El viejo Hem

Adalberto Bolaño de la Hoz
abolano@uniatlantico.edu.co
Universidad del Atlántico

Tras un sueño inquieto, lleno de sonido y furia, el viejo Hem despertó nuevamente sobresaltado. Una estela de sudor cubría la vieja cama. Su esposa no estaba pero creyó escuchar una voz en la sala.

—¿Quien anda ahí? —preguntó desconfiado.

—¡Viejo estúpido! —escuchó.

—¿Quién diablos es?

—¡Estúpido viejo! —escuchó otra vez.

—¿Quién diablos es?

—¡Estúpido viejo! —oyó nuevamente.

—¡Maldita sea, ya verás! —exclamó. Se encaminó furibundo por el pasillo, abrió el closet de su habitación, sacó la escopeta de dos cañones y regresó a la sala, impaciente.

—Un valiente con escopeta —escuchó con ironía ahora. Sus brazos flácidos y la barba canosa temblaban. Cuerpo y alma envejecían aún más sus 61 años.

Se detuvo y miró a todas partes. Nada, solo silencio. A pocos pasos, en la máquina de escribir, reposaba un poema sin terminar. De repente, el recuerdo subió como un géiser entre su mente petrificada. Papá loco, muriendo, el niño mira. Papá loco muriendo mamá el niño pescando. «Nick, Nick, saca la trucha».

—¿Eres tú,Nick? —dijo, se dijo, escuchó el hombre.

Silencio.

Nick Nick. Vieja memoria. Papel, escritura, mi carne.

Silencio.

Se sintió acorralado. El miedo ascendió a sus ojos, la memoria abriéndose, el león en la colina, un leopardo en la nieve. El ruido seco. Papá cayó. «¡No mires eso, Ernie, no, Wemedge.». Vi todo, mamá. Papá en la cama, sangre.

—¿Quién anda ahí, por Dios? —gritó, casi implorando. Oyó pasos. Voces.

Confundido, cayó de bruces, temblando. Apretó el arma, con terror, «Wemedge, ven acá», escuchó ahora ¿Papá? Quitó el seguro. Un toro. Miró la puerta. La muerte negra. Miró la ventana y sintió la brisa plácida que entraba. El poema voló. El toro miró a sus ojos. «Ernie, Ernie». La muerte negra.

Apretó el gatillo. Mamá padre luz. Entonces, sintió el mar. Sal, palabras, un tigre. Nada. Se derrumbó. Los pájaros, con su vuelo, dieron el primer adiós. Después gritos, llamadas, la policía.

En casa, el detective leyó el poema inconcluso que había ocultado en su gabardina.

I

«El aire brilla en el pez en su temblor en su muerte

II

"Aprieta la escritura cincélala
cincélate
Ninguna ofrenda es mayor que ella.

III

«Cubro el miedo con el dolor
con la muerte
Papá me enseña
me sumerjo en su locura.
¡Aprieta el gatillo!
¡Saca el pez!
¡Humilla la muerte!

IV

«Escucha en el cielo plegarias atendidas Escucha el temblor de mis manos La sangre me llama…»

El hombre escupió, ¡bah¡, arrugó el papel y lo tiró a la basura. Afuera, el día mantenía su chirriante canción.
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©   Adalberto Bolaño

LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN:  0124 - 9282

Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen VI – Número 24
Enero-Febrero-Marzo de 2006

SUPLEMENTO LITERARIO CARIBANÍA
ISSN: 0124 - 9290

DEPARTAMENTO DE IDIOMAS
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
Barranquilla - Colombia

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VOLUMEN VI - NÚMERO 24