La médula del río

Jorge Castañeda
Filosofía – Universidad de Buenos Aires
castaneda_a_o@hotmail.com


I. CENTRO RABIOSO DE ATENCIÓN

Pataleando debajo del enfermo,
Indudable cuerpo que duerme
Cuando los ácidos del cactus
Demandan tierra circular para la mitología
De la creación.


II. EN LA MEMBRANA DE LA ALUCINACIÓN

A lo largo de viajes sin temperatura
Y con el espejo castrado de un músico callejero
Se aclaraba tu murmullo
                                      (...en la introducción a  mi árbol
                                      de hueso cocido por Cabalistas
                                      peripatéticos...)
terráqueo
y ebrio de Dios.


III. LOS SONÁMBULOS

Bajo el volcán
Van apilando el aliento del espíritu
Mojando con la punta del ojo
La ceremonia acuática del comienzo,
(un suelo abstracto
pasapormilado
encadenado a la imagen exacta de la palabra)
la eternidad acostumbrada al ojo
contagiando la lengua enorme de los Huarpes
y convocando al predicador de signos:
         se entiende la masacre del pensamiento.

                                                  
IV . JUNTO AL OÍDO DEL MUNDO

Clavando mi mano hasta el tuétano
Dejamos
La vera seca junto al ruido de la cama
Fermentando
Las sacudidas
Para ser cadáveres que alientan a sus hijos,
¿quién abre el surco petrificado
quién
a esta hora de conjuros
entristece tu boca?
Y tus ojos
Arañando el témpano
Río arriba
Donde el embrión anhela vida
Vida de nube que recuerda tu gusto por mi voz.

                                                    
V. OTRA VEZ EL DESIERTO

Se ahoga naturalmente
Y los muertos abultados
Señalando los ladridos de la piedra,
Con la cabeza ruidosa
Desaparecen en el habla de los encapuchados.

                                                   
VI. LA MÉDULA DEL RÍO

Sabe repetir la profundidad de los astros,
Donde se muerden los higos
Se muerden resonancias sin levadura,
Bendice su mirada infinita
Bendice al hombre que flota en la medula del río,
Lejos
Hacia una lejanía de muerte pasajera
A un paso de distancia
De la red con espuma salvavidas,
Respiremos bajo la sombra del cetáceo
Respira con la agonía de la sombra,
La medula del río
Habla en la cima del cosmos injertado,
En la inmemorial humedad del caos
(no se ven los labios hinchados de la madre ),
bendice su orgasmo agrietado
bendice esta boca lamiendo su alma,
lejos
los muertos a media asta
flamean
hacia una lejanía de incendios
hacia un brillo arrastrado
a la melancolía del río.

                                                  
VII. SE FUE LA SANGRE

A derramarse continua
Por dentro,
Se apagó el esparcimiento
Por miedo a seguir procreando
Y no reconocer
La cicatriz del barco que peina las sombras:
                         El vestigio de la antorcha
                         Socorre la labor del sueño.

                                                 
VIII. LA VIEJA TRADICIÓN DEL RITO

Anuncio la pena por el lenguaje
Sopesándolo con las luminarias de la madre,
Madre haz que el deseo hable
Y encontremos el río perdido de la sangre,
¿se bebieron tu melena blanca?

                                                  
IX. VOZ DIURNA

Del capullo que nace feroz
En la jauría de los álamos,
¿quién verifica tu brazo picado
  en el lugar estremecedor del brote?
¿quién
  a esta hora de conjuros
  vaga por tu piel?
Voz diurna
Húndete en la materia del guijarro
Antes del coito lanzado por teléfono,
A oídos del que envió la lluvia
Para el bronce del cielo,
Empuja feroz
Empuja
Desoxidando el sexo que te oprime,
Un grito cincelado
Sobrevuela el pensamiento,
Un hierro vivo
Muestra sus colmillos
Y duerme abrazado a su madre.

                                                           
X. SÍ, BENDECIRÁN LOS UMBRALES

Tanto para nosotros, como para la evaporación
                                  De los muertos,
Lo saben los ríos que te suceden
Las antorchas que sospechan
Los huéspedes de párpados contemporáneos:
    El cielo se raja de llanto para sí.

                                                   
XI. SUCEDÁNEO

Postrado como un fósil ardiente,
Nomenclatura difícil de explicar
Donde yace el cañaveral de los nichos,
¿a quien explicamos el verbo?
(...si nosotros, masticando la mística del lenguaje
    cantáramos al ritmo de los salmos
    el universo en polvo
    se arrastraría por las venas de los muertos...).

                                                          
XII. EXTRAÑO LA MEDULA HEREDADA

En la liturgia del pecho con aliento:
Flexible oración y elogio al sueño lunar
Que surge de los gritos del oprimido.
¡Celebro mi infancia de oro!
Las vértebras del procreador sin pecado
Se ensamblan en mi pensamiento.

                   
XIII. SOLO DE GUITARRA

Bajo los efectos de la claridad mediática,
San arsénico hundido
En ampollas eléctricas,
Bosquejo dodecafónico en las inmediaciones
De una edición bilingüe.


XIV. FACSÍMIL TRIPARTITO DEL TIEMPO

Y
Consuelo feroz en el antisigno,
Molécula terrible y triste en todo pleamar.


XV. NUESTRO RÉQUIEM

Ajustado a las lenguas de las bóvedas,
Intercepta el murmullo de la nieve
Entre arenas abultadas a la solemnidad de la ley,
TU - KA
TU - KA
Tuka blindada en la boca de muerte lenta
Abominable cabellera, atormentada, sin brazos,
Espejo cubierto a la memoria de mi padre.


                  XVI. LA CÚSPIDE DEL SONIDO QUE EMITEN LOS PAJAROS

Cabe en la cabeza de cualquier obsesionado que
Descansa a disposición del publico rotundamente
Atento a la reapertura de una civilización que
Escucha el ruido de los cuerpos cuando se rozan,
O mejor dicho, cuando transpiran al unísono.

          
XVII. ATADO

Bajo el cielo más solitario del mundo
Yace el pensamiento oscuro,
Fragmentos de vida inmortal
Que no saben del corto periodo a imagen
Y semejanza de la luz.

                    
XVIII. LA COMIDA OBRA

Según la calamidad del caos,
Bendice las fiestas del desierto
Cuyo manto se estremece en las arenas.

                     
XIX. ESBELTA QUEMAZÓN DE UN AMIGO

¿quién no esta quemado?
Los melenudos Aqueos
Crujen ante una virgen vegetativa.

          
XX. EL APOCALIPSIS MIENTE

Sus aguas no anuncian orgías matinales
Solo envuelven miedo a un cerebro enano,
Nos quedamos solos
Con el cielo menstruado,
Un anciano abre su boca
Su hijo come el cuello del útero invisible.

                     
XXI. LA MADURACIÓN DEL OJO

Conmueve la cabeza reversible del océano,
Invierte el rostro del mundo
Hacia la médula del río.

          
XXII. UN METAL COMIDO

Por los muertos bienaventurados:
Trágicos observadores de la nada.

                            
XXIII. UN ÍDOLO DE CACTUS

Pasado por el cedazo de carne
(jugo ritual anverso al cráneo),
Las enumeraciones huelen a
Reptil de cáñamo dorado.

                      
XXIV. LA RESPIRACIÓN EN EL UMBRAL

Es un mimo sin monedas
¿vivir en el horizonte del mundo?
La sombra de la línea
Invade el cántaro de tu sexo.

                                 
XXV. CONTEMPLACIÓN PURA

Hacia la planta del último Huarpe,
Fricción de humos
En el arrastre de las palabras.

                    
XXVI. LA LUZ DEL CUENCO

Mirador de dientes en almíbar,
Estalactitas de batallas antiguas,
La finalidad de la extracción
Es ampliar el dolor del guerrero.

              
XXVII. ÍDEM VOCAL

De un hongo salvaje
Envuelto para la ambientación del signo,
La sangre del ojo
Escapa a la grieta de hembra en cuestión,
Carne de incienso
Alma sujeta como el aroma del huemul,
Trinchera de pequeños peces aromatizados con alcohol,
Propiedad del desierto en mantener el oxigeno para el tiempo
Sujeto al reclamo eterno de la parca,
Observa la noche en la materia
Parece un punzón en cada oído del viento,
Carne de melancolía
Alma de pocillo acuático y sensible,
La lunación de tu mano me peina en el sereno,
El domingo ahoga con su llanto,
La angustia avanza en la jeringa depositada en la sala del pensamiento.

                                                   
XXVIII. SURREALISMO UTÓPICO

Venido a menos y con túnicas de cambio perpetuo,
La arquitectura es una isla que muerde la medula
Del último Huarpe
Y lo transforma en río
Para humedecer las arenas del parto.

      
XXIX

A) LOS CUERPOS VIVOS
Del océano constituido.

B) Los trágicos campos de exterminio
    en la cabeza del mundo.

C) El brillo subterráneo de tus curvas
     es mi antídoto final contra el abismo
     de animales reencarnados.

               
XXX. CARAVANA SINIESTRA DE HUESOS NOCTURNOS

Los muertos hablan del eco prolongado de los sacerdotes,
La Cienaga oculta embellece el recuadro del ojo,
En las escrituras
La medula surca tus cadenas,
El río final
Exhala vida,
Yo quería vivir en tus senos
Pero los funcionarios
Se hastiaban de alimentos no perecederos.
_________________________________________
©   Jorge Castañeda

LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN:  0124 - 9282

Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen VI – Número 22
Julio-Agosto-Septiembre de 2005

SUPLEMENTO LITERARIO CARIBANÍA
ISSN: 0124 - 9290

DEPARTAMENTO DE IDIOMAS
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
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VOLUMEN VI - NÚMERO 22