese trepidar cadencioso que les penetra todo el cuerpo y les hace hervir la sangre. Ya no es el tambor el que los convoca, a la usanza de los primitivos abuelos africanos. Ahora, en estos modernos tiempos, el que reúne a la tribu es el picó.
La pintura o quizás, mejor, el dibujo de Barriosnuevo, se entrega a una vocación narrativa. Todo dice y relata en el imaginario pictórico de este artista sucreño trasladado a Barranquilla desde 1977. Cuentan sus personajes, sus rostros, sus gestos, su ropa, el amontonamiento, las mujeres que acompañan ese mundo masculino en que los jóvenes de los barrios populares se ponen a prueba en una especie de duelo del cuerpo, en los compases cadenciosos de un ritmo desenfrenado que nos lleva al mulataje, a lo negroide. Las figuras de Barriosnuevo son jóvenes que parecen estar en un trance litúrgico, en comunicación con una divinidad que seguramente tiene sus raíces en el África ancestral. Mientras unos bailan, los otros observan en espera de su turno en la danza, con el fondo de los monumentales picots de colores abigarrados e imágenes que recrean un ambiente o paisaje a veces idealizado, lejano y exótico, de dragones, cobras y escenas bucólicamente tropicales, y otras, de tanques de guerra y personajes como Fidel y el Che Guevara.
Barriosnuevos ha creado una estética de lo bajo y lo feo, elevando manifestaciones populares de baile y música a un arte que logra transmitirnos la fuerza vivencial de un universo barroco y chillón donde la violencia contenida en los cuerpos se entrega en movimientos rítmicos y catárticos, al son del sonido bestial de los picots.
_________________________________________
© Manuel Guillermo Ortega
(Guillermo Tedio)
LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN: 0124 - 9282
Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen V – Número 20
Enero-Febrero-Marzo de 2005
DEPARTAMENTO DE IDIOMAS
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
Barranquilla - Colombia
El URL de este documento es:
http://casadeasterion.homestead.com/v5n20baile.html