“El acercamiento a Almotásim”
y la identidad de Dios
                                                                               
Iris Estela Longo Bosch
ielong@hotmail.com

    Entre los temas-clave que incluye “El acercamiento a Almotásim” [1] —el cuento de Ficciones que antes fue un ensayo en Historia de la Eternidad—, registramos el de la búsqueda de la identidad de Dios, una de la mayores obsesiones en la literatura de Borges. El pensamiento de Pascal, Dante, Fitzgerald, Wells, Wilkins, subyace en la pasión con que abordó la fascinante y ardua problemática. Y es conocida la atracción que nuestro escritor sentía por La Divina Comedia. Amén de las apelaciones a la creación del poeta florentino en no pocos pasajes de su propia obra, cabe rescatar las conferencias que pronunció en 1977 en el teatro Coliseo de Buenos Aires, y que con el título de Siete Noches se publicaron en 1980. Una de estas conferencias se llamó precisamente “La Divina Comedia”, y en ella Borges evocó su inicial encuentro con el poema, leído durante los viajes en tranvía que en un tiempo debió realizar desde su domicilio hasta su empleo en una distante biblioteca. De esta lectura derivan también los Nueve Ensayos Dantescos.

    Durante la indagación acerca de las raíces del tema citado, resultó oportuno revisar las aproximaciones a la Comedia que abarcan tales ensayos, algunas de las cuales fueron glosadas por José Isaacson en la Addenda de su libro Borges entre los nombres y el NOMBRE. [2] Nos interesa sumar un aspecto que a nuestro criterio no ha sido objeto de mayores exégesis: la doble coincidencia implícita en el final de un relato incluido en "El acercamiento a Almotásim"  y la conclusión del Canto XXXIII del Paraíso de la Comedia: la primera atañe al plano argumental, y consiste en la semejanza entre la frustración del acceso del estudiante de Bombay a la identidad de Almotásim —supuestamente el Ser Supremo—, y la imposibilidad de Dante  de conocer, al cabo de su peregrinaje, la identidad de Dios; a la segunda analogía la ubicamos en la súbita clausura de los dos textos ante la magnitud de la empresa.

    Ni Dante ni Borges se arriesgan a describir a Dios: cuando Borges da término al relato de la ficticia novela del ficticio abogado Mir Bahadur Alí, decide detenerse ante el misterio de lo arcano mediante un escueto cierre: “El estudiante recorre la cortina y avanza. En ese punto la novela concluye”. En Dante el desenlace se hace desear, los versos últimos abundan en alusiones a lo irrealizable de la contemplación. Los dos autores mencionan un “resplandor” o “fulgor” detrás del cual habita lo ignoto:

    “...Al cabo de los años, el estudiante llega a una galería en cuyo fondo hay una puerta y una estera barata con muchas cuentas y atrás un resplandor”, dice Borges, y sus palabras nos remiten una y otra vez a los versos con que concluye "El Paraíso" y también  la Comedia, el punto en que el protagonista aspira a ver cómo el ser divino se conjunta con la humanidad:

                Veder voleva come si convenne
                L´imago al cerchio, e come vi s´indova;
                Ma non éran da ciò le pròprie penne;
                Se non che la mia mente fu percòssa
                Da un fulgore, in che sua vòglia venne.
                All´alta fantasia qui mancò pòssa;
                Ma già volgeva il mio disìro e il vèlle,
                Si come ròta ch´egualmente è mòssa,
                L´Amor che muòve il Sole e l´altre stelle. [3]

    (“...ver yo quería cómo se convino/ la efigie al cerco, y cómo en él se graba;/ mas no hallaron mis alas el camino;/ sino que percudida fue mi mente/ de un fulgor que a llenar su gusto vino.-/...Aquí mi alta invención fue ya impotente;/ y cual rueda que gira en vueltas bellas,/ el mío y su querer movió igualmente/ el Amor que al sol mueve y las estrellas). [4]

    Con ejemplar prudencia se maneja Borges frente al cometido de representar a la Divinidad. Ya en El Hacedor lamentaba que los hombres hubieran perdido “una cara irrecuperable": “... todos querían ser aquel peregrino (soñado en el empíreo, bajo la Rosa) que en Roma vio el sudario de la Verónica y murmuró: Jesucristo, Dios mío, Dios verdadero, ¿así era, pues, tu cara?” [5] Recuerda que Pablo la vio como una luz, y esta luz lo derribó; Juan, como el sol en su total esplendor; Teresa de Jesús la contempló bañada en luz tranquila, pero jamás pudo precisar el color de sus ojos.

    El estudiante que en "El acercamiento a Almotásim" resuelve dedicar su vida a la búsqueda del Ser del cual procede la imprevista ternura descubierta en un hombre aborrecible —porque intuye que éste ha reflejado a un amigo, o amigo de un amigo, o a Alguien de quien proviene esa claridad misteriosa—, no obtiene, al cabo de su aventura cíclica en el Indostán, el resultado que apetece. ¿Tal vez porque ese Alguien es reflejo de otro Alguien superior, y así infinitamente, como en la idea que Borges expone bellamente en su soneto “Ajedrez”?

   A pesar de que él niega “excesivos” contactos entre "El acercamiento a Almotásim", del apócrifo Mir Bahadur Alí, y el "Coloquio de los pájaros", del místico persa Muhammad ibu Ibraim (Attar), y califica de alegórica a la segunda versión de la novela, de 1934 (Almotásim como emblema de Dios, y el itinerario del protagonista como un ascenso místico del alma), sospechamos que la notable extensión que dedicó al comentario del poema en el cuento, encubre su intención de enfrentar las dos propuestas  que los hombres han elegido, a través del tiempo, para aproximarse a la identidad de Dios: la de su cuento, es decir, presentarlo como un Dios individual (el de Israel y de Roma), y la de la leyenda —la epopeya de los pájaros que buscan a su rey, el Simurg, y al cabo de su travesía por mares y por valles descubren que ellos son el Simurg, y que el Simurg es todos y cada uno de ellos—; una interpretación que encierra la noción panteísta del sufismo, la cual anula la identidad individual.

   Consideramos que las dos propuestas han sido deliberadamente expuestas y entrelazadas en  la narrativa y la lírica borgesianas. Así, entre las cuatro historias que enumera en “Los cuatro ciclos”, [6] de El Oro de los Tigres (1972), incluye a ambas: la de “los treinta pájaros del persa, que cruzan montañas y mares y ven la cara de su Dios, el Simurg, que es cada uno de ellos y todos”, y la del sacrificio de un Dios, Cristo crucificado por los romanos. También en el poema “La larga busca”, de Los Conjurados (1985), cuando Borges dice que anterior al tiempo o fuera de él, hay un animal invisible, “y acaso diáfano, que los hombres buscamos y que nos busca”, postula que todos los seres lo engendran y fueron engendrados por él y  basta invertir una clepsidra para medir la eternidad. Entonces cabe la  pregunta: ¿dónde está  Dios? La hermosa y poética respuesta no se hace esperar: “Acecha en los crepúsculos de Turner, en la mirada de una mujer, en la antigua cadencia del hexámetro, en la ignorante aurora, en la luna del horizonte o de la metáfora”. [7]

NOTAS:

1. FICCIONES, 35-43.
2. ISAACSON, JOSÉ. Borges entre los nombres y el NOMBRE. El autor se refiere principalmente al momento en que Homero, Horacio, Ovidio y Lucano conducen a Dante al castillo en que habitarán para siempre, un castillo del que Dios está ausente, y donde vivirán sin esperanza, p.50
3. DANTE. La Divina Commèdia. “Paradiso”, p. 400.
4. DANTE. La Divina Comedia y La Vida Nueva. Traducción de Juan González, Conde de Cheste. “El Paraíso”, Canto XXXIII, p. 580.
5. El Hacedor, “Paradiso, XXXI, 108”, p. 39.
6. El Oro de los Tigres, p. 129-130.
7 Los Conjurados, 76.

BIBLIOGRAFÍA:

BORGES, Jorge Luis. El Hacedor. Buenos Aires, Emecé, 1960. El Oro de los Tigres. Buenos Aires, Emecé, 1972. Ficciones. Buenos Aires, 1956, p.35-43. Los Conjurados. Buenos Aires, Emecé, 1985. Nueve Ensayos Dantescos. Buenos Aires, Emecé, 1982. Siete Noches. Buenos Aires/México, 1980

ALIGHIERI, Dante. La Divina Commèdia. Milano. Ulrico Hoepli Editore, Libraio Della Real Casa, 1909. La Divina Comedia y La Vita Nova. Traducción de Juan González, Conde de Cheste. Buenos Aires, Librería y Editorial “El Ateneo”, 1952.

ISAACSON, José. Borges entre los nombres y el NOMBRE.Premio “El universo de Borges. Buenos Aires, Fundación El Libro, 1987.
_________________________________________
©  Iris Estela Longo

LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN:  0124 - 9282

Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen VI – Número 22
Julio-Agosto-Septiembre de 2005

DEPARTAMENTO DE IDIOMAS
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
Barranquilla - Colombia

El URL de este documento es:
http://casadeasterion.homestead.com/v6n22almo.html
PORTADA
VOLUMEN VI - NÚMERO 22