Volver a la palabra

Alberto Sánchez León
Profesor de Filosofía
asanleo@alumni.unav.es

"En el principio existía el Verbo,
y el Verbo estaba junto a Dios,
y el Verbo era Dios”.

Tal vez haya sido Ferdinand Ebner (1882-1931) uno de los pioneros en recuperar la palabra de los grandes estragos que sólo la imagen está produciendo en nuestra cultura. La palabra —la verdad pronunciada en la persona— es con la ayuda de la imagen lo que puede redimir a la actual cultura dominante, una cultura que poco a poco está cediendo un puesto a la razón del hombre.

Para Ebner la palabra es el camino (frase que le sirve de título a una de sus obras) del yo a Dios, es el medio de comunicación personal que necesita el hombre, hoy más que nunca,  para salir al encuentro del sentido. En contra de la filosofía posmoderna que en palabras de Goethe desterraba a la palabra en pro de la acción (ya no es el verbo el principio sino la acción), los filósofos del encuentro como Ebner, Lévinas, Rosenzweig, Marcel, entre otros, proponen una alternativa con una visión más unitiva que unilateral, es decir, que es la persona con su palabra (el verbo) la que a través de la acción con los otros podrá llegar a lo que realmente es: espíritu encarnado deseoso de perfección.

Es bien manifiesto que esta idea de una necesidad del verbo, de un volver a la palabra está dando resultados muy alentadores en la filosofía de hoy. Aquí está el germen del renacer de la filosofía. Las filosofías que proclaman de alguna manera la importancia de la palabra son: la logoterapia, el personalismo y la fenomenología de corte realista.

La logoterapia de Víktor E. Frankl propone una voluntad de sentido frente a una voluntad de poder nitzscheana. Al fin y al cabo en la logoterapia el logos (la palabra) es el que cura. El personalismo, que con sus propias vertientes y diversos matices, (desde Mounier hasta Carlos Díaz pasando por Edith Stein, Marcel, K. Wojtyla, Rodrigo Guerra López, Urbano Ferrer, Juan Manuel Burgos), presenta a la persona como núcleo de reflexión donde desde la comunicación y la apertura hacia el otro o hacia el Otro se aborda una cultura del dar (dar las gracias sólo se puede hacer mediante la palabra de la persona agradecida; dar la vida por los demás negando toda cultura de la muerte que desea el aborto o la eutanasia. Es en el dar donde está la clave para salir del egocentrismo que solo mira derechos y no deberes y que tiene vástagos tan vacuos como inmaduros. Solo con el dar, la persona se va constituyendo pues el hombre no está ya constituido, no está ya dado, sino que está hecho para dar.). La fenomenología realista, que con M. Scheler, A. Reinach, D. von Hildebrand y E. Stein, ha combatido fuertemente el relativismo y el psicologismo —que tanta oscuridad han dejado en Occidente—, y que incoa una nueva luz en la persona que busca la verdad y pide una vuelta a las cosas mismas.

Logoterapia, personalismo y fenomenología de corte realista son solo tres brotes que están creciendo y que indudablemente darán frutos, pero esta vez unos frutos bien llenos de sentido y bien maduros que pueden hacer reflotar el barco de Occidente, casi hundido por no encontrar una palabra que salve, una verdad que sustente y una justicia que emita un juicio esperanzador. (Por eso, no es casualidad que el libro del Papa lleve por título Cruzando el umbral de la esperanza)

Curiosamente la logoterapia nació en Auschwitz; el personalismo nació para hacer frente a los totalitarismos antagónicos que han dividido el mundo (comunismo-capitalismo) y la fenomenología realista surge de las tinieblas que estaba marcando el relativismo. Son pues las tres, posturas que han ido contracorriente y que hoy tienen mayor alcance que en sus propios inicios.

Todas tenían en común el encuentro de una causa perdida. La logoterapia buscaba el sentido frente a una filosofía que había matado al Sentido y, por ende, caído en las mallas del nihilismo. El personalismo buscaba el fin del individualismo y del comunismo, quería desterrar al individuo y al sujeto para hablar de la persona, su intimidad y trascendencia (su dignidad). La fenomenología quería una objetividad que estaba disipada por el psicologismo, pedía la esencia de las cosas frente al idealismo sistémico. Sin embargo, esas causas no estaban tan perdidas ya que se puede hablar hoy de una vida llena (logoterapia) que se da en la persona (personalismo) que busca su perfección en el obrar que fundamentan los valores morales (fenomenología).
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©   Alberto Sánchez León

LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN:  0124 - 9282

Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen VI – Número 23
Octubre-Noviembre-Diciembre de 2005

DEPARTAMENTO DE IDIOMAS
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
Barranquilla - Colombia

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VOLUMEN VI - NÚMERO 23