Mico-cuentos
Roberto Meré
Galveston College, Texas - USA
Recomendamos a los lectores, ver la definición que del mini-cuento,
Coyolxauhqui
Cuenta la mitología mexica que cuando Coatlicue (la de la falda de serpientes) estaba barriendo encontró una bolita de plumas que puso en su pecho, y que de esa acción resulto embarazada, lo cual molestó de tal manera a Coyolxauhqui (la luna, la de campanas doradas) y a sus 400 hermanos (las estrellas) que decidieron matar a su madre, Coatlicue, y al hijo por nacer, quien sería Huitzilopochtli. Éste nació adulto y con armas; atacó a las estrellas y a la luna. A esta última la desmembró.
Coyolxauhqui no murió porque ella es una diosa, pero por ahí anda cargando sus piernas, brazos y cabeza tratando de que Huitzilopotchli muera. Como él se alimenta de sangre y corazones humanos, Coyolxauhqui ha tratado de evitar que los hijos del sol le ofrezcan alimento, pero con tan mala suerte que Huitzilopochtli ha tenido muchísima comida a lo largo de la historia. Primero, la conquista le proporcionó un increíble atracón de sangre: millones de corazones mexicanos. La colonia con las grandes epidemias y la Santa Inquisición mantuvieron perfectamente al dios. En la época de independencia, las revueltas cada tres días le dieron suficiente sangre, y ni se mencione la Revolución de 1910, que fue otro atracón de más de un millón de corazones. Más recientemente, ya sabemos, el PRI y su guerra sucia, la policía judicial, las muertas de Juárez, la inagotable crisis económica, los secuestros de los mocha gente, los asaltos nuestros de cada día y demás, han mantenido muy saludable y bien comido a nuestro Dios tutelar.
El ángel
Juan estaba dando los últimos hachazos al gigantesco árbol de caoba cuando se apareció el ángel exterminador y le dijo:
─Hola, Juan, he venido por ti, porque no importa dónde te pongas, el árbol va a caer y matarte. Juan le dijo que eso no era justo porque tenía en casa ocho bocas que alimentar y no podía morir.
─Lo siento, es mi trabajo, repuso el ángel. A lo que Juan inquirió:
─¿No te da vergüenza matar a tantos inocentes? Mira lo que has hecho en Egipto. Has matado a todos los bebés. Y durante la Edad Media, tantas plagas. ¿Y de las guerras qué me dices? Hasta a 6 millones de judíos en campos de exterminio. Eres abominable y no un ángel como aparentas.
─No puedo dejar de hacerlo, a menos que deje de ser un ángel.
─Yo tengo la solución ─dijo Juan─, te corto las alas con mi hacha, y listo.
Juan tomó el hacha, y de un par de golpes las alas volaron. El ángel murió desangrado. Desde ese momento nadie ha muerto en la tierra, y ¡carajo! ya no cabemos en este planeta.
Sepuco
Himiochi había desafiado al Shogún, y había perdido. No tenía ninguna alternativa honorable distinta a la de suicidarse ceremonialmente: el harakiri o sepuco. Sabía que el ejecutante tenía que sentarse sobre las rodillas y cortarse el vientre en dos grandes tajos, uno de lado a lado y el otro de abajo hacia arriba. Después el ayudante, quien debía tener una “catana” o espada larga, cortaba de un golpe la cabeza del suicida.
Himiochi se preparó con el sable corto ceremonial. El primer corte partió en dos un riñón, todos los intestinos, y perforó el otro riñón. El segundo cortó el páncreas y el estómago. A causa del dolor, Himiochi dobló el sable hacia su derecha, y cortó el hígado en dos. Luego se dobló esperando en el cuello el golpe de espada que no llegaba, por lo que volvió la cara y comprobó que su ayudante había salido corriendo dejándolo solo.
Himiochi se preguntó: ─¿Y ahora cómo hago para morirme?
Sin ruido
Por el portón de la noche entró el silencio. Como todos los silencios, lo hizo quedito, quedito, sin hacer ruido. Con el silencio entró el miedo, que asustó tanto a la noche que la hizo salir corriendo dando tal portazo que mató al silencio, y solo quedó la oscuridad de la noche, ya sin ella.
En la terminal
Esperando el autobús la vi; tosía de tal manera que parecía que se iba a ahogar, por lo que le pregunté qué le pasaba. Ella me dijo que iba a morir y que necesitaba a alguien que le diera su vida a cambio de la de ella. "Pobre loca, le voy a dar por su lado", pensé. Así que le pregunté:
─¿Cómo se hace para cambiar una vida por la otra?
Ella contestó que bastaba decir que sí, por lo que se lo dije, y ella empezó a saltar y a gritar de alegría. Salió corriendo, y yo me sentí bien por ayudar a una demente, pero ahora no sé qué hacer con esta maldita tos que no me deja ni respirar.
Fábula
─¡Hola hermano! ¿Cómo te va?
─Bien, pero con una hambre espantosa.
─Te invito a comer a un restaurante griego en donde sirven comida fresca y riquísima. La especialidad son vísceras. Tienen hígado, menudo o mondongo, como tú lo llames, tripitas, etc... todo delicioso. A mí me encanta desayunar huevos griegos: un manjar.
─¿Cómo se llama ese restaurante?
─Es “El Prometeo.”
─Hombre, no se hable más. ¡Vamos!
Uniendo la acción a la palabra, los dos buitres emprendieron el vuelo.
La barca
─Perdone señor, pero estoy perdido. No sé dónde me encuentro, ni cómo salir de este bosque. No se qué pasa conmigo. Estoy muy confundido. ¿Me puede ayudar?
─¡Claro amigo! No se preocupe. Yo lo llevo adonde está la gente. Suba a mi barca que yo lo voy a ayudar a cruzar la laguna, y va a ver qué pronto estará en casa.
─¡Muchas gracias, amable anciano! No sé cómo pagarle. Pero ¿Cómo se llama?
─Karonte.
Azul profundo
El sonido de sus voces y risas cruzaban el bosque. Risas de mujeres jóvenes. Llegué a través de los pinos hasta el lago que está entre estas montañas, siempre coronadas de nieve, y desde el acantilado las vi.
Nadaban las tres en las aguas de color azul oscuro, riendo y jugando; la más rubia me vio y me invitó:
—Hey, come to swim with us!
Me quité la ropa que cubría mi traje de baño, y desde la piedra más alta me impulsé para clavarme en las frías aguas. De golpe, vi el letrero, al cual no le había prestado atención por ver a las bañistas: “Danger: hidden rocks.”
Fue como un trueno. Recorrió todo mi cuerpo: el sonido de mis vértebras.Un sonido como el de un pedazo de madera que se rompe, y luego la imposibilidad de moverme.
Floto boca abajo y me pregunto qué carajos hacen ellas aquí, tan lejos, y sigo oyendo sus risas, y ahí en lo profundo, alcanzo a ver la cola de pescado de la rubia...
Paseo
Me habló cuando yo caminaba por la playa, me dijo todo lo que sabía, y todo lo que existe me lo enseñó, lo que hay antes y después de este mundo, de todo el universo, y todo lo que ha pasado y pasará. Él se jubiló y me dejó la chamba. Es de lo más aburrida, todo ya está decidido, siempre lo estuvo. Ahora, Él camina todo el tiempo por la playa. Lo pueden ustedes reconocer, porque siempre lo sigue un perrito orejón, blanco, con una mancha negra en el lomo. El perrito se llama Lucifer.
_________________________________________
© Roberto Meré
LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN: 0124 - 9282
Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen VI – Número 21
Abril-Mayo-Junio 2005
SUPLEMENTO LITERARIO CARIBANÍA
ISSN: 0124 - 9290
DEPARTAMENTO DE IDIOMAS
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
Barranquilla - Colombia
El URL de este documento es:
http://casadeasterion.homestead.com/v6n21mico.html