Oratio
pro
pace
Miguel Zapata Ferreira
Nos esforzamos por una palabra.
Creer en ella no es un acto de fe;
es aceptar incuestionablemente su rubicunda belleza.
La palabra debe taladrar los oídos de los infieles,
preñar sus sesos con el nuevo engendro
para que de éstos surjan a su vez otros
que pronuncien la palabra,
que es en esencia nuestra
porque creemos en ella;
ella nos hace ser lo que somos.
La palabra debe viajar en la punta de la flecha
hacia todas las regiones que no la han oído
o que habiéndola oído
no han sabido saborearla en su paladar
acostumbrado a lenguas infieles,
adormecidas por el café y el rezo gutural.
Nuestra palabra ha ahuyentado la pobreza,
la inequidad, la enfermedad,
la ignorancia,
la soledad y la animadversión al color.
Su palabra sólo ha nombrado riqueza para algunos,
igualdad para los que habitan los palacios geométricos
repetidos en el agua y los espejos,
y ha perpetuado la ignorancia de la nuestra,
que no odia la sensual feminidad de la cáscara del dátil.
Nuestra palabra ha mantenido en calma los océanos,
conservado la diafanidad del aire
y defendido el verdor de los gigantes enterrados.
Su palabra, de industriosa pereza,
no ha sabido degustar los bienes ofrecidos
que se desperdician sin engordar nuestras hambrientas bocas.
Heredamos nuestra palabra
de nuestros milenarios prestidigitadores
que rescataron la infiel belleza desde el caballo.
Su clamor, que es el nuestro,
da voz al sifilítico, al leproso, al criminal,
al bombardero, al idiota,
a la virgen, al poeta y hasta al filósofo.
La palabra de ellos sólo vocifera
desde el púlpito y la bota;
ha desacralizado los sagrados íconos.
Nuestra palabra anima a los oscuros
y famélicos atilas: dulce et decorum est...
Su palabra confunde a los vulcanos suicidas.
El vigor de nuestra palabra
es suficiente para condenar al sospechoso
de la imaginaria honda.
El vigor de nuestra palabra se impone
ante el concierto celestial
que calla para escuchar nuestros preclaros ritmos.
La debilidad de su palabra muere
antes de ser pronunciada
sin poder de significación,
en la confusión retórica que no significa lo que significa
y deslíe lo que no dice.
El futuro del universo
está escrito en nuestra palabra
en los caracteres imborrables de Tiresias y Virgilio.
Su palabra languidece
en las impresiones del barro fugaz
de la árida media luna.
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© Miguel Zapata Ferreira
LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN: 0124 - 9282
Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen VI – Número 24
Enero-Febrero-Marzo de 2006
SUPLEMENTO LITERARIO CARIBANÍA
ISSN: 0124 - 9290
DEPARTAMENTO DE IDIOMAS
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
Barranquilla - Colombia
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