Tanta muerte
que en morir no acaba

José Repiso Moyano
(Oswaldo Roses)
joserepisomoyano@hotmail.com


ELEGÍA

                                                                             A Miguel Hernández

Me dicen que eres tierra,
que te moriste sin trabas
como los asesinados
aunque se excusen las balas;
sí, te moriste aquí,
es lo triste que no engaña
mientras te abrían la herida
mortal hasta que se mata.

Sí, Miguel, ¡cierto!, moriste
desde un luchar que se incauta
por desprecios indecentes,
por envidias que desgracian.

Y ¿no hay quien atrevido
lo diga, esto del alma,
lo diga como mereces,
cómo el bien se te talaba?

Oh, aquí los cuervos acechan
del hombre y no del ansia
de comprender lo de todos,
de enamorar la esperanza.

Mas ¿no hay ninguna boca
que de su miseria salga
de silencio?, ¿no la boca
que dignifique las palabras?

Oh, aquí el odio puja
por vencer antes que nada,
y vence contra más cielo,
contra el grito y su garganta.

No apruebo la sangre, sangre,
que reduce y no desangra,
que inmoviliza adentro
lo que prefiere arrogancia.

Ternuras de raíz verde
con sus caricias avanzan,
reaparecerán siempre
pues todo esto no basta.

No apruebo trozos de fe,
pizcas de paz..., de batalla
del Amor, no, no más partes
ni retrasos que lo embaucan.

Ante lo amado ni miedo
ni ley que no lo adelanta,
es el Hambre, y se desnuda
más firme ante las garras.

¿Qué culpa tienen los ojos?,
¿qué culpa aún las palabras
que siempre dijeron alto
lo que los cobardes callan?


IMPOTENCIA

¡Qué duro porvenir de hiel y de hachas
tengo que resistir con esta pena
con la que no podrá ni un dios a rachas
ni apenas una encíclica en cadena!

Es un atroz llegar sin llegar nunca,
sin llegar con la lucha a cualquier puerto
que reconozca lo que fue de trunca,
lo que murió además sin haber muerto.

Y sin embargo el hado se desvía
por los sucesos o por la agonía
quizás, lo que marcó todo perdido.

Te irás entreteniendo a pleno llanto
con la agrioventuranza mientras tanto
y ha parido la pena sin un nido.


A CUALQUIER VÍCTIMA
DEL ATENTADO TERRORISTA EN EGIPTO


Era una soledad insaciable
de maldita esperanza
                                 absurda,
y comprendía las muertas lágrimas
por los inviernos perdidos.

Errante se enfermaba
de música despreciada
y se deshilaba en las esperas
del exilio...,
en los nombres sin día,
inclinándose para la patria coja
calle abajo
como una antigua hora nocturna
iluminada por tijeras hambrientas y sangre.

 
¿CÓMO SE OLVIDA?

                                                                         A Mariela Benítez

¿Cómo se olvida el olvido
y la sangre derramada por un sueño?
Quisiera olvidar un mundo,
quisiera olvidar un beso.

Si yo a lo que he venido
es... quizás para lo que no tengo.

Tan grande como Al-Ándalus
viajaré por los trazos sedientos
y no sé, no, si encontraré tierras de súbito
o dorados Parnasos en el Tiempo.


¿QUÉ QUEDA?

A los cien inmigrantes ahogados
en las costas de Ecuador.
A los que pierden la vida
    en el intento de recuperar su pan.

¿Qué queda de llorar más alacranes
por este mundanal dolor de mundo?,
¿qué queda del atroz pabilo inmundo
gladiador que se ríe entre huracanes?

¿Qué queda de llorar más alacranes
por tanta indignidad?, ¡oh el odio rotundo
de poder, de poder: como iracundo
infierno que os demuele los afanes!

Un corazón vuestro no vale nada
para los sucios medios que no informan
sino, ¡ay!, lo fácil que les va el engaño

por continuar igual, en la callada
grey de sus hechos, mientras os deforman
cualquier principio inerme a haceros daño.


AL PASO DEL TIEMPO

              "Mira, porque sólo mirar es lo que resta".
                                                           José Julio Cabanillas

Tengo un abismo de insomnio en mi piel,
un dolor incrustado
de miedo difunto,
lágrimas por ahí como alas que no sirven,
salmos que se interrumpen
                                     con ataques de mar.

Inoculan veneno
los muertos
                a hielo vengativo
y a aguacero talador de amores.

Es débil mi temblor
al paso del tiempo.


VALLEJO EN UN CALLEJÓN DE PÉRDIDAS

                                                                A Joan Viva

De noche fría vivo con el llanto
hoy para un mes y llanto que es ceniza,
llanto para perder cuando se eriza
con el furor cansando del quebranto.

Y voy al llanto luchando; pero, ¿cuánto
resistiré? No sé, acaso en sonrisa
lloviera corazón como caliza
si sólo paz lloviera al desencanto.

Y voy a caricia a ciegas del cierto hueso,
que todo es duro, duro en desarrollo,
suelo de penas, sangre agria al peso.

  ¡Oh!, voy a ese secreto donde olvido,
al más, en el vil miedo sin apoyo,
donde sólo me caigo por cumplido.


TENGO

                                                                        A Alberto Monroy

Tengo ya tanta soledad sin traba
más tanto niño enfermo por la vida
más tanto olvido del que nunca olvida
más tanta muerte que en morir no acaba.

Mas, ¡oh Dios!, dime si mi fe es esclava
o si es libre o si no se puede, hundida,
o si no vive o si no quiere, herida,
o si no muere o si no aciela en lava.

Dímelo, tú, ¡por Dios!, ahora mismo,
déjame en redención de cada muerto
y de cada ansia que vivió su abismo.

Dime el allí que está menos desierto,
un bien con su caído idealismo,
dime por qué —¡sí!— corazón he muerto.


NO LO AGUANTO

                                                                                        A Francisco Javier Martínez

No sé por qué ya se me pasa el llanto
de hoy hasta mañana; se me pasa
como un puñal clavando que traspasa
un sueño hacia otro, no lo aguanto.

Habrá un error, ¡seguro!, en donde sea,
alguien se habrá excedido del castigo,
se habrá hecho mi bien un enemigo
que en cuanto más lo soy se me patea.

Cierto que ha de llegar una excusa,
no puede ser jamás posible eso,
cierto que es una obsesión abstrusa.

Pero, ¡ay, así es!, no me deja ileso
mientras rezando y más rezando usa
su pertinaz cornada contra el hueso.


MALDOROR

Y ahora cómo puedo decirme que estoy solo
con una ciega impotencia,
                                   en un llorar maldito,
abrazar a los sueños que me han abandonado.
Decírmelo en un lenguaje caníbal,
perder mis dos ojos por un hueso en vilo,
lanzarme a un mar que ahogó mis voces.
No, no hay truco, sinceramente;
pero a plena tarde
llegará el casi humano,
llegará el siempre olvido.


CORAJE
    
                                                                     A Vicente Forte

Tu dolor grita siempre cuesta arriba
porque tiene el esfuerzo que no puede
y, sin embargo, atenta a lo que quede
contra el austral morir si se motiva.

Como empujando un ataúd de plomo
más y más, hasta que no sabe uno
cómo se mueve el muerto inoportuno
y la pena abismal sobre su lomo.

Mas es un huir en dios y pena larga
de cuya sed no quiere enamorado
ni quizás nadie con su otra carga.

Y ¿cuándo hará el cansancio, el más cansado,
que ya ni hace destino ni lo encarga
pues se encuentra en la muerte sepultado?


CON EL BESO QUE TE DIGO

                                                       A Ruth

Te desnudaré con los ojos cerrados,
con la trémula pulsación de mis palabras,
como se despierta una luz en la sombra
por el crecer de una flor sobre una llama.

Te desnudaré con los ojos cerrados
para que estés de una sola desnudez, soñada,
cierta hacia mí como se acerca el infinito
enamorando de Sed sed enamorada.

Te desnudaré con los ojos cerrados
para que mi dulzura sea Dulzor, calor de gracias,
donde pueda tocarte, tocarte por siempre
porque estás muerta de todos los muertos que me matan.


AMOR E ILUSIÓN

Mañana podría ser
el día que yo te encuentre,
el fin ya con su clavel,
la vez de todas las veces.

Mañana, celo más celo,
el cariño frente a frente,
la iluminación del sol
cuando su sed ya no teme.

La vida como se nombra,
la espera como se quiere
reiniciándonos la música
visceral que nos mantiene.

Mañana, su porvenir
de agaves y de laureles,
gaviotas subiendo a nubes,
estrellas bajando a fuentes.

Donde el beso se acostumbra
como un himno a ser alegre,
como un pálpito de Dios,
como un salto por el siempre.

Mañana es aquella fórmula
que a las armas adormece;
y es aquel ensueño incluso:
es aquel desvelo a creces.

Mañana es una ilusión
porque las manos se acerquen,
¡es una cometa azul
y es una cometa verde!

Como tú: un ser mañana
se nos desata y amanece,
se nos desnuda adentro,
se nos desnuda al quererse.

Como tú: dulce raíz
desbocada, alba leche,
un rayo de luz, mirada,
todo, ¡ay!,  en el mismo vientre.


OSWALDO ROSES:

Escritor, poeta y ensayista nacido en 1965. Difunde actualmente su obra de pensamiento en los periódicos digitales La Otra Voz, Nuestra Bandera, Ojo Crítico, Crónica y Análisis, La Grilla, Política y Actualidad, Visión MX, Criterios, Los Tiempos y Este Sur. Ha ganado los premios “Encina de la Cañada” (Madrid), “Ángel Martínez Baigorri” (Navarra),  y “Ciudad de Lucena” en lo que respecta a la poesía. Tiene una columna en las revistas digitales Red y Acción, La Bisagra, Triplov, Arte Literal, Destino-X, y en el suplemento El Rincón del Gato Literario del taller TALLEREANDO. Forma parte de la redacción de DOMIST y de los suplementos literarios Torre Tavira de Cádiz. Colabora con el proyecto "Gente con Talento" de Colombia y en Opinatio de la revista Casi Nada. En poesía y narración ha ganado algunos premios y ha colaborado en las revistas escritas Casa de Las Américas (Cuba), La Palabra y el Hombre (México), Signo (Bolivia) y Repertorio Americano (Costa Rica). En las revistas digitales La Casa del Asterión, Letras Salvajes, Ecognosco, Zona Moebius, Brevespacio, Lexia y El Híbrido Literario. Ha sido incluido en Nueva Poesía Hispanoamericana, Ediciones Lord Byron, Lima, 2004. Oswaldo Roses es el seudónimo literario de José REPISO MOYANO. Recientemente ha ganado el XIX Certamen de poesía “Villa de Monesterio” (2005), que convoca la Universidad Popular de esta localidad.
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©   José Repiso Moyano
(Oswaldo Roses)

LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN:  0124 - 9282

Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen VI – Número 23
Octubre-Noviembre-Diciembre de 2005

SUPLEMENTO LITERARIO CARIBANÍA
ISSN: 0124 - 9290

DEPARTAMENTO DE IDIOMAS
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
Barranquilla - Colombia

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VOLUMEN VI - NÚMERO 23