Misiones soñadas y cumplidas

Julio Olaciregui
julio.olaciregui@afp.com

El viaje lo pasamos hablando de algunos músicos y filósofos y soñamos con el plan de una novela sobre Juancho Polo Valencia, pero lo que nunca olvidaríamos sería esa cita con la memoria, más allá del tiempo y del mar: la entrega de la biografía del gaitero mayor Toño Fernández, y de un par de chuanas o gaitas, macho y hembra, al Museo Internacional de la Gaita de Gijón.

En el autobús hacia Madrid viajábamos ese sábado de mayo como dos jóvenes de 50 años, eternos estudiantes de filosofía y letras, conversando sobre la vida y sobre la muerte, sobre alegrías y tristezas, comentando la fiesta del pensamiento que acabábamos de gozar en Granada cuando, cual mariposa negra, brotó del periódico la mortificación del instante, había desaparecido Rafael Gutiérrez Girardot, filósofo colombo-alemán, de verdad  un profesor, un gran crítico de nuestras errancias, ingenuidades y faltas de rigor.

—Ayúdame a llorar compañero —dijo Numas Armando Gil Olivera, colega suyo, profesor en la Universidad del Atlántico, quien lo conoció, lo escuchó en un seminario, lo entrevistó para el primer tomo de su libro Reportaje a la filosofía.

Al regresar a París buscaría ese texto, allí estaba el pensador boyacense educado en Alemania, fascinado por Kant, el cielo estrellado sobre mi cabeza y la ley moral dentro de mí, repetíamos, tratando de seguir su ejemplo de pensar y conversar, analizar lo que está sucediendo, aprender lenguas, reflexionar sobre las leyes, sobre la justicia, sobre las costumbres, sobre el origen de la geometría, estudiar todo lo que puede preservar y nutrir la vida.

En Granada, la ciudad de García Lorca, ya el verano mojaba las espaldas con su esplendor y por ello buscábamos la sombra de las callejuelas y los jardines; nos cruzábamos a cada instante con los mil filósofos y expertos que asistían al XXII Congreso Mundial de Filosofía del Derecho y Filosofía Social, una suerte de organización de pensadores del mundo entero unidos en el esfuerzo de reflexionar sobre el derecho y la justicia, más allá de las fronteras y naciones, más allá de las guerras presentes y porvenir.

La gran estrella de Congreso era el filósofo alemán Jürgen Habermas quien habló de la "violencia privada" —sobre todo en la lucha por la tierra— que reina dentro de algunos Estados en el mundo, generando una gran confusión y haciendo dudar sobre las posibilidades de canalizar jurídicamente las relaciones internacionales.

Gutiérrez Girardot, en su apasionante entrevista con Numas Armando Gil, critica a Habermas, a Octavio Paz, a Ortega y Gasset, a Foucault y a Derrida, no deja títeres con cabeza, pero lo mejor son sus consejos a los estudiantes: "cuando estudien no lo hagan solamente para ganar un diploma, para cumplir con una función social, sino para tener una extraordinaria pasión ligada a un extraordinario esfuerzo por superar todos los hábitos negativos que ha dejado el largo dominio anacrónico del pensamiento clerical; para satisfacer la pasión intelectual deben tener precisión, fundamentación, coherencia. Esto por una razón muy práctica, y es que a nosotros los profesores e intelectuales, y a los estudiantes, nos desprecian, pero sin nosotros no podría existir la República […]. El intelectual es un aventurero en el mejor sentido de la palabra, que se ve incluso amenazado […]. La pasión por América Latina es bella porque es la pasión por un mundo nuevo... debemos tener conciencia de que somos un mundo nuevo y desarrollar una pasión para cumplir una utopía del Nuevo Mundo que no se ha cumplido. Y lo dijo Pedro Henríquez Ureña: sobriedad y pasión por América Latina son dos elementos que deberían transmitirse o cultivarse en la universidad pública, en nuestra Alma Mater, para diferenciarla de la "privada", porque nuestra Alma Mater es nacional y la nación está por encima de los intereses privados […] yo creo que los estudiantes son mi única esperanza".

En el Congreso de Granada Numas Armando Gil Olivera —el profesor de filosofía es un soñador— leyó un texto sobre la necesidad de la memoria partiendo de la territorialidad o particularidad colombiana, donde a veces "la vida no vale nada"; en su poema filosófico citó con naturalidad a Platón, a García Márquez, a Wole Soyinka.

Más allá de las teorías la manera de filosofar de Gil Olivera es ese apetito por vivir estudiando que siempre le anima, transmitiendo entusiasmo y prestándole atención al cuerpo, a la música, al amor, pregonando la paz, el diálogo, la apertura, yendo a los sitios más "calientes" de Colombia para hablar de derecho y justicia social. Recordaba uno de sus interrogantes en un texto llamado "La ética entre la guerra y la paz en Colombia": "¿Qué somos? Seres naturales, sin duda, dotados de instintos, de necesidades, de requisitos, amenazas y compensaciones fisiológicas, pero seres también dotados de un lenguaje simbólico que dobla nuestra existencia física e individual de una existencia abstracta que compartimos con los demás hablantes; seres formados en la imitación y celebración de lo humano, en el rechazo de la muerte, en la invención técnica ..."

Durante los últimos años este profesor de filosofía nacido en San Jacinto ha sacado tiempo a sus estudios sobre Rousseau y Bolívar para consagrarse a escribir las memorias de los grandes músicos de Los Montes de María,  Adolfo Pacheco, Toño Fernández y los Gaiteros de San Jacinto, entre otros.

En su último libro "Toño Fernández, La pluma en el aire",  Numas Armando le da la palabra al jurista Antonio Nieto Güete, quien cuenta que el propio Toño Fernández, que no sabía leer y apenas firmaba de memoria su nombre, "me entregó, poco antes de morir en 1988, un sobre que contenía una petición de Rafael Meré, conservador del Museo Internacional de la Gaita de Gijón, Asturias, fechada el 15 de agosto de 1975, solicitándole le enviara sus composiciones y sus flautas -macho y hembra- "que ustedes llaman gaitas", acompañadas con las fotografías de su conjunto para que formen parte de la Colección Universal de Gaitas del Museo".

Desde Madrid Numas Armando Gil viajó a Gijón a entregar lo solicitado por Rafael Meré, quien desgraciadamente ya había desaparecido. Debieron pasar 30 años para que pudiera cumplirse esa cita con la memoria —con lo que merece ser guardado y tiene un valor ejemplar.

"Nos ha sido muy grato recibir en el Museo del Pueblo de Asturias su generosa y desinteresada donación de un par de chuanas macho y hembra, así como los dos ejemplares de su libro dedicado al chuanero Toño Fernández, La pluma en el aire, y los dos discos con que amablemente los acompaña. Todos estos materiales pasarán a enriquecer la colección del museo y, por lo mismo, del patrimonio cultural de la villa de Gijón. Con ello, y gracias a su interés y sus desvelos, por los que le testimoniamos nuestra más honda gratitud, queda felizmente cerrada la gestión que en el año 1975 iniciara el ya fallecido Rafael Meré, primer director del Museo de la Gaita". La carta la firma Carmen Rúa Morán, concejala de Educación, en nombre del Museo del Pueblo de Asturias.

Semillas de algo. De todo lo que hablamos durante ese viaje entre Granada y Madrid quedó muy claro que música, filosofía, letras y amor están muy unidos.

Lo mejor que nos puede pasar a quienes escribimos es que nuestros textos nos traigan amor y den al lector ganas de quererse a sí mismo y de amar a los otros. Por eso ahora escuchamos con alegría el experimento musical que nos envió desde Barranquilla el escritor Ramón Molinares Sarmiento, una canción bailable llamada "Porrococho lindo" que en tres minutos viene como un coro necesario a resumir y reiterar lo que todos tratamos de escribir en nuestras novelas: "sin amor no se puede vivir" "Cada una de mis canciones es una novela de tres minutos", dice por su parte el Joe Arroyo de Barranquilla y ahora me gustaría inspirarme de ese concepto para escribir microficciones, "semillas de algo", que al ensartarse o florecer podrían devenir un novelón.

Con Numas Armando Gil Olivera pensamos en el autobús que la novela de Juancho Polo Valencia debía comenzar cuando él se estaba despidiendo de esta vida, en realidad ese primer capítulo "es un sueño trabajoso", o una pesadilla, que él tiene durante la siesta que está haciendo en el Hotel Majestic de Barranquilla donde se encuentra hospedado en vísperas de los  carnavales.

Unos perros muy colmilludos y furiosos lo perseguían, me subí a una paredilla muy alta y abajo los canes, jau, jau, jau ¿oyes ladrar los perros? Algo pasa - no me podía despertar, esos sueños malucos le vienen a uno cuando toma trago revuelto y come mucho chicharrón y maní, Juancho Polo pensaba en su esposa Alicia antes de comenzar a beber, el primer trago se lo soplaba santiguándose, escupiendo, dios bendito, mija, ya voy acercándome a ti, hay amores que dan frutos, hijos o canciones.

Juancho Polo trata de componer sus canciones por la mañana, lúcido, bueno y sano, con el ojo blanco aún, sin inyección de sangre-alcohol... en la intimidad no usaba sombrero - y  se le oía casi pensar, soy un artista ignorado hasta por mí mismo, pero lo que sí tengo claro es que me gusta la lira, el acordeón, y cantar, sé que el arte nos hace felices, la poesía... por eso canto y me puedo considerar un artista: le canto a la vida, a mi sombrero, a las mujeres, a los luceros espirituales, a la democracia, a mi mismo y a la que todo lo puede... y también a la ciudad de Santa Marta:

                             “Que tan lindo es pasear en Santa Marta
                              En la tardecita por las orillas del mar
                              Mirando las aguas yo allí me puse a pensar
                              Se me van las horas, pero no me hacen falta...."

París, julio de 2005.
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© Julio Olaciregui  

LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN:  0124 - 9282

Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen VI – Número 23
Octubre-Noviembre-Diciembre de 2005

DEPARTAMENTO DE IDIOMAS
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
Barranquilla - Colombia

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VOLUMEN VI - NÚMERO 23