Alienación de la mujer en
En diciembre llegaban las brisas

Silvia Boekhoudt de Marenco
silviadisc@yahoo.com
Profesora de la Universidad del Atlántico
Barranquilla - Colombia


Sería una lástima terrible que las mujeres escribieran como los hombres, vivieran como los hombres, se parecieran físicamente a los hombres. Porque dos sexos son ya pocos, dada la variedad y la vastedad del mundo. ¿Cómo nos las arreglaríamos, pues con uno solo?

Virginia Woolf


La vida moral del hombre forma parte del tema del artista, pero dentro de su moralidad el arte significa hacer uso perfecto de un medio imperfecto. Ningún artista desea comprobar nada cuando las verdades por sí solas se comprueban. El crítico es quien puede traducir una obra de arte o convertirla en un material nuevo por la manera como lo impresionan las cosas bellas. La forma más elevada y más baja del criticismo es autobiográfica.

Oscar Wilde
El contenido profundo y denso de En diciembre llegaban las brisas  se presenta cargado de elementos ideológicos, sicológicos, sociológicos, pedagógico-conductistas, que darían para  estudios de plurales dimensiones. 

Marvel, como novelista, representa la relación entre el arte y la realidad, aún cuando la literatura, como creación artística, no contiene formas ni contenidos fijos, por no ser su intención revelar y describir únicamente  realidades; en esencia, revela la vida del ser humano.

La ausencia de buenas relaciones  en la vida de los personajes impacta al lector o lectora. Socialmente son clasistas y representan el eje fundante de  los nexos de la narración en la que no hay héroe, el personaje más representativo es Lina con su actitud de observadora.

El punto de vista de la obra  presenta el dominio  del hombre, la mujer sometida por la subjetividad masculina, y las ideas liberadoras frente a ese dominio, aunque muy tenues en el relato, asumidas  por una nueva generación, con una mentalidad ligeramente progresista. Es  clara la percepción de cómo  esa generación ve a los personajes  de ese  mundo dibujado de forma vívida por la autora,  cómo optan por liberarse del despotismo del hombre y de los padres, mediante una telaraña de ideas que dócilmente aceptan, pero terminan confundiéndose  por no ser éstas claras para ellas, dadas que los fundamentos ideológicos básicos no han sido parte de sus experiencias sociales. La tercera generación, en  una época de transición al postmodernismo, cruzada por ideas más avanzadas, termina asumiendo una actitud vengativa.

La  unidad acentual de la obra, a pesar de estar dividida en tres libros, no se desvía. La narración representa un seguimiento de la misma temática del dominio masculino, por tanto, los fenómenos que se presentan en las tres partes no se difieren.

Marvel Moreno,  en su vida real de niña a adolescente, porque en la obra la hemos podido ver hasta esa etapa de transición a la vida adulta, experimentaba esos sucesos que, por consiguiente, permiten a  al lector denominar la novela como autobiográfica. Presenta de forma artística los hechos aberrantes que abarcan una pluralidad de personajes en sus actuaciones cotidianas, en las que no hay diálogos; se encuentran algunas reuniones como la llevada de Dora donde un sacerdote por su esposo, como objeto de un acto ritual y mágico, costumbre del momento histórico de la obra, pero allí cada uno permanece en el silencio de su mundo. Las mujeres, en vez de diálogos, recibían de sus maridos respuestas humillantes; en los colegios existía, como en los “hogares”, la verticalidad que connota una disciplina férrea en el proceso de la enseñanza positivista.

La verdad de la obra la traslada Moreno al lector o lectora, quien le  proporciona su significado de acuerdo con la interpretación del enunciado.

En el núcleo de la novela hay un narrador que describe las condiciones de  vida de unos personajes de la alta clase social de la ciudad de Barranquilla en las décadas de los cuarentas,  cincuentas, hasta sesentas, cuando la mujer era un ser sin valor;  no era sujeto ni ciudadana por carecer del derecho al voto político. Ante esa injusticia, como dice Consuelo Posada:

“[...] la voz de Marvel Moreno no sólo se alza para denunciar la opresión de la mujer, sino que también grita en contra de todas las opresiones”.

La atmósfera de la obra es  oscura, pesada y pesimista; de forma transversal cruza la vida y las fuerzas subterráneas de los protagonistas al hurgar la autora en las capas externas de las acciones de un tipo de hombre caribeño y su dominio sobre la mujer. En palabras de Posada:

“[...] el mundo masculino en la obra de Marvel está poblado de representaciones de durez”.

Marvel da luz a las luchas femeninas que en esa época ya comenzaban a darse en el Gran Caribe, en las islas antillanas, e ilustra las circunstancias que obstaculizaban a las mujeres conciliarse con su propia naturaleza. Son esos aspectos contradictorios de  la dureza del hombre, la resignación y la debilidad de las mujeres, los que proporcionan la riqueza artística de esta novela que explora y revela las ambigüedades morales vividas por los personajes, cuando los sucesos se derivan de sus propias experiencias:

Según De Aguiar E Silva: “[...] cuando aparece la novela moderna, la novela que no quiere ser simplemente una «historia», sino que aspira a ser «observación, confesión, análisis»: que se revela como pretensión de pintar al hombre o una época de la historia, de descubrir el mecanismo de las sociedades, y, finalmente, de plantear los problemas de los fines últimos” (p.  201).

Marvel Moreno observa,  explora y confiesa los conflictos, la soledad y la alienación de la mujer,  despojada del placer de una conciliación con su propia naturaleza, y el trabajo que puede ser rico y lleno de ideales.  En su condición de ser objeto del manipuleo del hombre con sus principios maniqueístas, la mujer, como esposa, es únicamente un símbolo existencial, constantemente violada por el marido y confinada en una mansión llena de lujos, salidas al Country Club y  a la casa de campo en el balneario de Puerto Colombia. Su misión única era la de procrear y  conceder el cuidado de los hijos a las “criadas”, en medio de una vida rodeada de simpleza, donde los principios legítimos del ser humano no se conocían,  por tanto, menos se trataban. La vida romántica para ellas existía en los sueños de la  adolescencia; ésta  terminaba al contraer matrimonio, que se convertía en un infierno por el comportamiento “moral” del hombre, también por muchas causas confundido, que no sabía amarlas.  El fulgor de la esperanza y del corazón de las niñas  se les volvía tenue y nublado como adultas casadas, vulnerables e inestables.

La obra es cruda y polifacética: en ella se resaltan los aspectos conductuales, religiosos y culturales resultantes de la posición social y puntos de vista de los personajes. Dibuja a los hombres como “machos” con poder; eran los  dirigentes económicos y políticos de ese tiempo, aún sin conocer la ciencia política ni la económica. Cuando las circunstancias se lo exigían, se dejaban acompañar a los eventos sociales por sus mujeres  sumisas,  atenidas a la verticalidad de un silencio y un obedecer al marido que no les permitía cuestionamiento alguno.

Los hombres, frecuentadores y favorecedores de los burdeles donde daban rienda suelta, en orgías, a sus impulsos primarios, no estaban en capacidad de razonar que sus acciones tuviesen implicaciones morales, porque en medio del libertinaje, siendo aún adolescentes, estimulados por los padres y el sistema educativo de los religiosos, no llegaban a comprender el verdadero sentido de la vida, menos la moralidad.

Lina, el personaje principal y poco actuante en la novela,  no llegó a vivir esas experiencias; era muy niña, tenía catorce años, pero, las observaba; dispone de una madurez precoz y asume la posición de  confidente de las amigas víctimas de sus maridos en una amarga existencia. Es así que como persona serena, al estar sentada en un teatro, va mirando atentamente la comedia y el papel que juega cada actor en el escenario de la vida. Siendo  prácticamente una niña, tuvo la probidad, por su inteligencia, de asombrarse ante las ideas izquierdistas que iban penetrando y contagiando a algunos miembros de esa sociedad cuyas vivencias no eran totalmente comprensibles para ella, pero en cierto grado las aceptaba a pesar de su pertenencia a ese círculo social.   Así mismo se asombra ante Beatriz, quien se había adherido en secreto a la teoría del marxismo maoísta, convirtiéndose en una  ideóloga dogmática:

“[...] Beatriz no aceptaba la doble moral, ni en los hombres, ni en las mujeres, y no toleraba la menor infracción, ni en ella misma, ni en los demás” (195).

Mediante su adhesión al maoísmo,  ella soñaba con la conversión del continente latinoamericano  al socialismo, tanto así, que permitió a los subversivos esconder explosivos y armas en su casa de Puerto Colombia.  Igual ocurrió con Patricia Hearst, hija de un potentado norteamericano, secuestrada por los ideólogos de la Pantera Negra. Patricia termina aceptando sus ideas, colaborando con ellos. Sin embargo, nunca fue de un todo marxista, porque veía en las masas un simple instrumento del líder, igual que Marvel Moreno cuando se separó de las ideas de Fidel Castro.  No obstante, las ideas marxistas la hicieron cambiar y asumir otra posición ante el tipo de vida de su sociedad  cuando:

“[...] Beatriz sólo iba al club para complacer a su madre; la vida mundana de Barranquilla le producía un hastío que nunca intentó disimular” (244).

La autora deja ver la capacidad de cambio, a veces radical, que produce una ideología cuando se abraza con convicción, para residir en la parte más profunda de la conciencia del ser,  e irradiar desde ahí los elementos conductores que se espera  hagan realidad los sueños; en síntesis, las posiciones y actitudes ante los hechos de la vida a veces confunden y llegan a cambiarse, como en el caso de Beatriz.

De ese modo, al lado del conformismo de las mujeres alienadas, surgían las ideas libertarias de las que pertenecían a la nueva generación, como Beatriz, Catalina y la misma Lina, en un mecanismo de participación que se podría traducir en  perspectivas de cambio, asociadas con el temor y la incertidumbre, al no ser la esencia de esas ideas de fácil comprensión para ellas.

La novela está dividida en tres partes, como ya se mencionó, y en las tres está Lina: en la primera, se encuentra en compañía de su abuela, quien, como persona inquieta, crítica, ilustrada, realista y de ideas  avanzadas, la ilustra en el sentido y el deber ser  de la vida para los seres humanos. En la segunda, está la tía Eloísa, y en la tercera, la tía Irene. Cada una mantiene una posición peculiar ante el mundo, siendo la abuela Jimena, orientadora de Lina, hermana de las dos, la más cuerda y la  que mejor interpreta las acciones y los eventos circunstanciales, aún cuando en las otras dos se traslucen algunas ideas un poco progresistas, si se comparan las manifestaciones de las tres con los procedimientos autómatas de las otras mujeres dibujadas en esta novela. La tía Eloísa era riquísima. Como el dinero siempre concede poder y libertad para  expresar sin temor los pensamientos, ella, sin temor, los manifestaba; igualmente la tía Irene, quien hereda el castillo misterioso del italiano, en ese tiempo en que en Italia todavía rondaban las ideas del nacional-socialismo, adoptadas por Mussolini.

En cada libro, introduce Marvel hábilmente a otros personajes, que en su papel protagónico, pasan por parecidas experiencias. La introducción a cada uno va acompañada de  una cita bíblica que prepara al lector para no esperar eventos positivos; es así como en el primero se  encuentra uno con un Dios amenazante, celoso, castigador y vengativo hasta la tercera y cuarta generación, que la abuela librepensadora de Lina interpreta como creador de los prejuicios que obstaculizan al hombre enorgullecerse de su origen, convirtiéndose la vida para él en un infierno de culpabilidad, frustración y agresividad. Esta enseñanza provoca cierto temor en Lina, a sus catorce años.

El libro dos narra el mito del primer hombre y la primera mujer, a quienes Dios prohibió que comiesen el  fruto del árbol que podría hacerles conocedores del bien y del mal o que fueran iguales  a Él, olvidando Dios que esta prohibición sicológicamente despertaría en ambos  la curiosidad y el deseo de conocer racionalmente su causa y razón como hijos, herederos de la inteligencia genética del Dios que los creó; en nuestro tiempo, sería la implementación  del método experimental de Bacon para conocer los efectos.

El hombre, imitando a la  mujer,  desobedeció, pero, quedando ella con la carga de toda la culpabilidad de esa desobediencia,  origen de su expulsión del edén y la rebelión humana. Este mito es paradójico, dado que los primeros padres, a pesar de haber comido el fruto prohibido, no obtuvieron el núcleo de la sabiduría y fortaleza de Dios, fracasaron en su experimento como objetos y no como personas, porque fueron engañados. El hombre, para quedar bien ante Dios, en vez de defender a su compañera, la acusó, significando esto que, a pesar de haber sido ella creada de su costilla ―mujer y hombre a la vez, sangre de su sangre―, él se comportó de forma egoísta, desleal y cobarde; no le tenía  amor y no la defendió. Al mismo Dios le produjo aversión la actitud de ese hombre. Así, como físicamente débiles ante un poder mayor ―pero desde el punto de vista científico dudosos y curiosos― fueron expulsados del lugar por la espada de fuego del malvado querubín. Fue la primera clonación y el primer experimento realizado en la vida, pero falló, la verdad no se descubrió. Creyó el hombre disculparse, acusando a la mujer para que Dios lo dejara en el paraíso, olvidando que el que manda y el que obedece en determinados casos, son igualmente culpables. Esta es la filosofía de Marvel Moreno.

La posición de la tía Eloisa es ambigua; sin embargo, reconoce la inteligencia de la mujer, el miedo y la debilidad circunstancial del hombre ante un Dios intolerante:

“[...] los hombres no escapaban jamás a la ley del padre y si conducidos por una inteligencia femenina se sublevaban contra él un instante, al siguiente regresaban contritos y angustiados a someterse a su autoridad” (95).

A Catalina, en un momento dado, se le fomenta una duda interesante acerca de la injusticia, al conceptuar que:

[...] creyendo con toda honestidad que la pérdida del Paraíso se reducía al simple problema de haber comido una manzana y sorprendida de que semejante nimiedad le hubiese costado tantos sinsabores a los hombres hasta obligar al mejor de ellos a dejarse clavar en una cruz para redimirlos” (138).

La tía Eloísa no toleraba la vulgaridad, la mediocridad ni la violencia. Asume una posición tajante cuando como mujer creía que una vez adquirido  cierto nivel de conciencia, la libertad era posible, siempre y cuando se tuviera el coraje de asumirla. Para ella, existen dos clases de mujeres: las que aceptan el dominio de los hombres en nombre del amor, los hijos o la seguridad, y las que andan por la vida, libres; éstas fascinan a los hombres, quienes las temen, siendo ésta una afirmación del masoquismo y la máscara que cubre la fuerza física del hombre. En la fila de las libres, se puede agregar otra voz alucinante, la de Divina Arriaga:

“[...]  que a la larga serviría, sobre todo,  de ejemplo: varias generaciones de niñas oirían referir la historia de Divina Arriaga encogidas de aprehensión ante el escarmiento que merecía desafiar el orden de los hombres” (140).

Esta manifestación es un núcleo de amenaza en contra de cualquier movimiento feminista de reclamo a los derechos de la mujer.  Divina Arriaga pudo romper las cadenas que la ataban a esa sociedad de hombres indolentes que por lo mismo la castigaron, después de haberse  aprovechado de sus grandes fiestas y reuniones sociales. Así:

“Ella, Divina Arriaga, le había oído explicar cien veces a aquella antropóloga cómo el sistema que desde hace seis mil años gobernaba la vida social del hombre sólo podía conducir al desastre; que se revistiera de una forma u otra, que se expresara a través de ideologías diferentes, que se camuflase bajo principios en apariencia antagónicas, el resultado será siempre el mismo” (113).

“Divina había renunciado a imaginar la esperanza para encerrarse en su propia vida” (113).

Cuando no hay esperanza, que es lo último que en la vida se pierde, el ser humano toma esa posición de incredulidad y aislamiento. Divina, a pesar de haber poseído una biblioteca voluminosa, no se había interesado por leer las buenas obras que ahí debieron haber existido; por ello, no tenía la brillantez que provee una conciencia de lucha para dar una respuesta a la posición pesimista de la antropóloga frente al cambio; se dejó convencer.

Las luchas van y vienen, cambian, pero dejan huellas que se descubren en Catalina, la bella hija de Divina, venida del  amor de su madre con un europeo; ella demuestra indiferencia ante su propia belleza. Pertenece a la generación de ideas avanzadas y desprecia a las mujeres que aceptan la opresión o  prefieren resignarse. Ella no niega la feminidad, porque de esa manera jamás podría reivindicar dignidad alguna:

“[...] como mujer casada, lo que a otras mujeres les llevaba una vida entera comprender después de un largo rosario de ilusiones y desengaño, ella lo había aprendido en dos años de matrimonio” (150).

Comprendió Catalina que el orden masculino imperante, arbitrariamente condenaba a las mujeres a la prostitución o a frustrarse en la castidad. Esto la indujo a desafiar la ley del marido, quien, de forma hostil, la trataba de estúpida, de degenerada; la mortificaba, pero ella no se dejaba amilanar y se unió a

“[...] un indio de inexplicables ojos dorados en la realización de designios inaccesibles a la comprensión humana” (153).

Es diciente cómo en esa vida resquebrajada por la incomprensión, la intolerancia y el desprecio, el esposo Álvaro Espinoza, para escalar posiciones estatales y ser gobernador:

“[...] utilizaba el encanto de Catalina a fondo en sus campañas políticas como en las fiestas ofrecidas en honor de los jefes conservadores que venían del interior” (157).

El libro tres, como encabezamiento,  introduce la siguiente cita bíblica, no diferente a unos escritos helénicos:

“Y yo mismo arrojaré delante de ti al amorreo, y al cananeo, y al heteo, al fereceo también, y al heveo y al jebuceo…. Destruye sus altares, rompe sus estatuas y arrasa los boquetes consagrados a sus ídolos”.

Tanta ira ante los ídolos de un pueblo es ineluctable,  va en contra del respeto a las creencias de los seres humanos;  los aludidos no van a quedar inermes ante esa posición que no permite término medio, es la ley del fuerte que destruye al débil, es la manifestación calvinista de “quien no está conmigo está en contra mía”, que se utiliza en las invasiones a los pueblos débiles para apoderarse de sus riquezas. La tía Irene lo interpreta como la incapacidad del hombre para aceptar la diferencia de otros, como la intolerancia que origina conflictos. Este rechazo alude a la negación del hombre oscurantista del derecho a la variedad  de la persona en su forma de  ver el mundo.

Cada libro, en su racionalismo, resalta la miseria y el descontrol humano, generados desde los contenidos bíblicos, aceptando su arbitrariedad como normal en vez de germen del mal presente en los personajes de la novela y también en nuestra realidad.

Lo anterior da a entender algunos de los motivos que condujeron a Marvel Moreno, dentro de su dignidad, su rigor ético e inteligencia, a

“[...] apartarse definitivamente de lo que estorbaba su conquista de la libertad de pensar. Ruptura con su medio social, con las opiniones comunes, con dogmas y religiones” (Jacques Fourier: 2l).

En medio de los eventos de la novela, Lina es la menos afectada en su observación serena, quieta y reflexiva del fatalismo que entrañan los sucesos aceptados por ese círculo de personas. Ella, bajo la dirección de su padre, quien poco se menciona en la novela, y la guía de su abuela, recibió una orientación que no estuvo carente de concepciones humanísticas en medio del oscurantismo reinante en esa sociedad;  apoyaba a sus amigas humilladas por los esposos, las defendía, y como en toda sociedad brilla una luz,  esa luz fue Lina, quien, en un acto de valentía, con apenas trece años, salió en defensa de Dora, cuando ésta huía ensangrentada de su casa, pidiendo auxilio ante los golpes que le propinaba su esposo Benito Suárez, quien, como médico,  fracasa  y termina muriéndose en La Guajira, como un animal salvaje, en medio de la desesperación, ante el remordimiento de su conciencia por la mala vida que le había dado a Dora. La autora propone que no es Dios quien castiga sino la conciencia del Ser.

Marvel Moreno hizo lo humanamente posible para criticar y protestar contra la vida extravagante, sin sentido y parasitaria de un círculo de la alta sociedad barranquillera. Es el caso de doña Eulalia, la madre de Dora, quien perteneció a una familia en la que nadie había trabajado desde hace quinientos años.

Esta novela es el alter ego y la autobiografía de Marvel Moreno (Lina), quien perteneció a la clase alta barranquillera. Ella explora la  vulnerabilidad,  la inestabilidad ético-moral y la incertidumbre de los personajes, resultantes de una educación religiosa, histórica, moral e intelectualmente equivocada, que rechaza la teoría científica de la evolución de Darwin, con la anuencia de los padres, de forma dogmática, igual a como la Iglesia en tiempos pasados rechazó las teorías científicas de Copérnico y Galileo. Marvel, en la verdad de su vida, fue expulsada del colegio de religiosas donde estudiaba, por haber defendido la teoría darwiniana, y terminó sus estudios secundarios en un colegio de corte marxista.

Las niñas de padres  adinerados, por lo general, en ese tiempo, estudiaban en el exterior. Se menciona la isla de Curazao en la obra, donde los estudios se realizaban, para las aristocracias latinoamericanas, en lengua francesa (el edificio es hoy un ancianato). Los varones iban a colegios europeos, otros al Biffi, las niñas a La Enseñanza. Las inclinaciones de las personas mayores eran establecer  sus residencias en París.

Hombres y mujeres adolescentes se debatían solos, en medio de su ignorancia, en un mundo caótico e incomprensible para sus mentes juveniles, de clubes y paseos al balneario de Puerto Colombia, donde daban rienda suelta a sus apetitos sexuales, creyendo que de ese modo lograrían saber más sobre el mundo, adquirir experiencias para sus almas aventureras y encontrarse posteriormente con sus vidas, moral y humanamente, destruidas y perdidas en los laberintos confusos creados por una sociedad descarnada e indolente. En ese medio, dibuja además la autora el conflicto entre el ser europeo emigrado a estas tierras y el ser caribeño, hijo de ese ser emigrante; el primero, muy serio, y el segundo, pachangoso ya como barranquillero.

La juventud, poseedora del dinero, apostaba y perdía en el juego de un mundo desprovisto de afecto, que no podía ayudarla a aliviar sus conflictos existenciales; terminaba  en depresión, ansiedad y timidez,  porque padecía de la ausencia del amor al lado de una  explicación que influiría en  las lucubraciones,  placeres y acciones equivocadas de sus orgías: no se le preparaba para confrontar las pruebas que demanda la vida, situación que poco ha cambiado, dado que recientemente, en un colegio donde estudian niñas de alta posición social, en una reunión de padres, al preguntarles la directora qué pensaban de la vida, éstos contestaron que es muy dura. Sin embargo, al preguntarles una vez a las niñas por qué tenían los tenis sucios, contestaron que la muchacha no se los había lavado; en medio de la vida dura, no se les enseña a valerse por sí mismas (auto-vivencia).

Era una juventud parecida a la europea de la posguerra, sin esperanza, donde la importancia de los personajes no era  el “qué eran” sino el “cómo eran”, estilo creado por Hemingway que no consideraba el moralizar ni el filosofar como un principio estético, lo cual está presente en la novela de Marvel Moreno, cuando únicamente describe las características externas de los personajes en sus acciones y manifestaciones, sin pretender el juzgamiento, que queda a cargo del lector.

“Las palabras abstractas como santidad, gloria, honor, ser consecuente con los principios de uno, eran obscenas ante los nombres más concretos de pueblos, caminos, ríos, regimientos y fechas. Concordante con esto Hemingway pocas veces utiliza nombres abstractos y adjetivos con connotación ideal o racional. Los personajes se contentan con comer, beber, y hacer el amor; sentirse bien es todo lo que piden de la vida” (Herbert Muller: 397).

Allá en Europa, el comportamiento social era el resultado de una guerra cruel; aquí, en ese momento histórico, era una circunstancia proporcionada por la facilidad del dinero al lado de  la ignorancia.

“Esta actitud se apoya esencialmente en el impulso del dadaísmo. Hemingway y sus héroes dan la espalda a una sociedad enferma y a todos los esfuerzos para curarla. No reconocen lo sociológico, lo metafísico ni lo espiritual, la Guerra Mundial hizo desarrollar una farsa horrible  relacionada con  toda actividad que contenga esas pretensiones” (Herbert Muller: 397-398).

Una sociedad enferma, sin el mayor esfuerzo para sanearse, es la que  encuentra el lector en esta novela; en ella, predomina la satisfacción de los impulsos primarios o instintos, el vivir la vida sin moralidad,  la indiferencia de los personajes. Marvel, como Hemingway ―que no volvió a vivir en su país al que esporádicamente visitaba, y murió en Cuba―, dio la espalda a esa sociedad con la que no se identificaba y emigró a Europa para siempre, y allá muere, lejos de su ciudad, donde fue Reina del Carnaval.

“[...] nunca había vacilado en apartarse definitivamente de lo que estorbaba su conquista de la libertad de pensar” (Jacques Fourier).

Las niñas, ni en sus casas ni en el colegio, aprendieron a ser fuertes para confrontar las crueldades que el futuro les tendría deparadas en sus vidas matrimoniales, menos aprendieron a pensar. Lo que una vez soñaron como adolescentes se convertiría en horrores, en ilusiones muertas, a pesar de que nunca tuvieron ni tendrían  que luchar contra la fatiga que produce el hambre.

En ninguno de los libros hay esperanza de solución a los problemas, los eventos están claramente descritos en sus elementos mínimos. Las ideas nuevas penetran esa clase  social y producen confusión. Beatriz termina abrazando al cristianismo que una vez rechazó, posteriormente se infantiliza. Algunos comunistas, en su comportamiento, contradicen la esencia del marxismo;  un profesor izquierdista  maltrata a su mujer, lo cual se da en la vida real. Se describen también las adhesiones a Mao y al Che Guevara. La incapacidad de un pensamiento progresista más flexible, concordante con la evolución histórica, es espuesta así:

“El problema era que el mundo se transforma y ellos no podían adaptarse a nada que significara evolución o cambio, a ninguna situación en la cual se alterasen los valores que desde mucho tiempo atrás les servían de punto de referencia de espejo donde encontraban y recompensaban su identidad” (l6).

Esos valores, heredados durante siglos, eran los de vivir de los trabajos de otros en un mundo transformado económica e industrialmente que no  entendían, por lo que a los personajes se les imposibilitaba ser competitivos, terminando ellos por vender los bienes y vivir de los recuerdos de un pasado de grandeza que, mediante un lenguaje nostálgico, describe Marvel:

“Les quedó el recuerdo, no la nostalgia y el recuerdo parecía suficiente para hacerlos caminar erguidos, mientras aquel mundo que sólo ellos veían desaparecía en el polvo, se derrumbaba a sus pies; eran señores” (16).

No hay un comienzo definido en la obra, ni ideas centrales, ni diálogos, ni trama, ni fin en un realismo convencional, a pesar de que trata de forma lineal, la humillación de la mujer; todo es superficial, artificial, hasta irreal en ese mundo anémico, sin colorido y sin espiritualidad, de por sí fastidioso, el cual se hace entender desde el comienzo de la obra:

“[...] pues seguía tolerando el dominio del más fuerte y aceptaba que la arbitrariedad y la injusticia fuese el pan de cada día”  (21).

La novela no es convencional, dado que dibuja los comportamientos y sucesos de una sociedad no comúnmente tratada con tanta veracidad y profundidad en otras obras; meramente es conmovedora al producirse los conflictos y las locuras de los personajes. En algunos momentos producen  aversión cuando éstos no aportan sino que aprovechan sus condiciones de riquezas, fácilmente adquiridas por medio de herencias dejadas por sus padres emigrantes europeos y por la nobleza española, a la cual pertenecieron sus ancestros.

A pesar de presentar la autora a las mujeres como víctimas, protesta al mismo tiempo contra la pasividad de ellas. Aunque rodeadas de dinero, no comprenden el verdadero sentido de la vida en una sociedad opresora, en la que el tiempo transcurre en medio de la preocupación y cuido de las membranas de las hijas, quienes tenían que llegar vírgenes al matrimonio,

“[...] pues si bien en esa sociedad de locos se daba por sentado que ninguna muchacha de buena familia cometería la imprudencia de perder la membrana cuya conservación le permitiría contraer un matrimonio conveniente” (211).

Esta exigencia coloca a la novela en la región del Gran Caribe, donde también se daba mucha importancia a la vigilancia y cuido de la membrana, cuando hasta en el día siguiente de la noche de bodas, en la misma época de la narración, dos familiares muy allegados al novia y a la novia, más bien del sexo femenino, iban a comprobar, para rendir testimonio posteriormente, de que la novia contrajo como virgen el matrimonio.

De ese modo las niñas se sometían a la vigilancia de los padres para  preservarles la membrana. Vigilancia reforzada por unas monjas consideradas estúpidas por la abuela de Lina, quien sabía unir la afectividad de su nieta con su inteligencia racional, la única que en una y otra forma reaccionaba ante cualquier brote de  comportamiento irracional.

Las madres ejercían un control directo sobre sus hijas, convirtiéndolas en seres autómatas que poco comprendían los eventos de esa época de enfoques pedagógicos de repetición,  de  tecnología educativa conductista, que tan dañinos fueron para profesores y estudiantes por enfatizar los resultados antes que los procesos. De la misma manera se les inculcaban unas normas de comportamiento  de obediencia ciega, como  Dora por  su madre y  en el colegio  las niñas por las monjas, simbolizando las realidades brutales de un mundo indolente:

Frente a la penetración de su madre, Dora adaptaba una táctica igual a la que en el colegio le permitía rendir el dominio de las monjas: no discutía nada, no protestaba contra nada; su resistencia comprendería después Lina, había que buscarla en el escandaloso silencio de su sumisión (180).

Era la época en que se estaba emergiendo por otra parte una generación ardorosa, y más pensante, pero oprimida por los temores que producía el mundo no hace mucho salido de una guerra horripilante que la juventud contemplaba de manera sombría, sin ideales por las cuales vivir o morir, una juventud sin esperanza a la manera de Hemingway.

La atmósfera de  Barranquilla concordaba con las desilusiones europeas de esos años, algunas veces pesimistas, peligrosas y traicioneras en medio de la confrontación este y oeste, de derecha e izquierda, causales de la guerra fría en todo momento amenazante, la revolución cubana, el asesinato de Gaitán, la guerra ideológica de Corea, el triunfo de la revolución maoísta en  China, las ideologías latinoamericanas, los levantamientos en Centroamérica, la Teología de la Liberación, las dictaduras latinoamericanas, los levantamientos estudiantiles de París, los seguidores del Ché Guevara, la guerra del Vietnam, los beatniks, las panteras negras, Woodstock, los movimientos de paz, época convulsionada  que poco llegó a afectar a esa clase social, comúnmente inconmovible. No obstante, a sus  puertas llegaron las ideas progresistas que  fueron aceptadas, pero no en su totalidad, por algunos de sus miembros como  Beatriz y  Catalina quienes  impresionaban a Lina, que todavía no tenía la suficiente madurez para comprenderlas; era apenas una adolescente.

Esta novela no es una ordinaria o común; sugiere que seguirá viviendo después de esta era, tiene  valores, sobre todo para las mujeres que se inclinan por conocer sus propias historias y continuar dando testimonio de una realidad vivida en un momento histórico que Marvel atraviesa con ojos agudos y con deseos de convertirse en vocero de unas almas de fe perdida. La única heroína de esta novela es Lina quien sale a la defensa de las mujeres víctimas de sus esposos, como cuando rompió una silla en el hombro de Benito Suárez, saliendo en defensa de Dora, como predijo su abuela al comprender los motivos de su ser sumisa:

"si no es Benito Suárez, será otro parecido, porque a mi entender, tu amiga Dora está destinada a dejarse escoger por un hombre capaz de quitarle el cinturón a su pantalón para darle latigazos la primera vez que haga el amor con ella" (161).

Así confinaron a Dora al silencio. Lina, muchos años después en París, recordando las palabras de su abuela, se preguntaba si Dora no estaría siendo arrastrada por una fuerza oscura hacia el hombre que sería causa de su perdición.

Es interesante la descripción de Doña Eulalia, la madre de Dora, que hace reflexionar al lector. Ella creció en un clima de odio, donde sus progenitores no se hablaban, no dormían juntos ni recibían visitas, confinados en la soledad de su vivienda, confundiendo y negando ellos este acto de  santidad importante de la vida, que es el de hacer y recibir visitas según Buda.

En las oraciones de Eulalia, Jesucristo es secundario, esta negación es una paradoja cuando sus ejemplos y enseñanzas dejaron campos abiertos para la política, la filosofía, la pedagogía, el humanismo, la psicología,  la economía. Excluye también el Padrenuestro, quizás comprendía sus significados, pero no quería darlos a conocer, o quizás sus padres también los conocieron y le enseñaron que no era necesaria esta oración enseñada por Jesús, como en el caso del pan de cada día: pan como símbolo y razón de los derechos fundamentales de la existencia de los seres humanos. Padre “nuestro”, como nuestro, todos somos hermanos y debemos querernos. El cielo o los cielos, significa el logro del nivel más alto de la conciencia, que nos convierte cada día en mejores personas, cuando gradualmente vamos alcanzando determinados grados de sabiduría.

En esa atmósfera vivió y creció Eulalia rodeada de silencio, de obediencia y de   soledad,  así aprendió a aceptar la vida, en esa atmósfera de la cual no pudo escapar desde su infancia; no conoció vida diferente y, por lo mismo, aceptó el maltrato de Dora por su esposo, porque nunca  recibió orientación para actuar ni alzar su voz de protesta, como ser completamente alienada.

De la vida juvenil de los protagonistas se infiere que sus desvíos se originan en sus hogares y en los establecimientos “educativos”, donde imperaba la ley del potencialmente  adinerado. Así Catalina,  hija de Divina Ariaga, mujer dueña de una inmensa fortuna, cuando fomentaba  desórdenes en el colegio y las monjas descubrían que era ella, se abstenían de imponerle castigo.

Marvel dibuja las experiencias y comportamientos de los personajes nacionales y emigrantes en su primera y segunda generación. Para la segunda lo predominante eran las orgías, las relaciones sexuales embrutecedoras y traumatizantes que no se alteran en los tres libros,  no obstante, no se disminuye el interés por la lectura dadas las formas diferentes en que se  tratan los mismos temas.

Las riquezas económicas de los protagonistas son inmensas y, muerto sus forjadores, quedan depositadas en manos de unos descendientes que no se inclinan por trabajarlas, menos incrementarlas, las despilfarran. Las mansiones, construidas con mucha delicadeza, no reciben mantenimiento y se destruyen como la Torre del Italiano, laberinto  que hereda, de forma no muy clara y en un estado de decadencia, la tía Irene.

La vida constituye la etapa última de una creación gloriosa e incuestionable, porque fuimos creados a la imagen de Dios. Recientes estudios han llevado a los científicos a elaborar la teoría de que el ser humano va alcanzando el último nivel de la evolución para seguir creciendo en sabiduría. Esto significa que Dios es vida, que el ser humano es vida  y ha sido creado para ser feliz en su sabiduría. Sin embargo, para unas almas la vida se convierte en un infierno como las de esta novela, de ahí que, mediante este estudio,  crece la convicción de que el dinero no es forjador de la felicidad, es necesario por el sistema imperante, pero lo que satisface es la honestidad, la lucha, el respeto por la evidencia y creencias de otros, es el concepto sociológico y filosófico de Marvel Moreno, al dibujar a las personas de esta obra que no tienen noción del deber ser kantiano.

En el epílogo de la novela, describe Marvel las noticias que recibía del cambio que se estaba generando en la ciudad de Barranquilla con la llegada de los “marimberos” o traficantes de drogas;  reconoce que los laberintos de la vida contienen enigmas sin descifrar, que  el amor no se encuentra en la promiscuidad, ni el erotismo en la droga, que hay que ser humilde, reconciliarse o armonizarse con la vida.

Los tiempos cambian,  producen nostalgia, más cuando ella manifiesta:

Nuestras casas desaparecieron por la misma época en que llegaron los marimberos, hombres del desierto de la Guajira enriquecidos con el tráfico de la marihuana y de la cocaína. (Pág.282).

Con la desaparición de esas casas se partió también el alma en una gran parte de la ciudad de Barranquilla guardada en las memorias de unos libros, aún cuando, en medio de su crecimiento moderno, se conservan esas mansiones no demolidas y espacios por su valor histórico.

Las mujeres, igual a la metrópolis en que se ha convertido la ciudad que todavía  mantiene su propia cultura en el contexto nacional, tratan de aferrarse a sus tradiciones, no obstante haber cambiado bajo las influencias de la postmodernidad y, las niñas en París, salen con los hijos de los marimberos:

Los acompañan las nuevas muchachas de Barranquilla, ya liberadas y un poco indulgentes al dirigirse a mí porque sabían vagamente que alguna vez escribí un libro denunciando la opresión que sufrían sus madres (Pág.282).

“Vagamente”, por tanto podrían  ser noticias recibidas por esas niñas mediante rumores; ese interés de la nueva generación connota el deseo de conocer más sobre la historia de ese mundo desconocido para ellas,  de ese pasado  que se diferencia del presente en que la mujer, sufriendo todavía de discriminación y falta de reconocimiento, se entrega al trabajo como obrera,  empresaria, intelectual,  ama de casa, política y líder con mayor conciencia sobre sus derechos.

Este es un tiempo agitado, de conciertos tumultuosos de reclamaciones y protestas que están poniendo los cimientos para cambios posteriores; se están preparando las mujeres, con derecho propio, como lo soñó Marvel, para al lado de los hombres, sentar sus protestas contra el neoliberalismo, la desigualdad, y la construcción de una nueva humanidad.

Marvel hace un llamado a hombres y mujeres para que no se vuelvan a perturbar los derechos de la mujer, porque de ahora en adelante, ella irá por la vida al lado del hombre, como lo dijo Rigoberta Manchú, reclamando lo justo para él y para ella.

El título produce un sentimiento de identificación y de nostalgia para con la memoria de la autora que evoca la época de las brisas frescas, agradables, a veces suaves, que comienzan a llegar desde diciembre a la ciudad de Barranquilla, duran varios meses, para después dar paso al calor a veces sofocante. Las brisas son movimientos sentidos y nunca visibles, son fluidas como lo es la novela a pesar de su densidad; sin embargo, en el contenido, no brindan los sentidos profundos y refrescantes para los cuales debiera existir la humanidad. El sentido de este título es que  el ser humano haga su entrada en esa idealidad que fluye agradable como la brisa que  penetra en el más mínimo espacio, aquí como símbolo de la conciencia.

El tiempo de la novela es largo, muchas cosas suceden, tomando como apoyo  la infancia de Doña Eulalia, la formación de su hija Dora, mayor que Lina, su vida como mujer casada, y el final de su esposo.

El lenguaje es coloquial, de fácil comprensión en unos párrafos larguísimos, que,  no obstante, no producen confusión. La novela,  en cada uno de sus tres libros, crea nuevos personajes que representan los temperamentos comunes de esa sociedad monótona, plana, que no persigue un orden intelectual, no obstante disponer de buenas bibliotecas que se encuentran solitarias con  libros cubiertos de polvo, en  residencias que languidecen en medio de la carencia de una  vida tranquila y artística; el arte no lo comprenden. Tan solitarias como son las bibliotecas por su abandono, así de solitaria es la mujer, no obstante sus grandes riquezas materiales.

Marvel en esta obra que pertenece netamente al Caribe en lenguaje, franqueza e idiosincrasia, ha dibujado un mundo poco religioso que es otra característica del   ser caribeño. En esta novela los sacerdotes no tienen representación como seres activos y orientadores de grupos sociales, como  en  Cien años de soledad, Un hombre muy viejo con unas alas enormes, y los Funerales de la Mamá Grande, de García Márquez,  entre otras.

Los personajes pertenecen a un círculo social de inmensas fortunas, pero los herederos no poseen la voluntad de seguir construyendo sobre las posesiones heredadas, y esto es netamente caribeño, donde predomina la voluntad de  disfrutar de la vida porque “siempre se muere uno”, que   configura la esencia mágica, poco entendible del  ser del Caribe para quienes no hayan vivido su cultura, donde “la muerte siempre se encuentra detrás de la oreja” y, “al morir no se lleva nada, por eso hay que gozar y se goza”;  muchas veces se conforma con poco, porque  lo importante es disfrutar lo máximo de la  vida a través del canto, la música y el baile. Sin embargo, en esta novela, los hombres son los que creen o se imaginan que gozan y no las mujeres, algo tan peculiar y extraño de la clase social de la novela, en un pasado que no es posible que se vuelva a presentar por la nueva conciencia que ha adquirido la mujer, inclusive unos hombres que  reconocen su dignidad.

Lo pintado en esta novela, como en toda obra artística, tiene una expresión que es la rebeldía de Marvel. Allí quedan las huellas de su pensamiento y actitud ante la vida discriminada de las mujeres.  Mediante esta obra, cuestionó unos actos de injusticia en contra de la dignidad femenina. Peculiarmente es significativo lo que ha dibujado, porque por méritos y por experiencias propias, describió un problema de la modernidad, no totalmente solucionado, acerca de la diferencia entre los derechos del hombre y la muje, sobre todo de la mujer despojada de  ser  sujeto de su conciencia en el existencialismo y el nihilismo.

En diciembre llegaban las brisas es un libro que hace que no mueran nuestros sueños de otra sociedad, de otra humanidad, del ser humano en su inmanencia, en su ser como construcción propia, como persona, en su ser él/ella mismo(a) y ser, a la vez, elaboración de “todo”: este todo que se presenta también en el cambio que se genera en cada nueva generación.

BIBLIOGRAFÍA:

―DE AGUIAR SILVA, Vitor Manuel. Teoría de la Literatura. Madrid, Gredos, l984.
―FOURIER, Jacques. “La personalidad de Marvel Moreno”. En: Actas del Coloquio Internacional. Toulouse, 3-5 de Abril de l997.
―MULLER, Herbert. Modern Fiction: A study of values. Funk & Wagnall Co., First McGraw-Hill Paperback Edition, l967.
―POSADA GIRALDO, CONSUELO, "Marvel Moreno y las mujeres del Caribe". En: Revista Universidad de Antioquia, No.253.
―The Works of Oscar Wilde, Reprinted 1977, Spring Books, London.
―THOMAS, Florence. La mujer tiene la palabra. Editora Aguilar, Colombia, 2001.
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©   Silvia Boekhoudt de Marenco

LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN:  0124 - 9282

Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen VI – Número 21
Abril-Mayo-Junio 2005

DEPARTAMENTO DE IDIOMAS
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
Barranquilla - Colombia

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VOLUMEN VI - NÚMERO 21