Cuentos breves

Roberto Meré
Galveston College, Texas - USA
rmere@gc.edu


El gigante

Tenía un problema muy serio. Sus arterias coronarias estaban tan tapadas por el colesterol que el ataque al miocardio era inminente. Muy a pesar de la molestia en el pecho, acudió al campo de batalla; tenía que matar a ese adolescente judío que se creía guerrero, siendo sólo un pastor, pero el esfuerzo fue demasiado. Una de las arterias se tapó por completo y desencadenó el ataque masivo; las demás arterias no pudieron sostener con vida al corazón que estallaba por el esfuerzo. La muerte fue casi inmediata, así que ni siquiera sintió cuando una piedra le pegó en la frente. Cuando cayó el suelo, el joven se acercó, tomó su espada y de tres golpes decapitó el cadáver de Goliat.    
  

Volar

Él siempre quiso volar, pero no con un avión o aparato semejante, sino como los pájaros, con su cuerpo, con sus propias alas. Subió al edificio y empezó a volar, primero hacia abajo, pero después subió al cielo entre las nubes, y ahí se dio cuenta de que el cuerpo humano no sirve para volar: es muy pesado, pectorales muy débiles, en fin, hecho para caminar y no para volar, tal y como le había dicho su padre. Por eso el niño tuvo que dejar su cuerpo al pie del edificio.


En el partido

Pesimista: —La situación es terrible, insostenible. Nuestra única esperanza es Dios.
Optimista: —Es verdad, pero tenemos que continuar y luchar, y acuérdese, como buen comunista, de que Dios no existe.


Apocalipsis

Dios decidió dar por terminado el mundo, era hora de llamar a los Ángeles trompeteros y a los cuatro jinetes. Ahí empezaron los problemas, porque los que tocaban las trompetas eran un grupo de mariachis mexicanos, y en lugar de arrasar al mundo con fuego, todos se pusieron a bailar el Jarabe Tapatío. Los jinetes tuvieron mala suerte también: uno consiguió un caballo colombiano que llevaba a cuatro jinetes: uno de la guerrilla, otro de los paramilitares, otro del cartel de Metrallín y, colgando de la cola, al presidente de Colombia, así que el pobre caballo se despernancó. El siguiente caballo era mexicano y lo habían secuestrado,  y para robarle las herraduras le cortaron las cuatro patas. El tercero era de Venezuela, montado por Chávez, así que el caballo sólo caminaba hacia atrás. El último era argentino, por lo que sólo se veía al espejo y bailaba tango.

Dios con su inmensa sabiduría mandó dos heraldos al planeta para buscar la solución. Uno de Puerto Rico y otro de El Salvador. Cuando regresaron, ni Dios pudo entenderles, y eso que Dios habla muy bien el español, y por lo tanto no tuvo más remedio  que dirigirse a la eficiencia de las bombas atómicas gringas y rusas, las cuales dieron muy buen resultado, con excepción de algunas de las bombas rusas que no estallaron porque, por la falta de presupuesto, algunos funcionarios rusos vendieron el plutonio a Bin Laden.
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©   Roberto Meré

LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN:  0124 - 9282

Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen VI – Número 22
Julio-Agosto-Septiembre de 2005

SUPLEMENTO LITERARIO CARIBANÍA
ISSN: 0124 - 9290

DEPARTAMENTO DE IDIOMAS
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
Barranquilla - Colombia

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VOLUMEN VI - NÚMERO 22