Te quiero
con todas mis entrañas
Martiniano Acosta
No había noche ni día en que no nos encontráramos para darle rienda suelta a nuestro idilio (como un par de caballos amorosos y desbocados por la ciudad). La situación era muy clara: el amor es así. Ilimitado. Sin fronteras. Y nunca se olvide que el amor es sinónimo de convocatoria para la ternura, la pasión. Siempre hay una cita para el despertar del amor. No había minuto ni segundo en que yo no pensara en ella: Por supuesto, el amor es así: atemporal. No existe la palabra tiempo. O por lo menos eso era lo que yo observaba entre los dos: un amor bien amarrado. Ciego. Dos corazones nacidos el uno para el otro, como decían las viejas curiosas del barrio y después las de toda la ciudad. No obstante, en medio de ese paraíso de ilusiones, ayer hubo más que un punto negro en nuestras relaciones. (Todo paraíso tiene su caída). Los celos y las rencillas entre familias hicieron la aparición como dos animales intrusos. Nos peleamos fuertemente porque una vecina curiosa me dijo al oído que había visto en el camellón a Dixie, desesperada, temerosa, como a la espera de alguien y ciertamente —me lo aseguró la informante —, al poco rato, se presentó un joven apuesto y los dos se fueron agarraditos de manos. Naturalmente, de inmediato en mi casa se enteraron primero que yo del suceso. De hecho, cuando regresé de visitar a Dixie, me reafirmaron lo que me venían diciendo, que esa niña no te conviene, que ella no es de buena familia, que ella sabe que tú eres un buen partido, mira lo que haces, que… y los “ques” siguieron como puntadas de aguja en mi corazón. Ella y yo discutimos, reñimos (sólo un día y ese tiempo me parecía un lustro. Lo cierto es que el corazón no sabe contar, sabe sólo amar). Parece ser que el ambiente no era el mejor para los dos. El amor se nublaba. Presagiaba lluvia intensa.
Llegué a la cita inmodificable para tratar de mejorar la situación. Allí se encontraba ella, serena, siempre con una sonrisa de entrega y unos ojos plenos de amor desbordante. Pero, en el fondo, una inquietud la mortificaba. Sin embargo, después de cinco años de amores intensos, mis ojos, mi pensamiento, mis celos acuciosos la escudriñaban. Por más que ella aparentara tranquilidad, yo la veía alterada, nerviosa, como decidida a hacer estallar ese pensamiento que la atormentaba:
—Richard, después de lo de ayer, las cosas han cambiado.
—Dixie, no puede ser. Una mínima discusión no es para que la tierra cambie su rumbo.
—No pienso lo mismo.
—¿Por qué tan terca y porfiada?
—Mejor no sigas hablando porque cada palabra que, desde ayer has dicho, me ha herido.
Entonces, preferí entrar en la cueva de silencio. Pero no entendí en qué momento me fui transformando. Ninguno de los dos desamarró una palabra más. Silencio imperante como si dentro de él se cocinara la peor de las comidas: las amenazas. O hirviera el acto más violento que se pudiera dar.
—¡Si yo soy una ramera como afirma tu familia, tú eres un muerto de hambre!
Irrumpió señalándome con el dedo, como si quisiera pisotear mi dignidad. Como si arrastrara por los cabellos a mí y a toda mi familia. Yo la miré ahora con los ojos del odio. (Los ojos del corazón se los había llevado la tolerancia).
—Te voy a comer a besos.
No tuve otras palabras sino esas. Y con ímpetu feroz, empecé a comérmela a besos.
Al rato, solitario, tomé una de las calles que conducen al mar. Caminé lentamente, sin rumbo. Detrás de mí, tenía la sensación de que ella me gritaba que la dejara, que no la maltratara, que qué estaba haciendo con ella. Definitivamente mis oídos eran sordos a sus palabras muy lejanas.
Pasé el dorso de mi mano derecha por la boca para limpiar unos trazos de saliva rojiza que se escurrían por mi mentón y con los dedos saqué de entre los dientes unos cabellos largos de mujer idolatrada por cinco años pero devorada en cinco minutos.
Santa Marta, agosto de 2005.
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© Martiniano Acosta
LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN: 0124 - 9282
Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen VI – Número 22
Julio-Agosto-Septiembre de 2005
SUPLEMENTO LITERARIO CARIBANÍA
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DEPARTAMENTO DE IDIOMAS
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
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