Crónica:
Vacilón costeño
en el cumpleaños de Bogotá
Jose H. Castillo
Fue una verdadera lástima que por indecisión y flojera me perdí la mitad del concierto, pero al menos alcancé a llegar a tiempo para ver a los artistas que quería, y hasta más.
Abrió Ilona, pero no alcancé a escucharle una nota. Luego un primo me avisó que estaban transmitiendo el concierto por La Mega, y logré escuchar algo de Palo de Agua, mientras me decidía entre ir a lo que prometía ser un evento memorable, o quedarme a escucharlo por la radio.
En realidad la decisión era fácil porque yo tenía muchas ganas de ir al concierto, pero ya comenzaba Lucas Arnau y yo no me había bañando y ni siquiera tenía boleta pero valió tres; puse a grabar la transmisión radial en el computador, apliqué la del baño de policía y salí. En últimas si no encontraba boleta, al regresar tendría la grabación, y sería lo mismo que haberme quedado escuchando la 90.9, pero la posibilidad de disfrutar de música en vivo (nada mejor que buena música en vivo) servía como motivación.
Si le hubiera hecho caso al portero del conjunto, no me hubiera perdido a Doctor Krápula y a Maía, pero en vez de coger el bus directamente en la novena como me lo sugirió –lo cual hubiera garantizado un viaje de una media hora o menos aproximadamente- subí a la 161 y me monté en el primer bus que decía “Campín”, y ciertamente hasta allá me llevó, pero después de un tour por la séptima, la 19, Unicentro, el round-point de la 100, la novena y finalmente la 30, lo que en términos barranquilleros se traduciría en ir de Villa Santos a Makro, de ahí al parque de la electrificadora, de ahí al Buenavista, luego de la 51B a la 82, y de ahí a la 46 para llegar al Romelio, solo que a una escala mucho mayor. Total que desde fuera del Campín, mientras cruzaba el puente peatonal, alcancé a escuchar lo que me pareció el final de “Niña bonita”.
No fue tan fácil, pero la boleta revendida bajó de $25,000 a $15000, y después de una requisa, estaba adentro y comenzaba Kaleth Morales. Pero es como si no lo hubiera escuchado porque estaba más bien pendiente de encontrarme con alguien conocido en esa multitud de gente que tenía “Occidental superior” a reventar. De mucha suerte que en “Occidental bajo” vi a un par de conocidos, y luego de una breve conversación con un man de logística que cuidaba el paso de una sección a la otra, logré encontrarme con mi amigo y la gente con quien estaba, que resultó ser una colonia de nariñenses, dos costeños y una cachaca muy agradables y mamadores de gallo.
“¡Joda men qué casualidad!”; “menos mal…”; les conté lo que han leído hasta ahora, y ahora sí al concierto.
San Alejo - Cabas
San Alejo puede ser un grupo interesante si se lo propone, porque tiene el talento y la creatividad. Fue una sorpresa ver que incorporaron un “theremin” a una de sus canciones, y la verdad, el grupo cuenta con buenos arreglos. Desafortunadamente para nosotros, los que no somos fanáticos —afortunadamente para ellos y sus fanáticos— tuvieron un set alargado, y terminaron con la repetición de su último sencillo “El diablo”. Continuó Cabas, uno de los motivos por el cual me aventuré al estadio. Cabe destacar que contó quizá con el sonido más potente de la noche, debido sin duda a la fuerte percusión que puso a bailar con ritmos de la costa a todo el público. Fue una tristeza darme cuenta que así se escucharan vientos, batería y guitarras, en el escenario solo vi a dos percusionistas, un bajista y al mismo Cabas, lo cual quiere decir que si no fue mi visión la que falló, el sonido de Cabas estaba cargado de secuencias, y es una pena porque entonces su presentación en vivo se acerca más a la electrónica que a su propuesta tan orgánica y folclórica. Sin duda, si agrega un par de guitarristas, y unos vientos que acompañen sus solos de piano (que por fallas en el sonido, no se escucharon al principio), en otras palabras, si monta un verdadero espectáculo en vivo, Cabas cuenta con todas las de lucirse.
Los de adentro
Siguieron Los de adentro, el segundo motivo por el que llegué hasta el estadio. Prefiero opinar poco sobre ellos porque confieso la admiración que les tengo gracias a su clásico prácticamente “underground”: el CD “Como un niño”. Pero es imposible dejar de mencionar el momento en que todo el estadio cantó “Una canción”. Y toca destacar un “jam” inicial al estilo de la canción “Echoes” de Pink Floyd. En general fue un setlist bien ejecutado, destinado a complacer al público.
Fonseca
Para el supuesto cierre del evento, salió Fonseca, quien se las hizo con su tema “Te mando flores”, y con un dueto con Cabas, aunque sus canciones menos conocidas no me llamaron mucho la atención, y tampoco me gustó su versión “dance” del tema “Confiésame”.
“y hasta más…”
Y lo que nadie se imaginaba: Carlos Vives cantando una canción de Ekhymosis, acompañado musicalmente por San Alejo y en el escenario por el resto de artistas que se presentaron a lo largo del día. Luego “El Rock de Mi Pueblo”, y para el verdadero cierre, “La tierra del olvido” con Fonseca. Sobra describir la emoción de la gente.
Para mí, Cabas, LDA y Vives valieron los $15,000 pesos y el viajecito en bus. Y disfruté en especial porque lo mejor de un evento que celebraba el cumpleaños de Bogotá fueron los Costeños, y hubo cumbia y hubo acordeón.
Ahora queda esperar que se cumpla la promesa de Vives: Shakira, Juanes y Carlos juntos en concierto. ¡Hasta entonces!
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© José H. Castillo
LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN: 0124 - 9282
Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen VI – Número 23
Octubre-Noviembre-Diciembre de 2005
SUPLEMENTO LITERARIO CARIBANÍA
ISSN: 0124 - 9290
DEPARTAMENTO DE IDIOMAS
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
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