CONFESIÓN ANCLADA
EN LA SOLEDAD DE MI ALCOBA

Tito Mejía Sarmiento
titoms17@yahoo.com

Ediciones CARIBANÍA presenta a nuestros numerosos lectores en los cinco continentes,
esta versión electrónica del libro Confesión anclada en la soledad de mi alcoba,
del poeta caribeño Tito Mejía Sarmiento.




CONFESIÓN

Confieso que en la soledad
de mi alcoba, al no acudir tú
a la cita de nuestro primer encuentro,
apareciste de todas maneras:
estabas ahí, desnuda y perfumada,
y en tu cuerpo, estoy seguro,
cabía todo un país de amor.
De tu cara endomingada
sobresalían infinitamente tus ojos
de gaviota linda volantona.
De tu boca rojiza
brotaba una espuma de besos
para los labios míos.
De pronto, tus pezones,
se endurecieron como rocas
que episodian volcanes
y contra mi cara
explotó tu voz
señalándome la ruta
de tu húmeda y semidepilada noche
para no caer ya más
en el vacío de la desesperación.
Entonces, entre sorbos y suspiros,
y una cadena de “te quiero, amor mío”,
apareció el sagrado momento
de la entrega,
y te poseo con todas las fuerzas
de mi erguido animal que salvajemente
se derrite por todo tu cuerpo
en una danza febril
de la seis en punto de la tarde.
Confieso sinceramente,
que volamos por ínsulas lejanas
como dos pájaros mansos
que saben dÓnde las ramas
dan sombras a los ojos de Cupido.



AMOR CIEGO
EN LA CASUAL ALEGRÍA DEL ENCUENTRO

Aquí tienes mis ojos.
Te han estado mirando
toda esta tarde.
Andan sueltos para ti.
Se me salieron de la cara
llevándose toda la luz
que tenía yo
interna en lo más profundo
de mi alma.
Estos ojos que tú me ves
son ciegos,
pero te ven, te ven,
para glorificarte,
para quererte
en la casual alegría
de este encuentro.



RETORNO 

El hombre
que hoy está frente a ti,
es el mismo
que tú mataste ayer
en el abismo
de tu piel.



COPULACIÓN  POR VEZ  PRIMERA 
EN LA CAÍDA DEL VIERNES

Con mi bengala encendida
de palabras,
contemplo la orilla más íntima    
de tu cuerpo (glosario intrigante).
Nadie  ha pasado todavía
el umbral
de tu ventana sellada.
Me inclino ante ti,
ahora cuando el viernes
cae, y huelo las flores
de tu jardín  repleto    
de geranios perfumados.
Yo, cazador de fiera experiencia,
tiemblo desesperado
ante tu labio belfo.
Y tú, ciega
de emoción,
me pides
que  siembre ya
la semilla del  sábado
que acaba de amanecer en tu cuerpo,
mientras yo, brioso colibrí,
creceré otro día
a la par de los arbustos.



SU MAJESTAD, EL PENE

Ahí estás, celoso centinela
del día y de la noche,
oteando infatigablemente
con  tu ojo clínico,
en medio de dos moles
de frágil estructura,
la grieta de una calle con historia.
Una grieta
donde la mujer
galopa en la ansiedad
de los instantes homéricos
y en donde a su cuerpo
toda caricia cabe.
Ahí estás, celoso centinela
del día y de la noche,
                                                                          con tu rostro  sonriente                                                                                    cobrando recompensas          
en el lugar
que has amado,
y llevando el amor una y tanta veces  
                                                                    a la otra acera                                                                 
mientras duran las palabras.



HALLAZGO

Te descubro totalmente desnuda
frente al espejo
al abrir la puerta
de la alcoba cuatro.

Mi vergonzosa de súbito
estalla en mi cuerpo,
este cuerpo donde precisamente
anida siempre el amor
como único abismo al infinito.

Acércome estratégicamente
a tus fronteras,
olfateando con más fuerzas
tu naturaleza divina  
que fluye desesperada
ante mis propios ojos.

Capto entonces, el latido de tus pezones,
pezones de sepia color
que aumentan la recíproca pasión
de asolapado fuego
como un canto en cuatro actos.

Cansados ya de remar y remar,
el erótico mar
nos lleva raudo hasta las costas
de la sábana.
Y veo crecer de repente,
espesas gotas cristalinas
en tu cúspide malva
que prolongarán el ser.



DISTANCIA

De tu alcoba
a la mía
solo dista
una huella
de deseo.



Y  TÚ  ME  DICES

Y  tú me dices
que tienes en el cuerpo una bestia
que se consume en el deseo de tenerme,
que tus pechos no han olvidado
el fulgor caliente de mis labios
y que tu boca convocada por los recuerdos
no se cansa de repetir mi nombre,
que tus manos diariamente
se extravían en la anatomía
del intento quiromántico,
y que tus ojos
permanecen aún abiertos
a los remolinos febriles
en la húmeda oscuridad de la noche.
Y tú me dices
que ansías mi riesgoso talismán
en la dársena de la lujuria,
y que en tu mente habita a cada rato
el péndulo real de mi ubicuidad,
pero no me hallas.
Entonces, yo te digo
que tengas mucho,
yo diría demasiado cuidado,
para que cuando yo vuelva,
las cenizas no se posen
en tu memoria hasta borrarte.



UN  DÍA  MÁS

Hacen falta
tus piernas abiertas en la poesía
que a esta hora de la vida
estoy construyendo.
Es necesario que estén bien abiertas
para que arda el fuego
un día más.
Seremos nosotros dos
los únicos modificadores
de la historia de este encuentro.
Es una condición
hasta natural,
armarnos para la guerra
que hemos de librar
como en su momento
lo hiciera Casanova.
Después
lentamente retornará la calma
de mi erguido extremo,
y en ti
crecerá un atronador silencio
donde ya no quepa
la noche entera
con su romancero de palabras.



      R O B L E

Erguido
me derramo
en la lluvia
de levedad salvaje
con la mera sombra.



E V O C A C I Ó N

Si alguna vez
visitas mi sepultura,
desnúdate, por favor.

Aunque no pueda
amarte,
me consuela
evocar
tus deseosos movimientos.

Desnúdate, por favor.
No me niegues
tan vívida ocasión.



I N S I N U A C I Ó N

Sigue la ruta
que divide mis senos.
Desliza tus antojos
por toda mi cintura.
Implacable, sé brutal si lo deseas
hasta que el zumo
te sacie con pasión.
Agiliza tus labios
por toda la espesura
de mi espalda.
Ahora cambia
tu rumbo hacia abajo,
cuesta bien abajo.
Y cuando
la intuición en mis pupilas
avise el desespero,
sin vacilación rompe
las cadenas
y penetra en lo más profundo
de la caverna
donde mi alma
izará el asta de la dicha,  mi dócil cazador.



TÓCALO, MUJER, TÓCALO

Toca, mujer,
con esa boca golosa
el instrumento más dulce
que tiene el amor

Tócalo
con suave armonía
y si el deseo
te enloquece,
roba sus cuerdas vecinas

Tócalo
así, así,
como al más preciado laúd

Tócalo
así, así,
al compás de finos acordes
hasta agotar
todas las notas
del pentagrama
que se desafina
ya en mis adentros.

Tócalo, mujer, tócalo.



S I R E N A

Ahogarme en tu cuerpo quiero
Ahogarme en tu cuerpo quiero
Ahogarme en tu cuerpo quier
Ahogarme en tu cuerpo quir
Ahogarme en tu cuerpo qur
Ahogarme en tu cuerpo qr
Ahogarme en tu cuerp qr
Ahogarme en tu curp qr
Ahogarme en tu crp  qr
Ahogarme en t  crp qr
Ahogarme  n t  crp qr
Ahogarm  n t  crp qr
Ahogrm  n t  crp  qr
Ahgrm  n t  crp qr
Hgrm  n t  crp  qr


  
ESPIRAL PERDIDA

Ni porque
he roto
el corazón de Ícaro
a la temperatura
en que hierven girasoles,
puedo
alcanzar
la distancia alada
que me llevas, mujer.
Buscaré
en otra
entonces
el calor humeante
de espiral perdida.



M I S I Ó N

Cuando la noche
me entregue
su inexplorada flor
no lejos de la aurora,
emprenderé
una misión de agradecimiento
por todos sus pétalos
y mi quemante fuego
se derramará por fin
en todo su pistilo.

Suéltame
las tenazas de deseo
que invaden tu cuerpo
y cumple ahora
con el ejercicio nocturno
de año tras año.
Todavía
el atleta
pende en lo alto.



ADIÓS, VIRGINIDAD

Tres en punto de la tarde
Media luz
Alcoba perfumada
Espejos en las cuatro paredes
Aumenta la tensión
Ojos bien abiertos
Ambos cuerpos galopan
Fogata, gemidos acentuados
Entrega recíproca
Adiós virginidad
en el galán
y en la actriz de las tres en punto de la tarde.



EL IMPERIO DE LOS SENTIDOS EN EL ESPEJO

Ataviados
de profundas sensaciones,
a Nérida y a mí nos encanta
hacer el amor
viéndonos en el espejo.

Frente a él
(ambiciosa máquina de sexo)
todo se nos crece
y hasta las mismas horas
se prolongan.

Todo hidalgo en la montura
cuando de galopar
se trata a nuestro encuentro, es.

Frente a él,
tu piel se esconde,  se esconde
en la mía
y tus senos
fáciles cubrelechos más de mis deseos, son.

En el momento culminante
del poema, él sonríe,
mira, pero calla
y sin chantaje custodia
nuestros secretos e íntimas batallas.

Definitivamente, espejo,
tú eres fiel reflejo
de la fulguración de las estatuas desnudas



EYACULACIÓN PRECOZ

En el incontrovertible
momento
de la entrega
¡ya llueve
a cántaros
en un abrir
y cerrar
de ojos!



U R G E N C I A

De este combate
que ahora
libramos, mujer,
urge
la presencia
de su majestad
el knock-out.



NO ESTAMOS SOLOS LOS AMANTES

Nos amamos
piel a piel.
No estamos solos los amantes
en la alcoba hoy.
Tenemos
otra compañía: la lluvia
y sus celajes
y sus tecleos en el techo.
Ella
también ama la tierra desnuda,
en su propia complicidad,
no demasiado tal vez,
pero la ama
piel a piel.
No estamos solos los amantes.
Alguien
ama en otro idioma en estos instantes,
con mejores privilegios,
cabalgando sobre corceles blancos.
No estamos solos los amantes.
El amor
llega desde lejos,
y cerca de aquí
dos amantes más
estarán ahora jugando en la locura
de un amor prohibido,
poblando de vida el orbe.
No estamos solos los amantes...



SUCEDE, SUCEDE

Sucede, sucede
que en las noches
soy
ciudadano de tu mundo
y en ellas
colmo tu dulzura.
Nuestros corazones
se agrandan
y estallan
cuando la penetración amenaza.
Nos extraviamos
en los laberintos del sexo.
Sucede, sucede
que en las noches,
empapado
de tus esencias,
pueblas mi memoria
cuando tú no estás ya.
Sucede, sucede
que en las noches
afuera
las calles siguen siendo fuego.



O D I S E A
(INTELIGENCIA VS FUERZA)

Polifemo bebe,
bebe vino
mientras Odiseo
afila, afila
su estaca,
y se deshace por siempre
de las cíclopes ataduras.



TU  VOZ  EN  EL  TELÉFONO

Entre susurros e intermitentes gemidos
aparece tu voz en el teléfono.
Suavemente va abarcando por completo
el silencio estival de la alcoba
y la rabia estancada en mi garganta.

Tu voz en el teléfono,
leona hambrienta
de este cazador cincuentón,
ahora presa fácil de sus fauces.

Tu voz en el teléfono,
ceráfica Isadora Duncan
que choca con el tesoro
de mis testiculares piedras
en bulliciosa orgía de tibio otoño.

Tu voz en el teléfono,
musa derramada de este vivaz poema
que sostengo en la hoguera
de mi mano derecha
al nacer ya el día.

Tu voz en el teléfono:
vale mucho todavía la palabra.

Tu voz en el teléfono,
una utopía para mi oído
que me dice adiós, amor.


EL AUTOR:

Tito Mejía Sarmiento, poeta nacido en Santo Tomás (Atlántico, Colombia), en 1953. Ganador  del  Quinto Concurso Nacional Metropolitano de Poesía, organizado por la Universidad Metropolitana de Barranquilla (agosto 2001). Mención especial por Quinto Puesto, entre 150 participantes, en el Concurso Nacional de Poesía organizado por la universidad de Santiago de Cali (1986). Algunos trabajos han aparecido publicados en importantes revistas y periódicos de nuestro país. Hombre de radio, presentador del Festival de Orquesta en el Carnaval de Barranquilla durante 13 años. Ha publicado cuatro libros: EL OJO CIEGO DEL PLANETA (poemas, 1992), VISIONARIOS (cuentos y poemas, 1993), LA SUMA DE LAS NOCHES (poemas, 1998), CRONICA DE LOS DIAS (poemas, 2003).
_________________________________________
©   Tito César Mejía Sarmiento

LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN:  0124 - 9282

Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen V – Número 20
Enero-Febrero-Marzo de 2005

SUPLEMENTO LITERARIO CARIBANÍA
ISSN: 0124 - 9290

DEPARTAMENTO DE IDIOMAS
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
Barranquilla - Colombia

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PORTADA
VOLUMEN V - NÚMERO 20