Marvel Moreno:
Tres cuentos fantásticos

Silvia Boekhoudt de Marenco
silviadisc@yahoo.com
Universidad del Atlántico

En la narrativa de Marvel Moreno, cronista de la vida de la alta burguesía de mediados del siglo veinte, los cuentos "Sortilegios", "La sombra" y "El Encuentro" son atípicos. Marvel es una autora realista por excelencia, su tiempo y su espacio son, histórico el primero y real el segundo. Hay una evocación a espacios urbanos reconocidos de su ciudad natal Barranquilla: Colegios Biffi, La Enseñanza, Heladería Americana, Barrio El Prado, Avenida Olaya Herrera, Iglesia de San Nicolás, alusiones a fiestas y particularidades ambientales, el Carnaval, la brisa, la flora, el mar, personajes presumiblemente reales en un espacio donde Marvel se encuentra con la memoria de sus vivencias en una urbe donde está arraigado su pasado.

Las isotopías comprenden: misterio (destino, sombra, fantasma, abismo, hueco profundo, muerte), tiempo (cíclico, retrospectivo, lineal), soledad (reclusión en un mundo subjetivo), irrealidad (sueños, idilio, ilusiones, ficción), silencio (ausencia de diálogos, noche oscura), memoria (escatológica, reminiscente), cultura (machismo, negación del Yo), alienación (vertical, temporal).

"Sortilegios" es un cuento acabado, no así los relatos "La sombra" y "El Encuentro", que figuran en El encuentro y otros relatos, según la edición de El Ancora Editores (1992).  Lo que hermana a estos tres relatos es el carácter abierto (final del primero) que los enriquece hasta exigir de nuestra inteligencia e imaginación precisar de qué sombra nos habla la autora, y hacer estas preguntas retóricas: ¿Es el viento, o casi, en las primeras líneas, luego, es la memoria? ¿El pasado revisitado o revisitante? ¿Es el alma, o incluso atman? ¿Un viaje en astral a través del tiempo y el espacio hacia los primeros días de Marvel? ¿Una regresión? ¿Qué encuentro, si este no se da? ¿Podremos denominar un beso forzado de unos pocos segundos un encuentro? Dejémoslo aquí y dirijamos nuestro interés hacia el carácter eminentemente poético de esta narración, probablemente el poema que Marvel se resistió a escribir o al menos a publicar.

En "Sortilegios", Frank pareciera pertenecer a una secta satánica, según la ceremonia del bosque espiada por Tess. Era la época de los Beatniks, los Beattles, Woodstock, el Ché Guevara, la revolución cubana, el Poder Negro con Angela Davis, el levantamiento de los estudiantes en París, la guerra del  Vietnam, el LSD, tiempo tempestuoso que ejerció influencia sobre la juventud del mundo.

Ceremonia diabólica de hecho, la fascinación que suscita en Adelaida es tan poderosa cuanto inexplicable o paradójica. Inicialmente es el miedo, extrañamente ante lo bizarro y trasgresión de personajes, un hippie como los muchos que había en esa época, un gitano, un mago y brujo, un sacerdote satánico, un corruptor de señoras a quienes inicia en la droga. Por este Frank, Adelaida está cautivada, y acabará llevándolo a su propia habitación.

Para volver a  la condición atípica propuesta al principio, señalaremos el carácter fantástico de Frank, cuya mirada persigue, asedia, de manera obsesiva, a Adelaida, o bien, es ella quien se siente espiada. Estas características y otros detalles se suman al increíble final, confirmando en "Sortilegios" el carácter de cuento fantástico.

Lo mismo cabría afirmarse, si bien por otros motivos, de "La sombra". Aquí el carácter fantástico está logrado merced a la indeterminación o ambigüedad de lo que la autora denomina “la sombra”, si convenimos en que el título alude expresamente a la conciencia de los personajes que vuela en el tiempo y el espacio hacia el pasado, como sucede en el cuento "The dead" ("El muerto"), de Joyce, en lo onírico y el fluir de la conciencia de Gabriel, quien, dominado por el deseo erótico impetuoso, terminada la fiesta navideña, contempla a su esposa, pero ella está paralizada en la memoria del tiempo y la muerte de su novio en época de su adolescencia. En cuanto a lo rememorado, nada más fantástico que trasladar al lector a Juan Rulfo en Pedro Páramo,  su memoria mágica, onírica y real.

“La Sombra” y “El Encuentro” son una fantasía poética, pero les falta el ramalazo de asombro, de revelación, de arte del final que cierra y abre “Sortilegios”. Un relato, una novela, bien podrían acabar de diversas maneras, o no acabar simplemente, pero al leer un  cuento como “lo manda la ley”, tenemos la convicción de que su final es y sólo podría ser ése, y nos trasladamos a “Una rosa para Emilia”, de Faulkner, donde no se sabe si el cadáver descubierto en la casa de Emilia es el de su amante; "El corazón delator", de Poe, en el que el ruido del latido indica donde está enterrado el horrible corazón, y otras joyas del género, sin dejar por fuera a García Márquez, Borges, Cortázar, Onetti, pertenecientes a la gran narrativa hispanoamericana con sus preciosas creaciones del género probablemente más exigente de la creación literaria, partiendo de la concepción de Borges, de que en las  novelas se pueden incluir muchos detalles,  pero no así en el cuento, dadas sus exigencias.

Otro de los rasgos en la narrativa de Marvel es el desencuentro a manera de un problema onírico, sucede en “Sortilegios” cuando para Adelaida, Frank es real. En cambio, Harrison nunca llega a saber que Lucía lo ama con pasión. ¿Cuándo se fijó en ella? Si es que se puede fijar en pocos segundos en una niña de trece años. En dos de los relatos, la mujer asume una posición de cambio y se supera, lo que no sucede en “El encuentro”, cuando una adolescente se aparta del disfrute de una vida plena con el hombre que quedó grabado en su conciencia, que le fascina a lo largo de su vida, para su fatalidad,  en la perfección del espíritu griego. A  través del análisis de estos tres cuentos, proponemos que lo fantástico halla su territorio en lo sobrenatural creado por el hombre:

Según Blanca Inés Gómez, “es la imaginación de lo fantástico que lleva al(a) autor(a) a crear un entorno donde lo inexplicable se hace presente. Así mismo abre el espacio de lo onírico, y por ende, del inconsciente en la experiencia de lo  fantástico”. Marvel es diestra, digna, alada y no pocas veces profunda en su exposición de la condición humana, sus sueños y fantasías, cuando con estos tres cuentos estremece la sensibilidad y la razón, en una especie de desafío ante la búsqueda incesante del significado de lo desconocido, las caídas, las paranoias y la muerte.

“Sortilegios” es un cuento que trata del mecanismo de la lucha entre el tiempo y el misterio; es perfecto, dinámico, abierto, resuelto como debe resolverse un cuento a efectos del lector. Es casi una novela breve por los muchos personajes, por las características mismas de ellos y por el desarrollo lo que involucra, no por la extensión.

La actitud de Adelaida ante Frank es extraña: le teme; ante el asedio del hombre, se produce en ella un miedo psicológico que la confunde en su actividad artística. Frank es una especie de mago, de prestidigitador que la lleva a producir cuadros terroríficos. Influye también, creeando en ella desesperación y temor, la muchacha esquelética, drogada, convertida en ruina por los desmanes y violencia de Frank y sus hombres “vivía de los ingresos que le procuraba la venta de heroína a jóvenes herederas que drogaba a la fuerza después de seducirlas”. (23)

Adelaida siente, pero no ve los ojos enigmáticos de Frank clavados en ella: “pues le venía a punto para explicar su ansiedad cuando sentía fijos en ella los ojos de aquél hombre voraces y demoníacos, que la buscaba en todas partes”. (23)

El clímax se presenta cuando los hombres de Frank le ofrecen heroína, pero no se sabe si la aceptó y fue causa de su delirio en la celebración de los ochenta años de su amigo, el poeta, cuando Adelaida ingiere alcohol sin reserva y entra en un estado de hipnosis, de alucinaciones que en vez de aprehensión, le produce nostalgia por la ausencia de Frank, una especie de paroxismo, de sueños eróticos con este personaje, así que va a buscarlo a su casa de Puch.

La evolución del personaje de este bello cuento va en crescendo, y en un momento dado, no sabe el lector o lectora qué va a pasar con esta mujer y el hombre que parece venido del Hades. Es un pensamiento que se transforma ante una escena de aquelarre, alucinógena y psicológica. Ella no creía que Frank había abandonado el cuarto, no se sabe si ha entrado. Así, el cuento es perfecto por su efecto polisémico, de varias posibilidades de interpretación.

La apertura es maravillosa, con una combinación poética y barroca; hay dinámica en la descripción de la naturaleza que rodea al pueblo de ensueño. Adelaida, en su impotencia y miedo, en vano trata de reproducir este panorama. Aliviado el clímax, tras haber pasado la noche con Frank, se transforma y participa en la Bienal de Sao Paulo, en el evento suramericano.

En el mundo, no obstante las crueldades, es posible la solidaridad humana, actitud que la autora explica en Tess, persona estudiosa de “lenguas antiguas y modernas y [que] de tanto viajar sola los veranos por el mundo entero había adquirido una sólida cultura y no poco de confianza en sí misma”. (28) Esta Tess aplaza su regreso a Inglaterra para cuidar a Adelaida, sacarla de su postración y liberarla con palabras “llenas de afecto y sentido común”. (29)

Marvel plantea, de esta forma, la posibilidad de convergencia, de solidaridad con las personas afectadas por problemas y dependencia de las drogas.

Por su parte, “La sombra” es otra historia fantástica en la que la protagonista ya fallecida, narradora en primera persona, regresa a la tierra en búsqueda de su memoria. Hace un viaje retrospectivo a través del tiempo y, estando ya en el lugar donde  se propuso llegar, encuentra la misma situación que había vivido en su época de mujeres  despersonalizadas y sin apoyo; descubre que el tiempo ha permanecido estático, la historia no avanza, la mujer sigue viviendo la misma marginalidad de antes.

El ser esotérico dice: “soy aspirada del hueco profundo de la noche” (88), lo que es un indicio de desarrollo fantástico y bizarro. El fantasma es Doña María Alvarado, narradora protagonista en primera persona, que recuerda la historia de su familia en tres generaciones. Llevada por la brisa, vuela como los pájaros, en ascenso y descenso, hasta encontrarse con sus memorias en la Plaza de San Nicolás. La Sombra entra en la conciencia de Dionisia, empleada fiel de la familia, y se llena de compasión. Ella se siente cansada, con la misma rutina de siempre, la recuerda velando por ella en los momentos de dolor por la muerte de su hija Cristina. Está visto que las criadas, como anota Consuelo Posada, “cercanas al mundo femenino de las señoras dueñas de casa, hacen parte de la cultura del Caribe Colombiano. (75)

La Sombra continúa  su monólogo interior al estilo de Joyce y Virginia Woolf, y ve destellar la luz del Destino, figura escatológica, premonitoria del bien y del mal en lo racionalmente inexplicable, a quien  atribuye resignadamente la razón de su exclusión del universo del saber de su esposo e hija, ya que ella no recibió los conocimientos pertinentes en el colegio donde había estudiado. 

Tétrico es el ingreso del fantasma a la casa que en vida le había pertenecido, la encuentra en ruinas, como la casa heredada de la tía en “Oriane, tía Oriane” de la misma autora. Entra  en la habitación donde está recluida su nieta Adriana, la encuentra triste, resignada, rodeada de soledad y angustia a causa de su marido, de quien “Teme su agresividad, tiene miedo de perderlo”. (95). 

La abuela decide ayudarla,  se introduce en su conciencia y la exorciza, produciendo en ella la trasmigración, característica sicológica de los seres humanos, inducida por esa lucidez o intuición que se adquiere en la solución de un problema. La nieta, mediante la obediencia al dictamen de su conciencia, se libera y regresa a ejercer su profesión de abogada. 

De otro lado, “El encuentro” gira alrededor de los procesos oníricos de una mujer frente a lo increíble, para ella creíble. Lucía, protagonista del cuento, asume una actitud inverosímil, surgida de un amor enfermizo, producido por ese sentimiento psicológicamente real y extraño que algunos seres humanos experimentan, por lo que quedan sujetos a presiones que dominan su conciencia.

El narrador omnisciente inicia el relato con referencia al comportamiento de los adolescentes, cuando tienen ante sí a un artista de mucha popularidad. Esta vez le corresponde al actor de cine Harrison, quien en un momento singular de su visita a Barranquilla —punto de partida de los sucesos e incidencias en la vida de la protagonista Lucía— crea en ella, adolescente, un cúmulo de ilusiones, idilios y locuras. Se produce así un conflicto entre los ideales inverosímiles de una niña y su entrega a un hombre a quien cree amar desde el escenario místico y extraño de su memoria.

La niña no es capaz de protegerse de los conflictos sentimentales y masoquistas que se presentan en algunos seres; no resiste los sueños eróticos y emociones ante el hombre ausente a quien  ama desde el beso sin afecto que él le había dado y que creó en ella una fijación amorosa paradójica que regiría su actitud y comportamiento hasta  la vejez. Es una historia breve que cuenta toda una vida, revelando las capas ocultas del pensamiento y actitud de una mujer, su locura ante una irrealidad, rodeada de una atmósfera sombría, nebulosa. El cuento constituye así un hermoso idilio, profundo, poético con un toque de misterio, esquizofrenia y paradoja.

Esa entrega a un hombre creado por la publicidad, los deseos, sueños eróticos y aislamiento social libremente asumido por la fuerza del imaginario, cargado de misterio y fantasía, incitan admiración en la joven, produciendo un cuadro sublime por lo extraño de esa fidelidad a un personaje fantástico y lejano. Se traslada el lector a vivir todo lo bello y extraño de este romance irreal y sin encuentro.

Al igual que en “La sombra”, la autora no prescinde del destino, personaje invisible que rige al ser humano. Es Pluto, el dios griego, u Orcus para los romanos, que gobierna el mundo oculto, a donde van los espíritus de los que murieron. Son los dioses de Hades, de la vida y de la muerte los que se han apoderado de los dos personajes: el uno, por una fuerza inconsciente que se revelaría en el último día de su vida, y la otra, consciente hasta la paranoia. Ella tiene trece años y vive los sueños típicos y románticos de la adolescencia, en forma exagerada cuando “tuvo la impresión de existir por primera vez el día en que Robert Harrison, el célebre actor norteamericano la besó en el corredor del hotel El Prado en Barranquilla”. (31)

El beso es otro elemento importante en el cuento, por ser el  forjador de toda la historia. Así: “El beso de Robert Harrison le reveló en un instante que era única y diferente de los demás, dejándola abrumada ante el abismo de soledad que acababa de abrirse frente a ella”. (31) Esa convicción de ser única y diferente germina en ella un cambio de sensibilidad y actitud, haciendo que su cuerpo cobre nueva vida, por lo que se hace mujer: “Aquél beso la arrancó de la infancia”. (32)

Los sucesos, al comienzo del relato, son típicos del mundo moderno. Los personajes de la farándula artística, como los actores de cine y los cantantes, producen delirios en los/las adolescentes. La niña Lucía quería de Harrison su autógrafo y, con audacia, supo traspasar las barreras de la policía y llegar a la habitación en donde estaba alojado el actor, quien, convencido de su fama, con la prepotencia que dan los halos a ciertas luminarias del cine, le regala  un breve beso y la invita  a pasar a su habitación, pero ella “salió del hotel como perseguida por un demonio”. (33) Esta escena comporta un cuadro de lucidez y resistencia de Lucía, un cuadro hermoso, el núcleo del cuento, que posteriormente se convertirá en un acto de negación y contraimagen pues “cayó en el vértigo de la emoción. Supo que de allí en adelante amaría a Robert Harrison hasta el fin de su vida”. (33)

La narración invita  al lector a vivir los cambios que se presentarán en ella, quien vivirá ese propósito emocional con convicción, en medio de una contradicción perenne. De este modo, ilustra Marvel el universo psíquico, el determinismo y la definida conducta de la adolescente, cuya personalidad evolucionará a medida que la anécdota raye con la fortaleza de su identidad.

El contenido de la prosa da fe de la capacidad de la autora, quien a sus años de soledad, silencio y dolor, agrega el silencio, la ausencia, la soledad y el sufrimiento callado de la protagonista. Es el espacio predilecto de Marvel, recuerdo de su niñez, de un tiempo en que todavía no había aparecido la televisión pues no se menciona, así que debían ser los años cuarenta o cincuenta.

Tenemos magistralmente contada la historia de toda una vida. Es un relato en el que ninguna palabra está demás. Marvel es constructora de historias como las que construye Rulfo, bajo una estética que recibe la influencia de “the lost generation” (la generación perdida) de Hemmingway. El personaje vive en un universo cerrado y preciso. La vida erótica de Lucía no tiene plenitud ni realización pues ello está vedado. La protagonista resulta un personaje sin sexo, una soñadora que vivirá con ese beso que generó en ella una existencia sin diálogo.

Harrison es el mago mítico que ordena la vida de Lucía desde su yo inconsciente. Ella recrea la verdad irreal de este hombre que la transforma, que contamina desde la lejanía su vida fragmentada por la nulidad de lo irrealizable. Lucía, ante lo irreal, adquiere otro punto de vista frente al mundo, lo que le genera conflictos, aislamiento, angustias e indiferencia ante el hambre. Solo la acosa el  deseo irresistible de ver las películas de Harrison, de comprar sus afiches y retratos con el poco dinero que recibía de su tía, profesora de inglés con bajo sueldo: “Su tía desde Miami le enviaba de vez en cuando algunos dólares y así podía comprarse en los recreos y ver todas las películas de Robert Harrison”. (35)

Lucía vive con intensidad el mito creado por la magia del actor evocado. Su monomanía es indicio de una esquizofrenia causada por su coexistencia con los elementos incompatibles que la dominan, de modo que vive la subjetividad y la “verdad” de su vida, ignorando el mundo material objetivo, sin poder distinguir entre la realidad y la fantasía desde su introspección psicológica.

A la muerte de su madre, cuenta con cuarenta y seis años. Han pasado treinta y tres desde el encuentro con el actor de cine, no obstante, el fervor de sus sueños no disminuye. La estrella de Harrison se apaga, él se empobrece, pero ella sigue fiel al recuerdo del beso: “Menos rico, Lucía lo sentía más cercano, más accesible”. (38)

El tiempo no se detiene, Lucía envejece pero quiere parecer joven, se somete a una cirugía estética; su visión disminuye pero se rehúsa a usar espejuelos para aparentar juventud. “When your youth goes, your beauty will go with it, and then you will suddenly discover that there are no triumphs left for you”. (Oscar Wilde, 39) (“Cuando tu juventud se va, irá con ella también tu belleza, entonces descubrirás que ya no hay  triunfos para ti”).

La vida pasional y la perseverancia de Lucía transcurren en el antes de su niñez y en el ahora de su vejez;  a pesar de ello, sus ideas no cambian, su consciencia fluye sin alteración, y como dueña de un carácter firme, sigue avanzando. Dentro de  esta peculiaridad de su ser, llega a ocupar una alta posición en el trabajo, con un buen salario: “Era la secretaria personal del director de una gran empresa y durante las vacaciones de Pascua viajaba”. (37)

Acompañada de sus ideales, viaja a Palma de Mallorca en busca de Harrison, no lo encuentra pero sí a un amigo del actor que al morir le deja su perro para que lo cuide. El perro  simboliza el afecto que a ella le fue negado: “Lucía descubrió la dicha de compartir un afecto”. (41)

En cierto momento aparece Harrison caminando por la calle de la mencionada ciudad. É la ve y la invita a tomar una copa, pero ella rehúsa la invitación, no lo reconoce pues está casi ciega. Los dos se encuentran:  inexplicablemente ella atrajo su atención. Él la sintió como suya, guardada en su inconsciente, pero el tiempo que rige la vida de todo ser la había ocultado en la lejanía, desde el encuentro efímero en el hotel. A él no le fue posible descifrar el misterio de esa atracción ni  la figura de quien  tenía ante sí. Este es el clímax que no brinda solución a la pasión indescifrable de Lucía.

El actor muere en la calle, donde encuentran su cuerpo. Este suceso connota lo real y lo falseable al lado de lo fantástico. Harrison, cuya vida es un misterio, dominó la vida de esta mujer. ¿Se casó alguna vez? ¿Por qué vivía con un amigo y su perro? ¿Sería bisexual? ¿Valió la pena toda una vida en espera de un encuentro que termina en un  desencuentro, con una esperanza que al final muere?

La premonición que había invadido a Lucía, se legitima cuando  ve a unas personas leyendo con atención un periódico en que está retratado el cadáver de Harrison. Este hombre, protagonista oculto, unido un día a una adolescente por medio de un beso, termina rehusado, sin querer, por ella,  que dedicó toda su vida a buscar este encuentro. Todo acaba en el misterio.

Marvel Moreno resulta así una autora alada, diestra, hábil y segura. Su ficción nos asombra por su atmósfera mágica, fantástica, sublime, hermosa, con un valor innegable. Al lado de las mujeres débiles y oprimidas, encontramos a una que, no obstante  perseguir lo increíble, despierta admiración y simpatía por su tenacidad. Marvel nos dice hasta dónde  puede conducir la fuerza emotiva en una mujer, a pesar de la toma de decisión no prevista, el final  inesperado. Por otro lado, la educación positivista, de rasgos conductistas de órdenes, adoctrinamiento, repetición,  imposición del silencio y la irracionalidad, era la que se practicaba en América Latina, según Paolo Freire, con resultados inhumanos, como se ve en el relato, cuando se habla de “las religiosas del colegio cuyas órdenes nunca se había atrevido a desconocer” (31).

Lucía se apega de modo vehemente al mito, por lo que resulta víctima de las ilusiones, los conflictos dramáticos y las fuerzas naturales y espirituales oscuras: “a veces una tímida lágrima temblaba en sus párpados”. (36)

La contención de las lágrimas  simboliza  su soledad, el no atreverse a comunicar su lucha interior, quizás por incomprensión o por temor a una represión. Es esta la historia contada por Marvel en forma genial, donde nada se resuelve para Lucía, por lo que al lector solo le queda preguntarse: ¿Se moriría dada su edad? ¿Supo soportar ese golpe? 

A manera de conclusiones, diremos que Marvel, en estos tres cuentos, no se aleja de Shakespeare, quien llevó, por primera vez, muchas características humanas a la literatura, cuando  muestra, revela y desafía con verdades, los antagonismos e intolerancia de unos seres. En ello se resalta la sensibilidad poética de Marvel, al contar el drama de la adolescente que sueñan con un idilio cuya irrealidad produce una atmósfera  y magia que no son fáciles de explotar en un trabajo literario, dada la naturaleza exótica y las circunstancias diabólicas  que rodean a Adelaida, el ambiente místico en que se mueve Adriana.  Lo bello y lo poético  residen en la actuación de las protagonistas en dos mundos de valor y significados diferentes: uno, irreal y dramático, y el otro, ético y moral.

Marvel fue una mujer culta, que disponía de una excelente biblioteca en su casa como lo manifestaron algunos que la conocieron y la admiraban por su inteligencia en el colegio donde terminó sus estudios. Fue además reina del carnaval de Barranquilla, alegre como pueden ser las caribeñas, firme en la defensa de sus convicciones, por lo que fue retirada de un colegio donde estudiaban las “niñas bien”.

No abandonó sus raíces. Al leerla, estamos ante alguien del Caribe, no obstante haber escrito sus obras en Europa.  La palabra brisa aparece en sus obras, un viento suave, de embrujo, mágico, como realmente se siente en la ciudad de Barranquilla, sobre todo en la madrugada de un ocho de diciembre.

Su estilo hecho de un lenguaje poético, rítmico y armónico se explica en su dominio del arte narrativo, que le posibilita recurrir a ficciones como imaginarios para descubrir las experiencias cambiantes en la conciencia del ser humano, representadas en Adelaida y Adriana, al lado de la estética y firmeza de Lucía,  su integridad y principios. A diferencia de sus otras obras, en estos tres cuentos, Marvel Moreno trata la violencia como materia superable, que se explica en las referencias equilibradas y pertinentemente combinadas de los distintos elementos narrativos.

Bibliografía:

—BOADAS, Aura Marina. Novelística venezolana de los noventas: Una relectura de la identidad caribeña. Cuba, Casa de las Américas, 1998. pp. 16-18.
—CORRAL, Wilfrido. La literatura detenida o Monterroso y lo fantástico. Quimera. Revista literaria, No. 218-219. Barcelona, 2002.
—CROS, Edmond. Seminario internacional de socio-crítica. Medellín, Universidad de Antioquia, octubre 5 al 8 de 1999.
—ECO, Umberto. Obra abierta. Barcelona, Ariel, 1990.
—GÓMEZ, Blanca Inés. Lo fantástico revisitado. El cuento en red, No. 5. Primavera 2002.
—MORENO, Marvel. El encuentro y otros relatos. Bogotá, Áncora Editores, 1992.
—PIÑÓN, Nélida. La memoria femenina en la narrativa. Encuentro No. 35.
—POSADA GIRALDO, Consuelo. Marvel Moreno y las mujeres del Caribe. Revista Universidad de Antioquia. p. 253.
—WALTER Roland. Magical realism and orality in contemporary afroamerican women´s literature. Cuba, Casa de las Américas,  1998. pp. 16-18.
—WILDE, Oscar. The Picture of Dorian Gray. London, Spring books, 1977.
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©   Silvia Boekhoudt de Marenco

LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN:  0124 - 9282

Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen VI – Número 23
Octubre-Noviembre-Diciembre de 2005

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FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
Barranquilla - Colombia

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