Mirada ajena que me incomoda

Mercedes Ortega González-Rubio
merortegagr@hotmail.com

La tarde se hace amarilla, color viejo, marchito. Sopla mucha brisa. Algo de sueño, algo de ánimos. La inactividad es irritante pero acogedora. Lo que sale forzosamente del lápiz no me gusta. Es una necesidad que no se concreta. Nada. Nada. ¿Es que no me sucede nada? Bueno, días en que pienso mucho, la voluntad que desaparece, la esperanza de que algo pase. Algo. Con todo el calor de las dos de la tarde en el centro, Ramiro se sube al bus...

Con el atardecer llega el hastío. Miro por la ventana y lo encuentro: hombre sentado. Lo veo de perfil, la cabeza un poco inclinada. Está quieto. Invento que se mueve por dentro: sus pensamientos son tan confusos como su habitación con la sábana blanca en desorden sobre la cama. Yo lo deseo ahora.  Quisiera que pensara en femenino, como yo. ¿Podrá comprender que soy mujer, sangre, redonda, receptora?

Sueños de querer hacer algo pero no hacerlo. Mi cuerpo quisiera bullir, estar exhausto de acción. Y lo único que se mueve son unas ideítas tontas, las mismas de siempre, que ya me aburren. Observo mis piernas, la prominencia de mi sexo bajo la sábana. Lo que está por venir es la historia del regreso... ¿Pero cuál regreso? Recuerdo la playa al amanecer, despertando los sonidos, las olas que sólo se oyen al concentrarse mucho; tú, llena de arena, buscando conchas en la orilla. ¡Qué idilio! (¡¿Esto qué tiene que ver con lo demás?!) Regreso a mi cuarto de baldosas frescas y grandes ventanas por donde penetra toda la luz.

Sigue quieto, y yo mirándolo. Piensa en acciones y no sensaciones. Mis intentos por comprenderlo son inútiles, son fantasía. Me imagino con rabia sus reflexiones. ¿Cómo puede pensar eso? Me acerco y le digo: "Prefiere los tambores y las oraciones simples. (No quiero ser tu musa.)". Comparte conmigo este momento romántico y secreto del cual me siento orgullosa.

Esperó seis meses para realizarlo... Comienzos circunstanciales, comienzos verbales. ¡No hay comienzo! ¡Oh, la Poesía, las Luchas Físicas e Ideológicas, el Hombre del Espejo! Todo sabe mal.  Quiero un texto que sea hombre (como un vallenato). Pensemos en una película de gángsteres: Sentado en la mesa de siempre, Marcel encendió un cigarrillo y miró de reojo a la dama del vestido rojo, de pie en la esquina del cabaret. Si sólo tuviera una historia. Todo sale en un segundo de mi mente y ensucia las hojas del cuaderno. En el fondo es cómodo estar así, laxo.

Cierro los ojos y se me ocurre que eres alguien muy inteligente y sensible, y que entiendes la forma como escucho la música. Cuando los abro, estás en la ventana, asomado. Tus ojos me encuentran. Ya  no eres lo que yo quiero que seas. La voz sólo se escucha a sí misma.

¿Y yo qué puedo decir de ti, mujer: mirada ajena que me incomoda?
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©   Mercedes Ortega González-Rubio

LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN:  0124 - 9282

Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen VI – Número 24
Enero-Febrero-Marzo de 2006

SUPLEMENTO LITERARIO CARIBANÍA
ISSN: 0124 - 9290

DEPARTAMENTO DE IDIOMAS
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
Barranquilla - Colombia

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VOLUMEN VI - NÚMERO 24