El entramado de la oralidad
en El queso y los gusanos:
La historia de Carlo Ginzburg

Alex Támara Garay
alextamara@hotmail.com
Especialista en enseñanza de la Historia
Universidad del Atlántico
Candidato a la Maestría en Historia de Puerto Rico y el Caribe
Universidad de Puerto Rico, Recinto Río Piedras

A la memoria de Domenico Scandela

Existe una noción utilizada por Carlo Ginzburg, que nos remite a Mikhail Baktin. Nos referimos a la noción de circularidad. [1] Este concepto permite reconocer un proceso de filtración de información en un doble sentido en sociedades jerarquizadas, donde los sectores que representan a la cultura caligráfica o letrada con la elaboración de sus discursos y teorías sistemáticas se posicionan para explicar  la realidad, y a partir de esta dinámica de posicionamiento poder permear y moldear las prácticas de otros grupos sociales no letrados denominados culturas subalternas. Pero, de igual forma, estos grupos subalternos logran atravesar la cultura letrada o hegemónica con las prácticas discursivas que ellos elaboran, fundadas sobre el entramado dinámico de la oralidad, es decir, se va dando un flujo constante de permeabilidad o cruce de información desde ambas partes, desde lo letrado, y desde lo no letrado. Esta dialéctica es lo que permite aproximarnos al mundo y la mentalidad que representa Domenico Scandella, conocido como Menocchio, el personaje central en El queso y los gusanos, la historia que nos narra el italiano Carlo Ginzburg.

La situación más dificultosa para intentar reconstruir un discurso sobre el pasado, que quiera dar cuenta sobre comportamientos individuales o colectivos, basados en la oralidad, radica en que lo que pudiera encontrarse en un archivo sobre un juicio criminal del siglo XVI, XVII, o XVIII, por ejemplo pudo haber sido, en la mayoría de los casos, manipulado con base en la intermediación o la impronta de una persona vinculada a la cultura de poder. [2] Bajo estas condiciones, difícilmente vamos a obtener una lectura o interpretación directa de los actores populares, puesto que el contenido de sus intervenciones va a ser por lo general sesgadas por las culturas de elite. La tendencia que representa la cultura de poder, ha opacado, por no decir destruido, otras formas de la comunicación en diversas culturas y realidades. De todas formas, a pesar del desplazamiento que ejerce la elite sobre la cultura subalterna, ésta última deja  impresiones y profundas huellas en el ámbito social y cultural, pero se requiere de una sutileza y paciencia a toda prueba por el investigador de la cultura, para observar y detectar problemas interesantes y complejos. Prueba de ello es Menocchio, que abre opciones de análisis sobre la presencia de diversos elementos que nos lleva a reflexiones de la realidad cultural, como la oralidad y su entrecruzamiento con otras maneras de comunicar y entender las prácticas sociales, en el sentido del desarrollo funcional de las religiones, la ciencia, el arte, o instituciones sociales como las cárceles, y la familia, entre otras,  permitiéndonos mirar mucho más allá de la lectura superficial de la sociedad. [3]

Ginzburg no se cierra, ni niega la posibilidad de experimentación con un documento, aún cuando éste nos parezca intrascendental e inapropiado, puede arrojar información sobre problemas novedosos e interesantes para la historiografía.

LA REPRESENTACIÓN DE LA ORALIDAD EN MENOCCHIO,
COMO FORMA DE TRANSGRESION PARA LA CULTURA DE ELITE

Intentaremos a partir del texto mismo de Carlo Ginzburg, establecer los elementos del discurso y las intervenciones de Menocchio el molinero, a lo largo de la defensa, que el personaje sostiene con los representantes del santo oficio de la Inquisición, como denuncia que se le hiciera el 28 de septiembre de 1583. La acusación era haber pronunciado palabras “heréticas e impías” sobre Cristo. Acusaciones sumamente graves para el momento. Menocchio, constituía la figura cultural de un campesino atípico, quien por su formación autodidacta y heterogénea, sabía leer permitiéndole acceder a diversas fuentes escritas como: Los Evangelios Bíblicos, el Florilegio de la Biblia, y el Decamerón, entre otros. Es decir, pudo contrastar la información escrita sobre las santas escrituras a partir de un grupo de lecturas que fueron ampliando, pero, al mismo tiempo negando y transformando su cosmovisión y realidad inmediata. El contacto con otras fuentes escritas, con otras personalidades ligadas a las ideas que se agruparon alrededor de la Reforma en la  Italia del XVI, y la visita a otros lugares ( viajes a pueblos de Italia, retención por un tiempo en la cárcel) marcaron indudablemente el espíritu rebelde y contradictor del molinero fruiliano. Esta presencia, y heterogeneidad de voces y lugares, fue una especie de “collage” de ideas, que él, muy originalmente fue interiorizando y transformando explicativamente en una verdadera teoría sobre el origen del mundo y las cosas. De allí, el peligro de la representación de sus ideas en un escenario donde los circuitos de la “verdad”, se transmitían secretamente y por castas específicas que manipulaban la información. Un individuo como Menocchio, agrietaba el orden instituido sobre la verdad reglamentada. Era un peligro para el ordenamiento jerárquico. Pero el surgimiento de estas ideas encarnadas por el particular campesino ¿son del producto del movimiento de Reforma? Es una de las preguntas que se formula Ginzburg en su libro, respondiendo que:

“Mejor atribuirlas, provisionalmente, a un sustrato de creencias campesinas, de muchos siglos de antigüedad, pero no del todo borrado. La Reforma, al romper la costra de la unidad religiosa, lo hizo aflorar indirectamente. La Contrarreforma, en su intento de recomponer la unidad, lo había sacado a la luz, para, evidentemente erradicarlo”. [4]

Menocchio, parece no poder ser explicado a partir exclusivamente del movimiento de Reforma italiana, sino que éste, es una figura que acumuló un saber popular que fue trasmitiéndose de generación tras generación, y encarnó como expresión, un individuo excepcional con ciertos atributos naturales y culturales. En este sentido, el molinero no se representa a sí sólo, sino, por el contrario, a una especie de grupos contraculturales que en él, alcanza una presencia, un estilo y una voz, que se rebela contra los sistemas. La originalidad subversora de Menocchio, quizás está presente en el tratamiento híbrido que coloca o interpone inconscientemente al  enfrentar la lectura e interpretación de los textos. Y es precisamente lo que transgrede, porque confluye la presencia que deviene de la tradición oral, que maneja otros tiempos, múltiples mitos, diferentes escenarios y desarrollos; la oralidad tiene otra forma de representar y actuar.

El concepto de memoria  muchas veces no es lineal, ni progresiva, sino, todo lo contrario, es cíclica, intempestiva, borrosa; por lo tanto, las maneras de narrar y experimentar con la realidad y con el Otro son diferentes. En la oralidad, lo jerárquico se desvanece y se da paso a una comunicación más horizontal, colectivizando la información. Estas características de la oralidad, influyeron en la lectura de los textos a los cuales  tenía acceso. Era, por lo tanto, una lectura cargada de muchos símbolos, con una profundidad enraizada en una cultura milenaria de la comunicación  y circulación de saberes, que producía un efecto especial en sus análisis, era como una droga. [5]

Vemos que en la interpretación del molinero entre lo escrito y lo oral, no hay una negación de la cultura, él se apropia de ambas, pero, desde su experiencia y particular forma, no desde la linealidad corporal de la palabra escrita. Allí radica la hibridez y riqueza complementaria del juego dinámico entre lo oral y escrito.

Precisemos algunas intervenciones del personaje para intentar captar la compleja simbiosis entre lo caligráfico y lo oral. Carlo Gisburg en muchas de las argumentaciones que sostuvo el molinero en su defensa ante la inquisición, dijo que en sus argumentos estaba presente, sin duda, la presencia de la cultura docta, pero, también, la cultura popular. El presente pasaje, altamente creativo lo confirman:

“Escuche por gracia, señor. Había un gran señor el cuál declaró heredero suyo al que tuviese un cierto anillo suyo precioso; y llegando su muerte mandó hacer otros dos anillos iguales al primero, cada uno estimaba ser heredero y tener el verdadero anillo, pero su similitud no se podía saber con certeza. Del mismo modo Dios padre tiene varios hijos que ama, es decir, los cristianos, los turcos y los hebreos, y a todos ha dado la voluntad de vivir en su ley, y no se sabe cuál es la buena: Por eso dije que habiendo nacido cristiano, y si hubiera nacido turco querría vivir como turco”. “Entonces ¿creéis –replicó el inquisidor– que no se sabe cuál es la buena ley?”, A lo que respondió: “Señor, si que creo que cada uno cree que su fe es la buena, pero no se sabe cuál es la buena: pero como mi abuelo, mi padre y los míos han sido cristianos, yo quiero seguir siendo cristiano y creer que esta es la buena.” [6]

Esta argumentación lúcida del molinero para explicar a través de metáforas la plasticidad de su lenguaje y sus ideas, nos hace pensar que efectivamente Domenico Scandella, era una figura original al momento de exponer sus pensamientos. La teoría de los tres anillos, debió, según Ginzburg, haber sido alimentada por una lectura hecha por el condenado a la hoguera, utilizando a  Boccacio, pero recreada por la vía  de lo popular, muy seguramente de alguna historia puesta de boca en boca por los antiguos habitantes del mediterráneo. En todo caso, el ejercicio expuesto por el molinero, es, sin lugar a dudas, una defensa hacia la tolerancia de ideas y pensamientos, expresada metafóricamente con la simbología de los tres anillos, de un alto significado y profundo valor humano.

Era un astuto lector, un perfecto anarquista deconstructor de la realidad que expresaban los textos escritos, un nómada que iba a lo caligráfico, pero, atado profundamente al bagaje cultural que estaba representado en el mundo simbólico y abierto de la palabra hablada. [7]

Hay otros argumentos del cuál se apoya Scandella; se trata de la influencia de un texto de Filippo Foresti, quien escribiera una crónica a finales del siglo XV. Esta hablaba sobre la creación del mundo y su origen. Seguramente dice Ginzburg, fue leída por él. El texto de Foresti, parecía mezclar la idea bíblica de la creación con la visión heterodoxa de Ovidio. Era una combinación interesante que planteaba, una cosmogonía particular. Domenico, tuvo acceso seguramente a esta lectura y pudo influir en su teoría sobre el caos y el origen de Dios y las cosas. Esta teoría debió ser  reforzada, de igual forma, por un basamento fundado en la tradición oral como casi todo el carácter imaginativo que modela el espíritu y la sensibilidad de éste irreverente personaje.

“Menocchio intentó comunicar estas “cosas” a sus paisanos: Yo he oído decir —declaró Giovanni Pavoledo—, que al principio este mundo no era nada y que fue batido como una espuma del agua del mar y se coaguló como un queso, del cual luego nació gran cantidad de gusanos y estos gusanos se convirtieron en hombres, de los cuales el más poderoso y sabio fue Dios, y el cual los otros rindieron obediencia…”

Esta fue la versión que un tal Pavoledo había dicho escuchar de alguien que a su vez había escuchado a Menocchio, lo cual pudo deformarse al pasar de un lado a otro, de acuerdo a lo planteado por el historiador italiano.

Veamos lo que sustentó el acusado en un interrogatorio posterior.
“Yo he dicho que por lo que pienso y creo, todo era un caos… y que aquel volumen poco a poco formó una masa como se hace el queso con la leche, y en él se formaron los gusanos y éstos fueron los ángeles; y la santísima majestad quiso que aquello fuese Dios y los ángeles; y entre aquel número de ángeles también estaba Dios creado también él de aquella masa y al mismo tiempo…” [8]

Sobre la creación de Dios  opinaba lo siguiente:

“Creo que Dios se produjo como las cosas de este mundo las cuales proceden de imperfecto a perfecto, como por ejemplo el niño vive, pero al salir del vientre comienza a vivir, y sin embargo al crecer comienza a conocer: “Así Dios estaba en el caos era imperfecto, no conocía ni vivía, pero luego expandiéndose en este caos comenzó  vivir,  y conocer”. [9]

Si bien en algunos trances Domenico era contradictorio en sus argumentaciones, en otras partes era absolutamente lúcido. Es por eso que Ginzburg, llega a preguntarse en un momento del interrogatorio, ¿quién realmente se debe considerar docto o popular? Los señores inquisidores o Menocchio. Los argumentos del molinero son inquietantes porque desestabilizan con un lenguaje cotidiano (campesino),  toda una tradición y un orden. Su lenguaje es cifrado, nos habla en claves,  metáforas y  por esto difícilmente podremos penetrar sus mensajes. El historiador Ginzburg, ha señalado al respecto que:

“Para que esta cultura distinta pudiese salir a la luz, tuvieron que producirse la Reforma y la difusión de la Imprenta. Gracias a la primera, un sencillo molinero había podido pensar en tomar la palabra y decir sus opiniones sobre la iglesia y sobre el mundo. Gracias a la segunda, dispuso la palabra para expresar la oscura e inarticulada visión del mundo que bullía en su fuero interno. En las frases, o retazos  de frases arrancadas a los libros, encontró los instrumentos para formular y defender durante años sus propias ideas, primero ante sus paisanos, luego ante los jueces armados de doctrina y de poder.” [10]

Sin lugar a dudas la Reforma y la Imprenta potenciaron las condiciones para la expresión y difusión de las ideas nuevas del molinero, pero la capacidad creativa y comunicativa de este  lenguaje cargado de signos, tiene una raíz en los mitos que soportan la base de la cultura oral. La híbridez entre lo escrito, lo hablados y reforzado a través de la experiencia visual, fue determinante a la hora de comunicar y devalar su mundo y su tragedia. 

NOTAS:

[1] “La cultura popular, según Ginzburg, se define, antes que todo, por su oposición a la cultura letrada u oficial de las clases dominantes, lo que confirma la preocupación del autor por recuperar los conflictos de las clases en una dimensión socio cultural globalizante. Pero, la cultura popular se define, también, por las relaciones que mantiene con la cultura dominante, filtrada por las clases subalternas de acuerdo con sus propios valores y condiciones de vida. Es a propósito de esta dinámica entre los niveles culturales, popular y erudito, que la cultura letrada filtra a su modo los elementos de la cultura popular, y es que Carlo Ginzburg, propone el concepto de circularidad cultural. VAINFAS, Ronaldo. De la historia de las mentalidades a la historia de la cultura. Anuario de colombiano de la historia social y de la cultura, No. 23, 1996, Bogotá, p. 226.

[2] Al respecto Ginzburg dice lo siguiente. “Las ideas, creencias y esperanzas de los campesinos y artesanos del pasado nos llegan (cuando nos llegan) a través de filtros intermedios y deformantes”. GINZBURG, Carlo. El queso y los gusanos. El cosmos según un molinero del siglo XVI. Barcelona, Muchnik Editores, 1997. p. 11.

[3] “Hay que admitir que cuando se habla de filtros e intermediarios y de formantes tampoco hay que exagerar. El hecho de que una fuente no sea “objetiva” (pero tampoco un inventario lo es) no significa que sea utilizable. Una crónica hostil puede aportarnos valiosos testimonios sobre comportamientos de una comunidad rural en rebeldía”. Op.Cit., p. 14.

[4] Op.Cit., pp. 52-53.

[5] Sobre la lectura de los textos escritos Ginzburg se refiere de la siguiente forma: “Por lo tanto, más importante que el texto es la clave de lectura; el tamiz que Menocchio interponía inconscientemente entre él y la página impresa  un tamiz que pone de relieve ciertos pasajes y oculta otros, que actuaba sobre la memoria de Menocchio deformando la propia lectura del texto. Y este tamiz, esta clave de lectura, nos remite continuamente a una cultura distinta de la expresada por la página impresa: una cultura oral. Op. Cit., p. 68.

[6] Op. Cit., pp. 87-88.

[7] “La contrastación entre los textos y las relaciones de Menocchio nos ha inducido en cada caso a postular una clave de lectura que él poseía soterrada, y que su relación con uno y otro grupo de herejes no basta para explicar. Menocchio trituraba y reelaboraba sus lecturas al margen de cualquier modelo preestablecido. Sus afirmaciones  más  desenfrenadas tienen origen en los textos inocuos como los viajes de Mandeville o la Historia de Giudicio. No es el libro como tal, sino el choque entre página impresa y cultura oral lo que formaba en la cabeza de Menocchio una mezcla explosiva”. Op. Cit., p. 90.

[8] Op. Cit.,p. 92.

[9] Op. Cit., p. 94.

[10] Op. Cit., p. 99.

Bibliografía:

-GINZBURG, Carlo. El queso y los gusanos. El cosmos según un molinero del siglo XVI. Barcelona, Muchinik Editores, 1997.

-VAINFAS, Ronaldo. De la historia de las mentalidades a la historia de la cultura. Anuario colombiano de la historia social y de la cultura. N° 23, 1996. Bogotá.

-BURKER, Peter. Formas de historia cultural. Madrid, Editorial Alianza, 2000.
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©   Álex Támara Garay

LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN:  0124 - 9282

Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen VI – Número 22
Julio-Agosto-Septiembre de 2005

DEPARTAMENTO DE IDIOMAS
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
Barranquilla - Colombia

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