El Acto Final
Germán Salinas
"All the world's a stage,
And all the men and women merely players.
They have their exits and their entrances,
And one man in his time plays many parts,
His acts being seven ages."
William Shakespeare
From As You Like It (II, vii, 139-143)
El mundo es un gran escenario y a cada uno nos toca representar un personaje. Esto se lo escuché una vez a mi tío Panchito, el intelectual de la familia. Panchito, como lo conocía todo el mundo en el barrio, era el hombre de letras de los Angarita. Ese bacán leía todo lo que le caía en las manos, aunque su mujer, Alicia, gritaba a todo pulmón que lo único que él leía eran los papelitos que usaba para enrollar sus tabacos de marihuana, para evitar fumarse algún texto que hablara de Jesucristo. —“Esa vaina sí que no, yo seré lo que sea pero nadie puede decir jamás que me fumé mis principios religiosos” —argumentaba el tío. En alguna ocasión, se fue de marinero en uno de esos barcos que llegan a diario al puerto de la ciudad, en plan de cocinero de la tripulación. Al año regresó con lo único que consiguió en esa aventura marina: una española con dos meses de embarazo. Fue entonces cuando le escuché esa frase bacana que me impactó: “el mundo es un gran escenario,” aunque nunca le entendí bien de dónde la había sacado. Creo que la había leído en una de las ollas que usaba para cocinar en el barco. A lo mejor uno de los marineros la había escrito para matar los ratos de ocio que tenían que pasar esos tipos encerrados en un barco por tanto tiempo. Pero, bueno, era aquí y ahora que esa frase tenía más validez que nunca, y me daba cuenta de que el Director de esta gran obra me había dado uno de los peores papeles que existían en todo el reparto…
Capitán Cuchillo, ese es mi nombre, o mejor dicho, mi apodo. Desde los catorce años me dicen así. Me acostumbré tanto al apodo, que ya ni me acuerdo cómo es que me llamo en realidad. Lo que recuerdo es que me gané el remoquete a puro pulso. El cuchillo es mi herramienta de trabajo, desde pelado me tocó salir a rebuscarme en la calle para conseguir algo con qué vivir y satisfacer mis vicios. Claro que al principio me conseguí un revólver hechizo pero nunca pude dominarlo. Una vez, tratando de domarlo, se me salió un tiro y casi mato a mi papá que estaba acostado en el sofá. El tiro pasó a unos centímetros de su cabeza, incrustándose en la pared. !Ñerda!, ese día mi viejo me dio una paliza que por poco me manda para el barrio de los acostados. En otra ocasión, al tratar de esconderlo en la pretina del pantalón, el gatillo se montó y se me disparó: casi me llevo un huevo por delante. Milagrosamente sólo me dejó un quemón en la pierna izquierda. Desde entonces, al percatarme de que mi futuro se estaba viendo comprometido a causa de ese revólver, me decidí por una herramienta más amigable y segura: el cuchillo.
¡Carajo, ni siquiera se podía ver bien el cielo! Todas esas personas que me miraban intensamente se inclinaban hacia delante como viendo un partido de la selección Colombia en un televisor chiquito. Y no es que me interesara mucho el cielo, pero llegado el momento, las cosas más pendejas se convierten de repente en lo que uno pudiera extrañar con más vehemencia al momento de atravesar el río.
A pesar de la oscuridad que me iba cubriendo lentamente, podía distinguir claramente a los miembros de la audiencia por los tonos de sus voces o bien por alguna prenda o característica que los hacía inconfundibles hasta en los carnavales.
Los que al parecer habían comprado el boleto para esta espectacular función eran: “el doctor”, la vieja Elena y su comadre Teresita, “el cachaco”; Edelmira, la mujer del “doctor”, Arturo, el carnicero de la cuadra y dos tipos que nunca antes había visto. Pero, como dije al principio: todos somos actores en esta obra y cada uno tiene su propio parlamento…
El doctor… Ya te llegó tu hora, Capitán Cuchillo, y te llegó como yo quería…despacio. ¿O qué, creías que me iba a quedar con los brazos cruzados mientras hacías de las tuyas? No, maricón, yo tengo los huevos bien puestos, y conmigo nadie juega. Si tú eras al que todo el mundo en este barrio le tenía pavor porque tenías tus conexiones en el bajo mundo, te tengo noticias, Capitán, yo también conozco gente como tú. ¿O qué, pensabas que yo me iba a ensuciar las manos en una pelea contigo? No, Capitán, pues para que lo vayas sabiendo, te salí General y de cinco estrellas. Aunque tuve que usar todos los ahorritos que tenía, veo que esos manes que contraté hicieron el trabajo rapidito. Tal como me lo dijo el barbero, consiguió a los más profesionales del ramo. Sí, no lo puedo ocultar, estas lágrimas son de felicidad porque mi honor quedó lavado. ¡Bien limpiecito, como debe ser! ¡Cálmate, cálmate, que no se den cuenta de lo que sientes! Las viejas chismosas ésas me están echando el ojo, como que sospechan que yo tuve algo que ver con esto, ¡Pilas, disimula!…
Elena y Teresita… ¡Ay, comadre, ya yo veía venir esto! ¡Qué inseguridad, Dios mío! ¿A dónde vamos a llegar? —Y de qué se extraña comadre, si éstos son males buscados, ¿o no? Es más, yo creo que este momento se estaba demorando más de la cuenta, y a lo mejor al Capitán ya había que pagarle horas extras, porque su actuación como que se estaba alargando. —¡Ay, Teresita, no seas mala, mujer! Cuando hablas así, ¡me asustas! —¡Comadre, déjese ya de aspavientos! Usted muy bien sabe que en este país todo el mundo vive de la muerte. Y si no me cree, échele ojo al “doctor”, sí, mírelo bien…esa sonrisa que tiene es porque nunca le faltan los clientes, y mire, no acaba de regresar a su casa y ya tiene uno esperándolo en toda la puerta. —Mujer, tú dices unas cosas que francamente pienso que tienes la sangre más fría que una culebra. —¡Elenita, Elenita, en este país todos nos hemos acostumbrado a la muerte! —¡Ahí sí te doy la razón, mija…!
—El día que aquí no haya un muerto, ese día será noticia: el gobierno tendrá que salir a buscar a los culpables y hacerles caer todo el peso de la justicia. —No te entiendo ni una palabra de lo que dices… ¡Ay, mujer! No me extraña, si tú nada más te la pasas viendo telenovelas. Mira, la muerte se ha convertido en una pieza fundamental de la economía de este país, ¿te imaginas la cantidad de personas que quedarían desempleadas el día que no haya más muertos? ¡Para bolas! A los políticos se les acabarían las bases de sus promesas y tendrían que pensar en solucionar los problemas más sencillos, y eso los obligaría a pensar…y ellos de eso, como que poco… los policías quedarían sin chamba, los médicos forenses, los periodistas, los sepultureros, etc., etc.
—¡Ay, comadre! Yo lo que creo es que usted todavía está ardida porque el Capi le desvirgó a la Rosarito, y por eso está que…
—¿Cómo? En primer lugar, no sabía que usted le tuviera tanto cariño al mequetrefe ese o “Capi” como usted lo llama, y en segundo lugar…
—Ya, mija, ya no discutamos que tú y yo muy bien sabemos que tu Rosarito es brincocita y que ella se hubiera desvirgado hasta con el sillín de una bicicleta…
—Bueno, ya dejemos ese tema, Comadre, si no quiere acompañar a su “Capi” en la sección judicial del periódico de mañana.
—(Hablando consigo misma) ¡Sospecho que la comadre tiene parte en este muerto! Ya las malas lenguas decían que el “tiroloco” y el “carepuño”, los hijos de la comadre, habían jurado cobrársela al Capi y con IVA.
—Comadre, ¿en que piensa?
—No, en nada, comadre… Este, mire al Cachaco, está que come del muerto…
John Jairo, alias “el Cachaco”… ¡Uyyyy, hermano, se me adelantaron! ¿Quién hijueputa le dio a esta gonorrea antes que yo? No, parcero… en este país se le roban a uno hasta a los enemigos…No, qué gonorreas tan malparidas… Mirá, Cuchillo, agradecé que se me adelantaron, ¿oís? Porque yo no te iba a dar tan despacito... Vos no te imaginás la piedra tan berraca que tengo, huevón…Te la iba a cobrar pero bien bacana... ¡Porque con John Jairo, nadie se mete, hijueputa! A vos te las canté, que si me robabas la mercancía, te despellejaba vivo, te lo advertí ¿o no? …Es que vos no conocés un paisa emberracao, ¡No, parcero, los que te dieron te hicieron un favor! ¡Gonorreas!
Arturo, el carnicero… ¡Nojoda, de la que me salvé! ¡O de la que te salvaste tú, Capitán! ¡Nojoda, yo ni sé! Pero, anteayer me tiraron el pitazo de que tú eras el que te metías a la carnicería en las noches y te tumbabas el billete de la caja, y encima te cargabas tus dos kilos de carne de primera, una libra de sobrebarriga y media de hígado. Ya me tenías cansado con tanto robo, así que anoche me levanté un bate de aluminio y me quedé esperando hasta la madrugada. Gracias a Dios no apareciste porque te ibas a llevar un batazo en el tarro. Yo hubiera terminado encanado en la cárcel del Bosque. ¿Quién iba a pensar que otro me quitaría este chicharrón de encima?
Edelmira, la mujer del “doctor”… ¡Ay, Capi, yo te quería prevenir que te iban a joder! Hace dos días se le salió al “doctor” mientras dormía. Él siempre habla dormido cuando está preocupado por algo. Y como sabes, él duerme durante el día porque tiene el turno nocturno en medicina legal. Así fue como me di cuenta de que él sabía que tú eras el que se metía a calentarme la cama en las noches. Anoche, te esperé para ponerte sobre aviso, pero no sé qué pasó que no viniste. Por horas estuve mirando la paredilla del patio, esperando a que te la volaras como todas las noches, pero me cansé de esperar y me fui a dormir… Hasta que escuché un grito en la madrugada y supuse que serías tú, pero le rogué a Dios que no fuera cierto y que lo que el “doctor” dijo dormido fuera solamente un sueño… ¡Ay, Capi! Te lo juro que yo no le dije nada al “doctor”… Te lo juro por Chuchito lindo…, yo no tuve nada que ver…
Los dos tipos… ¡Compadre, se nos adelantaron, cuadro! —¿Estás seguro que esa era la pinta que teníamos que atender? —Sí, vale. Las viejas esas dijeron que es el tal Capi y ése es el nombre que nos dio el barbero. —¡Ñerda, compadre! ¿Ahora, que hacemos? —Nada, vamos a cobrarlo como si fuera nuestro. Al fin y al cabo, el barbero no sabrá que no fuimos nosotros los que realizamos el trabajo. —Listo, pues, pasemos la factura y perdámonos del panorama.
Pues, bueno, damas y caballeros, como diría mi tío Panchito: “lo inesperado siempre se adelanta a lo que esperamos con tantas ansias.” Maldita sea…anoche dejé de buscar la papa con el sudor de la frente de los demás. Dejé de vender la marihuana que le tumbé al cachaco y que ya tenía palabreada con los caleños de la discoteca del norte. Ahí me iba a ganar un dineral. Después tenía que ir a visitar a Rosarito, a quien tenía convencida que nos haríamos ricos si atendía bien a los clientes que yo le había levantado para el fin de semana. Esos tipos prometieron pagarme muy bien por una morena, de buenas curvas y de dieciocho años como la Rosarito. No fui al negocio de Arturo a buscar la carne para la semana. Y eso que tenía el encargo de llevar tres kilos de cerdo a mi vieja, que tenía ganas de hacer unos tamales para rebuscarse el fin de semana. Todo lo dejé porque Edelmira me dijo que esa noche no podía faltarle. Pero, ¡carajo, cómo es la vida! Cuándo me iba a volar la paredilla, se me resbalaron las manos y me fui para el suelo, y caí agachado… ¡Nojoda! El compañero de toda mi vida. El que siempre llevo en la pretina del pantalón. El que tanta fama me había dado. El que me ayudaba a conseguir para la papa, las frías y el tabaquito de maracachifa, hincó sus filosos dientes en mi pierna y me cortó uno de los cables principales. ¡El chorro de sangre que está saliendo no lo para nadie! Y aquí me encontró esta gente: los que llegaban a dormir y los que se levantaban. ¡Tirado como un perro! Desangrándome lentamente, sin fuerza ya ni para hablar… ¡Y es aquí y ahora que me doy cuenta de que la frase que le oí a mi tío Panchito es verdad!... Aunque me haya tocado ser el protagonista hoy, este papel que me dieron es el más jodido de todos… ¡Ajá!, ¿ya qué puedo hacer? Si sólo me di cuenta cuando las luces se empezaban a apagar lentamente y esta función se estaba acabando… al menos para mí.
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© Germán Salinas
LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN: 0124 - 9282
Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen VI – Número 24
Enero-Febrero-Marzo de 2006
SUPLEMENTO LITERARIO CARIBANÍA
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DEPARTAMENTO DE IDIOMAS
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
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