Sexo y erotismo
en cuatro cuentos de Juan Rulfo

Elvira Urquijo De Moya
elvirajohanna@yahoo.com
Geisel Coronado Hernández
Licenciadas en Lenguas Modernas
Universidad del Atlántico

















Introducción

En las obras y cuentos de Juan Rulfo, dado que se trata de un mundo agrario, regido por concepciones premodernas, el narrador trata de explicar su realidad utilizando los sentidos más que la razón, creando así una imagen casi fotográfica, tal como lo comenta José Carlos González Boixo en su trabajo:

“Dado que el narrador más frecuente es el de la primera persona (y el de tercera en la mayoría de los casos se asimila al de la primera, según ya se ha explicado), cuando describe su entorno o narra un suceso, va a utilizar aquellos elementos que están a su alcance; si tenemos en cuenta que la mayoría de estos narradores son hombres del pueblo, lo normal es que su lenguaje se caracterice por querer reflejar la realidad a través de los sentidos, que es el medio natural del que disponen para percibirla y expresarla. [...] Rulfo describe cargando a las palabras de plasticidad, de forma que el lector tiene la sensación de que está contemplando la escena”. (1983: 266-267)

Al respecto, en el cuento “Es que somos muy pobres” (SMP), se puede observar que el narrador describe las situaciones como las está viviendo, tratando de no omitir detalles y creando de esta forma una imagen visual en la mente del lector. Por ejemplo, cuando la lluvia acaba con la cosecha, leemos:

“A mi papá eso le dio coraje, porque toda la cosecha de cebada estaba asoleándose en el solar. Y el aguacero llegó de repente, en grandes olas de agua, sin darnos tiempo ni siquiera de esconder aunque fuera un manojo; lo único que pudimos hacer, todos los de mi casa, fue estarnos arrimados debajo del tejabán, viendo cómo el agua fría que caía del cielo quemaba aquella cebada amarilla tan recién cortada”. (SMP: 153)

Del mismo, modo, los lectores obtenemos una imagen visual con sus colores, formas y volúmenes, cuando el narrador descubre a sus hermanas haciendo el amor en el patio de la propia casa:

“Iban cada rato por agua al río y a veces, cuando uno menos se lo esperaba, allí estaban en el corral revolcándose en el suelo, todas encueradas y cada una con un hombre trepado encima”. (SMP: 156)

Pero, en esta última descripción, valdría la pena detenerse, porque a diferencia de la anterior, es una situación que implica cierto erotismo. Citando a Enrique Salgado,

“El objetivo erótico penetra en nosotros y nos seduce a través de los sentidos. [...] Toda sensación, incluso la más simple, representa un hecho de conciencia y es así como captamos o sentimos el mundo, lo cual viene a ser lo mismo”. (1972: 79)

Es decir, los sentidos, además de expresar una realidad, como lo comenta González Boixo, también cumplen un papel muy importante en el desarrollo de los impulsos eróticos, como afirma Salgado. En efecto, en la mirada que percibe la escena de las hermanas desnudas en el patio, teniendo relaciones sexuales con sus amantes ocasionales, y en la voz que enuncia lo observado, subyace un tono que erotiza todos los elementos de la descripción. El hermano resulta ser no solamente un observador sino que él mismo encuentra cierto placer en la comunicación que hace del hecho. De allí que al contar con tanta pasión narrativa las acciones de sus hermanas, el narrador se sienta involucrado en la experiencia erótica, generando, por supuesto, una latencia incestuosa, como ya tuvimos oportunidad de plantearlo.

“Todos los sentidos concurren, en los individuos normales a la seducción sexual y a la satisfacción de la libido, es decir, de la fuerza o energía con que se manifiesta el instinto sexual”. (1972: 80)

Esta cita de Salgado nos sirve para mostrar claramente la posición del narrador, quien utiliza los cinco sentidos para manifestar sus instintos abiertos a los ofrecimientos del mundo, por encima de los preceptos morales y religiosos que la madre ha podido introducir en la mente del joven narrador.

1. Miradas que desnudan

En primer lugar, la vista es el sentido que una persona utiliza con más frecuencia para fijar la atención. “Sobre todo porque el ojo es el principal órgano receptor en el binomio belleza-erotismo”. (1972: 92) A su vez, González Boixo dice que “al hablar de sentidos, estamos hablando de imágenes. Y una de las formas más típicas como se presentan es por medio de comparaciones”. (1983: 268)

En el siguiente fragmento de SMP, al describir a su hermana Tacha, el narrador deja ver el sentido de su propia mirada, cumpliéndose así los argumentos de los dos autores mencionados:

“La peligrosa es la que queda aquí, la Tacha, que va como palo de ocote crece y crece y que ya tiene unos comienzos de senos que prometen ser como los de sus hermanas: puntiagudos y altos y medio alborotados para llamar la atención”. (SMP: 157)

En esta descripción, el narrador utiliza el sentido de la vista, al comentar y modalizar la forma de los senos de su hermana, pero al mismo tiempo compara  el crecimiento de la niña con el palo de ocote. Indiscutiblemente, es al hermano-narrador al que atraen los senos de Tacha: “puntiagudos y altos y medio alborotados para llamar la atención”.

Más adelante, se observa otra descripción donde nuevamente predomina el sentido de la vista, pero en esta ocasión, se menciona el color del vestido que lleva puesto Tacha:

“Está aquí, a mi lado, con su vestido color rosa, mirando el río desde la barranca y sin dejar de llorar. Por su cara corren chorretes de agua sucia como si el río se hubiera metido dentro de ella”. (SMP: 157)

Sumado a lo anterior, cabe resaltar la importancia que tienen los colores dentro del aspecto erótico,  teniendo en cuenta la categoría a la cual pertenecen éstos dentro del deseo sexual. Salgado, en su certero ensayo, dice lo siguiente:

“El efecto erotizante del color fue captado en seguida. Desde tiempos muy antiguos, las hetairas de todos los países acostumbraban a pintarse los labios, las uñas y los cabellos con el primordial objeto de atraer a los hombres. [...] Los denominados colores castos ―el azul, el rosa, el blanco― también seducen. Unas veces exaltan la ternura, el amor; otras, el sexo”. (1972: 94-95)

En este caso, el color rosa influye en la conducta erótica del muchacho para con su hermana.

En cuanto a “Talpa” (T), la mirada erótica se muestra cuando el narrador, en una forma muy sensual, describe las piernas de Natalia, esposa de su hermano Tanilo: “[...] sus piernas redondas, duras y calientes como piedras al sol del mediodía [...]”. (T: 179) En “Macario”, también encontramos la descripción que hace el joven retardado de los senos de Felipa, relacionándolos sobre todo con la leche dulce que sale de ellos: “La leche de Felipa es dulce como las flores del obelisco. [...] Ahora ya hace mucho que no me da a chupar de los bultos esos que ella tiene donde tenemos solamente las costillas, y de donde le sale, sabiendo sacarla, una leche mejor que la que nos da mi madrina en el almuerzo de los domingos...”.

Y a su vez, en “Anacleto Morones” (AM), Lucas Lucatero parece estar fijándose  en los senos de las congregantes cuando lanza la siguiente expresión malintencionada, al sugerir que aquellas mujeres están calientes, es decir, deseosas de amor sexual: “Allí en el seno se pueden empollar [los huevos de gallina que él les ha regalado], mejor déjenlos afuera”, con lo que crea cierta expectativa en relación con lo que ellas esperan de Lucas Lucatero, que les dé amor, con la excusa de que es el reemplazo del “Santo Niño Anacleto”, guía espiritual de las congregantes. Ciertamente, para que estas miradas desnuden, como hemos titulado este aparte, deben estar ligadas al cuerpo humano.

2. El cuerpo del deseo

La capacidad que posee el ser humano para tocar, sentir y acariciar cada una de las partes de cuerpo, determina el tipo de reacciones sexuales en el otro, experimentándose, si la respuesta es bidireccional, un placer que conlleva al deseo mutuo de poseerse. Enrique Salgado, citando a Champfort, dice que “el amor consiste en el intercambio de dos fantasías y el contacto de dos epidermis”. (1972: 87) Y por otra parte, citando a Montaigne, comenta que “es muy triste para la dignidad del hombre la necesidad que tiene de la presencia física de la persona amada” (87). Estos dos enunciados se complementan para reiterar la importancia que cumple el sentido del tacto en las relaciones de los seres humanos.

Aunque en los cuentos de Rulfo  no se habla precisamente del amor, se tiene en cuenta el tacto como un sentido que conlleva a la excitación erógena de los personajes. En el cuento “Talpa”, el uso de este sentido y la manifestación de sensaciones térmicas son muy frecuentes en las relaciones de Natalia con su cuñado, el narrador:

“Y la carne de Natalia, la esposa de mi hermano Tanilo, se calentaba enseguida con el calor de la tierra. Luego aquellos dos calores quemaban y lo hacían a uno despertar de su sueño. Entonces mis manos iban detrás de ella; iban y venían por encima de ese como rescoldo que era ella; primero suavemente, pero después la apretaban como si quisieran exprimirle la sangre. Así una y otra vez, noche tras noche, hasta que llegaba la madrugada y el viento frío apagaba la lumbre de nuestros cuerpos”. (énfasis agregado, T: 180) 

En “Macario” (M), el tacto va acompañado de un toque de inocencia por parte del personaje, lo contrario de Felipa, que utiliza las caricias para su excitación erógena. “Pero viene Felipa y me espanta mis miedos. Me hace cosquillas con sus manos como ella sabe hacerlo” (M: 191). En SMP, cuando el hermano abraza a Tacha para intentar consolarla, el sentido del tacto se pone de manifiesto, pues como dice Salgado, “la tactilidad cutánea determina reacciones sexuales más fuertes que los demás órganos sensoriales” (1972: 87)  “Yo la abrazo tratando de consolarla [...]. De su boca sale un ruido semejante al que se arrastra por las orillas del río, que la hace temblar y sacudirse todita”. (SMP: 157) Finalmente, en “Anacleto Morones”, el recuerdo que mantiene  Lucas, de la que fue su novia, se basa en una descripción táctil que para él representa placer:

“―Nieves... Nieves. Cómo no me voy acordar de ti. Si eres de lo que no se olvida... Eras suavecita. Me acuerdo. Te siento todavía aquí en mis brazos. Suavecita. Blanda [...] Y te arrejuntabas mucho conmigo. Te repegabas tanto que casi te sentía metida en mis huesos. Me acuerdo”. (AM: 280)

El tacto será por excelencia uno de los órganos más influyentes al momento de la excitación erógena. El sentir la piel y el calor corporal de la otra persona, lleva a pensar que estamos formando parte de ésta.

3. Sonidos excitantes y olores que matan

A decir verdad, los sentidos del oído y el olfato no se manifiestan tanto en la narrativa rulfiana. Sin embargo, en algunos pasajes no pasan desapercibidos estos sentidos, determinando también el desarrollo erótico.

Por ejemplo, en SMP y “Anacleto Morones”, el sentido del oído cumple una función clave. En SMP, el sonido que emite la hermana del narrador es motivo para que éste fije la mirada en sus pechos que aceleran sus movimientos de perdición al compás de los sollozos. “De su boca sale un ruido semejante al que se arrastra por las orillas del río, que la hace temblar y sacudirse todita” (SMP: 157). En “Anacleto Morones”, por su parte, el sonido que producen los huesos de las amantes de Anacleto Morones es motivo para que la excitación del santero fuera en crescendo. “ A él le gustaban tiernas; que se les quebraran los huesitos; oír que tronaran como si fueran cáscaras de cacahuate”. (AM: 286)

El olfato es el otro sentido también mostrado por Rulfo. No obstante la parquedad de sus manifestaciones, en algunos apartes se hace énfasis en él. Nuevamente en “Anacleto Morones”, Lucas Lucatero recuerda a Nieves por el olor de su ropa. Inmediatamente él tiene contacto con ese olor, rápidamente llegará a su mente el recuerdo de ella. “El olor del vestido con que salías a verme olía a alcanfor”. (AM: 280) Y desde un punto de vista negativo, está, en “Talpa”, el hedor a muerte que brotaba de las llagas de Tanilo Santos.

4. Los sabores de la hiel y la miel

Según Enrique Salgado, el sentido del gusto “Sólo tiene importancia sexual en algunos pervertidos”. (1972: 80) Los personajes de Rulfo, en ciertas ocasiones, acuden a este sentido para mostrar excitación o placer.

El hermano de Tacha,  en SMP, lanza la siguiente expresión: “el sabor a podrido que viene de allá salpica la cara mojada de Tacha y los pechitos de ella se mueven de arriba abajo sin parar”. (SMP: 157) La expresión “el sabor a podrido” puede referirse a la perdición moral que amenaza a Tacha, la posibilidad de convertirse en piruja (prostituta), como sus hermanas mayores, por la pérdida de la vaca “Serpentina”.

Por otra parte, en su inocencia de retardado, Macario compara el sabor de la leche de Felipa con el néctar de unas flores: “La leche de Felipa es dulce como las flores del obelisco. Yo he bebido leche de chiva y también de puerca recién parida; pero  no, no es igual de buena que la leche de Felipa”.

El gusto no es mostrado, como argumenta Salgado, de una forma pervertida; por el contrario, el gusto suele cumplir, en los dos ejemplos vistos, la función de un anuncio agorero o peligroso (el triste destino de Tacha, en el sabor a podrido del agua del río), por un lado, y por otro, una función comparativa (leche de Felipa y flor del obelisco, igualadas por su dulzura no equiparable al sabor de la leche de chiva o de puerca recién parida).

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Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen VI – Número 21
Abril-Mayo-Junio 2005

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