La literariedad en “Casa tomada”,
de Julio Cortázar
Eliana Díaz Muñoz
Bleidis Cassiani
“El sol de la mañana reverberó en la espada de bronce.
Ya no quedaba un vestigio de la sangre.
—¿Lo creerás, Ariadna? —dijo Teseo—. El minotauro apenas se defendió.”
Jorge Luis Borges, “La casa de Asterión”.
1. Introducción
La literatura nace como fenómeno de comunicación, como una necesidad expresiva del hombre de trascender las posibilidades significativas de una lengua, desde el momento en que evoluciona el lenguaje hablado hasta el inicio de la escritura pictográfica y alfabeto fonético de los fenicios y los griegos. Esta actividad artística e intelectual se vale tanto de conceptos e ideas como de instrumentos fónicos y gráficos, los cuales constituyen su esencia. Los conceptos nacen de la sociedad, de su historia y su desarrollo, y de los elementos del lenguaje evolutivo y dinámico.
Nos situamos entonces, en una sociedad y en un momento especifico de la historia: Argentina, década de los 50s, con una generación de jóvenes escritores influenciados por Faulkner, Hemingway, Woolf, Joyce y el existencialismo de Camus, quienes experimentaron un juego de ideas totalitarias y democráticas comunes a los escritores latinoamericanos. En medio de ese panorama aparece la obra de Julio Cortazar, escritor nacido en Bruselas en 1914, hijo de padres argentinos. Llegó a Buenos Aires a los cinco años de edad. Se graduó como profesor de literatura y alternó esta actividad con la de traductor de documentos oficiales.
Su primera obra se publicó en 1939, poemas titulados Presencia; luego siguió la obra teatral Los Reyes (1944) y los libros de cuentos Final del juego (1956), Las armas secretas, (1959), Historia de Cronopios y Famas (1962), Todos los fuegos el fuego (1966), Octaedro (1974), Alguien anda por ahí (1977), Un tal Lucas (1979), Queremos tanto a Glenda (1980) y Deshoras (1983). Además de los relatos, Cortazar también escribió varias novelas, entre ellas: Los Premios (1960), con una estructura narrativa tradicional, y Rayuela (1973), considerada como una obra de ruptura y de alta calidad literaria pues disloca todo orden secuencial, proponiendo así una lectura desordenada del texto.
En este trabajo nos detendremos en su primera colección de relatos Bestiario, que apareció en 1951, concretamente en su cuento “Casa Tomada”, que sin duda alguna confronta al lector con múltiples realidades humanas, profundas sombras del ser. Analizaremos las características de la literariedad y algunos elementos intertextuales que nos ayudarán a comprender mejor el cuento.
2. Literariedad
La literariedad o calidad que hace estético a un texto oral o escrito, se nutre de aspectos que van desde el análisis circunstancial, histórico y psicológico hasta la estructura mínima empleada en una frase con la cual se puede construir un mundo expresivo no verificable en la realidad (autonomía del lenguaje literario). Con la generación del Boom, de la que Cortazar era miembro, el lenguaje se convirtió en un objeto de experimentación para lograr usos especiales y novedosos de las palabras, así, la sátira y el humor negro fueron recursos para exponer asuntos trágicos, algunos relacionados con la situación político-social vivida en ese momento.
Carlos Fuentes manifiesta en La nueva novela hispanoamericana: “Nuestra literatura es verdaderamente revolucionaria en cuanto niega al orden establecido, el léxico que este quisiera y le pone el lenguaje de la alarma, de la renovación, el desorden, el humor. El lenguaje, en suma, de la ambigüedad, de la pluralidad de significado, de la constelación de alusiones”. Este lenguaje de la “alarma”, de la “renovación”, refleja la forma de captar lo fantástico de la vida, lo cual no es ajeno a Cortázar.
En “Casa Tomada”, es notable la presencia de elementos propios del lenguaje literario como la disyunción y divergencia de significados: La casa, Irene, el tejido, el incesto. Cada objeto y cada personaje nos permiten encontrar o reconstruir variados sentidos del conflicto en el relato, llegando así a núcleos informativos llenos de ambigüedad. El carácter emotivo con el que se presenta el mensaje, por ejemplo, en la frase: “Nos gustaba la casa porque aparte de espaciosa y antigua…” (107), nos muestra un sentimiento relacionado con el agrado por el objeto casa. Las distintas oraciones del relato nos remiten a una verdad propia, sin que se pierda la unidad textual, a pesar de que no podemos realizar una verificación de los hechos dentro del contexto social.
El último elemento que observamos es el nivel de importancia que tiene la imagen acústica, es decir, lo que De Saussure llama “el significante”. En la frase “Irene cantaba canciones de cuna”, el fonema /K/ no es vano y aunque no hubiese sido planeado por el autor, su efecto aliterativo genera una sensación de ritmo cercano al de una canción.
También observaremos en el relato los símbolos con los que se representa el suceso central que se traduce en un acto de liberación. Cortázar tuvo en cuenta que la historia de “Casa tomada” se constituyera en un tejido en el que cada circunstancia narrada fuera un punto que develara una forma diferente de sentido, como Irene lo hacia con sus hilos de colores.
2.1 Autonomía
“Lo recordaré siempre con claridad porque fue simple y sin circunstancias inútiles. Irene estaba tejiendo en su dormitorio, eran las ocho de la noche y de repente se me ocurrió poner al fuego la pavita del mate” (108). Esta frase nos puede acercar más al concepto de autonomía del lenguaje literario. El narrador está a punto de contar un suceso clave del cual afirma que lo recuerda con claridad. Su inicio nos sitúa en un tiempo y nos da una descripción detallada del ambiente pero ¿podemos verificar que tales hechos ocurrieron realmente? ¿Mediante qué elementos de la realidad podemos comprobarlo? ¿Fue cierto que Irene y su hermano existieron o pertenecen únicamente a la imaginación del autor?
Según De Aguiar E Silva: “El lenguaje literario es semánticamente autónomo porque tiene poder suficiente para organizar y estructurar mundos expresivos enteros”, “El lenguaje literario puede ser explicado pero no verificado”. En el caso del fragmento citado, es posible explicar las circunstancias pero el mundo expresivo solo pertenece a la imaginación de Cortázar. Puede ser que los hechos narrados tengan relación con algunos elementos de la realidad pero no quiere decir que todo sea parte de lo que comúnmente se denomina “la vida real”. Oscar Collazos, en Textos al Margen, afirma que “no es en verdad la eficacia de un discurso lo que se pone en tela de juicio, sino la mayor o menor cuota de verosimilitud que lo ligue con la realidad o la historia”.
Entonces, es admisible decir que entre el mundo imaginario y el mundo real siempre hay vínculos, aunque el primero constituya una verdad propia nacida de la creación del autor. Para Collazos, “El discurso literario debe purgar sus impurezas, dejar de ser el hijo bastardo de la historia para convertirse en el bueno y legítimo hijo de la imaginación”, pues, antes de empezar a leerlo, no existe una referencia del mundo creado por Cortázar o por cualquier otro escritor, y es este proceso el que da pistas al lector para que comprenda el universo literario recreado en el cuento.
2.2 Importancia del significante
Ya dijimos que la literatura y por ende la literariedad existen por una realidad interna que no puede ser externamente comprobable, pero el lenguaje literario también posee otra característica: “la contextura” o materialidad sonora de las palabras. No es lo mismo decir: “Estás observando la tarde” (expresión del lenguaje cotidiano) a citar un verso de Neruda: “mas allá de tus ojos ardían los crepúsculos”. En el primero no tiene relevancia el sonido de cada vocal pero en el segundo, la imagen acústica se hace vital para que el verso alcance su significado. Se produce un fenómeno llamado aliteración, que consiste en la repetición armoniosa de un fonema en una frase, fenómeno contrario a la cocofonía (mal sonido).
En “Casa Tomada”, algunas frases afianzan fonéticamente su significado mediante significantes armoniosos y rítmicos. Por ejemplo: “las manos como erizos plateados” (108) o la ya mencionada “Irene cantaba canciones de cuna” (110). El significado trasmitido se liga con el sonido para producir lo que según De Aguiar E Silva es “el valor sugestivo, la capacidad expresiva de las sonoridades que el escritor utiliza”. Ahora, por ser escrito en prosa, en el relato no es tan abundante la presencia de figuras como las anteriores, aun así, las que encontramos poseen una extraña belleza. Si escuchamos decir a Rimbaud: “En las tardes azules del estío iré por los senderos”, sabemos que el significante cobra gran importancia, o si escuchamos de Cortázar: “me miró con sus graves ojos cansados” (109), notamos cómo la acústica de las palabras contribuye con su música a la estructuración del sentido.
No hay que olvidar que Cortázar, aparte de escritor fue poeta; por esta razón, cargó sus relatos y novelas de frases rítmicas, cuidando en ellas el acento y la valoración tonal. Una muestra de ello se descubre en su novela Rayuela, que en uno de sus capítulos deja ver la fuerza del lenguaje poético, con significantes que tienen un alto valor expresivo: “entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos de fragancia oscura”.
Los vocablos hundirse y acariciar, el adverbio de modo lentamente y los sustantivos flores, peces y fragancia establecen un vínculo íntimo entre sonido e imagen. Lo mismo ocurre en “Casa Tomada” cuando leemos: “nunca pudo habituarse a una voz de estatua o de papagayo, voz que viene de los sueños y no de la garganta”. El verbo habituarse, el sustantivo estatua y los sustantivos papagayo y garganta enlazan sus fonemas y sílabas /tua/, /ga/ y /pa/ para producir el eco perfecto que describe la voz de Irene en estado de sueño pesadillesco.
Identificar en la literatura solo componentes conceptuales y lógicos en el significado global de la palabra, es negarle la significación secreta y el valor subjetivo que tiene el significante. Las palabras aportan sensaciones acústicas que asociadas libremente son propias del lenguaje literario.
2.3 Originalidad e imprevisibilidad en el lenguaje
De acuerdo con lo dicho por Jorge Luis Borges, la metáfora es el “contacto momentáneo de dos imágenes, no la metódica asimilación de dos cosas”. La imagen toma fuerza en Cortazar sin ser recargada, es original e imprevisible porque violenta las relaciones sintácticas en las frases que conforman el texto literario.
En el relato hay figuras, sobre todo metáforas: “Los rumores domésticos”, “el roce metálico de las agujas de tejer”, “un crujido al pasar las hojas del álbum filatélico” (110). Las metáforas nacen de la relación entre objetos como la casa y el laberinto, las puertas y el deseo de liberación, los personajes y los arquetipos mitológicos, Irene y Ariadna, las fuerzas anónimas y Teseo, el hermano de Irene y el minotauro.
Si Borges pudo dilucidar el verdadero sentido de las metáforas, Collazos lo aborda desde una perspectiva parecida pero más concreta, al definirlas como “aquellas que enmascaran, mediatizan, sublimizan o someten a una mayor decantación las fuentes inmediatas de la historia o de la realidad”. Es decir, el contacto de imágenes de que habla Borges es aquel que surge de la existencia de dos objetos que se mimetizan entre sí para romper con las escrituras establecidas en el lenguaje cotidiano.
Otro elemento que rescatamos es la personificación. En “Casa tomada”, la casa logra cualidades de un ser humano: “la casa se ponía callada y a media luz” (110). Según De Aguiar E Silva, las metáforas, los símbolos, las repeticiones y otras figuras estilísticas conforman los medios que posee el escritor para trasformar el lenguaje usual en el lenguaje literario.
En Cortázar se mezclan varios elementos que ayudan a construir su inquietante originalidad: Los detalles oníricos con matices reales, el humor negro y la literatura del absurdo que ve al hombre como una victima más de las situaciones lógicas, juego caprichoso del destino inventado por el autor. La palabra, dentro de la literariedad, es un instrumento transformador que alcanza nuevas dimensiones expresivas, más allá de la información.
2.4 Plurisignificación
Al ser analizada una obra literaria, se descubren en ella aspectos psicoanalíticos, sociológicos, culturales y políticos que despiertan diversas interpretaciones de la misma. Esto se debe a la indeterminación del contexto extraverbal y a la subjetividad con la que se aborda el texto. Pero lo más relevante es reconocer que el signo lingüístico contiene una variedad de dimensiones significativas que pueden variar con el tiempo.
Desde el plano psicoanalítico, “Casa tomada” revela la profundidad de los personajes y la filiación de estos con los elementos de la teoría de Freud. El apego a los sucesos del pasado y objetos relacionados con estos: la casa, el álbum filatélico, los gobelinos, al igual que la referencia que realiza el narrador personaje al inicio del relato sobre sus matrimonios frustrados: “a veces llegamos a creer que era ella la que no nos dejo casarnos. Irene rechazó dos pretendientes sin mayor motivo, a mí se me murió Maria Esther antes que llegáramos a comprometernos” (107). Estas frases nos dejan ver cómo los personajes se niegan a desprenderse no solo de la materialidad de los objetos sino también de su valor emocional.
El incesto simbólico o como lo definiría el narrador en el cuento: “Simple y silencioso matrimonio de hermanos” (107), es otro aspecto también tocado en el psicoanálisis, lo mismo que el complejo de Edipo. Pero lo que resulta más inquietante es la sensación de las fuerzas invasoras que se toman la casa y la teoría de los mecanismos de defensa planteados por Freud, dentro de las cuales se encuentran la depresión, unas veces, y otras, la tendencia agresiva.
Lawrence J. Friedman, en Usos y abusos del psicoanálisis, explica que la agresión es una tendencia inherente a la naturaleza humana. Se consigue como energía poderosa que se puede emplear para fines constructivos o destructivos. En este caso, fue utilizada con fines positivos, si se entiende, como plantea Guillermo Tedio, el final de la narración como un acto liberador que los personajes esperan.
Cuando el narrador dice: “El sonido venía impreciso y sordo como un volcarse de sillas sobre la alfombra o un ahogado susurro de conversación” (108), nos enteramos de la agresividad de las fuerzas invasoras. Las voces susurrantes solo pueden provenir de una conciencia atormentada por un linaje familiar decadente.
Para Collazos: “En las trayectorias personales: el destino individual se adhiere en estos acontecimientos históricos y la observación establece un vinculo inseparable con la imaginación creativa”. Es decir, lo psicológico siempre va a estar ligado al suceso social y político de una época, porque ambas, la historia y la psicología, reflejan la conciencia colectiva de una sociedad.
La generación de Cortázar asistió al proceso del peronismo, un régimen populista que entre sus medidas tomó una con la que puede vincularse “Casa tomada”. Perón ordenó un estudio habitacional en el que se determinaran las condiciones socioeconómicas de las familias argentinas. Muchos habitantes de Buenos Aires, con grandes propiedades, se vieron amenazados por los más pobres de la ciudad.
Carisomo Berenguer apunta que es característico de Cortázar utilizar “un humorismo de detalle aislado, de solapada burla, no consecuencia del relato mismo, sino inferido a modo de sutil contrapunto, inclusive en ocasiones, inesperado o disonante”. No es errado entonces pensar que el cuento puede ser una sátira muy delicada sobre la situación política de su país.
De lo que sí estamos seguros es que gracias a la literariedad, confluyen en el texto muchas interpretaciones que transcienden el significado literal o evidente, llegando hasta la tradición mitológica. Según De Aguiar E Silva, “el espacio literario es indisociable del mundo de los símbolos de los mitos y de los arquetipos” presentes en la mitología antigua. Por ello encontramos una estrecha relación entre “Casa tomada” y la leyenda del Minotauro.
La casa es el laberinto en el que vive el Minotauro, no solo por los elementos físicos que lo muestran así (las puertas y los corredores) sino por el carácter emocional que se siente en el discurso: “la casa profunda y silenciosa”, “a veces llegamos a creer que era ella la que no nos dejó casarnos”. (107)
Irene se relaciona con Ariadna por dos razones: El tejido es el artífice de la liberación, la otra razón es su filiación con el Minotauro, quien, en el relato de Cortázar, es el narrador. Teseo es la fuerza liberadora nocturna, que irrumpe en la casa de forma sigilosa para despojarlos de todo aquello que no había permitido que su vida fuera distinta.
3. “Casa Tomada” y “La Casa de Asterión”.
En la literatura latinoamericana, un rasgo importante es la simultaneidad temporal de muy dispares conductas estéticas, incluso hasta en un mismo país. En Argentina conviven tendencias distintas que abordan en muchos casos los mismos temas. Cortázar, desde su surrealismo poético y humorístico, y Borges, con su ultraísmo casi radical, tocaron el problema del laberinto, cada uno desde su perspectiva.
“La casa de Asterión” es la historia del Minotauro pero ya no desde la visión de la mitología sino desde la metafísica y la filosofía. Asterión es un prisionero del mundo representado en la casa: “La Casa es del tamaño del mundo, mejor dicho, es el mundo” y sus lugares son infinitos. “Casa Tomada” es también un laberinto de lugares infinitos que traspasa la física para convertirse en algo emocional.
Las ocupaciones de Asterión son tan ociosas como las Irene y su hermano. Asterión se ensangrentaba, dejándose caer desde la azotea. Los dos hermanos se hieren con los recuerdos de un tiempo imposible de recuperar.
Existe entre los cuentos una similitud notable: el polvo. Cortázar narra cómo luchan los personajes contra este mal que ataca a las ciudades costeras (recordemos que Buenos Aires y Creta están frente al mar). El polvo es entonces un símbolo de su condición de muertos espirituales: “Hay demasiada tierra en el aire, apenas sopla una ráfaga, se palpa el polvo sobre los mármoles de las consolas y entre los rombos de las carpetas de macramé” (108).
Borges, por su parte, identifica el polvo no solo con la muerte sino con la redención (acto liberador): “Desde entonces no me duele la soledad porque se que vive mi redentor y al fin se levantará sobre el polvo”.
El final de las narraciones muestra el sentido de un futuro en cierto modo esperanzador. Irene y su hermano aceptan el incesto simbólico y con el reloj, emblema del tiempo gastado en su esclavitud, deciden no volver más a la casa, aquel laberinto con todos sus intricados recuerdos. Por ello, tiran las llaves a la alcantarilla. En “La casa de Asterión”, se refleja el deseo de no regresar al lugar de las galerías y las puertas (el laberinto) y se confronta con preguntas inquietantes: “¿Cómo será mi redentor?, me pregunto. ¿Será un toro o un hombre? ¿Será un toro con cara de hombre? ¿Cómo yo?”. Asterión o el Minotauro no quiso defenderse pues la necesidad de libertad era mayor, así esta se tradujera en la muerte.
Según Meisel Lannner, en Cortázar todo vibra en un cosmos poético, por ello no es tan evidente el sentido como ocurre en Borges, quien finge tener respuestas para los fenómenos e interrogantes planteados. Cortazar es un lírico surrealista, Borges un escritor difícil de resumir en dos palabras. Cortázar es complejo. Las realidades borgianas son un completo laberinto de galerías irreales. Sin embargo, la genialidad de Cortázar reside en su capacidad de hacer de lo cotidiano un suceso fantástico, poético, cíclico y plurisignificativo en todos sus aspectos.
4. Conclusión
Sin duda alguna, “Casa Tomada” es un relato de auténtica calidad literaria pues su lenguaje rompe con todas las formas preestablecidas, responde a una necesidad interna que puede ser explicada mas no verificada, se vale de símbolos, mitos y arquetipos que le entregan al lector, no el beneficio de la duda, sino el de la múltiple interpretación. En Cortázar, se conjugan todos los elementos de la literariedad. El cuento permite encontrarnos con nuestras nuestros propios mundos personales y recónditos.
Bibliografía:
BORGES, Jorge Luis. “La casa de Asterión”. En: El Aleph (Obras completas. Tomo I). Buenos Aires, Emecé Editores, 1994.
CARISOMO BERENGUER, A. Literatura Argentina. Barcelona: Labor, 1970.
COLLAZOS, Oscar. Textos al margen. Bogota: Instituto Colombiano de Cultura, 1978.
CORTAZAR, Julio “Casa tomada” En: Bestiario. Buenos Aires: Alfaguara, 1996.
CORTAZAR, Julio. Rayuela. Buenos Aires: Sudamericana, 1963.
DE AGUIAR E SILVA, Victor. Teoría de la literatura. Madrid: Gredos, 1982.
FRIEDMAN, Lawrence. Usos y abusos del psicoanálisis. Barcelona, Plaza y Janés, 1972.
FUENTES, Carlos. La nueva novela hispanoamericana. México, Joaquín Mortiz, 1972.
MEISEL LANNER, Roberto. Borges, Victor Hugo y Ruben Darío, tres maestros de los que saben. Bogotá: Tercer Mundo, 1997.
NERUDA, Pablo. Veinte poema de amor y una canción desesperada. Buenos Aires: Seix Barral, 2002.
RIMBAUD, Arthur. El barco ebrio y otros poemas. Barcelona: Planeta, 1999.
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© Eliana Díaz Muñoz
© Bleidis Cassiani
LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN: 0124 - 9282
Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen VI – Número 24
Enero-Febrero-Marzo de 2006
DEPARTAMENTO DE IDIOMAS
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
Barranquilla - Colombia
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