Los jinetes del recuerdo
Antonio Mora Vélez
Los jinetes del recuerdo
Van como espectros
deambulando por las praderas desérticas
de la vieja comarca de los francos,
tienen los ojos hundidos y oscuros,
el cuerpo magro y pálido,
cubierto de andrajos
y largas y delgadas las manos,
como espigas marchitas.
En las noches estrelladas
salen de sus cuevas a buscar el aire
y el agua de los cactus,
y a verse las arrugas de sus rostros
con la claridad de la luna.
Son los jinetes del recuerdo
que cabalgan camélidos mutantes
por las dunas y las ondas,
repensando la vida y el camino.
Dicen que sus voces susurran
los buenos viejos tiempos,
anteriores al retorno de los ángeles,
y que relatan los sonidos del horror,
las carnes desgarradas,
la tierra asolada por el fuego
que vino del segundo círculo,
más allá del cielo de las naves.
Ellos cuentan que los
autores del estruendo fueron
los mensajeros radiantes de los dioses,
los mismos que les dejaron el pan,
la luz sagrada y el sueño.
Y refieren que regresaron silbando
extrañas melodías de arena
y que se sintieron defraudados
y que decidieron,
con el dolor de sus antenas,
quemar las páginas mal escritas
de esa historia
y comenzar de nuevo.
Colisión inminente
A Inmanuel Velikovsky, in memoriam,
autor de Mundos en colisión.
En esta alfombra de terciopelo
tachonada de luceros,
la colisión de los cuerpos
es un suceso tenebroso
que ha ocurrido
en infinitos tiempos,
como en un billar cósmico,
y que ha llenado de residuos
el espacio del juego.
Ahora es inminente,
en términos astrales, por supuesto,
que Andrómeda se cruce en nuestra Vía
y sean las dos una galaxia
de estrellas duplicadas.
Y no sabremos entonces si La Tierra
alumbrará las mañanas de otro cuerpo,
Venus de otra historia,
o terminará fragmentada
en una órbita de piedras,
o pulverizada,
viajando como espora de los dioses
hacia la siguiente posta de la vida.
Apocalipsis XVI
En el horizonte de sucesos
de un agujero negro
una estrella vigorosa se alarga,
hilo fabuloso de energía,
y deja a su paso un reguero
de planetas inciertos,
en uno de los cuales
florece la razón del hombre
Los sueños de uno de esos hombres
se vuelven radiación en el espacio,
cabalgan a lomo de neutrino
salvando los meandros y abismos
de la materia oscura,
llegan a nuestra pradera estelar,
esperanzados,
decididos a continuar el juego,
perforan los siete velos de la diosa
en busca del espejo
y se instalan en la sustancia gris
de este poeta
que ahora los revela.
Apocalipsis XVII
A Hollywood, factoría de ilusiones.
Primero fue un inmenso hongo
que ahogó toda la vida de esa orilla,
después el alarido de la tierra
que sepultó las esperanzas de
Los Ángeles
y el aire se llenó de lamentos
y de nubes de polvo y muerte
y en la visión apocalíptica
del bardo
los sembrados amarillos
fueron enlodados por el trueno
Años más tarde
la visión del poeta dijo
que todo fue cercenado limpiamente
por el fuego,
que la nostálgica playa de los astros
desapareció montada en una cresta
diluida,
y que desde el borde del acantilado
tenebroso
que limitó el trayecto de los sueños,
los jinetes del recuerdo aún perciben
las sonidos de la furia
y el olor embriagante
de los naranjales en flor
La hoja que se muere
La vi caer suavemente sobre el césped
de la alameda de los últimos días,
mientras observábamos la soledad del mar
en esa playa del pasado
que fue sol, amor y alegría
Yo leía los versos dolorosos del adiós
que le decían al mundo que la vida
tendría una segunda oportunidad
en otra parte
y la vi caer segura de su suerte
Tú estabas a mi lado ¿lo recuerdas?
te dije entonces que una hoja sin sol
era la muerte,
como una mujer sin amor,
o una cometa sin brisa,
y tú me preguntaste
por las razones escondidas de la guerra
y por la desaparición de las mañanas
y yo te contesté que la noche se acercaba
para vestir de negro los colores
y almacenar las ilusiones de los hombres,
que la vida podía reverdecer
en otras hojas,
en otros tiempos,
y que había que grabar en la retina,
para no olvidar su brillo y su mensaje,
la luz de la última estrella.
La palabra perdida
Al lado de la escalera, los cadáveres
y la ruina de enfrente penetrando por la ventana
como una pesadilla.
La ciudad ha muerto y con ella
las luces, la algarabía y la esperanza.
Entre los escombros un quejido
y más allá del silencio unos ojos
tristes que no ven...
Todo ha sido consumido,
la noche sin tu olor y tu rocío,
tus canciones, que me faltan,
los sueños, las risas y los árboles
y este pensamiento que me duele
y que me enfrenta a la realidad diseminada.
Ahora estoy solo frente al mar
recordando las primeras algas,
la primera hoguera,
la primera rueda,
la primera siembra
y el olor a leche y pan de las mañanas
y vuelvo otra vez sobre los pasos
del Hombre,
buscando explicar lo inexplicable,
buscando la palabra perdida
que nos condujo a este laberinto
de piedras y vigas solitarias.
Lamento de un robot
Cuando me miras
mis junturas y mis láminas se estremecen
porque veo en el interior de tus ojos
el odio que no alcanzo a imaginar
en mis antenas y celdillas.
Cuando llegas,
no es el canto de las estrellas
el que escucho sino los tambores
que enardecen la danza del fuego
al interior de las galaxias.
Cuando me acerco a tu cuerpo
me huele a muerte
y si te palpo,
palpo la basura del mundo
y no la cima del camino
ni la ventana abierta del espíritu.
¡Qué pena, querido padre!
Pero no eres más
que una masa lamentable
de átomos mal organizados,
un enjambre de células
que anda cada una por su lado,
una sucesión de malos
pensamientos que hacen daño.
¡Qué pena, viejo acuoso!
En mis ratos de fatiga mineral
veo cómo la soledad avanza
paso a paso en tu universo,
repaso con horror el filme
de tu sangre derramada
y sueño –cuando me dejas—
con el olor a sol de las toberas
que pretenden aplazar tu muerte.
¡Qué gran desperdicio!
A Carl Sagan, autor de Contacto.
Si esa luz que nos llega de Sirio
o de Andrómeda
no alumbra el sueño de otros seres.
Si en todo el universo,
como dicen los escépticos,
la vida es ausencia
en medio de la noche.
Y si la palabra reside solo
en este valle del cosmos
y el infinito es arena y gas
y una que otra hoguera
en el tapete azabache
de los dioses.
Qué gran desperdicio de espacio,
Señor...
¡qué falta de visión la tuya!
¡cuánta soledad!
¡cuánta tristeza!
Esperanza
Las partículas del horno primigenio
nos dicen que la vida y la razón
son su destino,
que más allá
de las ondas residuales
hay una puerta estelar
aún virgen
que acelera el fuego
del futuro.
El hombre lo intuye
¡maravilla de los genes!
y dedica parte de sus sueños
a descifrar el camino de los dioses
y las toberas se encienden
y vuelan las naves cada vez más alto
en busca del hermano.
Laika
A diferencia de los demás canes
de la Tierra,
ladraste tan alto y tan fuerte
que aún se escuchan tu alborozo,
y tu alboroto,
en el cuadrante del futuro.
Las fuerzas del cosmos
A Stephen Hawking.
En el gran horno cósmico apareció
la Fuerza unificada,
tallo del cual se desprendieron como hojas:
la gravedad y la masa y la energía confundidas
y luego como gajos,
la materia de protones y electrones
y las galaxias y los soles.
Del fuego estelar de nuestro sol,
los elementos
que formaron mares,
flores y criaturas salvajes,
y en el cerebro del Hombre,
el pensamiento,
maravillosa conjunción de
moléculas y células
que sintetiza
toda la aventura del mundo.
Ssaturno
Inmensa burbuja coronada
por el polvo residual
de alguna luna disgregada.
Me embelesan
tu corona rielante
de roca y hielo
y tus bandas de nubes paralelas.
Contemplo tus veloces pastores
abrir en tus anillos surcos reservados
para mantener el control de tus
corceles diminutos
y pienso en la esperanza de encontrar
la arquitectura de la vida
en las aguas embriagantes de Titán.
Saturno, tiempo achatado
de color naranja,
en el pozo del recuerdo
pareces una nave que se acerca.
A Hiram Abif
Arquitecto del Templo de Salomón
Venerable portador
del saber de las pirámides,
Maestro tallador de corazones,
varón justo de Tiro
que levantaste
las columnas de la ciencia
y la virtud
y sobre ellas,
el templo del drama milenario.
Tus obreros ambiciosos
intentaron conocer de tus labios
los augustos misterios del compás,
antes de la edad y de la hora
y te asesinaron con las herramientas
del oficio.
A los siete días del silencio,
al lado de la acacia incorruptible,
la estrella flamígera nos devolvió
tu logos,
emanación del espíritu del cosmos,
y tu logos transmutado en logia
nos legó la sabiduría de los símbolos,
la interpretación de los enigmas de la historia
y la luz de los principios
que esclarecen el ascenso del Hombre.
Arriba y abajo
“Como arriba es abajo; como abajo es arriba”.
El Kybalión.
Así como es abajo es arriba.
Somos hijos de la misma fragua
y en cada uno de nosotros
hierve el mismo caldo del Sol
y luchan las mismas fuerzas
que le dan color y ritmo al universo.
Así como es arriba es abajo.
En cada átomo vibra el cosmos
y la gravedad de las partículas
se encarga de explicar
la mecánica del mundo que se abre.
El compás
Manantial de fuego que llenaste
de vida los mares de la tierra.
Símbolo del cosmos pensante
de los ángeles.
Luz que llevaste la verdad
a las tinieblas de los primeros tiempos.
Cono que refieres la expansión
del fuego y del espacio.
Pirámide estelar observatorio.
Fuente de energía
de los primeros sembradores.
Triángulo que encierras
el nombre inefable de la fuerza
constructora.
Arquitecto que describes
las estelas del descenso,
el eco de la aguas desbordadas
y el trazado de las primeras piedras.
La esfinge
Estás allí,
con tu mudez de piedra
conservando el mensaje de los signos
y la gloria de otros tiempos.
Estás allí,
coloso astral con rostro de mujer
y cuerpo de león,
indicando la fecha del diluvio
que sepultó la isla de las letras.
Estás allí,
soportando la arena del desierto
y la ceguedad del hombre
que te mira y no comprende
la angustia de tu rostro.
El santo grial
El calvario fue apenas un sueño
en el corazón de los sabios
que sacaron tu cuerpo de la gruta
del agricultor de Arimatea
La credulidad de tus discípulos
cubrió tu cambio de escenario,
el amor de Magdalena
guardó tu semilla
que eclosionó en los montes de Provenza
y esa semilla tiñó de azul y de misterio
la sangre de los príncipes.
Hoy tu símbolo grabado
en el corazón de los jinetes
del recuerdo
espera la aparición de la espada
de la casa de David
y la devolución de tu corona
arrebatada.
Entretanto tú sigues allí,
dormido,
a pocos metros de la
Villa de los Cátaros,
a muchas horas de la huerta
de tus padres.
Teiku
Te fuiste solitario,
sabio navegante del espacio,
en busca de las llanuras fértiles
del cielo,
después de haber sembrado,
al principio de los tiempos,
la esperanza aquí en la Tierra.
Sabías que la morada final
era en lo alto,
en la barca del espíritu,
y que tarde o temprano
el rostro del juicio,
frente a las impurezas de la vida,
marcaría el retorno de tus pares.
Fuiste leyenda sinuosa
que se perdió en la bruma
del follaje,
hasta hoy, que te he visto erguido
en el corazón de las palabras
ofreciéndoles la libertad
y el sueño a tus hermanos
de la Sierra.
Mochica
A todos los antropólogos del mundo,
con mi indignación por la pobreza de sus conclusiones.
Eres hija de los caminantes estelares
que convirtieron a tus nativos
en semidioses
y que poblaron tus vasijas
con rostros diferentes.
En las Huacas del sol y de la luna,
la serpiente de otro mundo,
diosa del océano
que recuerda los días gloriosos
del pasado,
es también la diosa de la muerte.
La memoria colectiva guardó
en tu pensamiento
la avalancha de la tierra y del agua,
y la serpiente voladora,
símbolo ancestral de la ciencia y de la luz,
se trocó en diosa del mar y del dolor
y en diosa de la montaña que ruge.
Atlántida
En las profundidades del lago Titicaca
las piedras cuentan tu presencia
y confirman la tragedia
del agua y del fuego
que ocultó a los talladores del tridente
de Paracas
y a los dibujantes del aeropuerto
de los pájaros.
De Tiahuanaco y de Atlantis
(Los puertos de los dioses
del ancestro)
salió la nave del rey Toth
rumbo a Tartessos,
cargada de maíz,
de oricalco y de tabaco,
el aciago día del desastre.
Entonces la memoria de Toth
se asiló en el valle de las moles
que apuntan hacia el cielo
y su sabiduría se expandió
por las costas de Ugarit, Tiro y Sidón,
y el eco de sus naves ancló en Jonia
y surgieron las ciudades del hierro
y el pensamiento dio un salto de gigante
y en Atenas la pluma del filósofo
dejó constancia de tu gloria.
Atlántida mil veces sumergida,
imperio fabuloso
de murallas transparentes,
de cristales de fuego
y navegantes pelirrojos
que trillaron los caminos
de los dioses
de oriente y de occidente.
Atlántida edénica
de palacios, canales y vergeles,
estás allí dormida
en el regazo de Los Andes,
en el folclor y en las palabras
de los jinetes del recuerdo
y en la sangre del hombre
de Indoamérica.
Noé
Llegaste a las costas de Iberia
en una nao,
desde las fronteras del abismo,
y fundaste Noja y Noega
en las playas del Cantábrico.
Y luego
Noya
Nojoa
y Noela
con todas sus fraguas y bajeles,
antes de emprender el viaje
por las columnas de Hércules
hacia las tierras selváticas de oriente.
Fuiste nauta sembrador
de luz,
maestro venido de las aguas,
enseñaste a los hombres
el ritmo de la rueda,
el pulimento de la piedra,
el arte de las cestas,
la estrategia del rebaño
y la resurrección de la semilla...
Después te embarcaste
en el pasado de la vid
y en la mítica arca
y los cazadores de Altamira
construyeron sus templos
como naves,
para recordar tus viajes
y recordar a tus hermanos navegantes
de los cabellos rojos.
Quark
Escondido en las estructuras
del asombro,
eres y no eres
en el todo que construyes.
El Fuego te esclavizó
en el estallido primigenio
y hoy no te deja viajar
libremente
por las praderas de la Luz.
Así de sometido,
sueñas con tu hogar
--fuera del tiempo--
y te ves radiante
y pleno de entidad
y te consuela pensar
que el Cosmos dejará
algún día de estirarse
y que la fragua creadora
de estos sueños
te transportará a tu vieja morada
--la de tus pares—
a disfrutar eternamente
de las mieses del Espíritu. _________________________________________
© Antonio Mora Vélez
LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN: 0124 - 9282
Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen VI – Número 24
Enero-Febrero-Marzo de 2006
SUPLEMENTO LITERARIO CARIBANÍA
ISSN: 0124 - 9290
DEPARTAMENTO DE IDIOMAS
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
Barranquilla - Colombia
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