Obra teatral:
Un próspero paseo

Horacio Laitano
holai@fullzero.com.ar


Escena I

Personajes: Sr. Cloper y Srta. Parker.
La acción se desarrolla en el interior de un ómnibus.
El Sr. Cloper es un individuo de mediana estatura y aspecto formal. Viste traje gris, camisa blanca y corbata negra. La Srta. Parker, algo más delgada que el Sr. Cloper, luce un trajecito de color negro y collar de perlas. Ambos personajes llevan anteojos oscuros.

Srta. Parker: (mirando hacia el costado). ¡Qué hermoso paisaje, Sr. Cloper!
Sr. Cloper: (algo aburrido). Así es, Srta. Parker. Es un hermoso paisaje.
Srta. Parker: (señalando con su mano hacia afuera). Allí está el Cementerio de la Cruz. En él sepultaron a mi padre.
Sr. Cloper: ¡Qué increíble!
Srta. Parker: ¿Le parece?
Sr. Cloper: Sí. La muerte es increíble, Srta. Parker... ¿Era joven?
Srta. Parker: ¿Quién?
Sr. Cloper: Su padre.
Srta. Parker: Tenía treinta y ocho años. Sufría de calambres cóticos en las piernas. Pero también le atacaban en los brazos o le empujaban la lengua para adentro.
Sr. Cloper: ¿Era epiléptico?
Srta. Parker: En absoluto. Mi padre era un hombre joven. Tenía treinta y ocho años y tres departamentos.
Sr. Cloper: ¿Es hija única?
Srta. Parker: ¿Quién?
Sr. Cloper: Usted.
Srta. Parker: No. Somos cinco mujeres y dos varones. Una típica familia de católicos confesos. Excepto yo, que practico la asofagia.
Sr. Cloper: (sorprendido). ¿Qué cosa?
Srta. Parker: (con naturalidad). La asofagia. Es una doctrina basada en la trituración intestinal. Una suerte de transformación espiritual, a nivel del aparato digestivo.
Sr. Cloper: (con cierto entusiasmo). ¡Qué interesante!... ¿Requiere algún régimen especial?
Srta. Parker: Tres gotas de menta por la noche y una taza de arroz al mediodía.
Sr. Cloper: ¿Por separado?
Srta. Parker: Por supuesto. No conviene mezclar una cosa con la otra. Puede provocar estreñimiento.
Sr. Cloper: Menos mal que lo aclaró. Podría haberme equivocado.
Srta. Parker: (sonriendo). No creo. Usted es un hombre cuidadoso.
Sr. Cloper: ¿Está segura?
Srta. Parker: Desde luego.
Sr. Cloper: (sonriendo). ¿Cómo se dio cuenta?
Srta. Parker: Por algunos detalles. 
Sr. Cloper: ¿Por ejemplo?
Srta. Parker: El cuello de su camisa. Está planchado prolijamente.
Sr. Cloper: (halagado por la observación). No lo planché yo, Srta. Parker.
Srta. Parker: Disculpe. No sabía que era casado.
Sr. Cloper: Usted lo ha dicho, Srta. Parker... (Con aflicción). Desgraciadamente falleció muy joven. Tenía treinta y ocho años, pero la enfermedad fue más fuerte que su cuerpo.
Srta. Parker: Tal vez no se cuidaba.
Sr. Cloper: Todo lo contrario. Siempre respetaba su régimen de comidas. Además, tomaba tres gotas de menta por la noche y una taza de arroz al mediodía. Al principio, se sentía bien, pero después de una semana comenzó a sufrir de estreñimiento. Eso fue lo que inflamó sus intestinos.
Srta. Parker: (mirando hacia un costado, sin escuchar al Sr. Cloper). Perdóneme. Estaba observando aquellos árboles... Creo que son álamos... ¿Qué le parece?
Sr. Cloper: Me parece que el chofer está controlando los boletos. Espero que estén en su cartera.
Srta. Parker: (sonriendo). Quédese tranquilo. Conozco a los empleados de esta empresa. Son muy amables.
Sr. Cloper: (dirigiendo su vista hacia el chofer, quien no aparece en escena). Buenos días, señor. Guardamos los boletos en la cartera para no perderlos.
Srta. Parker: (algo inquieta). Un segundito, por favor.
Sr. Cloper: (al chofer). No se impaciente. Están en la cartera de la señorita. Los compramos ayer al mediodía.
Srta. Parker: (mientras sigue buscando). Estoy segura que los guardé en la cartera.
Sr. Cloper: (a la Srta. Parker, con fastidio). ¿No estará confundida?
Srta. Parker: (molesta por la pregunta). De ninguna manera. Recuerdo que cerré bien la cartera para no perder los confites.
Sr. Cloper: (al chofer). Tiene razón. Esos confites son deliciosos. Es muy difícil conseguirlos.
Srta. Parker: (con alivio). Gracias, chofer. Es usted muy amable... Cuando lleguemos a destino, lo invitaremos a cenar.
Sr. Cloper: (al chofer, con expresión ceremoniosa). Por favor, acepte nuestra invitación. Va a ser un gusto para nosotros... (El chofer se retira).
Srta. Parker: Espero que se olvide.
Sr. Cloper: ¿Por qué?
Srta. Parker: Supongo que llegaremos muy tarde. Es un viaje demasiado largo.
Sr. Cloper: No crea. Generalmente, tenemos esa impresión cuando salimos. A medida que avanzamos en la ruta, el tiempo se desvanece.
Srta. Parker: (sorprendida por la obviedad). Bueno, esa no es una ninguna novedad. Siempre ocurre lo mismo cuando uno viaja.
Sr. Cloper: (irónicamente). Sí, pero no todos los viajes son iguales...
Srta. Parker: (suspirando). Ah, qué cansancio, Sr. Cloper. Trataré de dormir un rato.
Sr. Cloper: Duerma tranquila, Srta. Parker. Yo aprovecharé para buscar en su cartera. No es posible que haya perdido los boletos.

Escena II

Los dos personajes se encuentran ubicados de la misma manera que en la escena anterior.

Sr. Cloper: (tocando el brazo de la Srta. Parker). Srta. Parker...
Srta. Parker: (dormitando). Eh...
Sr. Cloper: (tocándole nuevamente el brazo). Despiértese.
Srta. Parker: (despertándose con dificultad). Ah...
Sr. Cloper: (con énfasis). Vamos, despiértese... Se está perdiendo lo mejor.
Srta. Parker: (como si hablara en sueños). Pero, qué barbaridad... Me volqué el té sobre el vestido... (Pasándose las manos sobre las piernas). Con lo que cuesta la tela de organdí... Es imperdonable...
Sr. Cloper: (riéndose). No se asuste. Fue solamente un mal sueño...
Srta. Parker: (disgustada). No estaba soñando, Sr. Cloper. Vi perfectamente lo que ocurría... Qué horror... Por poco no me quemé las piernas...
Sr. Cloper: (sonriendo). Despreocúpese. Cuando lleguemos a la estación, le compraré un vestido nuevo.
Srta. Parker: (algo ofuscada). No se trata de comprar, sino de reparar lo que se daña. Es un consejo que aprendí de mi madre.
Sr. Cloper: (con tono intelectual). Comprendo. Usted ha internalizado la figura de su madre. Seguramente, fue una relación muy estrecha.
Srta. Parker: (molesta). Se equivoca, Sr. Cloper. Nunca interné a mi madre mientras estuvo enferma. Preferí cuidarla yo (tocándose el pecho con la mano), a pesar de los problemas.
Sr. Cloper: (mirando por la ventanilla). Observe. ¡Qué pájaro extraño!... Parece un plumerito...
Srta. Parker: (sonriente). Tiene razón... Es raro el pajarito... (Su mirada se pierde en la lejanía, mientras permanece un rato en silencio, como si su mente estuviera presa de un recuerdo muy fuerte).
Sr. Cloper: (algo sorprendido por el silencio de la Srta. Parker). Claro, son las rarezas de la  natura.
Srta. Parker: (reaccionando súbitamente y hablando con cierta dificultad, como si se hubiera atragantado con algo). Naturalmente, Sr. Cloper…
Sr. Cloper: ¿Qué le ocurre?
Srta. Parker: Me atraganté con mi propia saliva. Es demasiado espesa.
Sr. Cloper: (sonriendo). No le reste valor. (Repitiendo palabras del diccionario). La saliva es necesaria. Sirve para preparar la digestión de los alimentos.
Srta. Parker: Sí, pero estoy con el estómago vacío. No he comido nada desde anoche.
Sr. Cloper: (sacando algo de su bolsillo). Tome.
Srta. Parker: (con cierta desconfianza). ¿Qué es?
Sr. Cloper: Pepona del Adriático. Calma la acidez estomacal.
Srta. Parker: Sí, pero no alimenta.
Sr. Cloper: No le pida peras al olmo. No puedo llevar un restaurante en el bolsillo.
Srta. Parker: Bueno, pero podría haber traído galletitas.
Sr. Cloper: Por favor, ni me las nombre. La palabra galletita me produce náuseas.
Srta. Parker: (sonriendo). ¿Por qué?
Sr. Cloper: Pasamos quince años consumiendo té con galletitas... Nunca fue buena cocinera.
Srta. Parker: (con curiosidad). ¿A quién se refiere?
Sr. Cloper: (despectivamente). No tiene importancia... Durante mis años de estudiante atravesé experiencias dolorosas. Exámenes y enfermedades. Frustraciones y amarguras.
Srta. Parker: Bueno, pero también habrá vivido momentos agradables.
Sr. Cloper: Fueron muy pocos. Tanto es así que ni siquiera los recuerdo. Cuando quiero pensar en ellos, siento un vacío que me devora.
Srta. Parker: (distraída). Perdimos de vista al pajarito.
Sr. Cloper: Tiene razón. Ya no se ve nada interesante por la ventanilla. Árboles secos y caminos polvorientos.
Srta. Parker: (moderadamente optimista). Esperemos que cambie... Estamos pasando por las tierras baldías.
Sr. Cloper: Cuando esto cambie, yo ya estaré muerto. Muerto y sepultado.
Srta. Parker: (sonriente). ¿En el Cementerio de la Cruz?
Sr. Cloper: (con tono cortante). No lo sé.
Srta. Parker: Discúlpeme.
Sr. Cloper: No se preocupe. Entre culpas y disculpas se nos va la vida. Callada y venenosa como una serpiente.
Srta. Parker: Bueno, no sea tan pesimista. Siempre hay algo rescatable.
Sr. Cloper: Sinceramente no sé qué me pasa. Tengo ganas de volarme la tapa de los sesos.
Srta. Parker: (alarmada). Por favor, Sr. Cloper.
Sr. Cloper: No tenga la menor duda. Si en este momento tuviera un arma lo haría aquí mismo. Delante de usted y de todos los pasajeros. Siento que la muerte me llama. Me tira de las piernas hacia abajo, como si estuviera en una ciénaga.
Srta. Parker: Tranquilícese. Ya se la va a pasar. (Saca un pañuelo de su bolsillo para secarle la transpiración de su frente).
Sr. Cloper: (con agresividad). ¡Déjeme!... Cuando estoy así no tolero el contacto con nadie. ¡La vida es una bosta!
Srta. Parker: (con verdadera preocupación). Sr. Cloper. Usted es un cristiano, no puede decir eso.
Sr. Cloper: (poniéndose de pie, casi gritando). ¡Maldigo mis creencias y las suyas!...
Srta. Parker: (visiblemente inquieta). Por favor, serénese.
Sr. Cloper: ¡Déjeme tranquilo!... Con la calma sobreviene la muerte. Es algo inevitable. (De pronto se escucha una voz pastosa que se emite por el radio transmisor del ómnibus).
Voz pastosa: No sea infantil, Sr. Cloper. Hay otras maneras de llamar la atención de los demás. Si usted quiere que lo escuchen, aprenda a modular delante del espejo. No sea tarambana. (Después de esta advertencia, el Sr. Cloper se desinfla como un globo. La Srta. Parker parece calmarse).
Voz pastosa: Yo no soy su padre, ni su tío, Sr. Cloper. Pero conozco los integrantes de su familia. Inmigrantes apolillados en los barcos, que siempre despreciaron a los criollos.
Sr. Cloper: (poniéndose de pie). ¡Mi padre fue un hombre honesto!
Srta. Parker: (tomándolo del brazo). No discuta. Le va a hacer mal a su salud.
Sr. Cloper: (haciendo caso omiso). Tuvo almacén y panadería. Trabajó como una bestia.
Voz pastosa: Y murió como tal, Sr. Cloper. Aplastado por la tierra. Sumergido en el barro de los cementerios.
Sr. Cloper: Eso no se lo permito.
Voz pastosa: Pero todos lo repiten. El viejo Cloper fue un usurero de mierda. La gente del barrio perdió todo por su padre.
Sr. Cloper: Le exijo que se rectifique.
Voz pastosa: De ninguna manera. Nadie me quitará de la cabeza lo que pienso de su padre. (Con una risotada socarrona que se expande por el colectivo). Almacén y panadería... Por favor, señor Cloper, la gente se colgaba de los mostradores pidiendo clemencia. No hay nada más despreciable que un usurero... Se lo digo por experiencia... (Se escucha un ruido que interfiere la voz y hace estallar el radiotransmisor. La Srta. Parker se levanta para huir, pero el Sr. Cloper la detiene con su mano).
Sr. Cloper: ¡Quédese quieta!... Todavía no llegamos... (El Sr. Cloper se arremanga, con gesto amenazante, mientras los ruidos provenientes del radiotransmisor invaden el espacio).

Escena III
 
El ómnibus se detiene bruscamente. Los pasajeros se preparan para descender en la estación.

Sr. Cloper: (con tono autoritario). Vamos, apúrese. Ya llegamos.
Srta. Parker: (algo sumisa). Perdóneme, Sr. Cloper. No recuerdo donde guardé mi valija.
Sr. Cloper: No sea necia. Las valijas están en su lugar. (La Srta. Parker empieza a buscar desesperadamente su valija).
Sr. Cloper: (siempre autoritario). Ya le dije que las valijas están en su lugar. ¿O no me entendió?...
Srta. Parker: (siempre sumisa). Sí, sí, Sr. Cloper. Pero no recuerdo cuál es el lugar que usted dice.
Sr. Cloper: Hay un espacio en la parte inferior del ómnibus que se destina a guardar los bolsos y las valijas. Muchos lo denominan bodega, pero a mí, particularmente, esa designación me disgusta. La palabra bodega se presta a confusión. Según el diccionario bodega es un lugar para guardar el vino o un almacén donde se venden vinos y licores. Pero también, y no se confunda, la bodega es el espacio comprendido en los buques desde la cubierta inferior hasta la quilla. (La Srta. Parker lo mira con temor, pues la figura del Sr. Cloper se va tornando cada vez más irreconocible. Su amabilidad inicial se ha ido transformando en una constante agresividad, cuya primera víctima es ella misma).
Srta. Parker: (arreglándose el vestido). Tiene razón. La gente utiliza mal los términos.
Sr. Cloper: Supongo que al decir la gente, usted también se incluye.
Srta. Parker: (poniéndose de pie). Bueno, me refiero a...
Sr. Cloper: (interrumpiéndola). Vamos, vamos. Apúrese. Si no nos bajamos enseguida, van a guardar el ómnibus en el galpón. Y usted ya sabe lo que ocurre en estos casos.
Srta. Parker: Sinceramente, lo desconozco.
Sr. Cloper: (sarcásticamente). No se haga la distraída. Usted tiene muchos años de ruta...
Srta. Parker: Sí, pero...
Sr. Cloper: (burlándose). Sí, pero qué... ¿O me vio cara de estúpido?
Srta. Parker: En absoluto, Sr. Cloper. Jamás se me hubiera ocurrido.
Sr. Cloper: Bueno, bajemos de una vez. Ya siento claustrofobia. (Los dos pasajeros se van desplazando por el pasillo del ómnibus. Aparentemente, es un pasillo demasiado largo para el tamaño del vehículo).
Srta. Parker: (fatigada). Qué pasillo tan largo. Parece que no llegáramos nunca.
Sr. Cloper: No es el pasillo tradicional de los colectivos. Es una especie de manga articulada que se conecta directamente con la boletería de la empresa.
Srta. Parker: (sorprendida). Qué raro...
Sr. Cloper: No es nada raro si usted lo piensa. Hay muchos pasajeros que viajan sin pagar boleto. De esta manera, al desembocar en la boletería se vuelven a controlar los pasajes.
Srta. Parker: (atemorizada). Ay, qué problema. No recuerdo donde los puse.
Sr. Cloper: (con fastidio). Usted nunca recuerda nada. Si no es la valija, son los boletos. Más vale que aparezcan.
Srta. Parker: (visiblemente perturbada). Sí, sí, deben de estar en mi cartera.
Sr. Cloper: Maldigo la hora en que le di mi boleto para guardarlo. Hubiera sido preferible que cada uno guardara el suyo.
Srta. Parker: Sí, Sr. Cloper, tiene razón. Pero los boletos de esta empresa son demasiado grandes. No caben en los bolsillos. Por eso los puse en la cartera.
Sr. Cloper: Es un disparate. En lugar de boletos parecen escrituras.
Srta. Parker: (tratando de calmarlo). Es cierto. Cada boleto tiene cuatro hojas, abrochadas en los ángulos. En ellas se reproducen las principales normas del transporte. Es una forma muy particular de notificar al pasajero.
Sr. Cloper: Es una verdadera estupidez. Se supone que todos los pasajeros debemos conocer las leyes antes de subir al ómnibus. De lo contrario, sería mejor que no viajáramos. (Los dos personajes continúan caminando por el largo pasillo, que, por momentos, se torna más oscuro).
Srta. Parker: (inquieta). Qué oscuridad, Sr. Cloper. Esto me causa cierto temor.
Sr. Cloper: No sea timorata. La oscuridad es aparente.
Srta. Parker: Sí, pero no veo nada.
Sr. Cloper: (sarcásticamente). Se habrá vuelto ciega. Lo único que me falta es ser su lazarillo.
Srta. Parker: (restregándose los ojos). Por favor, no me asuste. Si hay algo que temo es la ceguera. Mis abuelos murieron ciegos en la cocina de la casa. No sé si algo les quemó los ojos o fueron sus retinas que se desprendieron como el revoque.
Sr. Cloper: (lanzando una risotada). ¡Qué familia!... Unos locos y otros ciegos. ¡Por favor!... Qué cosa increíble.
Srta. Parker: (algo aliviada). Ahora veo mejor. ¿No serán las luces, Sr. Cloper?
Sr. Cloper: (disgustado por el bienestar de ella). Puede ser. Hay gente que se entretiene aflojando las lamparillas. De esta manera, nos engañan. Uno piensa que las lamparillas están quemadas, cuando, en realidad, no es así.
Srta. Parker: No entiendo.
Sr. Cloper: Estoy cansado de explicarle todo. Ya le dije que no soy su lazarillo.
Srta. Parker: No se preocupe. Ahora veo muy bien. (Con cierta alegría). Estoy tan contenta. Fue sólo una preocupación pasajera.
Sr. Cloper: No se ilusione demasiado. Siempre estamos expuestos al peligro. Cualquier accidente puede cambiarnos la vida.
Srta. Parker: Bueno, por lo menos, no fue en este viaje.
Sr. Cloper: Todavía falta el viaje de regreso. Generalmente es el más riesgoso. Los conductores están más cansados. Ya los verá cuando volvamos. Tienen un estado de agotamiento que se refleja en el rostro. No se puede viajar tanto, sin descansar.
Srta. Parker: Qué barbaridad. Yo no sé cómo resisten.
Sr. Cloper: (mientras se detiene a ajustar una lamparilla). No les queda otra alternativa. Son las condiciones laborales del momento. Trabajar sin dormir y comer de vez en cuando. Y si alguien se queja, le aplican el retiro voluntario. Una forma elegante de echarlos a la calle.
Srta. Parker: Nunca pensé que podíamos llegar a esto. Mis abuelas trabajaban con la rueca y comían chorizo y mortadela.
Sr. Cloper: No hable del pasado. Mis padres también honraron el trabajo.
Srta. Parker: (tropezándose con algo). Ay, casi me caigo.
Sr. Cloper: (tomándola del brazo). Preste atención cuando camina. Este pasillo es demasiado angosto. Si usted se cae, tendré que pasarla por arriba. Me disgusta llegar tarde. (La Srta. Parker continúa caminando, con visible inseguridad, mientras el Sr. Cloper la empuja de vez en cuando, con gesto desdeñoso).

Escena IV

El Sr. Cloper y la Srta. Parker llegan al final del pasillo. Cuando se disponen a bajar, observan que se encuentran a una considerable altura de la plataforma. Al final de la misma, está ubicada la pequeña boletería de la empresa, en la cual su empleado comienza a manifestar signos de impaciencia.

Srta. Parker: (con temor). Tendría que haber una escalerilla.
Sr. Cloper: No diga tonterías.. Usted ya lo sabía cuando programamos el viaje. El transporte de pasajeros carece de algunas comodidades.
Srta. Parker: Bueno, pero al subir no fue tan dificultoso. Recuerdo que solamente necesité una pequeña ayuda del conductor.
Sr. Cloper: Eso fue una excepción a la regla. No es tarea del chofer subir o bajar pasajeros.
Srta. Parker: Lo cortés no quita lo valiente.
Sr. Cloper: No entiendo qué quiere decirme. El uso inapropiado de los refranes genera confusiones. (Dándole un empujoncito). Vamos, vamos. Bájese de una vez. (La Srta. Parker comienza a temblar, hasta que finalmente salta sobre la plataforma y cae de bruces).
Srta. Parker: (gritando). Ayúdeme, por favor, se me astillaron los tobillos.
Sr. Cloper: (saltando al lado de ella). No sea exagerada. Fue sólo la impresión del golpe. Arréglese el vestido que se le ve la bombacha.
Srta. Parker: (tratando de reincorporarse). Ay, qué dolor, Sr. Cloper. Siento puntadas en las piernas.
Sr. Cloper: Por favor, deje de quejarse...¿No se da cuenta que todo el mundo nos mira?... Es un verdadero papelón.
Srta. Parker (friccionándose las piernas). Espere un minuto, por favor... Voy a pasarme un ungüento. 
Sr. Cloper: Ni se le ocurra. En cualquier momento cierran la boletería.
Srta. Parker: (levantándose con dificultad). Tenga piedad, Sr. Cloper. Apenas puedo levantarme.
Sr. Cloper: (ayudándola a desgano). Vamos. Tómese de mi brazo y camine con firmeza. Esas molestias se superan con ejercicio. Si usted no pone algo de su parte, el dolor acabará por aniquilarla. Siempre recuerdo el caso de mi tía Carmen.  Dejó de caminar por pereza y terminó en silla de ruedas.
Srta. Parker: (con creciente preocupación). Supongo que no habrá sido la única causa.
Sr. Cloper: No sé ni me interesa. Cortamos relaciones hace mucho tiempo. En mi familia no admitimos la derrota.
Srta. Parker: Perdóneme, Sr. Cloper, pero cualquier ser humano puede enfermarse.
Sr. Cloper: Sí, por supuesto. Pero también hay que luchar contra las debilidades.
Srta. Parker: (quejándose mientras camina). Ay, qué dolor. Caminemos más despacio, Sr. Cloper. Estoy a punto de desmayarme.
Sr. Cloper: Ni se le ocurra. Si cierra la boletería, tendremos que pasar la noche en este sitio.
Srta. Parker: ¿Por qué?
Sr. Cloper: Porque es una norma de la empresa. No está permitido salir de las estaciones sin haber verificado los pasajes.
Srta. Parker: Cada vez entiendo menos. Decían que con este gobierno sería distinto.
Sr. Cloper: No se equivoque. No es un problema del gobierno. Son las empresas las que deciden.
Srta. Parker: (sonriendo). Bueno, espero que esto se organice.
Sr. Cloper: Claro que sí. Pero tampoco es posible que cada uno haga lo que quiera.
Empleado de la boletería: Apúrense, por favor. Ya es hora de cerrar la boletería. Hace dieciocho horas que estoy sentado... Tengo el culo pelado como un mono.
Srta. Parker: (mirando al Sr. Cloper, sorprendida por la expresión del empleado). Qué grosería.
Sr. Cloper: Hable en voz baja. Si nos escucha, vamos a tener problemas.
Srta. Parker: ¿Por qué motivo?
Sr. Cloper: Siempre hay un motivo para objetar los boletos. (Los personajes continúan hablando en voz baja, mientras se acercan a la boletería).
Srta. Parker. Espero que no sea para tanto.
Sr. Cloper: No se anticipe. Él es quien tiene la palabra.
Sr. Cloper: (con fingida amabilidad). Buenas tardes.
Empleado: (sin responder al saludo). Permítanme los boletos. (La Srta. Parker, algo inquieta por la situación, no puede sacar los pasajes de su cartera).
Srta. Parker: (al Sr. Cloper). Ayúdeme, por favor.
Sr. Cloper: (arrancándole la cartera, con fastidio). Démela. Usted nunca encuentra nada. (El empleado los observa con indiferencia).
Empleado: (tamborileando con los dedos). A las doce menos cuarto sale el último servicio. Esta es la única empresa que trabaja normalmente. Las demás están paralizadas por la huelga. Los empleados reclaman aumento de salarios. Condiciones normales de trabajo. Horas extras y vales de cena. Compras con descuentos en todas las farmacias. Internaciones sin cargo y atención médica gratuita. (Mientras tanto, el Sr. Cloper y la Srta. Parker buscan afanosamente los boletos). ...Colonias de vacaciones para hijos y sobrinos. Deportes y vida sana...
Sr. Cloper: (entregando los boletos al empleado). Sírvase... Son los pasajes reglamentarios.
Empleado: (mientras sella los boletos). A las doce menos cuarto sale el último servicio.
Srta. Parker: (tratando de hablar con el empleado, quien la mira de soslayo). Pero nosotros, recién llegamos. (El Sr. Cloper la codea para que se calle. La Srta. Parker no alcanza a comprender la situación).
Empleado: Repito. A las doce menos cuarto sale el último servicio. Me quedan dos boletos con desayuno y almuerzo. El desayuno consiste en una bandeja presurizada, dentro de la cual podrán encontrar lo necesario para empezar el día. Todos los médicos coinciden en lo mismo. Cuatro comidas y un buen descanso. Conozco muchas personas que se enfermaron  por no atender este consejo. (El Sr. Cloper, a diferencia de la Srta. Parker, adopta una actitud respetuosa y obediente, ante las palabras del empleado).
Sr. Cloper: Tiene razón. Mi primo Anastasio fue uno de ellos.
Empleado: (casi gritando). Todos tenemos un ejemplo en la familia. No es necesario que cada uno lo publique. (La Srta. Parker intenta hablar con el empleado, pero el Sr. Cloper la desplaza de un codazo).
Sr. Cloper: (al empleado). Discúlpeme. No se altere.
Empleado: Usted no sabe lo que es estar encerrado en este cuartucho. Cualquier expresión fuera de lugar me destroza los nervios.
Srta. Parker: (tratando de amigarse). Sinceramente, lo compadezco. (El Sr. Cloper la mira disgustado, pues considera que la intervención de la Srta. Parker ha sido inoportuna).
Empleado: Por lo menos, tengo trabajo.
Sr. Cloper: Sí, tiene razón.  El trabajo es muy importante.
Empleado: Continúo con las indicaciones. El almuerzo se sirve fuera del ómnibus. Generalmente los pasajeros acampan sobre la ruta. Mientras tanto, los conductores preparan la comida. Ese es un momento adecuado para confraternizar. Todos sabemos que existen los accidentes y, por desgracia, no estamos exentos de ellos. Muchos pasajeros han disfrutado del esparcimiento, sin saber que tal vez era el último día. Recuerdo el caso de una familia encantadora que me agradecieron efusivamente los pasajes. Fue la última tarde que los vi con vida. Ese día será recordado por nosotros con lágrimas en los ojos. ¡Cuarenta pasajeros despedazados en la curva!... (Secándose las lágrimas con un pañuelo).  Perdónenme, hoy estoy muy sensible.
Srta. Parker: (al empleado). ¿No podríamos viajar mañana?
Empleado: No, señorita. Yo no puedo responsabilizarme por ustedes. A las doce de la noche no puede quedar nadie en este sitio. De lo contrario, pierdo mi trabajo.
Sr. Cloper: (siempre complaciente). Es cierto. Hay que cuidar el trabajo. (Codea nuevamente a la Srta. Parker para que no hable más).
Empleado: (mientras les entrega los pasajes). Sírvanse. Es la mejor ubicación que pude conseguirles... (Sonriendo). Espero que tengan un próspero paseo... (Se escucha la voz de un altoparlante, interferida por diversos ruidos. Las luces de la estación comienzan a disminuir paulatinamente, hasta que los tres personajes desaparecen en la oscuridad).
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©   Horacio Laitano

LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN:  0124 - 9282

Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen VI – Número 23
Octubre-Noviembre-Diciembre de 2005

SUPLEMENTO LITERARIO CARIBANÍA
ISSN: 0124 - 9290

DEPARTAMENTO DE IDIOMAS
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
Barranquilla - Colombia

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VOLUMEN VI - NÚMERO 23