La tendencia incestuosa
en los cuentos de Juan Rulfo
Elvira Urquijo De Moya
Geisel Coronado Hernández
Licenciadas en Lenguas Modernas
Universidad del Atlántico
Ramón Ricciardi y Bernardo Hurault, comentaristas y exégetas bíblicos, plantean que la “Ley de la Santidad” se extiende más sobre las prohibiciones sexuales.
“Estas prohibiciones, ahora consideradas por tanta gente como prejuicios anticuados, son en realidad las que asientan la dignidad del hombre por cuanto someten sus caprichos a una ley (1972: 139).
En La Biblia, El Levítico, la “Ley de la Santidad” establece ciertas normas de comportamiento que el hombre debe tener en cuenta en relación con las actividades sexuales. “Ninguno de ustedes tenga relaciones sexuales con una parienta directa. [...] Quienes cometan estos pecados, todas la personas que los cometan, serán eliminados de su pueblo” (139). La cita anterior se refiere a la prohibición bíblica de las relaciones incestuosas y el castigo para las personas que las cometan.
Desde el principio, el incesto ha sido un tema controversial, prohibido y juzgado por la sociedad civil y, sobre todo, por la iglesia, debido a que este problema vincula actos sexuales o eróticos producidos entre parientes, aparte de que la sociedad y las instituciones religiosas consideran los tópicos sexuales como motivos tabúes. Ante tal situación, salta a la vista una pregunta: ¿Cómo Rulfo, siendo una persona religiosa, como anota Lyon, logra ubicar en la mayoría de sus cuentos un tema tan controversial como el incesto?
Como anota Lyon, “Rulfo es un observador muy profundo de su Jalisco natal, estado de México muy apasionado por la religión” (Internet, 2004). Además, como el mismo Rulfo lo afirma en una entrevista realizada en 1969 por Olga Couoh, “Imaginar es recrear la realidad. Para imaginar hay que conocer” (2004). Ante tal presupuesto, se puede decir que Rulfo escribía sobre las realidades que observaba a su alrededor, en la ciudad donde vivía o en los pueblos que visitaba con frecuencia. Ahora, es muy probable que en la mayoría de estos pueblos, el incesto fuese un problema común, por ser sociedades premodernas, con poco grado de instrucción y educación y un desconocimiento de la ley civil.
Cabe resaltar que el tópico del incesto atraviesa transversalmente toda la literatura latinoamericana, de tal manera que aparece en la mayor parte de nuestros narradores: Borges, Cortázar, García Márquez, Vargas Llosa, Donoso, Marvel Moreno, Cepeda Samudio, Rojas Herazo, Germán Espinosa, entre otros, seguramente porque es una práctica arraigada en nuestras sociedades, no solo en estratos proletarios y campesinos sino en las clases altas. El complejo de incesto en las clases acomodadas puede estar determinado más por razones psicológicas o por el placer de experimentar cosas nuevas, que por la falta de educación y cultura.
La mirada pornográfica del hermano de Tacha
En el cuento SMP, la forma como el narrador describe a su hermana Tacha, contiene indicios de una mirada incestuosa:
“La Tacha, que va como palo de ocote crece y crece y que ya tiene unos comienzos de senos que prometen ser como los de sus hermanas: puntiagudos y altos y medio alborotados para llamar la atención”. (SMP: 157)
También se siente esa mirada incestuosa del hermano en:
“El sabor a podrido que viene de allá salpica la cara mojada de Tacha y los dos pechitos de ella se mueven de arriba abajo, sin parar, como si de repente comenzaran a hincharse”. (SMP: 157)
Agregado a lo anterior, Guillermo Tedio comenta que el narrador también cumple un papel de “mirón o voyeur”, por la forma como describe los actos lujuriosos de sus hermanas mayores: “allí estaban en el corral, revolcándose en el suelo, todas encueradas y cada una con un hombre trepado encima” (SMP: 156).
Efectivamente, en este relato sobre las hermanas “pirujas”, quienes tienen relaciones sexuales con sus amantes momentáneos, en el patio de la propia casa paterna, el hermano (narrador) posee una mirada voyeurista, que pone al descubierto ante el lector su inclinación incestuosa.
Según Guillermo Tedio, “los espacios reducidos y la promiscuidad de la vivienda campesina” (Internet, 2004), contribuyen a incrementar la tendencia incestuosa”. Al respecto, Frazer, citado por Enrique Salgado, “supone que los pueblos primitivos sentían una tentación especialmente poderosa hacia el incesto, mucho más intensa que la existente en los pueblos civilizados” (1985: 39). Se podría decir que una de las razones por las cuales el narrador percibe a sus hermanas desde una focalización incestuosa, podría ser la estrechez de los espacios que pone en contacto promiscuo los cuerpos.
Al analizar el pensamiento de Frazer en relación con la antinomia “pueblo primitivo/pueblo civilizado”, la palabra primitivo se relaciona con lo poco desarrollado, lo elemental, lo encerrado; en cambio, civilizado se refiere a lo desarrollado, lo amplio, lo extenso. Así, si el pueblo donde habita el narrador, hermano de Tacha, se considera primitivo (campesino), habrá una fuerte influencia de los espacios reducidos y la falta de relaciones exogámicas, hechos que propician la imposibilidad de contemplar otras “mujeres”, diferentes a las de su familia.
Ahora, retomando el voyeurismo, aunque se desconocen sus causas, se puede pensar que el desarrollo escaso de sociabilidad de una persona juega un papel importante en el nacimiento de las conductas del mirón sexual. Esta falta de sociabilidad se puede percibir en el narrador, pues tal parece que permaneciera día y noche metido en su casa, sin salir a ningún lado, lo que le ocasionaría desviaciones en su proceder sexual, como la inclinación incestuosa y el voyeurismo (ver a sus hermanas pirujas haciendo el amor en el patio, y el crecimiento de los pechos de Tacha).
La pasión entre parientes afines
Mientras que en “Es que somos muy pobres”, se trata de una inclinación incestuosa que no se materializa carnalmente, por su parte, en “Talpa”, encontramos una relación incestuosa directa que se da entre el narrador y su cuñada Natalia: “Yo ya sabía desde antes lo que había dentro de Natalia […]. Habíamos estado juntos muchas veces; pero siempre la sombra de Tanilo nos separaba” (T: 179). Este tipo de unión resulta incestuosa porque se da entre parientes por afinidad, es decir, por la relación que establece el matrimonio entre la esposa o el esposo y los parientes del otro cónyuge.
En el cuento “Talpa”, el narrador se muestra como la persona que cuida de Natalia en medio de su desdicha, debido a que su esposo Tanilo, hermano del narrador, padece una penosa enfermedad. El cuñado aprovecha así la situación para seducirla y finalmente establecer una relación sexual que resulta incestuosa por afinidad. Por otra parte, para Natalia, como menciona Alberto Vital, el tener sexo con su cuñado “es una posibilidad de escapatoria” (1998: 30), pero ese alivio tarde o temprano se convierte en culpa, como se muestra al inicio del cuento, cuando ya han regresado de Talpa. “Natalia se metió entre los brazos de su madre y lloró largamente allí con un llanto quedito” (T: 177).
Si se observa la teoría anterior de los espacios reducidos en la vivienda campesina, como propiciadores de relaciones promiscuas, se podría decir que el narrador, Natalia y su esposo vivían en la misma casa, lo que aumentaba la posibilidad del contacto carnal. El narrador entonces fija su atención en la cuñada, sobre todo cuando ella vive un tiempo de soledad sexual, al estar enfermo su marido. La posición de Natalia es la de una mujer con deseos y pasiones, que ante la enfermedad de su esposo, cae en un estado de ansiedad y desesperación. Así, encuentra en su cuñado al único hombre que la acompaña en tales momentos de angustia. Aquí se aplicaría lo que dice Vital, la sexualidad como vía de escape al sufrimiento.
Dadas las circunstancias del marido enfermo, el apoyo que el narrador le ofrece a su cuñada se complica en el adulterio, en la relación sexual. Al manifestarse la pasión, Natalia olvida, en la borrachera de lo erógeno, el sufrimiento moral de tener un marido enfermo. Según Enrique Salgado, “el sexo es completamente egoísta y usa el objeto solo para obtener satisfacción” (1972: 29). En el caso de Natalia, el sexo, en la satisfacción carnal, le produce un estado de liberación, de fuga de la desgracia.
El remordimiento y la culpa no son generados por el adulterio en sí mismo sino porque ellos desearon (y se produjo) la muerte de Tanilo para realizar plenamente su pasión. Al morir Tanilo, el sentimiento de la culpa les remuerde tanto las conciencias que se ven imposibilitados para continuar con su relación.
Dulce como la flor del obelisco
En “Macario”, la tendencia incestuosa se presenta de manera simbólica, por un vínculo entre parientes ficticios que no tienen relación biológica pero sí una relación social. Macario es un joven retardado que vive en casa de su madrina, donde la criada Felipa abusa sexualmente de él, provocando de esta forma una unión incestuosa no por parentesco de consanguinidad sino por un tipo de relaciones simbólicas que pasaremos a explicar seguidamente. El contacto físico entre Felipa y Macario se ve cuando se dice: “Felipa me hacía cosquillas por todas partes. Luego sucedía que casi siempre se quedaba dormida junto a mi, hasta la madrugada” (M: 191).
La narración en el cuento es efectuada por Macario, quien a causa de su retardo, no posee la capacidad de mirar a Felipa como la persona que abusa sexualmente de él sino como la persona que lo salvará del infierno, pensamiento que le ha sido inculcado por la propia abusadora. “Y entonces me iré con toda seguridad derechito al Infierno. Y de allí ya no me sacará nadie, ni Felipa, aunque sea tan buena conmigo” (M: 194).
Pero la realidad es otra, Felipa chantajea a Macario con la posibilidad de irse al infierno, si no se acuesta con ella, y él, ante el temor de ser arrastrado por los demonios, cumple sus órdenes.
“Felipa dice, cuando tiene ganas de estar conmigo, que ella le contará al Señor todos mis pecados. Que irá al Cielo muy pronto y platicará con Él pidiéndole que me perdone toda la mucha maldad que me llena el cuerpo de arriba abajo”. (M: 191)
La vida de Macario se proyecta como una existencia llena de sufrimientos. En primer lugar, tiene una madrina que lo maltrata física y moralmente, una criada que abusa sexualmente de él y, como si fuera poco, la gente que se encuentra a su alrededor lo maltrata arrojándole piedras. Por eso, para Macario, el único lugar donde podía sentirse “seguro” era su cuarto, ese espacio pequeño y sucio, lleno de alimañas y costales. Pero hasta allí llega Felipa, con sus amenazas del infierno y sus acosos sexuales.
Quizás Felipa intuya que está pecando al abordar sexualmente a Macario y quizás por ello rece tanto, aunque diga que lo hace para pedir por los pecados de Macario. En la casa de la madrina, Macario es la única figura masculina, la única posibilidad que se le ofrece a Felipa para satisfacer sus deseos sexuales.
Por su parte, Macario no ve a la criada desde el punto de vista sexual, la percibe simplemente, en su mente de retardado, como una madre que le ofrece unos pechos de donde él sabe extraer una leche dulce como las flores del obelisco. La permanente insistencia sobre el sabor de la leche puede ser indicio de la ausencia de la figura materna, quien se encuentra en el purgatorio, a donde Macario quiere ir cuando se muera, para verla. “Además, aquí vive Felipa. Felipa es muy buena conmigo. Por eso la quiero […]. La leche de Felipa es dulce como las flores del obelisco” (M: 190).
Por otro lado, a nivel simbólico, se acentúa la relación incestuosa al pensar que Macario es un niño o adolescente y Felipa ya una mujer madura. Es posible que Macario sea cronológicamente un joven, o en fin, un adulto, pero lo que importa señalar aquí es que en su conciencia, por el retardo que padece, es un niño. También, habría que establecer el hecho de que Macario depende de su madrina (segunda madre) y que Felipa es una especie de prolongación de la madrina, en la casa, la encargada de la preparación de la comida.
El fruto de la santidad
Finalmente, en el cuento “Anacleto Morones”, se muestran dos tipos de conexiones incestuosas. El primero y quizás el más gráfico de todos es el producido entre padre e hija, hasta el punto de que Anacleto engendra un hijo en su propia hija, razón por la que el santero entrega la joven a Lucas Lucatero, para ocultar o tapar la falta.
Según la teoría del parentesco, en este caso, se trata de un vínculo por consanguinidad, relación en la que se establecen nexos de descendencia o hermandad. En una conversación que sostiene Lucas Lucatero, servidor de Anacleto Morones —llamado “El Santo Niño”—, con Pancha Fregoso, una de las beatas cincuentonas santificadas sexualmente por el embaucador, se muestra la relación incestuosa entre padre e hija:
“—Era el fruto del Santo Niño. Una niña. Y tú la conseguiste regalada. Tú fuiste el dueño de esa riqueza nacida de la santidad.
“—¡Monsergas!
“—¿Qué dices?
“—Adentro de la hija de Anacleto Morones estaba el hijo de Anacleto Morones”. (AM: 286)
Anacleto se muestra como un nómada que anda de pueblo en pueblo, sin rumbo fijo, debido a que su negocio así lo exige. Al respecto, Lucas Lucatero comenta:
«Por allí íbamos los dos, uno detrás de otro, de pueblo en pueblo. Él delante y yo cargándole el tambache con las novenas de San Pantaleón, de San Ambrosio y de San Pascual, que pesaban cuando menos tres arrobas». (AM: 283)
En cierto modo, Anacleto muestra esa misma inestabilidad a nivel emocional, hasta el punto de llevar una vida sexual inestable, yendo de una mujer a otra, sin importarle que fueran feas, bonitas, jóvenes, viejas, extrañas, parientas o “floripondios engarruñados”, como Lucas Lucatero llama a las beatas cincuentonas de la Congregación de Amula.
A Anacleto Morones lo único que le interesa es el sexo, lo que, a decir verdad, lo convierte en un aberrado, en la medida en que no se interesa en un solo tipo de mujer ni en la convivencia con ellas. Es entonces un amante pluralmente heterogéneo, una especie de don Juan. Por aberración sexual se entiende toda aquella conducta que implique una desviación con respecto al objeto sexual o con respecto al fin sexual.
La hija de Anacleto, al parecer, permanece en todo momento al lado de su padre, durante las correrías, lo cual impide en ella su desarrollo y convivencia social, como cualquier joven normal. Por el contrario, vive en un mundo aparte, endógeno, soportando los abusos de su padre, en medio de la estrechez de los espacios. Ello le ocasiona profundos traumas que la convierten en una mujer promiscua, tal como lo afirma Lucas Lucatero:
“—[…] le gustaba mucho la bulla y el relajo. Debe andar por esos rumbos, desfajando pantalones". (AM: 282)
“—[…] Le dio por enseñarles la barriga a cuantos se le paraban enfrente, solo para que vieran que era de carne. Les enseñaba su panza crecida, amoratada por la hinchazón del hijo que llevaba adentro. Y ellos se reían. Les hacía gracia. Era una sinvergüenza. Eso era la hija de Anacleto Morones”. (AM: 285-286)
La segunda inclinación incestuosa es de orden simbólico, dado por un parentesco ficticio, tal como se produce en “Macario”. Ahora se involucran Anacleto Morones, nuevamente, y un grupo de viejas beatas, todas cincuentonas, viejas, “como pasmadas de burro”, que tal vez podrían cumplir un rol de madres al lado del “Niño Anacleto” o del “Santo Niño”, como ellas solían decirle. Además, la juventud y vitalidad de Anacleto se ve reflejada en el sin número de relaciones sexuales que tiene en el transcurso del cuento. En este sentido, Lucas Lucatero comenta:
“¿Y qué me dicen de las demás? Dejó sin vírgenes esta parte del mundo valido de que siempre estaba pidiendo que le velara su sueño una doncella”. (AM: 286)
También se prueba la fortaleza sexual de Anacleto cuando Pancha le dice a Lucas Lucatero, al final del cuento:
“—Eres una calamidad, Lucas Lucatero. No eres nada cariñoso. ¿Sabes quién sí era amoroso con una?
“—¿Quién?
“—El Niño Anacleto. Él sí que sabía hacer el amor”. (AM: 290)
A manera de resumen, podríamos decir que efectivamente, en los cuatro cuentos, SMP, T, M y AM, encontramos el tema del incesto desarrollado de diferentes formas. Por ejemplo, en SMP, no se produce ningún tipo de relación sexual entre Tacha y su hermano, pero además de la mirada voyeurista del narrador hacia sus hermanas, al final de la historia se deja entrever un futuro de incesto carnal, cuando el hermano la abraza.
Por otra parte, en “Macario”, solo hay caricias íntimas (cosquillas) entre Felipa y el retardado, a menos que tomemos la frase “acostándose encima de mí” como el indicio de un acto sexual.
“Felipa antes iba todas las noches al cuarto donde yo duermo, y se arrimaba conmigo, acostándose encima de mí o echándose a un ladito. Luego se las ajuareaba para que yo pudiera chupar de aquella leche dulce y caliente que se dejaba venir a chorros por la lengua”. (M: 191)
Finalmente, en T y AM, las relaciones incestuosas que se presentan son de tipo genital. La primera relación, entre Natalia y su cuñado, se produce en la propia casa y luego en el camino, durante la peregrinación, cuando están llevando a Tanilo ante la Virgen de Talpa, para que, según él, le cure las llagas.
“Siempre sucedía que la tierra sobre la que dormíamos estaba caliente. Y la carne de Natalia, esposa de mi hermano Tanilo, se calentaba en seguida con el calor de la tierra. Luego aquellos calores juntos quemaban”. (T: 180)
La segunda relación incestuosa carnal se da entre Anacleto y su hija, dejando como producto de esa relación un hijo. La tercera, entre el mismo Anacleto y las viejas rezanderas de la Congregación, como se muestra en los citados anteriores.
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Revista Trimestral de Estudios Literarios
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Octubre-Noviembre-Diciembre de 2005
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