Entrevista al periodista colombiano Alberto Salcedo Ramos
25 preguntas al cronista

Por Adolfo Zableh
puedellorar@hotmail.com

A los 42 años, Alberto Salcedo Ramos es reconocido como uno de los mejores cronistas de Colombia. Sus excelentes relatos lo han llevado, incluso,  a ser estudiado en la Universidad de Viadrina, en Alemania. Salcedo Ramos se ha pasado la vida contándonos historias ajenas, pero a continuación nos hablará de la suya.














Alberto Salcedo Ramos


1-. ¿Sobre qué escribió su primer artículo periodístico?

ALBERTO SALCEDO RAMOS: Sinceramente no recuerdo. Hay un compadre mío que guarda algunos de esos trabajos iniciales y de vez en cuando, disimuladamente, me chantajea con la posibilidad de mostrarlos.

2-. ¿Aún lo guarda?

A.S.R.: Tengo guardados algunos de mis primeros trabajos, no porque crea que valen la pena sino por una cierta forma de la nostalgia. Me recuerdan momentos y rostros que se han ido con el río del tiempo. No me arrepiento de haberlos hecho, porque obedecían a mi realidad de aquella época. Lo que sí siento es un poco de compasión por el autor, un muchacho lleno de entusiasmo pero todavía carente de la formación necesaria para contar una historia de un modo que resultara inolvidable.

3-. ¿Qué hace infeliz a la humanidad?

A.S.R.: Muchas cosas: el hambre, la miseria, las injusticias, la falta de afecto, las enfermedades del cuerpo y del alma, el dolor. No recuerdo ahora quién dijo que no hay que tomarse la vida  tan en serio porque, pase lo que pase, nunca vas a salir vivo de ella. A mí todavía me conmueve la ilusión de los optimistas, lo que pasa es que por mi condición de contador de historias he desarrollado una atracción visceral por las situaciones difíciles, por los perdedores, ya que me parecen más densos desde el punto de vista humano. A propósito de la infelicidad y el pesimismo, hay un grafito español que a mí me encanta: “la luz al final del túnel es sólo un tren y éste, de todos modos, no es tuyo”.

4-. ¿Qué enseñanza de sus padres no olvida?

A.S.R.: Mi mamá era especialmente mimosa con nosotros. Ella nos enseñó que cuando uno quiere a alguien, debe decírselo y, sobre todo, demostrárselo. Ser capaz de expresar el afecto no te debilita sino que te fortalece.

5-. “La vida comienza a los 40”. ¿Y la suya?

A.S.R.: Bueno, la mía empezó desde cuando nací. Si empezara sólo ahora, tendría que aceptar que desperdicié lo de antes. Y no fue así.

6-. El cronista esencial.

A.S.R.: Truman Capote.

7-. Lo exilian de Colombia —a un lugar peor, por supuesto—. ¿Cuál escogería?

A.S.R.: Caramba, no sé. Pero supongo que no dejaría mi país por un lugar peor.

8-. ¿De qué medio está esperando una llamada para que le pidan una colaboración?

A.S.R.: Me encanta la revista Etiqueta Negra, que se edita en Perú. Es un proyecto formidable que le ha apostado a los géneros narrativos del periodismo. En poco tiempo se ha convertido en una revista de culto.

9-. ¿Quién es el Salcedo que más le enorgullece?

A.S.R.:  Me enorgullece saber que después de 20 años de ejercicio profesional, todavía puedo emocionarme contando una historia, como si fuera la primera vez. Esa pasión me exalta y me defiende.

10-. Borges hace una diferencia entre la ocurrencia y la inteligencia. ¿De que cualidad tiene usted más?

A.S.R.: Tal vez yo soy más ocurrente que inteligente.

11-. ¿Cuál es su causa perdida?

A.S.R.: Vencer el miedo escénico. Por mi labor me toca con cierta frecuencia hablar en público. Y siempre me asusto. Es algo que no puedo evitar. Esa es mi causa perdida.

12-. El periodismo le ha dado muchas cosas, pero ¿qué le ha quitado?

A.S.R.: Si me ha quitado algo, yo no me he dado cuenta. He estado más pendiente de lo que me ha dado. Pienso, por ejemplo, en la posibilidad de viajar y escuchar voces que me han enseñado mucho sobre la condición humana.

13-. ¿Cuál es el mejor periódico del mundo?

A.S.R.: Soy más consumidor de revistas que de periódicos. Las que más me gustan son The New Yorker, Etiqueta Negra, Rolling Stone, SoHo, Gatopardo y El Malpensante.

14-. ¿Es mejor ser subalterno, jefe o independiente?

A.S.R.: Cualquiera de esas circunstancias sirve, siempre y cuando exista la posibilidad de hacer lo que a uno le apasiona, y hacerlo de manera digna.

15-. ¿Cree en el periodismo como medio de enseñanza y acción social?

A.S.R.: Totalmente. Aunque no creo en el periodismo de un modo mesiánico, es evidente que cuando se ejerce con responsabilidad, con sensibilidad social y con respeto, tiene un gran valor pedagógico. También es un instrumento eficaz para detectar los problemas de las sociedades y generar acciones correctivas. ¿Qué habrían sido las hambrunas de Etiopía y Somalia si simplemente las hubiéramos conocido a través de las cifras? Nadie se habría sensibilizado en relación con la magnitud de esa calamidad.

16-. ¿Sabe administrar su libertad?

A.S.R.: Yo creo que sí.

17-. El comentario más insólito que le han hecho por un artículo.

A.S.R.: Me da un poco de vergüenza contarlo. Por un lado, tiene una cierta carga de intimidad que tal vez no sea conveniente exponer en público. Y por el otro, puede parecer un alarde de vanidad. De todos modos, asumo el riesgo y te lo cuento: en cierta ocasión una periodista, después de conocer el perfil que yo escribí sobre el compositor Emiliano Zuleta, me dijo unas palabras que me dejaron perplejo: “al leer ese texto sentí que tenía que hacer el amor con el autor, así fuera manco, cojo y tuerto”. Me cuesta trabajo imaginar una lectora más agradecida que aquella.

18-. ¿Por qué razón habría que envidiarlo?

A.S.R.: Por mi colección de música y por los libros de periodismo que he leído.

19-. ¿Es el primer beso el mejor recuerdo de amor?

A.S.R.: La única razón por la cual yo recuerdo aquel beso es, justamente, porque fue el primero. Fue a los 14 años y esa noche, cuando me acosté, me sentí importante y crecido. Quería contárselo a todo el mundo, escribirlo en las paredes, gritarlo a los cuatro vientos. Pero repito: sólo porque fue el primero y me hizo sentir del tamaño de mis amigos más avispados. Porque lo cierto es que no fue un prodigio de ricura. Y la muchacha que me lo dio no me inspiró ningún tipo de afecto. Así que lo recuerdo más como una anécdota casi folclórica que como una expresión de amor.

20-. Explique en una idea qué significa ser oriundo de Barranquilla.

A.S.R.: Esquinas, colores, piropos, bromas, gusto por la conversación, brisas, rumor del mar, bocachico frito y Junior tu papá. Barranquilla es una ciudad que no se lleva en la retina sino en el corazón.

21-. ¿Cómo define usted la crónica?

A.S.R.: Las definiciones técnicas son indispensables en la academia, pero una vez fuera de esos espacios yo prefiero robarme una frase de Alfred Hitchcock para decir que “la crónica es la vida sin los momentos aburridos”. También me encanta la definición que dio Martín Vivaldi: “no es la cámara fotográfica que reproduce un paisaje sino el pincel del pintor que interpreta la naturaleza”.

22-. ¿Cuál es su cable a tierra?

A.S.R.: Mi familia, o sea, mi mujer y mis dos hijos.

23-. ¿Le gusta mirarse al espejo?

A.S.R.: Sólo lo hago cuando me afeito, para no cortarme, y cuando me peino, para que la raya del pelo no me quede torcida.

24-. El mejor recuerdo de infancia.

A.S.R.: El patio de mis abuelos, lleno de árboles de guayaba. El olor de los guisos de mi abuela. Las manos de mi madre, siempre cercanas. La voz de mi tía Libia. La memoria portentosa de mi hermana Chari.

25-. ¿Qué es lo mejor y lo peor de ser hijo de su padre (Andrés Salcedo)?

A.S.R.: Lo peor prefiero reservármelo. Y lo mejor es su ejemplo profesional, del cual me siento orgulloso.

Tomado de la revista CAPITAL CLUB
http://www.capitalclub.com.co
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©   Adolfo Zableh
©   Alberto Salcedo Ramos

LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN:  0124 - 9282

Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen VI – Número 22
Julio-Agosto-Septiembre de 2005

DEPARTAMENTO DE IDIOMAS
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
Barranquilla - Colombia

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