Nikita:
Crónica:
NIKITA:
Una historia real
como una sórdida película

Hipólito Palencia Londoño
William Ahumada
Joaquín Mattos Omar
polo@revistaextra.com

Con esta crónica, la revista Extra, de Barranquilla, ganó la segunda versión del Premio Regional de Periodismo "Mario Ceballos Araújo", en la Modalidad Prensa Escrita, de la Universidad Autónoma del Caribe. 


El pasado 10 de agosto, a las 8:25 de la noche, cuando fue muerta a tiros en su propia casa, cayó el telón de la historia vertiginosa de una pistolera que, tan sólo en el curso de los últimos veintiún meses, había dejado a su paso un impresionante reguero de muertos en Barranquilla, y cuyo alias era una expresión elocuente de la forma implacable y efectiva como trazó ese siniestro prontuario: Nikita.

La mujer tenía cuarenta años, pero quienes la conocieron de niña por su verdadero nombre, Marbel Luz Ramírez Silva, atribuyen al turbio entorno en el que se crió el haberse convertido en esa fría máquina asesina.

Marbel Luz nació en junio de 1964 en el modesto barrio Lucero, enclavado en pleno  corazón de la ciudad, en el seno de una familia tan ruidosa como numerosa. Allí mismo creció. Abandonó los estudios cuando iniciaba el bachillerato y, al poco tiempo, ya mostraba arrogante la prominencia de su primer embarazo. El padre era el primer compañero sentimental que había tenido en su vida, un joven del barrio que tardó más en enrolarse a la Policía que lo que duró en las filas de esa institución. La pareja tuvo a la postre dos hijos y muy  pronto terminó desuniéndose.

En su temprana condición de mujer separada, Marbel se relacionó con otros hombres que de una u otra forma terminaban vinculados con actos delictivos. Fue así como acabó convertida en un personaje conocido en los medios judiciales, aunque implicada en violaciones a la ley de bajo perfil.

Sin embargo, la joven Marbel, a quien desde niña le gustó tinturarse el cabello de diferentes colores, tenía un oscuro episodio en su pasado que a la larga sería el que habría de desencadenar la tormenta de hechos que la convertiría en la impávida, calculadora y temible Nikita.

Una fatalidad detrás de Nikita

Poco más de una década antes, cuando ella era apenas una niña de unos seis años, en el mismo sector donde residía, el popular y escabroso barrio Lucero, su padre, Gabriel Ramírez —un hombre bebedor y parrandero conocido como el Tuerto—, había resultado involucrado en el crimen de un joven vecino suyo llamado por todos el Flaco Pernet. Lo poco que aún se sabe de este caso establece que el Tuerto Ramírez acuchilló a Pernet en presencia de otros vecinos.

Un hermano menor de la víctima, Galo Antonio Pernet, juró tomar venganza y desde entonces, durante 30 años, la maduró sin un instante de tregua en su corazón. Galo Antonio se pensionó muy joven en una empresa naviera y pasó de ser un disciplinado trabajador a un hombre bebedor y obsesionado con el desquite de la muerte de su hermano.

Era frecuente escuchar a Pernet anunciar a voz en cuello en las esquinas que cualquier día mataría al Tuerto Gabriel Ramírez. Y, en efecto, la venganza se consumó. Un caluroso día de febrero de 1999, Galo Pernet sorprendió al ya anciano asesino de su hermano sentado en un mecedor a la puerta de su casa y lo mató disparándole con una pistola 7.65, que había comprado especialmente para ese fin. Días atrás, había mostrado el arma decenas de veces a sus vecinos, mientras el veneno del rencor nublaba sus sentidos.

Para entonces, con treinta y cinco años de edad, Marbel Luz Ramírez Silva había ingresado en más de una oportunidad a la cárcel, casi siempre por estar involucrada sentimentalmente con expendedores de drogas, asaltantes callejeros y ajustadores de cuentas. Precisamente, cuando su padre fue asesinado, acababa de salir de la cárcel "El Buen Pastor" de Barranquilla, adonde había sido recluida por estar envuelta en un asalto callejero cometido a bordo de una moto.

La muerte de su progenitor llevó a Marbel Luz a urdir su primer homicidio, también movida por el gusanillo de la venganza.

Nace Nikita
  
Ella también incurrió en el alarde y la insolencia de proclamar a sus vecinos y amigos que Galo Pernet  pagaría caro su crimen.

Pasarían casi cuatro años antes de cumplir su promesa, pero la forma que eligió para cobrarle la afrenta a su enemigo no pudo ser más brutal. Una noche de diciembre de 2002, en la casa de Galo Pernet había un gran ambiente de fiesta: su hijo mayor se había graduado ese día de ingeniero de sistemas. Pero Samuel Antonio Pernet, de sólo dieciocho años, “la luz de los ojos de Galo”, nada más alcanzó a celebrar por unas cuantas horas su logro: fue asesinado en la terraza de su casa en el barrio Costa Hermosa de soledad.

Los diarios locales señalaron que una mujer de cabellos cortos y elegantemente vestida descendió de un automóvil y le disparó al joven, mientras se confundía entre los vecinos que asistían a su fiesta de graduación. Este crimen hundió en una profunda depresión a su padre Galo, quien de inmediato juró que contraatacaría a los Ramírez.

En las esquinas del barrio Lucero se comentaba abiertamente la participación de Marbel Luz en la muerte del muchacho.

Pocas semanas después, un hombre llegó a una “caleta” de basuco manejada por Marbel Luz y sus hermanas y gritó: ”¡Marbel!” Una mujer con el pelo teñido de rubio atendió al llamado desde el patio y fue acribillada sin mediar palabra. El sicario había matado a una de las Ramírez, pero no a Marbel Luz. La víctima se llamaba Diana, cuya muerte alimentó más el fuego de una vendetta que ya tomaba ribetes dramáticos.

Mientras era sepultada la hermana de Marbel, el apesadumbrado y obsesionado  Galo se llevó por delante otra vida, la de un joven delincuente identificado como Luis Miguel Gómez Charris, conocido con el alias del Gordo Cosquilla, y de quien Pernet aseguraba que había tomado parte en el crimen de su hijo por orden expresa de Marbel Luz. El Gordo Cosquilla cayó fulminado frente a su propia casa en el barrio Costa Hermosa.

Nikita se da a conocer
          
A partir de entonces y a todo lo largo del año 2003, Barranquilla fue sacudida por una oleada de crímenes selectivos que llevaron a las autoridades a intensificar las labores de inteligencia para identificar su origen.

Los primeros informes se referían a una guerra abierta entre paramilitares y delincuentes comunes que se enfrentaban por el control de ciertos sectores del tráfico de drogas, el dominio territorial y el manejo de los impuestos de vigilancia.

Los investigadores no tardaron en hallar un elemento común en por lo menos quince de aquellos crímenes: una mujer elegante, de cabellos cortos–ya rubios, ya castaños–, dueña de una frialdad de película, era la encargada de accionar el gatillo. Un informe de inteligencia de la Sijín detallaba, sin identificar aún a la criminal, que un jefe paramilitar de Barranquilla había comisionado a un grupo de sicarios para ejecutar veintidós asesinatos dentro de una ofensiva por el control de las calles del sur y centro de la ciudad. “El comando de esa ‘vuelta’ recayó en manos de ‘Stevenson’, un sicario perteneciente a una poderosa organización criminal, cuyo hermano tenía vínculos afectivos con Marbel Luz Ramirez”, reveló un policía que conoció detalles del caso.

Esa escalada mortal habría transformado a Marbel Luz de una simple expendedora de basuco en una calculadora máquina criminal.

“Tenía todo para serlo”, dijo otro investigador. “Era pequeña, bonita, fría, valiente y, sobre todo, tenía el apoyo de gente con dinero”,  explicó un agente de la Sijín que figuró entre los amenazados por Marbel Luz.

La coincidencia de la intervención de una mujer apretando el gatillo en varios crímenes en serie, llevó a la prensa a presionar a la Policía para hacer pública la causa de esos homicidios. “Se trata de una guerra por los mercados de la droga y el dominio territorial”,  declaró el general Mario Ramírez  Sánchez después de evadir el tema durante varios días.

Las primeras referencias de Nikita como la misma impertérrita asesina de diversas personas, comenzaron a circular entre los periodistas cuando los testigos de esos crímenes concordaban en que una mujer bonita y elegante era quien se encargaba de disparar.

El apodo de Nikita nació entre los mismos policías que ya le seguían los pasos a la desconcertante criminal. Ellos tomaron el mote, por supuesto, del nombre de combate de la protagonista de un serial de espionaje  de la televisión norteamericana (que es el mismo de su título), el cual, a su vez, está basado en una película homónima del director francés Luc Besson.

¿Dos Nikitas?

Cuando la prensa dio a conocer las frías estadísticas y la supuesta actividad de una asesina de esta singular naturaleza, la Policía comenzó a hilar delgado y pronto tenía identificadas a dos sospechosas: Yunel Torres, una mujer que trabajaba como escolta personal de un diputado del Atlantico, y Marbel Luz Ramírez Silva.

Ambas fueron investigadas y retenidas,  pero dejadas en libertad poco después, pues contra ellas se edificaron procesos plagados de errores jurídicos y carentes de pruebas. De modo que la espectacularidad de los operativos policiales mediante los cuales fueron capturadas, contrastaba con la pronta salida de la cárcel de las dos sospechosas.

Ambas mostraron las uñas cuando estuvieron de vuelta en la calle. Las dos juraron venganza contra los policías que habían tenido la osadía de arrestarlas; las dos quedaron reseñadas como verdaderas Nikitas.

Un patrullero de la Policía que tomó parte en el operativo para aprehender a Marbel Luz Ramírez Silva, dijo preocupado que no había temor a equívocos: Marbel Luz era la verdadera Nikita, sólo que ahora detrás de esta mujer había una organización de delincuentes con mucho dinero y poderosas influencias.

Un conocido periodista barranquillero recibió en su oficina a una ofendida Marbel Luz Ramírez, quien le exigió que su nombre fuera lavado ante la opinión pública. “Prometió asesinar a todos los policías que estuvieron en el operativo de su captura y se jactó de haber entregado 17 millones de pesos a un abogado que a alto nivel gestionó su libertad”, contó el comunicador.

Ella apenas estuvo retenida doce horas.  Cuando la Policía profundizó la indagación, se estableció que efectivamente Marbel Luz era el gatillo estrella de una red de delincuentes vinculados a un grupo paramilitar. Después de esto, la mujer se esfumó de las escenas criminales de la ciudad. “Sus jefes la mandaron de vacaciones  porque se estaba boleteando”, declaró, entre risas, un abogado de bajo perfil al servicio de la mafia local.

Por su parte, Yunel Torres también visitó los medios de comunicación y exigió publicaciones para lavar su buen nombre. Una fuente del Cuerpo Técnico de Investigaciones de la Fiscalía (CTI) dijo que esta mujer también desapareció de las calles de la ciudad y al poco tiempo fue hallada muerta en una fosa solitaria en las afueras del municipio de Ponedera, al suroriente del departamento del Atlántico. Mediante pruebas de ADN y con base en muestras de tejidos de la piel, se habría confirmado que, en efecto, se trataba de Yunel Torres. Sin embargo, la noticia  nunca trascendió a los medios de comunicación.

Quien a hierro mata...

Mientras tanto, Marbel Luz Ramírez, la genuina Nikita del hampa barranquillera, también tomaba un prolongado descanso, pues había vivido casi dos años en un ajetreo intenso. La Policía informó que durante ese lapso, tres amantes suyos —todos vinculados con grupos de justicia privada—  fueron asesinados en sus propias residencias.

Los detectives del CTI retomaron el caso Nikita y se propusieron organizar todos los procesos que había contra ella para llevarla a la cárcel con bases jurídicas sólidas.

Ella, quien a mediados de junio del presente año había cumplido cuarenta de edad, se refugió en su casa paterna del barrio Lucero y reorganizó las “caletas” de venta de basuco y cocaína con que tradicionalmente se había sostenido su familia.

Aseguran sus vecinos que pasaron casi 30 días sin que se le viese la cara, pero que sí le escuchaban la voz. “Parecía que tuviese miedo. Ni siquiera iba a la tienda y ya no la visitaban sus amigos de las motos con caras de matones”, dijo un anciano que colaboró bajo reserva con la investigación periodística de Extra.

Hasta que el pasado martes 10 de agosto se volvió a tener noticias suyas, pero esta vez no fue precisamente para dar a conocer uno de los fríos asesinatos que se le atribuían en los medios judiciales.

Tal vez con una despreocupación demasiado riesgosa para una persona de su condición, Nikita se hallaba conversando con una de sus hermanas bajo un frondoso árbol de mango en el patio de su casa, cuando observó que un hombre de baja estatura entró corriendo por la puerta principal. “Marbel trató de salir por el callejón que en ese momento tenía la puerta abierta, pero por allí había entrado otro hombre. Entre los dos le dieron siete disparos”, contó un primo de ella.

Nikita murió en su ley: baleada y en el acto. Un detective de la Sijín que conoció el caso, cree que la muerte de Marbel Luz es sólo otra más dentro de la guerra que puso en marcha el enfermizo apetito de venganza de Galo Antonio Pernet, porque se cree que quien ordenó su asesinato es sobrino de este hombre.  Uno de los homicidas de Nikita fue, al parecer, un joven delincuente conocido como “Pachequito”.

Esta sórdida historia, pues, parece que aún no termina.
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LA CASA DE ASTERIÓN
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Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen VI – Número 23
Octubre-Noviembre-Diciembre de 2005

SUPLEMENTO LITERARIO CARIBANÍA
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FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
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VOLUMEN VI - NÚMERO 23