Alberto Salcedo Ramos,
cronista
Por Arturo Alape
La crónica por su poder de captación y acumulación de información de la más variada índole, es el género periodístico más cercano a la literatura. Su cercanía al hecho literario, en esencia, se define en el clímax definitivo de sus diversas escrituras: escrituras que descifran caracteres humanos, escrituras que aciertan en la descripción de densas atmósferas, escrituras que crean un ritmo de lectura en permanente ascenso.
En la complejidad de la crónica, se produce un puente entre una doble subjetividad: de una parte, la del personaje que se va descifrando a través de la conversación y de la capacidad de observación del autor en el proceso de conocimiento de una situación individual o colectiva y el acercamiento a sus influencias sociales, políticas e históricas.
En otro sentido, la subjetividad del autor, sensibilizado ante los asombros que producen el conocimiento del hombre, en una cercana relación con la temáticas propuestas; pasión que suscita la creatividad por descubrir las voces individuales y colectivas que deviene, como equilibrio de una atmósfera adecuada que permite contar historias y en esencia, crear personajes perdurables. El mocho, el personaje “De un hombre obligado a levantarse con el pie derecho”, es un auténtico contador de historias, un narrador que se construye así mismo como personaje, al contar sus aventuras y quizá, patéticas desventuras. Se auto-retrata con el deleite de un corrosivo humor, que le permite sobrevivir entre los escombros de la miseria humana. El lenguaje coloquial adquiere dimensiones de irrefutable capacidad narrativa. La crónica se vuelve un excelente relato, con la fuerza de un texto que al leerse se devora.
Segunda edición del libro de crónicas De un hombre obligado a levantarse con el pie derecho,
del periodista colombiano (Barranquilla, 1963) Alberto Salcedo Ramos,
publicado por Ediciones Aurora (Santafé de Bogotá, 2005).

La crónica requiere de una adecuada estructura narrativa que implemente el uso de los diversos y sucesivos tiempos narrativos, que están insertos en la historia como la niebla que huye y regresa, presencia constante como ambientación y escenario. Estructura que funciona cuando se descubre el núcleo dramático de la historia, hilo conductor de situaciones, atmósferas de palabras y referencias del adentro y del afuera de la subjetividad del personaje mismo, con todas sus máscaras. En este sentido, la crónica “El gol que costó un muerto” devela la complejidad sicológica de un hombre, que por física casualidad mete un gol, de inmediato recibe la mirada de un contrario como si se tratara del decreto natural de la pena de muerte, y en su futuros monólogos asume, la decisión de matar al otro en defensa de su propia vida. En su monólogo se persigue así mismo con la sombra de su inevitable muerte. Entonces, matará al otro no tanto por convicción sino por asumir su rol de identidad en un mundo turbio, en el cual la muerte será apenas señal de vida. Después vivirá escondido en los confines de su sombra, devorando la culpa bajo el imperio del miedo. No es la crónica de un sicario, es la crónica sobre el ambiente social de terror creado por el narcotráfico, en el cual la figura del sicario es quien anda con los ojos abiertos para acertar el disparo sobre la vida ajena, por cualquier nimia circunstancia. El hecho de matar hace crecer en el imaginario popular la dimensión desconocida del poder prepotente del señor dinero.
La crónica como aprehensión de atmósferas e interioridades, tiene pleno desarrollo con la utilización del suspenso y los rompimientos y yuxtaposición de los tiempos de la memoria. La palabra se afila en la reconstrucción del recuerdo y si el recuerdo individual hace parte de la memoria colectiva, entonces la palabra se enhebra peligrosamente en los feroces odios colectivos: la multitud habla por el individuo, éste gesticula, golpea, señala, amenaza, se siente poderoso porque está respaldado por una multitud vociferante: peligrosa en sus propósitos desaforados impulsados por una actitud frenética, incontrolada. Transmutación de órdenes fatales, gestualidades transferidas. La crónica “La humillación de Araújo” es la imagen triste de un amplio sector de hinchas del Junior, que viven la pasión del fútbol como una especie de perversión fanática. Morbosidad por el dolor ajeno, la derrota del otro, por el error del otro, la cual se aviva por la frustración individual y por la incapacidad de reconocer uno mismo sus fallos y tiende a engrandecerlos en los otros. Es el poder de la gavilla: especie de duelo personal que se mimetiza en la voz y gestualidad de la multitud. El morbo se vuelve odio, resentimiento, placer, y deleite al mismo tiempo: ese morbo que desnuda la infamia y el lado oscuro de la condición humana. Es una crónica dolorosa y delirante sobre la expresión del odio acumulado en el ser humano.
La crónica periodística está profundamente imbricada en la raíces de una realidad, que frente a nuestros ojos, vive a la espera de ser descifrada para que su piel se vuelva visible ante las peligrosas y nefastas aventuras de olvidos fortuitos o los olvidos decretados históricamente. La experiencia de lo cotidiano social tiende a desaparecer como imagen de un instante después de sucedido el hecho. La ciudad es vitrina vívida de miles de fugaces miradas que atrapan en el momento preciso el rostro de lo cotidiano: su voz, el gesto, el caminar. Alberto Salcedo Ramos es fecundo cronista de lo popular en las entrañas de su profundidad. Bucea en sus espacios como si conociese los caminos secretos de las mentalidades populares: en sus ámbitos culturales, en el valor narrativo del habla. La crónica “El vendedor de corazones” es un hermoso homenaje al kitsch poético: lo cursi que funciona como ferviente y definitiva declaración amorosa. Esencia misma de la vida citadina. Para el personaje sobrevivencia día a día. El oficio de escribiente de la frase certera, que se recibe como si se hubiera escrito únicamente para la persona que lo recibe, y quien la ofrece queda eternamente agradecido. Suspiros explosivos, imaginación efervescente.
La crónica periodística crea posibilidades formales de comunicación con el lector o lectores, que comienzan la historia y no quieren desprenderse de ella, porque la crónica se ha vuelto sombra afín de él y de sus ensueños. Es lo que sucede, inevitablemente, con el libro de crónicas de Alberto Salcedo Ramos, titulado De un hombre obligado a levantarse con el pie derecho.
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© Arturo Alape
LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN: 0124 - 9282
Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen VI – Número 22
Julio-Agosto-Septiembre de 2005
DEPARTAMENTO DE IDIOMAS
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
Barranquilla - Colombia
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