OCTAVIA SE JUBILÓ

Edith Mabel Russo
mabemica@hotmail.com










 


 
Ilustraciones de Sebastián Esteban Bartolucci

¡Qué ovación! Todas las hadas del universo saludaban a Octavia, que iba y venía por los aires, ostentando su flamante certificado de “Hada Jubilada”.

Es que la vida de las hadas es muy larga y agitada. Andan sin descanso por todos los lugares, cumpliendo sueños y haciendo realidad las fantasías.

Octavia había sido un hada buenísima durante 213 años de actividad, y ahora, había llegado el momento de cumplir con la ceremonia obligatoria:

“Un hada cuando se jubila, tiene que dar 33 vueltas carnero en el aire con los ojos cerrados. Después, debe anotar en un papel sus 13 palabras mágicas preferidas y romperlo en 25 pedacitos para que el viento se los lleve.

Por último debe tomar la varita mágica, que siempre la acompañó, con la mano derecha y, mirando hacia el occidente, debe arrojarla con toda su fuerza, lo más lejos posible.”

Octavia hizo todo eso y, cuando terminó la ceremonia, las hadas la aplaudieron una vez más y se despidieron deseándole un feliz tiempo de descanso. Entonces Octavia se marchó contentísima hacia cualquier lado, dispuesta a entretenerse con cualquier cosa, o charlar de cualquier tema con cualquier ser viviente.

Mientras tanto, la varita mágica seguía con su largo viaje. Durante unos segundos se la vio ondular por el aire, hasta que finalmente desapareció. Voló a toda velocidad  durante un rato, lejos de la vista de todos y, de repente, cayó en la copa de un frondoso árbol, ubicándose en forma oblicua sobre una gruesa rama.

―¿Qué es esto que está molestando mi paso?― se preguntó un pájaro que iba hacia su nido, llevando en su pico unas pajitas que necesitaba para repararlo.

―¿Qué más me puede pasar?-agregó enojado. Primero, esa terrible tormenta que casi me deja sin nido y ahora, esta cosa extraña en mi árbol...

Justo en  ese momento, la varita, tratando de acomodarse, despidió una lluvia de estrellitas azules y, mágicamente, el deshecho nido de ese pájaro, quedó impecable, confortable, ¡lindísimo!

El pájaro se quedó con el pico abierto y  luego de retozar un buen rato en su nido (como hacen los chicos cuando estrenan un colchón nuevo), voló a contarle lo sucedido a sus pájaros amigos.

Minutos después, unos doscientos pájaros se acercaron “a la rama oblicua”, trayendo como
pudieron, sus nidos maltrechos por la tormenta.

Tuvieron que esperar un largo rato, pero, de pronto, ante el asombro de todos, cuando la varita mágica volvió a acomodarse, soltando esta vez una lluvia de estrellitas celestes,  todos los nidos que estaban  distribuidos en las distintas ramas del árbol quedaron nuevos... ¡Como palacios!

Ante esta situación, se escuchó la voz ronca y pausada del árbol diciendo:

—Amigos pájaros... ¿Puedo objetar algo? ¿Sí?  ¡Bien! Esto que está pasando es algo espectacular, mágico, maravilloso ¡Me alegro mucho por ustedes!, pero... o dejan de hacer correr la voz, o con el peso de tantos nidos... ¡Nos venimos todos abajo!

—Tiene razón- comentó uno de los pájaros.

—Está bien, desde ahora... ¡Pico cerrado!- agregó otro con mucha preocupación.

Así, el árbol se quedó más tranquilo y se durmió. Los pájaros, en sus nidos, también.

















Sólo habían dormido unos minutos, cuando la discusión de Pedro y Susi, a los pies del árbol, los despertó:

—¡No me caso nada!— gritó Susi.

—¿Cómo que no te casas nada?- le preguntó Pedro, a punto de ponerse a llorar.

—¡Como lo dije! ¡No me caso ni un poquito con vos!— aclaró Susi con cara enojada.

La triste discusión trepaba hasta las ramas más altas del árbol.

Fue entonces, cuando la varita mágica, volvió a moverse, soltando una lluvia de estrellitas amarillas que repentinamente, comenzaron a girar sobre las cabezas de los novios...

¿Y qué pasó?

Pedro y Susi se miraron fijamente. Después se abrazaron muy fuerte, se dieron un beso largo, como esos de las películas, y se fueron caminando tomados de la mano.

¡No había dudas! ¡La rama oblicua tenía poderes mágicos!

A esa conclusión llegaron el árbol y los pájaros a partir de ese momento, por todas las cosas que comenzaron a suceder...

Un señor pelado que se sentó a descansar bajo la sombra del árbol, se marchó con una cabellera rubia y abundante...¡Preciosa!

Los chicos que se sentaban en un banco cercano a estudiar, intercambiando libros y apuntes, aprendían todo con tanta facilidad, que no tenían que repetir lo que leían más de una vez.

Dos gatitos sin dueño, que pasaban los días rondando el árbol, fueron adoptados por una nena que se los llevó a su casa, le puso nombre y los cuidó con muchísimo amor.

Una señora que pasó por ahí sintiendo mucho frío, se alejó luciendo un hermoso tapado, que tenía una estrellita verde colgada en la espalda.

Bueno, estas cosas, suelen suceder muy de tanto en tanto...

Y mientras  el hada Octavia anda  quién sabe por dónde, disfrutando de su jubilación y de su tiempo libre, entre raquetas de tenis, agujas de tejer y naipes... (¡casi ni se acuerda de su varita!), en algún lugar del mundo hay un árbol mágico repleto de nidos, que entre lluvias de estrellas de colores, cumple sueños y fantasías.

Será cuestión de encontrarlo...

...Ehhhh...,  por las dudas...¡Yo diría que te fijes bien!...¿No será el árbol que está en tu vereda?
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©   Edith Mabel Russo

LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN:  0124 - 9282

Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen V – Número 20
Enero-Febrero-Marzo de 2005

SUPLEMENTO LITERARIO CARIBANÍA
EL BAÚL DE LOS DISFRACES
ISSN: 0124 - 9290

DEPARTAMENTO DE IDIOMAS
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
Barranquilla - Colombia

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PORTADA
VOLUMEN V - NÚMERO 20