El fantasma del círculo 7-2
de la calle Maple

Miguel Zapata Ferreira
Profesor, ensayista y narrador residente en Estados Unidos
mz7@evansville.edu


A: Charlotte Perkins Gilman y María Luisa Bombal

Esta casa está embrujada. Definitivamente. La semana pasada escuché uno de los juguetes de mi hija cantar solo. Es uno de esos juguetes de baterías alcalinas con un botón en la barriga que activa el mecanismo. Como siempre, no había nadie en casa. Seguí el canturreo del juguete. Se detuvo. Lo rastreé hasta el tercer nivel, ahí donde está la biblioteca. Lo encontré dentro de un gabinete al lado de los libros, revuelto entre las sábanas de invierno. ¿Ya dije que estábamos en invierno? Anoche, por el frío, se ha debido de levantar alguno de mis hijos a buscar alguna sábana gruesa. Esta mañana, la calefacción encendida ha debido desplazar las sábanas dentro del gabinete y éstas han debido mover el botón del mecanismo. Traté de alcanzar el muñeco. Lo imaginé triste entre mis manos. Mudo aunque la risa de dientes de arroz continuara riendo en el plástico de su boca. De regreso al sótano, tomé un ejemplar traducido de La divina comedia para leerlo.

De regreso vi el teléfono. Una corazonada me dijo que debía llamar a la escuela de mi hija para comprobar que no había sufrido ningún accidente en el triste autobús amarillo. Nada. La adiviné aburrida en sus clases. Medio dormida con el arrullo de una lengua que entiende sólo a medias. O quizá que no entiende. Bueno, tal vez un poco.

Recordé que otro día, mucho antes, cuando regresaba del trabajo, y como siempre, no había nadie en casa, uno de sus juguetes repetía una retahíla de preguntas. “Can you point to something bluuuue?” o algo así. Esa vez el juguete no se callaba ni ante mi presencia. ¡Qué fantasma descarado! Observé que el juguete estaba aprisionado debajo del sofá, y que al soplar el viento frío a través de la puerta abierta por mí, el cambio de temperatura —¿ya dije que la calefacción estaba encendida?— ha debido activar el mecanismo. No intenté siquiera liberarlo. A cambio, me fui al sótano a buscar una copa de Calvadós. Me gusta más un vino que se llama Liebfraumilch, o algo así, pero no tenía.

Los pasos que siento a menudo no me molestan. Desde el sótano, o desde el nivel de entrada, que no es el nivel de la biblioteca porque ella está en el tercero, el fantasma se pasea por toda la casa. ¿Ya dije que la casa por fuera es de ladrillos rojos, pero por dentro es de madera? Cuando estoy en el sótano, los pasos se oyen en el piso de entrada. Cuando estoy en el piso de entrada, los pasos se oyen en el sótano o en la biblioteca. Sobre todo en la biblioteca, que está en el tercer nivel. Creo que ya lo dije. Ah, pero no dije que mis otros hijos dormían en los cuartos al lado de la biblioteca, muy cerca de los libros. En todo caso, los pasos no me molestan. Es fácil acostumbrarse a todo. Los cuento. Es un fantasma pusilánime, creo, porque camina despacio, pausado, como si estuviera leyendo. Pero también, cuando una casa está sola, todos los pasos dados durante el frío, resuenan cuando la calefacción calienta la casa. Eso lo sabe todo el mundo. Entonces enciendo la tele. No entiendo mucho; bueno, tal vez un poco: The government is sending more tropos —¿adónde? No sé bien— For twenty thousand dollars, in what year…? ¿Dijo veinte? ¿Es mucho dinero, verdad? Yo prefiero leer a Dante. Me pregunto si Dante colocaría a los hispanos en el limbo. ¿Por qué no? Sé que ahí está Virgilio. Cepeda Samudio también creo que los coloca en el limbo. Todos estamos a la espera. Le pregunto a Dante si él colocaría a alguien que mira videos porno pensando en la esposa en el segundo círculo, el de los pecados carnales. Francesa y Paolo, eso es otro caso. ¿Dónde conseguiré la rima de Lancelote en castellano? ¿Dónde habrá conseguido el video?

El otro día cortaba el pasto en el, en el, ¿cómo se dice “alley” en castellano? En todo caso, cortaba el pasto ahí detrás de la casa, y mi vecina se acercó. Me sorprendió. Yo creía que había muerto. Quizá oí que había sufrido un infarto y estaba medio muerta. ¿O estaba muerta de verdad? A veces no entiendo este idioma. A veces entiendo todo claramente, mucho más allá de lo que las palabras quieren decir. Entiendo las intenciones. Sabía que sufre del corazón y que no puede cortar su lado del pasto. Me dijo que ahí en mi garaje ―¿Ya dije que el garaje de la casa está detrás, separado de la casa?— se suicidó una mujer. La esposa de un profesor de la escuela... ese que construyó la biblioteca. No entendí el nombre de la escuela. Pues, ¿cómo le parece que se suicidó? Dejó el auto encendido, cerró la puerta del garaje y se encerró en el auto. Ahí la encontraron. Fue muy decente, no quiso hacerlo dentro de la casa, sabe usted, para que no se dijera que ahí, dentro de la casa, se había suicidado alguien, sabe usted, para que fuera fácil venderla, para que no digan que ahí dentro hay fantasmas.

No le dije nada a mi esposo. Tampoco había nadie en casa: ni niños, ni juguetes, ni esposo. Nunca están. Además, nunca me oyen. Nunca me prestan atención. Les habla uno y están como en el limbo, como viendo la tele, como jugando sus juegos. Bueno, no le dije nada a mi esposo en seguida. Tampoco estaba.

Me gustan los pececitos del estanque del patio. Se llaman “goldfish”. ¿Cómo se dice eso en castellano? Cada vez que iba a cortar la grama y pasaba cerca, me pedían comida. Mueven su boquita, y dicen: glurp, glurp, glurp. Sí, ya sé que tienen hambre. Me gustan los pececitos porque en invierno no comen; se van al fondo del estanque y ahí se duermen por tres meses o todo lo que dure el invierno. El frío no los molesta. Un día las bombas del agua del estanque se taparon por las hojas que habían caído desde el otoño; todos los otoños caen. Toda la superficie del estanque se congeló. Mi esposo regresó del trabajo, y con un bate de béisbol rompió el hielo. Ahí estaban los pececitos durmiendo placidamente, soñando con la flor del loto.    
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©  Miguel Zapata Ferreira

LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN:  0124 - 9282

Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen V – Número 20
Enero-Febrero-Marzo de 2005

SUPLEMENTO LITERARIO CARIBANÍA
ISSN: 0124 - 9290

DEPARTAMENTO DE IDIOMAS
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
Barranquilla - Colombia

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PORTADA
VOLUMEN V - NÚMERO 20