Aproximaciones históricas al fenómeno afro-cultural
en el cuento "Barlovento", de Marvel Moreno:
La mano de obra negra
(Parte II)

Dinah Orozco
dinahorozco@yahoo.es

Presentamos aquí la PARTE II del ensayo de Dinah Orozco
sobre el famoso cuento de Marvel Moreno. Para ver la PARTE I, hacer clic aquí.

Insaciables mercaderes / traficantes de la vida / las Blancas Lobas / mercaderes de mujeres / tu raza,/ tu pueblo, / tus dioses / tu lengua / ¡destruirán! / las tribus dispersas/ rota tu familia / separadas las madres de tus hijos / aborrecidos […] / En barcos de muerte / esclavos sin sombras, / zombis, / ausentes de sí mismos / confundidos con el asno / el estiércol / hambrientos / sumisos / colgados / irredentos / cazados / por los caminos polvorientos / por las islas y las costas, / los ríos, / las selvas, los montes y los mares, / sin barro donde medir su huella / sin techo donde maldecir sus sueño / de otras razas separados / proscritos en América / la tierra de martirio.

(Manuel Zapata Olivella. Nagafúa en sueños
entreoye la maldición de Changó. En: Changó, el gran putas)

En el Archivo de Indias y en muchos de los escritos de Fray Bartolomé de Las Casas, se revela la manera como los comerciantes europeos hacían las transacciones de personas desde la costa occidental de África, utilizando como medio de transporte galeones, carabelas o bergantines que luego de una larga travesía, terminaban encallando en la Antilla mayor de América, con su amontonada carga de moribundos africanos provenientes de diferentes tribus de ese continente. Era un espectáculo semejante a un cardumen de peces de diversas especies aprisionados por la estrechez de la red.

Sorprendentemente, muchos de los nuevos esclavos africanos, enfermos por la peste producto del largo viaje y por las condiciones infrahumanas del hacinamiento y el trato bestial del blanco, lograron sobrevivir a su inesperado destino.

Desde “1518 que es la referencia documental más antigua sobre un cargamento de negros africanos transportados a América, directamente de África […] hasta el último cargamento desembarcado en abril de 1873, en la costa sur de Cuba […] arribaron no menos de 9.5 millones de esclavos en función de seis producciones fundamentales: azúcar, café, tabaco, algodón, arroz y minería” [15]. Fijando las fechas límites de 1518 a 1873, fueron trescientos cincuenta y cinco años de cruel sometimiento de los africanos por parte de los europeos, quienes se basaron en su estúpido mito de superioridad blanca para sustentar política y religiosamente la trata esclava: el proceso más aterrador conocido alguna vez en la Historia.

Según las investigaciones de la estudiosa Angelina Pollak, “los análisis de los pocos documentos accesibles para determinar el origen de los esclavos revela que aproximadamente la mitad de los negros vinieron de la Costa del Golfo de Guinea (entre la Costa de Oro y Benin) y la otra mitad de la región del Congo-Angola [16]”. 

En el archivo Nacional  No. 10, se encuentran algunos nombres de tribus provenientes de diferentes lugares de África que desembarcaron en Venezuela, hechas por Don Juan Ángel De la Rea. Algunas tribus son las siguientes: “Angola, Bambi, Camaconda (de Nigeria y Camerún), Carabalí, Ebia  y Nago (de Nigeria del sur), Bemba, Congo, Mondongo (del Congo), Mandinga (del Sudán y Senegal), Mina y Popo (de Costa de Marfil), Soso y Fulo (de Senegal), Tori y Guachi (de Ghana), entre otros” [17].

Estos grupos raciales procedentes de diversos lugares de África Occidental, comenzaran a llegar a Venezuela como esclavos, en las primeras décadas del siglo XVI, para la explotación de los criaderos de perlas, de yacimientos minerales y para actividades económicas complementarias como la agricultura y la ganadería, reemplazando así la mano de obra indígena.

En Venezuela, así como en el resto de América, el incremento de la importación de grupos africanos traídos como esclavos, significó mayor prosperidad económica, puesto que se calcula que la mano de obra del negro equivalía a la de cuatro indígenas.  La fuerza de trabajo esclavo del negro sentó las bases y activó el crecimiento productivo colonial venezolano, permitiendo a los terratenientes hacer crecer sus riquezas, cuestión que los colocó en condiciones de expandir sus haciendas y de convertirse en una aristocracia que dominará la escena política, económica y social del país durante los siguientes años.

En la historia venezolana —aunque solo a partir de 1847 hasta 1857, en el llamado Período de la Oligarquía Liberal, con la presidencia de José Tadeo Monagas— se logra la abolición de la esclavitud. Cincuenta años después, hacia 1900, los negros continuaron los trabajos más pesados en las haciendas y en los hogares (servicio doméstico), careciendo de derechos civiles y constituyendo el estrato más bajo en la pirámide social. Los propietarios blancos de las haciendas ponían a trabajar a los negros con los mismos fines de la época colonial: producir una determinada cantidad de mercancías que luego serían vendidas en el mercado nacional e internacional para proporcionar un ingreso acorde con la inversión.

En el cuento “Barlovento”, se refleja este fenómeno político-económico, pero desde una visión que se ajusta a una forma de producción mixta, algo así como un comunismo esclavista. Es decir, Marvel introduce en el cuento aspectos económicos de la explotación esclava ineludibles en el desarrollo histórico de Venezuela, como lo es la estructura de la hacienda, pero a su vez, se dota a los negros trabadores de ciertas libertades imposibles de generarse en otras haciendas de la época.

En el cuento, conforme a la historia que el mandinga cuenta a la joven Isabel, el tratamiento con los esclavos ha sido benigno desde los tiempos de la esclavitud, “cuando la marquesa Juana María Arimendi llegó a la hacienda” (341). (En Venezuela, el apellido es Arismendi. Probablemente debe estar deformado por la pronunciación del negro. Recuérdese del prócer venezolano Juan Bautista Arismendi). Según el mandinga, desde que esta mujer, que “era buena y amaba negros”, arribó a Barlovento, la hacienda Las Camelias —propiedad hereditaria de mujeres— ha  sustentado una forma de vida singular para los negros peones, que va en contra de los modos de producción económica de su entorno social.

En “Barlovento” se revela lo siguiente: “todo cuanto produjese la hacienda sería entregado equitativamente a los peones al final del año” (337). Luego Doña Josefa argumenta a su nieta Isabel (quien es aún una joven prejuiciosa con los negros), justificando su bondadosa actitud: “lo que sale de Las Camelias […] es sudor y sangre de los negros; mi deber es devolvérselos sin preguntarles cómo van a utilizarlo” (337).

El favorable comportamiento de la abuela Josefa con los negros parece ser un tipo inusual de agradecimiento que se mantiene en forma tradicional desde tiempos atrás. De modo que todas las mujeres que han sido propietarias de la hacienda, antes de Isabel, parecían mantener una extraña visión comunista sobre la mano de obra del negro, pues durante el período esclavista, sorprendentemente, la hacienda había sido un espacio de refugio para los cimarrones, situación que era acolitada por estas particulares mujeres mientras el resto de la sociedad lo rechazaba.

También resulta interesante que por cuestiones de principios, en Las Camelias, no se utilizaron cadenas ni rebenques con los esclavos, y luego de ser traídos de Carúpano (el sitio de comercio de esclavos negros en Venezuela) a la hacienda, se les brindaba la opción de trabajar por un salario decente o huir a la selva. ¿Será éste el comienzo de un nuevo modo de producción socio-económica o acaso una especie de descontextualización histórica producto del particular latifundio matriarcal?

De todos modos, este criterio social que se manejaba en Las Camelias se contrapone por completo a la atrasada visión feudal de la época. Es claro que estas mujeres pertenecían a una burguesía descendiente de los conquistadores y colonizadores, que a finales del siglo XVIII y comienzos del XIX, se aferraba en establecer grades diferencias con otros grupos sociales, incluso con los llamados blancos peninsulares y de orilla. Esta especie de nobleza conocida en Venezuela como Mantuanismo se había enriquecido mediante el acaparamiento y la monopolización de la tierra, y precisamente por la explotación del trabajo esclavo del negro que significó para ellos un crecimiento progresivo en la expansión de sus propiedades rurales.

En realidad, cualquiera que fuera la nacionalidad de los amos, el esclavo siempre significaría un factor de producción sobre el cual basaban sus riquezas. Por lo tanto, el único interés de un mantuano era económico y no filantrópico. Por estas razones, resulta extraña la práctica de producción económica implementada por doña Josefa en la hacienda Las Camelias, en un contexto donde el negro integraba el eje central del trabajo a fuerza de la realización de tareas pesadas, y era visto como la escala más baja en la organización social de La Colonia, sin derechos a elegir una forma de vida libre o un trabajo con salario decente.

A los mantuanos no les interesaba el porvenir de sus trabajadores negros, al contrario, siempre hicieron presión por mantener y profundizar las desigualdades a raíz de sus prejuicios sociales y raciales, basándose en la falsa creencia de tener pureza de sangre europea a pesar del intenso mestizaje colonial.

El foco de interés de un mantuano hacia los siglos XVIII y XIX estaba centrado en la ambición de reclamar y obtener, amparándose en la Recopilación de Leyes de los Reinos de las Indias, rangos y títulos de nobleza, cargos y extensas propiedades privadas de tierras (mercedes, composiciones reales, cédulas de gracia o merced, remates y compra-venta). Este proceso dio lugar a la formación de las grandes propiedades rurales, latifundios o grandes haciendas, que son el resultado de la monopolización de la tierra por parte de estos grupos privilegiados y económicamente poderosos [18].

Así que en “Barlovento”, la hacienda Las Camelias es la vívida representación histórica de una forma de producción privada de estos blancos criollos que debió basarse económicamente —acorde con la realidad social del momento— en los extensos cultivos agrarios de la hacienda latifundista, teniendo que emplear una población numerosa de trabajadores negros como jornaleros en condiciones de servidumbre, muy parecidas al del siervo de la gleba durante el Feudalismo.

Estos trabajadores negros de Las Camelias, tal como lo sustenta la historia, debieron vivir en caseríos generalmente ubicados dentro del mismo latifundio, pues mediante un convenio con el hacendado, trabajaban la tierra utilizando la forma de explotación conocida con el nombre de conuco, cuya producción era destinada a la subsistencia. Es decir, en el funcionamiento de esta forma de producción, se vincularon la agricultura de plantación (producción para la explotación) con la agricultura del conuco o de subsistencia (producción para el consumo del trabajador, su familia y sus animales).

Tipos de hacienda como Las camelias permitieron el crecimiento progresivo de cultivos como el añil, el tabaco, el algodón, la caña de azúcar y el café, fortaleciendo el desarrollo económico de la empresa agrícola de Venezuela, nacional e internacionalmente y, además, promoviendo el trabajo de la población esclava.

A raíz de las características que se describen en el cuento, Las Camelias debió acrecentar su producción agrícola específicamente en el comercio de cacao, que constituyó un cambio radical en la estructura económica del país y de los mantuanos. “El cacao permitió a un buen número de blancos criollos estructurarse como sector económico preponderante y por supuesto, ennoblecerse, pues con ese producto se pagaron casi todos los títulos de nobleza que se conocen en la historia venezolana, de donde procede la expresión «de gran  cacao» que se utilizaba para designar el criollo encumbrado y ostentoso [19].

Sin duda alguna, detrás de este poderoso surgimiento económico, estaba la mano de obra del negro, puesto que hasta el último tercio del siglo XVII, Venezuela fue una colonia pobre, donde los propietarios agrícolas no disponían de caudales suficientes para adquirir negros en gran número, que les permitiera desarrollar una producción destinada al comercio local y menos aún al comercio internacional, intercolonial o con Europa.

Lo que ocurrió después fue que gracias a la eficacia de los pocos esclavos negros, los cultivos de cacao tomaron incremento, dando origen a la formación de capitales y a un intenso tráfico nacional y extranjero que permitió la adquisición de un crecido número de esclavos. De allí nace la inevitable relación histórica de reciprocidad entre el desarrollo de las plantaciones de cacao y el de la importación de esclavos, al igual que el surgimiento de una estructura correspondencial entre la localización del cultivo de cacao y las zonas de población negra esclava, debido a que estos cultivos ejercieron significativa función demográfica en Venezuela, pues con base en ellos, se fueron formando áreas de población negra de esclavos, como en este caso, Barlovento.

Por eso no deja de convertirse en una clave atractiva para un lector despierto, la tradicional actitud bondadosa de estas mujeres mantuanas con los negros trabajadores de la hacienda. Es claro que a los blancos criollos que formaban la clase dominante desde el punto de vista económico y social, no les interesaba implantar ningún tipo de libertades y de igualdades sociales para los esclavos, porque ellos ni siquiera con España pretendían sostener lazos de unión.

Al contrario, los mantuanos en su pleno rol de dueños absolutos de la riqueza colonial, buscan independizarse definitivamente de la Madre Patria para continuar incrementando sus monopolios, y así no tener que pagar nutridos impuestos a la corona. De allí que durante las luchas independentistas del ejército realista de Monteverde y de Boves, entre 1810 y 1814 respectivamente, con la ayuda mayoritaria de venezolanos pertenecientes a los grupos pardos y negros (unidos a los caudillos españoles, no por fidelidad al rey sino en beneficio de sus derechos), buscaron acabar con las injusticias del orden social oprimente de la oligarquía criolla.

Muchos años después del período independentista venezolano, la situación histórica no varió por completo; para los negros el paisaje era bruma putrefacta. En el panorama mundial, a fines de 1966, en un país tan “demócrata” y tecnológico como Estados Unidos, nacían las Panteras Negras, y líderes como Martín Luther King y Malcom X no cesaban de protestar contra la explotación del negro.

Así que en Venezuela, la condición social no varió, los negros siguieron siendo subordinados a los blancos criollos, y éstos, a su vez, continuaron con su secuencial abuso social, corrompiendo aún más el sistema político-económico. Pero en “Barlovento”, más de un siglo después de las revoluciones persecutorias de Boves contra la privilegiada clase criolla, en el siglo XX (que sería el tiempo histórico referido a la presencia de Isabel y a la desaparición del cadáver de la abuela Josefa), no se observa el infame sometimiento discriminatorio del negro, sino un reconocimiento por su ardua labor, quizá debido al hecho de que “la hacienda Las Camelias tuvo siempre el mejor rendimiento de la región” (337).

De forma hipotética, si nos regimos por un concepto pragmático de rentabilidad del trabajo, el tratamiento especial con los esclavos pudo constituirse en una eficaz estrategia social tradicionalmente utilizada por estas mujeres mantuanas con el objeto de incrementar y mantener un alto índice comercial en los ingresos de la producción agrícola. No obstante, esta explicación deja aún abierta la inquietud sobre la singular forma de latifundio en Las Camelias, donde priman los derechos para los negros.

Desde que la estirpe mantuana de la marquesa Juana María Arismendi llegó a Barlovento, en tiempos de la esclavitud, hace “doscientos años” como se manifiesta en la obra, es decir, a mediados de 1700, hasta los últimos hechos de la historia (entre 1936 y 1975, con la referencia de la dictadura del General Franco), la hacienda Las Camelias se ha mantenido descontextualizada de la realidad social que se vivencia en su mundo circundante.

Dos aspectos relevantes siguen saltando a la vista con respecto a este particular modo de producción y forma de vida preferencial para los negros:

1. El dominio matriarcal continuo por varias generaciones de un medio de producción tradicionalmente en manos de los hombres como es la hacienda y,

2. La importancia de la figura del negro visto como un vasallo con inusuales derechos de libertad en épocas hostiles.


NOTAS:

15. Manuel Moreno Fraginals. Aportes Culturales y deculturación. En: Revista Cubana Caminos de Pensamiento Socioteológico, N°24-25. La Habana, 2002, p. 26.
16. Angélica Pollak Eltz. Procedencia de los Esclavos Negros traídos a Venezuela. En: Vestigios africanos en la cultura del pueblo Venezolano. Caracas, Universidad Católica Andrés Bello, Instituto de Investigaciones Históricas, 1972, p. 23.
17. Juan Ángel De la Rea. Manifestaciones y Composiciones de Negros. En: Archivo Nacional, No. 10. Nueva Segovia, Barquisimeto, Diversos XIV, noviembre 28, 1729, p. 106.
18. Federico Brito Figueroa. La Estructura Económica de Venezuela Colonial. Caracas, Universidad Central de Caracas, Instituto de Investigaciones, Facultad de Economía, 1963.
19. J. M. Siso Martínez. Los criollos. En: Historia de Venezuela, Barcelona, Editorial Publicaciones Reunidas 1976, p. 190.

Ver PARTE III haciendo clic aquí.
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©   Dinah Orozco

LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN:  0124 - 9282

Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen V – Número 20
Enero-Febrero-Marzo de 2005

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FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
Barranquilla - Colombia

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