Historia de Julio
Alberto Chispa
Mierda, las nueve y media, otra vez se ha quedado dormido. La ducha rápida, el desayuno frugal. Coge cartera, llaves y móvil. Abre la puerta, baja corriendo, se encuentra con el portero en el hall de entrada:
―Buenos días.
―¡Buenos días! ¡Parece que otra vez se quedó dormido, eh, eh!
―Parece... ―dice Julio y pone la llave en la puerta que da a la calle―. Parece...
Media vuelta: la puerta cede, se abre, dejándolo pasar. En el preciso momento en que Julio siente que se vuelve a cerrar, su mente queda en blanco. Mira a un lado y al otro, sin reconocer dónde está ni quién es. En su mano derecha, un maletín; en la izquierda, unas llaves. Alza la vista, encontrándose con el número y el nombre de la calle, y nada: su mente no le da ninguna orden.
Desconfiado, asoma la cabeza, luego el torso y, por fin, se decide a bajar el escalón que separa esa irreconocible entrada de la calle vacía, sin saber hacia donde tiene que ir. Ciento treinta y cuatro pasos y llega a una avenida: un semáforo y la gente que lo empuja, lo mira con desconfianza, murmurando vaya uno a saber qué cosa. Un paso más y la multitud lo lleva hacia el otro lado de la calle: ciento treinta, ciento cuarenta, se pierde en el conteo de los pasos. Se para en la esquina de enfrente; no espera a que el semáforo esté en rojo y corre, cruza con un ímpetu casi irreconocible y vuelve a cruzar la avenida, parándose en el lugar: ciento treinta y cuatro. Respira hondo. Una leve sonrisa se dibuja en su cara, los ojos atentos, las miradas que lo traspasan y él que no sabe qué es lo que hace ahí, ni de dónde viene ni a dónde va. ¡Vaya culo tiene ésa! Otra vez el semáforo en rojo: ciento treinta y cinco, ciento treinta y seis y sigue la cuenta hasta que, con orgullo, da el último paso que lo dejará por fin en la acera de enfrente: ciento cincuenta y dos y la cuenta está perfecta, no hay error. Mira hacia adelante y, sin pensarlo, comienza a caminar: ciento cincuenta y tres, ciento cincuenta y cuatro, y sigue; pasa por una farmacia: ciento ochenta y siete, un hombre lo saluda. Julio, que no sabe quién es, lo mira sin decir una palabra.
―¡Ey! ¿Cómo anda esa herida?
―Bien ―dice sin saber de qué le habla―. ¡Qué herida?
―¡Nos vemos, jefe! ―y desaparece.
La gente sigue pasando a su lado, y él, sin rumbo, sin memoria y sin saber quién es. Casas viejas, edificios semi-nuevos, negocios, esquinas olvidadas, gente que lo mira, manos que se mueven en algo parecido al saludo, alguien que espera, bocas que gesticulan, miradas perdidas, y Julio, que no sabe qué hace parado enfrente de esa ferretería.
―Señor, disculpe pero... ¿como sabe lo de "mi herida"?
El hombre que lo mira, frunce el entrecejo, una duda pasa como un fantasma por sus ojos, y le dice:
―¡Me pidió un bote de yodo! ¿Supongo que para algún golpe, no? ―Julio levanta la cabeza mirándolo desde su nariz―. ―Si no lo sabe usted...
¿Yodo?, ¿Qué yodo? ¿Para qué golpe? ¿Y por qué? Sin saber por qué, vuelve sobre sus pasos: ciento setenta y cuatro, ciento setenta y tres, y así hasta el ciento cincuenta y dos. De nuevo el semáforo. Los autos pasan: marrones, verdes, azules, blancos. Una mujer, que se para a su lado, lo mira y le sonríe, vaya, vaya...
―Vaya, vaya... Amarillo, rojo. Los coches frenan, el dibujo ilumina a un señor con sombrero, caminando, y verde. Ciento treinta y cinco, ciento treinta y cuatro, y llega. No le queda otra que descubrir el motivo por el que un hombre dice que en el día de ayer, él compró yodo. Mira hacia adelante, toma aire y el conteo sigue bajando: cuarenta y cinco, cuarenta y cuatro, y cada vez falta menos. Un cartel: "Se liberan móviles". ¿Y a ti, eh? ¿Quién te libera a ti, eh? Cuatro, tres, dos, uno.
Un escalón y el portero que lo mira:
―¿Se olvidó algo?― pregunta.
―No sé.
Busca una llave. Tiene que ser ésta. Media vuelta: la puerta cede y se abre, dejándolo pasar. Se cierra detrás de él. Mira el hall de entrada: las nueve y veinticinco. Parece que hoy voy a llegar más tarde que nunca, piensa mientras sube las escaleras.
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© Alberto Chispa
LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN: 0124 - 9282
Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen VI – Número 21
Abril-Mayo-Junio 2005
SUPLEMENTO LITERARIO CARIBANÍA
ISSN: 0124 - 9290
DEPARTAMENTO DE IDIOMAS
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
Barranquilla - Colombia
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