El gusano verde
Karla Flórez Albor
La autora es colombiana, nacida en Barranquilla,
radicada en Nueva York, donde difunde la danza, el baile,
la sabrosura del folclor caribe.
Ilustración
Pilar Ribas Maura
Érase una vez un gusano verde,
verdecito como un limón,
que vivía en Matutá, Colombia,
en una plantación de palma africana.
Gusano subía hasta la copa de la palma
para untarse de aceite
y dejar que el sol, su amigo,
le peinara los cabellos blancos y largos,
con los rayos amarillos de su luz.
Cada mañana se despertaba bien tempranito
y caminaba por el tallo de la palma africana,
al ritmo de tambora, a veces rápido y a veces lento.
Llevaba una tambora colgada en su cuello,
que sonaba:
¡Tum tum ka tum ka!
¡Tum tum ka tum ka!
Gusano subía y subía,
al ritmo de la tambora:
¡Tum tum ka tum ka!
¡Tum tum ka tum ka!
Cuando de repente…
—¡Ahumm, ahhusuu!
Tengo un poquito de hambre —dijo.
—Creo que voy a llenar mi panza en esta estación
y ¡ziiiiip Zip Zipiti ziiip!,
se deslizó por una de las hojas
para comer un poco.
Llegó el medio día y el hacendado salió a ver su plantación.
Vio que todas las hojas estaban llenas de huequitos,
unos grandes, otros chiquitos.
—Pero, ¿quién ha hecho estos huequitos en las hojas de mis palmas?
—se preguntó.
—¿Saben ustedes quién? —gritó.
Gusano no se había dado cuenta
y seguía comiendo:
¡Ñap ñap Ñapiti ñap!
¡Ñap ñap Ñapiti ñap!
Se movía a un lado y al otro,
se movía hacia arriba y hacia abajo,
al ritmo de la tambora:
¡Tum tum ka tum ka!
¡Tum tum ka tum ka!
Hasta que…
—¡GUUUUSAAANOOOOOO! —gritó el hacendado
y, furioso, fue corriendo a buscar un mechón
y ¡empezó a quemar al gusano!:
¡Zuas zuas zuas!
¡Zuas zuas zuas!
Y Gusano cayó… ¡plof!
Muu… muu…
¡muy desmayado del calor!
Se enroscó como un caracol
y escondió su cabezón.
El sol, su amigo, llamó al rayo,
el rayo llamó a la nube,
la nube llamó a la lluvia
y formaron un chaparrón que apagó al mechón.
El hacendado salió corriendo
para protegerse de la lluvia.
Y Gusano aprovechó
para levantarse y salir pitao:
¡Zziiiiip Zip Zipiti ziiip!
al ritmo de la tambora:
¡Tum tum ka tum ka!
¡Tum tum ka tum ka!
Bajó rapidito por el tallo,
se escondió en un huequito
que hizo en la tierra blanda
y no le quedó… ni un cabellito blanco.
Temblando, se acostó acurrucadito
para esperar el otro día.
Pronto quedó dormidito
para recobrar energías.
Y así subir nuevamente, al día siguiente,
a buscar el aceite
en la copa de la palma africana.
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© Karla Flórez Albor
LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN: 0124 - 9282
Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen VI – Número 23
Octubre-Noviembre-Diciembre de 2005
SUPLEMENTO LITERARIO CARIBANÍA
ISSN: 0124 - 9290
DEPARTAMENTO DE IDIOMAS
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
Barranquilla - Colombia
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