El muerto
Roberto Meré
Mario fue mi amigo. Mire yo lo conocí desde que éramos así de chicos. Él fue siempre medio loco pero buena gente, pero desde lo del muerto y con que siempre lo perseguía pues se volvió totalmente extraño y pues.. bien loco, hablando solo con el muerto y siempre peleando con él para que lo dejara en paz pues, y todo el tiempo tomando para que no acordarse del mentado barbón. Mire, él no era así cuando niño. Su mama, que era mi tía, siempre se lo decía: que él iba a ser alguien importante, pero cuando se fue el papá, no pudo seguir en la escuela, y por eso se metió de milite, y ahí pues usted hace lo que le digan, quiera o no, pues. Por eso mató al muerto, porque le dijeron, y como estaba medio borracho pues le dio de tiros hasta que le pegó uno bien dado en el corazón, y él ni sabía bien quién era, solo que había matado a dos otros Marios de su unidad, allá arriba en las montañas.
Tráigase otras cervezas para que le siga contando… Mario no era malo de niño, no le gustaba ni matar pajaritos, como todos por aquí, como todos sus hermanos, los Teranes, que eran muy buscapleitos, pero en el ejército, usted aprende a matar, no le queda de otra. Cuando no estaba muy loco, él me contó lo del muerto y cómo estuvo la cosa. Andaban allá arriba con su unidad porque los mandaron a cazar a los rojos, esos barbudos, pero todavía no lo sabían, sino que supuestamente eran unos revoltosos, y allá fue, pero aquéllos nada más los estaban esperando para darles y huir, y así les mataron a muchos soldados y estaban bien rabiosos. Pues al final, en una cañada, que agarran a unos que estaban heridos, y los llevaron al pueblo donde los metieron a la escuela que era, creo, la única casa donde no se podían escapar.
Mario me dijo que los tuvieron como dos días, o algo así, porque no sabían los jefes qué hacer con ellos, en especial con ése, el argentino, el de foto en las camisas, el que Mario mató y luego se le aparecía todo el tiempo, pero al final les dijeron que había que matarlos y usted ya sabe, pos ni modo.
Hace calor, ¿no? El pobre de Mario sufrió mucho cargando al difunto para todos lados, hasta que lo encontró Abundio en el callejón de aquí atrás, todavía vivo, con tamaños ojotes bien abiertos, peleando con el barbón, y ése fue el último de los pleitos, pues el muerto le ganó, al final.
EL AUTOR:
Roberto Meré es abogado, con Maestría en Español. Enseñó en la Universidad de Missouri y ahora en Galveston (Texas).
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© Roberto Meré
LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN: 0124 - 9282
Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen V – Número 20
Enero-Febrero-Marzo de 2005
SUPLEMENTO LITERARIO CARIBANÍA
ISSN: 0124 - 9290
DEPARTAMENTO DE IDIOMAS
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
Barranquilla - Colombia
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