Los Yovhnni
o las visiones demenciales
Oscar Bueno
Gabriel Mendoza
Del Semillero-Taller MASKELETRAS
Humanidades y Lengua Castellana
Universidad del Atlántico
Miembros de MASKELETRAS, Semillero-Taller de Investigación y Creación Literaria adscrito al Grupo de Investigación Literaria del Caribe —GILKARÍ—, del Departamento de Idiomas, Facultad de Ciencias Humanas, Universidad del Atlántico (Barranquilla, Colombia).
“Es una lástima, porque la incomunicación
con los caballos ha retrasado a la humanidad”.
Del amor y otros demonios,
Gabriel García Márquez
—He llegado a este lugar en busca de una respuesta, pensé que estarías aquí tratando de resolver el enigma que nos perturba. Escuché la noticia del profeta y vine con el propósito de acabar con esta incertidumbre. ¿Puedes creer que ahora los sueños son más frecuentes?
—No te equivocas, sin embargo desconoces el descubrimiento de una pieza clave que nos ayudará a afrontar esta inquietante situación.
—¿De qué hablas?
—Hace un año, las investigaciones señalaron que los signos de la lengua materna de algunos pueblos nativos de Nueva Guinea, guardan muchas similitudes con la escritura que aparece en tus sueños.
—¿Y eso qué quiere decir?
—Espera, todavía no te he contado lo más importante: ¿Recuerdas que el profeta predijo que antes de que los mundos converjan, existirá alguien capaz de contactar las dos corrientes vitales?
—Esto me confunde aún más, tenemos que ir donde el profeta para que nos explique su visión.
—¿ Y sabes cómo localizarlo?
—Leí hace una semana en un periódico que lo habían recluido en un centro de salud mental no muy cerca de aquí, pues los médicos dictaminaron que padecía de neurosis obsesiva y otros desordenes mentales.
—Como era de esperarse, un real vaticinio sobre el fin del mundo es considerado un acto de locura. Nuestra generación no percibe el peligro que la acecha. Por mi parte, me curé en salud y todo lo que he querido decir al respecto lo he disfrazado con ficción.
—Muy buena opción, yo me he conformado hablando a través de tus creaciones, pero ahora tengo un dilema: No se que es mejor: ¿Si ser considerado un demente o contarle al mundo este insoportable misterio?
—Estoy seguro de que el profeta sabe algo acerca de tus visiones oníricas.
—¿Tienes las copias del manuscrito que encontraste en Nueva Guinea, según lo que me dijiste?
—Siempre las traigo conmigo, así que vámonos.
El trayecto hacia el centro de salud mental se tornó agradable, el paisaje se describía como una página de novela escrita en el ensueño de la inspiración: La atmósfera estaba fragmentada entre zonas desérticas y otras frondosas, el sol iniciaba su portentosa caída y, a cada instante, aumentaba la belleza de ese atardecer. A pesar del calor sofocante, el viento no vacilaba en inundar el interior del verde vehículo. En nuestro viaje se podía contemplar la unión de fuerzas opuestas: La luna llegaba a la huída de la estrella solar, los diversos graznidos de las aves fueron enmudecidos por un silencio extraño, y nosotros en busca del horizonte, contrastábamos con una legión de hermosos caballos de crines revueltas, provenientes del final del camino.
—¿Parecido a tus sueños, no?
No obtuve más respuesta que una débil sonrisa. Más tarde, arribamos a aquel lugar donde esperábamos hallar el alivio a nuestras incógnitas premoniciones. El profeta (es preferible suprimir su nombre) nació en algún lugar y una fecha cualquiera, su edad actualmente oscila entre cinco o seis décadas. Su aspecto físico es similar al de un vagabundo. Hasta hace algún tiempo, se desempeñaba como profesor de filosofía de una prestigiosa universidad. Posteriormente se dedicó al estudio de fenómenos paranormales, con el objetivo de plantear una teoría ontológica. Un día común, se levanto dando gritos, intentando promulgar una visión apocalíptica. Al parecer descubrió la existencia de la otra corriente vital: Un mundo paralelo, el cual describía con una voz extraída de quien sabe que lengua, pronunciada Yohvnni. Mas tarde tradujo la visión como “Equinnus Homus”. Seguidamente habló de un elegido, punto de contacto entre este mundo y aquel, quien sería capaz de dictaminar el fin de la existencia humana cuando ésta se encontrara en el tiempo con la raza primigenia que ya viene de regreso en la dimensión cronológica circular.
Por supuesto, las noticias no hablaron de un profeta sino de una gran maestro de filosofía que había terminado demente a causa de lecturas complejas y desordenes alimenticios, además de la muerte de su mascota, un desgraciado perro llamado Yohn.
—Al fin llegaron —dijo el maestro—, los estaba esperando. Según mis cálculos, el encuentro está próximo y con él vendrá el ineluctable final. Háblame de tus sueños Yohvnni…
—¿Cómo sabe usted acerca de mis sueños y por qué me llama así?
—En ese mundo todos son homónimos —contestó el profeta—, la parte corresponde al todo y la esencia individual sólo es reafirmada por la conjunción de su percepción unánime. Reina la convención y el acuerdo total, no hay espacio para la subjetividad. Para ellos, no existe el método ni el recurso, sólo los hechos concretos.
—En verdad está loco, es mejor que nos vayamos.
—¡Espera! —exclamó el maestro—. ¿Acaso en tus sueños el firmamento no es siempre el mismo? Tienes que saber que ellos ya llegaron al final del tiempo, su esencia total perduró hasta la regresión que ahora desarrollan; pero la naturaleza y todo aquello que no es inherente a su existencia, quedaron congelados en el espacio cronológico: Los paisajes están representados por las obras que nosotros consideramos de arte, esa es su realidad inmediata, al mismo tiempo, que su influencia llega a nosotros por medio de nuestra supuesta creatividad, que nos es más que la contemplación del mundo tal y como ellos lo creen.
—¿Cómo sabe usted eso?
En ese momento, intervine para enseñarle al maestro el texto que demostraba las similitudes que poseía la escritura de los sueños de mi amigo con la lengua arebme hablada por algunas poblaciones en Nueva Guinea.
—¡Ah!, el manuscrito, déjame verlo —agregó el profeta.
Después de examinarlo durante un buen rato, el maestro alegó:
—En realidad, este manuscrito es la prueba de supervivencia de esos seres, debió ser llevado a ese lugar por algún miembro de la iglesia para apartarlo del texto base. Lo que sucede es que al principio Dios Creó una especie previa al hombre; pero a diferencia de nosotros, les dio más capacidad para presentir su destino. Ello le permitió a esa creatura presagiar la exclusión del paraíso a causa del error de la mujer. Por eso, cuando el primer Yohvnni durmió y, hacedor del universo, sacó una costilla para crear a su pareja, decidió aferrarse al mundo de sus sueños para no permitir la existencia del pecado. Por esta razón, vagó a través de una dimensión desconocida, pero absurdamente adecuada. De tal manera, su reproducción, que permitía la procreación de 144.000 Yohvnni, fue lograda a partir de la misma proyección de la mente. Sin embargo, había burlado el designio divino y por eso, Dios creó una raza alternativa, menos capacitada para dirigir sus propios impulsos y establecer el bien y el mal. A esa especie llamada humana, el creador la puso a vivir en el espacio del tiempo con el objetivo de encontrar a los Yohvnni, quienes ya llegaron al final del tiempo y vienen de regreso en dirección opuesta a los humanos, que en realidad fueron creados para exterminarlos. Así, sólo un limitado número de humanos tendrán la oportunidad de ser albergados en ese mundo paralelo después de la colisión de las corrientes vitales.
Tal y como lo había dicho el maestro, en el lugar donde hallamos ese manuscrito se comentaba que fue desechado por su contenido blasfemo.
—¿Sabe qué? Yo nada creo de lo que usted me dice. Descríbame cómo son los seres que habitan mis sueños y por qué me considera un Yohvnni.
—¿Te son familiares los caballos —preguntó el maestro—, esas figuras zoomorficas entremezcladas con facultades humanas, de lenguaje silencioso, que sólo hablan cuando es innecesaria la telepatía, que no padecen de sentimientos, que no copulan y que se reproducen a fuerza de pensamiento?
—Tiene razón. ¿Pero por qué dicen que yo soy el elegido, que yo soy uno de ellos?
—Sinceramente —concluyó el profeta—, no puedo determinar tu origen, pues eres una esencia dual que puede transitar entre este mundo y aquel y eso te permite descifrar con exactitud nuestro cruel holocausto. La cuestión es simple, tienes que entrar al mundo Yohvnni, a través de tus sueños, examinar la fecha de su realidad que va en descenso, mientras que la nuestra va ascendiendo. Así, el dato que tú nos puedes suministrar, nos permitirá vislumbrar el punto exacto donde nuestros universos convergirán, al mismo tiempo, en que nuestra existencia se desvanecerá.
Sin nada más que hablar con el profeta y por reglamentos del sanatorio, nos marchamos hasta un hotel. Aprovechando la noche, me desvelé sirviendo de centinela al aletargado sueño de mi amigo, esperando con ansiedad a que éste despertará en cualquier momento con el dato que necesitábamos. Hoy hacen ya treinta y tres días de haber ocurrido aquel encuentro. El profeta murió en extrañas circunstancias: al parecer su deceso se produjo a causa de una onda impresión. Lo más extraño fue la aparición de una marca indescifrable en su frente. De otro lado, aquel individuo que se sumió en el profundo sueño no ha despertado hasta este momento y yo estaré esperando su fatídico regreso para saber lo que no nos gustaría saber. Pero intuyo que algún día no muy lejano, sus parpados abrirán las puertas a nuestro paroxístico viaje.
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© Oscar Bueno
© Gabriel Mendoza
LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN: 0124 - 9282
Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen VI – Número 22
Julio-Agosto-Septiembre de 2005
SUPLEMENTO LITERARIO CARIBANÍA
ISSN: 0124 - 9290
DEPARTAMENTO DE IDIOMAS
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
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