Tres cuentos breves

Roberto Meré
rmere@gc.edu

La araña

Un hombre decidió vivir colgado del techo de su casa cuando vio lo feliz que parecía una araña que caminaba de un lado al otro del techo. Construyó este hombre un complicado mecanismo de ganchos, cuerdas y alambres que fijó al techo, y él mismo se fabricó unos garfios que se colocó en manos y pies para poder permanecer colgado. En esa posición comía, dormía y realizaba todas las actividades posibles.

Al principio, su mujer tomó esto como una simple locura pasajera de su especial esposo, pero después le entró curiosidad por saber qué se sentía ser una araña: también ella se colocó los ganchos y vivió colgada hasta que un día, después de hacer el amor con su esposo, sintió mucha hambre y se lo comió. El juez la declaró inocente del homicidio y canibalismo, porque es lo normal en una arana hembra que se respete.


Hipocondría

Era hipocondríaco en tal grado que por tomar un sinfín de medicinas, drogas y remedios naturales y caseros, este hombre se descorporizó: Es decir, que no murió, no se convirtió en fantasma o zombi, o se fue a otra dimensión, ni nada por el estilo, simplemente se quedó con un cuerpo descorporizado.   Esto le permitía atravesar puertas y paredes, meterse en las cabezas y cuerpos de otras personas, ver y sentir todo lo que pasaba. Con este gran don, entró en las mentes de las mujeres más bellas del mundo para hacerles el amor desde sus cerebros, lo que ellas tomaban por sueños eróticos. También discutió y aprendió con todos los genios de la época, ya que podía tener los mismos pensamientos al momento de estar en sus cerebros.

Al cabo del tiempo, todo esto le aburrió y empezó a jugar ajedrez desde la mente del oponente. Así lo conocí y nos hicimos grandes amigos, jugábamos por horas y platicábamos de todos los temas. El problema resultó cuando mi amigo murió por lo avanzado de su edad. Estaba platicando conmigo y sufrió por primera vez en su vida, corpórea o incorpórea, una verdadera enfermedad: un ataque a su incorpóreo corazón.

Ahora soy la tumba viviente de mi amigo y me he vuelto un poco hipocondríaco, pero yo sé que el tumor que siento en mi ovario derecho no existe.

El alma

Era muy tarde, así que caminaba lo mas rápidamente posible, cuando me di cuenta de que mi alma se había quedado media cuadra atrás. Desesperado, le grité:

—¿Qué carajos estás haciendo?

Ella se enojó, me mentó la madre y se fue.
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©   Roberto Meré

LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN:  0124 - 9282

Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen VI – Número 23
Octubre-Noviembre-Diciembre de 2005

SUPLEMENTO LITERARIO CARIBANÍA
ISSN: 0124 - 9290

DEPARTAMENTO DE IDIOMAS
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
Barranquilla - Colombia

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PORTADA
VOLUMEN VI - NÚMERO 23