CORRESPONDENCIAS CÍCLICAS
EN EL UNIVERSO BORGESIANO
Greisy Mengual Campo
Jesús De Ávila Núñez
Estudiantes de Lenguas Modernas
Universidad del Atlántico
Este trabajo fue presentado en el Seminario “La cuentística de Jorge Luis Borges”,
dirigido por el profesor Manuel Guillermo Ortega (Guillermo Tedio), segundo semestre de 2004.
Concebir la biblioteca como un universo constituido de mundos entendidos, de eternas ideas dichas y escritas, creadas antes de nosotros, sólo puede darse en una mente ávida por el conocimiento indiscriminado, como fue la de Jorge Luis Borges. Al explorar la literatura borgesiana, advertimos un universo literario cuya fuerza magnética la ejerce el tiempo circular o eterno retorno, planteado por primera vez por el filósofo griego Platón en sus diálogos de Menón, Fedón y Fedro. Para Borges, la eternidad y el tiempo están supeditados a las vivencias del hombre, en las que el conocimiento llega a la máxima esencia de lo único que sí podríamos considerar como eterno.
Borges define la teoría del tiempo circular de tres modos fundamentales: El primero se le atribuye a Platón, quien en su trigésimo noveno párrafo del Timeo, declara que los planetas, equilibradas sus diversas velocidades, regresan al punto inicial de partida, cumpliendo así un año perfecto o platónico. Una vez transcurrido este periodo cíclico planetario, la historia de la humanidad se repite de manera idéntica. El segundo modo se le imputa a Nietzsche, quien sostiene que el mundo está compuesto de un número desmesurado pero finito de átomos y, por lo tanto, es incapaz de un número infinito de variaciones; en otras palabras, el universo tiene que repetirse una vez alcanzado el número de las posibles variaciones o permutaciones. El tercer modo de interpretar las eternas repeticiones y el manejado por Borges es la concepción de ciclos similares y no idénticos.
Borges, en muchos de sus cuentos, diseña su ficción a partir de esta última hipótesis metafísica del tiempo cíclico, según la cual, los hechos de la historia se repiten una y otra vez de manera similar. Esta teoría le sirve así para explicar algunos acontecimientos humanos y secretos del universo; como también, para crear, en cada trama, un mundo donde reinen los juegos especulares, las correspondencias y las equivalencias.
Uno de esos espectaculares mundos lo constituye sin duda alguna “El inmortal” (1) (cuento incluido en El Aleph, 1949), donde Borges alude al inquietante concepto de la inmortalidad derivado del tiempo cíclico. Con esta alusión, Borges pretende desmitificar la concepción de inmortalidad personal o individual, para luego concretar que ésta es una falacia; pues lo único inmortal son las repeticiones de vivencias y hechos que son posibles gracias al recuerdo. Según Sócrates, “el recuerdo de la semejanza de un objeto con otro cualquiera, debe proceder de una existencia posterior, pues solo así se atiende que la idea de igualdad esté dentro de nosotros” (2).
Desde el mismo epígrafe del cuento, cita tomada de los Ensayos, de Francis Bacon, Borges nos introduce en la teoría de los ciclos y de la reminiscencia platónica: “No hay nada nuevo sobre la tierra y así de la misma manera como imaginó que todo conocimiento no es sino un recuerdo, del mismo modo sentenció que toda novedad no es sino un olvido” (I: 7). Borges, a través de este epígrafe, nos presenta su cosmovisión en dos planos: El metafísico y el literario.
El primer plano se puede observar en la narración del personaje Marco Flaminio Rufo, acerca de las peripecias vividas por él, en su afán de encontrar el río cuyas aguas proporcionan la inmortalidad, y que, en efecto, encuentra, cuando descubre que Argos (personaje perteneciente a los inmortales trogloditas) le revela que alguna vez fue Homero. Borges utiliza a este personaje para justificar la errónea concepción de inmortalidad personal, pues si es cierto que Argos la ha encontrado, al mismo tiempo ha perdido su esencia como ser humano individual, hasta tal punto que es incapaz de articular palabra. Concerniente a la idea anterior, Vicente Cervera Salinas anota: “La inmortalidad brilla pues, de manera nueva y distinta, con una fuerza y contenido inusitados para Borges: ningún escritor, como ningún hombre alcanza una inmortalidad personal, pero todos los hombres son inmortales en la medida en que comparten un espíritu literario, y aplican esas palabras de otros a sus textos, en apariencia nuevos, aunque en realidad olvidados” (3). Este mismo hecho es ratificado por Borges en el cuento, a través de la conjetura de Carthapilus sobre la inmortalidad:
“Ser inmortal es baladí, menos el hombre, todas las escrituras lo son, pues ignoran la muerte, lo divino, lo terrible, lo incomprensible es saberse mortal”. (I: 21)
En cuanto al plano literario, notamos cómo Borges replantea la teoría de la reminiscencia, creando de la narración de Carthapilus el tema subyacente de un texto (el manuscrito) y cuyo autor es sólo el recapitulador, un hermeneuta inconsciente de una obra de Homero. Este tema subyacente radica en la inmortalidad literaria, puesto que en definitiva, todo escritor toma y une palabras de otros. Desde la perspectiva borgesiana, el arte literario se convierte en un estado de ineludible consecuencia del tiempo circular y el cual sucede a su vez gracias a personajes como Carthapilus, capaz de revivir las palabras, las letras y “re-crear” una obra literaria.
Otro ejemplo de cómo Borges introduce y maneja la noción del tiempo circular es el cuento “Tema del traidor y del héroe” (4). En esta obra, observamos que el asesinato de Kilpatrick (conspirador irlandés) aparece como una repetición del asesinato de Julio Cesar. Ryan, bisnieto y biógrafo de Kilpatrick, se percata de la similitud en la muerte de los dos personajes: ambos fueron asesinados por sus amigos, y a ambas muertes les antecedieron hechos que las presagiaban: El sueño de Calpurnia en el que divisa la torre abatida corresponde a la muerte de Julio Cesar y la publicación de una torre abatida a la de Kiltatrick. Estos acontecimientos se presentan entonces como la forma cíclica en que transcurre la vida en el universo, tal como nos señala el narrador:
“Esos paralelismos (y otros) de la historia de Julio Cesar y de la historia de un conspirador irlandés inducen a Ryan a suponer una secreta forma del tiempo, un dibujo de líneas que se repiten”. (TTH: 120 )
Pero los paralelismos a los que se refiere Ryan van más allá de la historia de Julio Cesar y de la de Kilpatrick, ya que el biógrafo descubre que la muerte de su abuelo es una copia de la tragedia Machbeth, de Shakespeare, por lo cual se enfrenta a una repetición histórica, pero además literaria:
“que la historia hubiera copiado a la historia ya era suficientemente pasmoso; que la historia copie a la literatura es inconcebible”. (TTH: 121 )
En general, toda la trama del cuento causa así lo que Jaime Alazraki considera “un constante cuento de péndulo que oscila entre lo real y lo ficticio, entre lo histórico y lo imaginario, que al trenzarse se confunden” (5).
Unos acontecimientos y algunas particularidades del personaje protagónico del cuento “El Sur” (6), podrían clarificarnos la idea anteriormente expuesta por Jaime Alazraki, en donde pareciera que la historia de Juan Dahlman fuera parte de la biografía real de Borges. No cabe duda de que el cuento consta de episodios reales y ficticios, datos históricos e imaginarios.
“Juan Dahlman, era secretario de una biblioteca municipal en la calle Córdoba”. (S: 525)
Para hablar de este cuento, es indispensable detenernos en algunos aspectos de Borges. Recordemos que Borges fue considerado como europeísta, gracias a las señales excluyentes de su vocación literaria universal y de su cosmopolitismo. Borges, desde temprana edad, vivió en su sangre “la discordia de sus dos linajes”, el criollo y el inglés, pues a sus sólo siete años de edad se inicia en la literatura inglesa; incluso lee El Quijote, en una traducción inglesa. Igual que Borges, Juan Dahlman comparte el espíritu del criollo y del inglés, incluso en el mismo nombre y apellido. Un párrafo del cuento y un hecho real nos hacen entrever la igualdad hipotética entre Borges y el personaje Dalhman, como una flagrante reiteración cíclica entre la literatura y la historia:
“Dahlman había conseguido esa tarde un ejemplar descabalado de Las Mil y una Noches de Weil; ávido de examinar ese hallazgo, no esperó que bajara el ascensor y subió con apuro las escaleras; algo en la oscuridad le rozó la frente ¿un murciélago, un pájaro? En la cara de la mujer que le abrió la puerta vio grabado el horror, y la mano que se pasó por la frente salió roja de sangre. La arista de un batiente recién pintado que alguien se olvidó de cerrar le habría hecho esa herida. Dahlman logró dormir, pero a la madrugada estaba despierto y desde aquella hora el sabor de todas las cosas fue atroz. La fiebre lo gastó y las ilustraciones de Las Mil y Una Noches sirvieron para decorar pesadillas”. (S: 525)
Debido al párrafo anterior, Barnatán resume este incidente de la vida de Borges de la siguiente manera: “El mismo año que pierde a su padre, en la navidad de 1938, sufre un gravísimo accidente que lo mantuvo varias horas en el límite mismo entre la vida y la muerte. Subiendo la escalera de una casa en la que no funcionaba el ascensor, su mala vista no le permitió ver una ventana de ventilación que estaba abierta, y se golpeó contra ella la cabeza. Siguieron al golpe tres angustiosas semanas de fiebre alta y delirios, poblados de horrendas visiones, que referirá después en un relato” (7).
Las fechas (Borges, 1938; Dalhman, 1939) y la enfermedad, septicemia, padecida por ambos después del accidente, nos confirman la concepción del tiempo en ciclos similares con que trabajó Borges, además de su infinito ingenio literario. En el cuento “El Sur”, no sólo esta repetición cíclica se da entre la historia real e imaginación ficticia, sino que también acontecen en la misma ficción del cuento. Juan Dalhman, al momento de aceptar el cuchillo lanzado por el gaucho, y enfrentarse a los compadritos de linaje diferente, repetirá la muerte de su abuelo materno:
“Su abuelo materno había sido aquel Francisco Flórez, del 2 de infantería de línea, que murió en la frontera de Buenos Aires, lanceado por indios de Catriel; en discordia de sus dos linajes”. (S: 525)
Las equivalencias y correspondencias presentes en la obra de Borges están basadas además en la noción panteísta que afirma que “todo está en todas partes y cualquier cosa en todas las cosas” (8). De igual manera que Argos fue Homero y Kilpatrick fue Julio Cesar, Vincent Moon fue Shakespeare y Judas Iscariote en el cuento “La forma de la espada” (9). En este relato, el protagonista, a quien todos llaman “el Inglés de la colorada” (aunque es oriundo de Irlanda), narra la historia de la cicatriz que le atraviesa la cara. Al inglés (conspirador y luchador por la liberación de Irlanda) lo acompañaba un hombre de nombre Vincent Moon, a quien le salva la vida y quien luego lo traiciona. Antes de entregarlo, el inglés lo persigue y con un alfanje le corta la cara. Al final del cuento, nos enteramos de que el inglés es el mismo Vincent Moon:
“yo he denunciado al hombre que me amparó: yo soy Vincent Moon”. (FE: 118)
Las palabras de Vincent Moon nos dejan entrever una vez más la teoría de los ciclos que Borges maneja en su narrativa. Vincent Moon fue Shakespeare porque terminó siendo inglés en el Brazil, a donde huyó después de su traición, acto que lo convierte en Judas Iscariote:
“Shakespeare es de algún modo el miserable John Vincent Moon”. (FE: 116)
Por medio del panteísmo, en el cuento “La forma de la espada”, Borges nuevamente desmitifica la concepción de inmortalidad individual y retoma la idea cíclica, tal cual como lo asevera Jaime Alazraki: “La noción panteísta de que un hombre es los otros significa la anulación de la identidad individual, o, más exactamente, la reducción de todos los individuos a una identidad general y suprema que contiene a todos y que hace, a la vez, que todos estén contenidos en cada uno de ellos” (10). A partir de la idea panteísta y del narrador, en el cuento anteriormente mencionado, Borges reflexiona sobre las acciones del hombre y sus consecuencias:
“[...] lo que hace un hombre es como si lo hicieran todos los hombre. Por eso no es injusto que una desobediencia en un jardín contamine al género humano; por eso no es injusto que la crucifixión de un sólo judío baste para salvarlo”. (FE: 116)
En algunas ocasiones, muchas personas hemos tenido la sensación de vivir un momento acontecido anteriormente, donde pareciera que un determinado hecho se repitiera en nuestras vidas. Varias son las explicaciones psicológicas que se le atribuyen a esta sensación o déjá vu y, seguramente en el caso de Borges, no es más que la confirmación de que todo es cíclico y por eso uno vuelve a vivir lo ya vivido.
Remitiéndonos ahora al cuento “Biografía de Tadeo Isidoro Cruz” (11), notamos que un hecho cíclico de las características del déjá vu le acontece al personaje central. Todo el episodio final entre Tadeo Isidoro Cruz y Martín Fierro es la repetición del momento de la muerte del Padre de Cruz. Cuarenta años después, estos dos hombres se encuentran en “La Laguna Colorada” (lugar donde murió el padre de Cruz), bajo las mismas condiciones pasadas (montonero, acoso por soldados, huida a caballos, persecución hasta los pajonales, entreveros). Una presencia evidente de déjá vu aparece en el cuento, al momento de escuchar Cruz, en dos ocasiones, el sonido emitido por un ave. La primera vez ocurre cuando el ave le advierte que ha sido cercado por la policía, la segunda cuando Cruz (policía ahora) intenta cercar a Martín Fierro:
“Gritó un chajá; Tadeo Isidoro Cruz tuvo la impresión de haber vivido ya ese momento”. (BTIC: 562 )
Podría decirse que este momento de reminiscencia y aparición del tiempo circular le permite a Cruz reconocer en Martín Fierro la figura de su padre, hecho que le vale para evitar la muerte de éste, por lo menos otra vez.
Sin duda alguna, la similitud cíclica es expuesta en este cuento como argumento para un mejor entendimiento de la trama. Un hecho específico y la misma temática de la historia dan prueba de esta semejanza eterna:
“Cuéntase que Alejandro de Macedonia, vio reflejado su futuro de hierro en la fabulosa historia de Aquiles; Carlos XII de Suecia, en la de Alejandro. A Tadeo Isidoro Cruz, que no sabía leer, ese conocimiento no le fue revelado en un libro; se vio a si mismo en un entrevero y en un hombre”. (BTIC: 562 )
“La aventura consta en un libro insigne, es decir, en un libro cuya materia puede
ser todos para todos. ( I Corintios 9:22; BTIC: 561)
En algunos cuentos, Borges acude al tiempo circular aunque la temática total no gire alrededor de esta teoría. Un ejemplo de esta idea es el caso de “Emma Zunz” (12) (cuento incluido en El Aleph, 1949), en el que el personaje protagónico, en circunstancias parecidas, repite la violación padecida por su madre. Como coartada y venganza contra su padre, Emma Zunz se acuesta con un marinero viejo y desconocido, en un lugar “con losanges idénticos a los de su casa en Lanús” para que la policía crea que el hombre que asesinará la ha violado. En este momento de entrega sexual, peligra su plan al recordar “que su padre le había hecho a su madre la cosa horrible que a ella ahora le hacían”. A partir de esta última frase, Beatriz Sarlo dice: “Cuando Emma se entrega al marinero, la venganza de su padre es manchada no por el arrepentimiento ni el miedo sino por la imagen remota pero vívida de otra escena” (13). Por medio de la idea anterior, no solo se percibe el tiempo cíclico, sino que se nota la concepción de anámnesis platónica, en la cual se trae a la memoria un hecho olvidado.
Borges, en su obra, crea además un mundo de múltiples realidades del ser, que fluctúan entre el ayer, el ahora y el mañana; es decir, lo que fue, lo que es y lo que será, se muestran sin vacilaciones para revelarnos que el cosmos abarca mucho más que simples hechos empezados y finalizados en determinados espacios de tiempos. En “El Jardín de los senderos que se bifurcan” (14), podemos encontrar que uno de los temas planteados es precisamente la posibilidad de diversos tiempos, que se abren y convergen como los caminos de un laberinto. En este cuento, observamos que la novela de T'sui Pen se aparta de todo tiempo lineal, para internarse en uno multidimensional, en donde un mismo hombre es dueño de diversos destinos, de diversas alternativas:
“no existimos en la mayoría de esos tiempos, en algunos existe usted y no yo; en otros yo y no usted, en otro los dos. En este, que un favorable asar me depara, usted ha llegado a mi casa; en otro, usted, al atravesar el jardín, me ha encontrado muerto; en otro, yo digo estas mismas palabras, pero soy un error, un fantasma.” (JSB: 96)
En “Historia de la eternidad” (15) , Borges nos habla del por qué de la eternidad y de las diversas interpretaciones que, a través del tiempo, filósofos y teólogos le han dado a este supuesto modelo o arquetipo de tiempo. Para el autor, “el universo requiere la eternidad”, no obstante, la concibe como algo abstracto, sin reglas de comienzo ni fin, ni un modelo definido, ya que en ella caben las opciones que prevea y acepte el infinito: “Sólo me resta señalar al lector, mi teoría personal de la eternidad. Es una pobre eternidad ya sin Dios, y sin otro poseedor y sin arquetipos”.
Toda la idea anterior se nos revela en la obra de T'sui Pen y en sus variantes e inverosímiles realidades. A Yu Tsun le resulta imposible comprender el profundo mensaje metafísico del texto de su bisabuelo (el laberinto), pues al igual que otros, sólo intentan dar respuesta a los fenómenos temporales desde la perspectiva newtoniana del tiempo lineal, Por ello, al referirse a la novela, replica:
“[...] esa publicación fue insensata. El libro es un acervo indeciso de borradores contradictorios. Lo he examinado alguna vez: en el tercer capítulo muere el héroe, en el cuarto está vivo” (JSB: 91)
Esa infinidad de posibles realidades, la plantea Borges desde otra perspectiva, en el cuento “Las Ruinas Circulares” (16), perspectiva derivada de la doctrina budista, la cual manifiesta que el mundo es un sueño, una ilusión, exponiendo nuevamente la idea cíclica. Un hombre llega a un templo incendiado y resuelve llevar a cabo allí el proyecto mágico de su vida: Soñar un hombre. Después de varios intentos e insomnios ―cuerpo del relato―, el mago sueña con un hombre pero que no se incorpora ni habla. En el templo destruido, la esfinge escucha sus plegarias y le promete vivificar el hombre soñado. Todas las criaturas, excepto el fuego y el soñador, lo consideran de carne y hueso. Una noche, dos remeros le cuentan la noticia de un hombre capaz de tolerar el fuego y no quemarse, por lo que el demiurgo comprende de inmediato que su hijo soñado conoce su condición de simulacro. Una mañana, un incendio en el santuario abandonado le notifica el final de sus días; el mago lo comprende entonces, y camina contra los jirones de fuego, pero el fuego no lo quema. Del descubrimiento anterior, Borges concluye:
“[...] con alivio, con humillación, con terror, comprendió que él también era una apariencia, que otro lo estaba soñando”. (RC: 58)
El soñador se convierte así en el sueño de otro mago que sueña. La existencia de dos soñadores divisa la posibilidad infinita de soñadores, idea que toma más fuerza por la forma circular del templo y el número de noches que emplea el mago para soñar al hombre:1001 noches. Así como Shahrazade, en Las Mil y una Noches repite hasta el infinito sus historias, el mago imagina a ese ser irreal que sus sueños han engendrado, repitiendo sus propias acciones:
“en los crepúsculos de la tarde del alba se prosternaba ante la figura de piedra, tal vez imaginando que su hijo irreal ejecutaba idénticos ritos, en otras ruinas circulares” (RC: 56)
Caso parecido al del cuento anterior es “El hombre en el umbral” (17), en el que el narrador busca al juez británico David Alexander Glencain, quien ha desaparecido en la India. Después de múltiples búsquedas, el narrador llega al patio de una casa donde se celebra una fiesta musulmana y, en cuyo umbral, "se acurrucaba un hombre muy viejo". Este anciano cuenta la historia de otro juez desaparecido, secuestrado y juzgado por un loco, cuando él era niño. A través de la narración del viejo, se intuye el destino de David Alexander Glencaim, el cual se confirma gracias a unas líneas más adelante. De estas líneas se concluye que el juez buscado por el narrador es la repetición cíclica del destino del otro juez del relato del viejo.
Otro aspecto importante, recurrente y hasta obsesivo para Borges, es la inclusión de hechos bíblicos en sus relatos, sobre todo, la muerte y pasión de Cristo. Desde su posición agnóstica, Borges trivializa algunos pasajes de la vida de Jesús, mostrándonos talvez que estos acontecimientos también son cíclicos, y no exclusivos de un ser supremo, sino que pueden darse en el transcurrir del tiempo en cualquier otro hombre. El Cristo en Borges llega hasta el punto de ser situado en un plano carnal, ya que Baltasar, representando a Cristo, pasa la noche con la hija del mayordomo, produciendo esta idea a su vez una clara herejía literaria.
En el cuento “El evangelio según Marcos” (18), se concreta esta idea, pues el personaje Baltasar Espinosa, quien veranea en la estancia de un primo, en medio de días de ocio y un invierno que no ceja, decide leer a los Gutre (tres miembros de una familia) el evangelio según San Marcos; así, éstos malinterpretan el evangelio, pues perciben en Baltasar la figura de Cristo, de allí que resuelvan crucificarlo:
“Los tres lo habían seguido. Hincados en el piso de piedra le pedieron la bendición, después lo maldijeron, lo escupieron y lo empujaron hasta el fondo. La muchacha lloraba. Cuando abrieron la puerta, vio el firmamento. Un pájaro gritó; pensó: es un jilguero. El galpón estaba sin techo; habían arrancado las vigas para construir la cruz”. (ESM: 450)
A lo largo de este ensayo, se han comprobado la imaginación infinita y la originalidad borgesiana, presentes en los múltiples niveles de organización de las tramas de sus cuentos y en el uso de algunos planteamientos filosóficos. Como se pudo notar, la narrativa de Borges está sujeta, en muchos de sus cuentos, a un sistema simétrico de ecos y círculos históricos que le permiten, en el plano de la ficción, crear su propia realidad. En conclusión, Borges utiliza a sus personajes para reafirmar o refutar ideas, además, para revivir historias y épocas de correspondencias cíclicas, como lo piensa el mismo personaje T'sui Pen del cuento “El jardín de los senderos que se bifurcan”
“Creía en infinitas series de tiempos, en una red creciente y vertiginosa de tiempos divergentes, convergentes y paralelos. Esa trama de tiempos que ase aproximan, se bifurcan, se cortan o que secularmente se ignoran abarca todas las posibilidades”. (JSB: 93)
NOTAS:
1. Jorge Luis Borges. “El Inmortal” (citado I, en el ensayo). En: El Aleph. Buenos Aires, Emecé Editores, 1994. p. 7-28.
2. Johannes Hirschverg. Historia de la Filosofía: Antigüedad, Edad Media, Renacimiento. Tomo I. Barcelona, Editorial Herder, 1979. p. 76.
3. Vicente Cervera Salinas. "Las Horas y Los Siglos: Borges". En: Borges Studies on Line. J. L. Borges Center for Studies & Documentation. Internet: [http://www.hum.au.dk/romansk/borges/bsol/cerver.htm] (Consulta: Oct. 9 de 2004).
4. Jorge Luis Borges. “Tema del Traidor y del Héroe” (citado TTH). En: Ficciones. Buenos Aires, Editorial La Oveja Negra, 1984, pp.119-123.
5. Jaime Alazraki. “Lo Ficticio y Lo Real”. De "Narrativa y crítica de nuestra Hispanoamérica".
[http://www.apocatastasis.com/Jorge-luis-Borges.htm] (Consulta: Oct. 7 de 2004)
6. Jorge Luis Borges. “El Sur” (S). En: Obras completas: Ficciones. Tomo I. Buenos aires, Emecé Editores, 1994. p. 525-530.
7. Marcos Ricardo Barnatán. Borges. Madrid, Espasa, 1972.
8. Jaime Alazraki. “El panteísmo”. En: La prosa narrativa de Jorge Luis Borges: Estudios y ensayos. Madrid, Gredos, 1978. p. 74.
9. Jorge Luis Borges. “La Forma de La Espada” (FE). En: Ficciones. Buenos Aires, La Oveja Negra, 1984. p. 112-118.
10. Jaime Alazraki. Op. Cit. p. 78.
11. Jorge Luis Borges. “Biografía de Tadeo Isidoro Cruz: (1829-1874)” (citado TIC). En: Obras Completas: El Aleph. Tomo I. Buenos Aires, Emecé Editores, 1994. p. 561-563.
12. Jorge Luis Borges. “Emma Zunz”. En: Obras Completas: El Aleph. Tomo I. p. 364-368
13. Beatriz Sarlo. "El saber del cuerpo: A propósito de «Emma Zunz»". Borges Studies on Line. J. L. Borges Center for Studies & Documentation. [http://www.hum.au.dk/romansk/borges/bsol/bsez.htm] (Consulta: Oct. 9 de 2004)
14. Jorge Luis Borges. “El jardín de los senderos que se bifurcan” (JSB). En: Ficciones. Bogotá, La Oveja Negra, 1984. p. 84-97.
15. Jorge Luis Borges. “Historia de la eternidad”. En: Prosa. Barcelona, Círculo de lectores, 1975. p. 182-197
16. Jorge Luis Borges. “Las Ruinas Circulares”. En: Ficciones. Buenos Aires, La Oveja Negra, 1984. p. 51-58.
17. Jorge Luis Borges. “El hombre en el umbral”. En: Ficciones. Bogotá, La Oveja Negra, 1984.
18. Jorge Luis Borges. “El evangelio según Marcos”. En: Obras Completas: El Aleph. Tomo I. p. 450.
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Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen V – Número 20
Enero-Febrero-Marzo de 2005
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