El país
(Casi una elegía)
André Cruchaga
“¡Que no profanen su belleza,
con estampas de confitería!”
Maiakovsky
Hay calles intransitables en mi país.
Se las tomó por asalto el hambre.
Los días y las noches son frágiles en mi país:
Lo oscuro te deja sangrando sobre las aceras.
En mi país se alzan largas interrogaciones
Buscando los surcos de la aurora,
Pero en pleno vuelo la sonrisa se desploma.
En mi país tenemos a la noche como patria
Y una lluvia espesa goteando desde las sienes.
En mi país, el caos es pan y silencio
Y asciende hasta socavar la Esperanza.
Absurdo es mi país cuando ríe entre neumáticos
Y perros acorralados por el despojo del tiempo.
De qué madera se hizo este país que la polilla lo deshace
Para tornarse en un alud de pálida tormenta.
El rumor de su respiro agónico, espumoso,
Pinta una acuarela de ataúdes.
El mar que lo baña lame sangre sobre la arena;
Y los ríos chorrean caballos de sombras
Para mezclarse con un viento de huesos.
Aquí viven desterrados los sueños,
O los sueños son anhelos transidos por la sangre
Y convertidos en loca osamenta para museos.
Hay calles. Las veo. Las transito y no pueden ampararme;
Ni tienen el olivo para transmutarse en veleros.
Las miro. Añoro mis ventanas y la ladera verde;
Pero no, en la marcha te salpican los cuerpos
Y te comen los cadáveres y las cloacas…
Enajenación del tiempo
“Todo lo acaba el tiempo y enajena”
Francisco de Quevedo
“Arma su desnudez y su querella”
Este tiempo atroz, brazo de llama
Donde habita el ala rota
Y la vida a cuestas.
Verdad se hace el féretro de la esperanza,
El cabello caído y la ceniza
Temeraria del destino,
En la sombra del que nace o muere:
Fugaz piel del parto, aprisionada vida,
Impresa en el ojo de la sepultura.
Este tiempo ofende con sus venas abiertas;
Ofende la sombra:
Cuerpo desnudo de la muerte,
Pululando en la mariposa mordida
Por su propia boca.
De sangre se enjugan las manos;
Antes, labradoras de la milpa
Y el barro hecho de animados espíritus.
Sobre las tejas, la lluvia, lento caballo
Resbalando su tropel, porfía con su amenaza
En la casa del pobre y la ermita
Donde las almas descansan,
Bajan la cruz,
Y extienden su aliento de desesperanza
Sobre las piedras de la fe.
Fe convertida en pan y luz hiriente.
Fe rizada de hoguera, arma habitable
Para acallar el vocerío de la duda
Y abandonar la daga y la losa
En el trance de la existencia.
El tiempo es la forma tangible de lo efímero.
Cotidiana llovizna acariciando
Y deshaciendo el cuerpo
En desatada romería.
El tiempo es una extraña caravana de naipes
Donde sólo la locura se arma
Con la espada de Democles…
Llueve...
A Silvia Elena Regalado
“Su peso vacilante se rinde bajo el peso
de la muerte,…”
Francisco Villaespesa
Dolorosas carnes agobiadas por la lluvia,
Calles negras, veredas de ceniza,
Ahogada sangre eructando pájaros grises,
Donde ya no cabalgan los caballos del alba,
Sino el grito y la saliva carcomiendo la piel.
Los días y las noches son iguales:
Largas calles donde mueren niños desnudos
Y las lágrimas punzan llenas de basura.
Cada hora ablanda la tierra.
La pesadumbre embriaga al césped
Bajo el zarpazo de insomnes bisturíes.
De un rostro a otro hay una colina de cipreses,
Cuyo murmullo devasta los sueños
Y agrieta el territorio de los labios.
Bajo su lentitud el agua musita y golpea
Las pupilas y la lucidez del tacto.
Y no es para menos habitar estos poderes
Inciertos en la escena misma del deslave:
Noche de espejos confusos y deshabitados.
Noche de sombras donde la muerte
Pasa entre vidrios rotos
Y el frío agónico de la intemperie.
La lluvia nos obliga a escuchar su rumor,
A dormir con extraña impaciencia,
A ver lunas humosas en los árboles
Y a amanecer en otro mar de miradas desfallecientes.
Llueve. La materia del dolor se abre…
En las calles, las paredes derraman
Párpados tristes. No hay fronteras
Cuando el filo de los paredones
Y la piedra inevitable
Cortan el aliento de los cuerpos.
Llueve. El horizonte se rompe y desvanece.
El silencio es un respiro de esta noche:
Honda herida para vencer a la muerte.
Llueve. Y no es la lluvia amorosa del anhelo,
Sino la oscura imagen de la tumba…
Uno sale a la calle…
Desde el miedo, desde el pavor, entonces,
Uno sale a la calle y no se encuentra pan,
Sino una oscura sed
Del tamaño de la tristeza junto a cáscaras
De voces y almas capaces
De reclamarle a la soledad su vencida mirada.
En otras partes, el tiempo, la tierra,
La voz del hambre no es distinta: sal fatigada
Como espada, duelo en los ojos
Para jugar a la buena suerte.
Hemos tenido desde siempre
Noches y días de musgo,
Semanas hurgando, ebrias, oscuras
En la carne viva de la ciudad.
En las calles, mareas de delirios,
Rostros humanos acumulando lágrimas:
Frutos de la muerte,
Sueños convertidos en ríos…
En este vacío de manos ahogadas,
Y vulnerada la alegría y el aliento en ruinas,
A la orilla de manteles de gelatinosa ceniza,
Roídos retratos sin miradas,
Respirar se convierte en una lucha
Titánica y prolongada;
Ahogado el cuerpo en la angustia,
Ciego el abrazo de la noche y mudo el labio,
Roer paredes se vuelve audacia del tacto;
Hundida en la prisión del agua el ala,
El vuelo se torna subterráneo,
Y la vida transformada en duelo.
Al final de todo este húmedo espejo,
Flotando en ruinas y terror,
Queda el escombro reclamando su memoria;
Al final de este eco de cadáveres
Sobre el agua,
Hay un túmulo de entrañas desgarradas
Y un sonido oscuro royendo al oído.
Al final, sólo al final, si acaso,
Uno empieza a meditar sobre los vestigios
Y la complicidad de la memoria
Que nos une…
Imágenes dispersas
Una hoja cae; algo pasa volando;
cuanto miren los ojos creado sea,…
Vicente Huidobro
1
Aquella carta, amor, de lentas prolongaciones:
Sombras arrastradas por el aire longitudinal del humo.
Pienso en la lluvia y en los frescos nidos oscuros de la noche,
La luz en el lecho del cielo, la infancia retumbando en la humedad
De ese mar loco que causa desazones por doquier.
Siempre me viene el rumor cuando entra la noche
Y los pájaros negros hablan como en una prisión
O en la soledad del destierro.
La realidad cae de golpe, a martillazos aunque esté prevenido;
En el paroxismo los adjetivos no me sirven para
Caminar la llanura:
El nombre de antes que aprendí a deletrear,
No la bestia ensangrentada a mis pies convertida en roca.
Creo que hay cosas inefables: el espectáculo de una ardilla
Usando como telón de fondo las lamas rojas del horizonte.
Creo que hay cosas poco gratificantes, amor, y tú lo sabes:
Caminar sobre el abismo de las alcantarillas
Y arrastrar por siglos los cabellos sin que el amor de Dios
Se inmute;
El zarzal ardiendo de sed entre cipreses coagulados por el fuego,
El aliento cerca de los pies llenando odres lentos.
Es inútil verte a los ojos cuando falta el arco iris
Y la bestia de uno avanza incandescente
Sacudiendo los restos del polvo para salvarse del hastío.
Hay otras cosas más sutiles, sin embargo:
La desnudez que persigue el vilano en su tránsito por el aire
Y el ánfora de tu vital abismo cuando llaga de mariposas azules.
2
Sombras de pájaros en la ventana. Lluvia,
Golpes en las pupilas, mar la mirada centelleante de viajeros;
Olvidos en el fango de la memoria, helechos, hechos
De lenguas magnéticas,
Violines líquidos respirando la sangre,
Torrentes rasgando los ojos y la cabellera de un arpa tardía.
Un cuchillo corta la longevidad de estos días tórridos,
Aunque en otras latitudes, la primavera abra tus ojos
Terrestres sobre finas terrazas.
En la visión de los relojes el crepúsculo es una lechería
Donde la luna cambia al despertar de sus escombros.
En la visión de la iglesia, la vida es un perpetuo drama cuaresmal
Y no ese grito sublevado que resulta del silencio.
A menudo uno no sabe a qué atenerse cuando las cataratas
Dominan las ventanas
Y el delirio resulta ser más alucinante sobre la marea
De la espuma.
Pese a todo, las nubes galopan frente a mi ventana.
El mundo resulta menos punzante cuando, a la par,
No hay sepultureros,
Ni sábanas que delaten suicidios pasionales.
Simplemente me río con la complicidad de lo profano,
Me río de la voluptuosidad suicida, de la cópula del ojo
Besando pústulas,
De las gaviotas gimiendo en la cara del mar.
Me río devorando vendavales cuando Ingrid Bergman
Golpea la puerta de mi pecho con su oleaje fluvial de los 20 años.
Me río cuando el reloj levita en la sartén
Y ambos comemos inefables navíos…
3
De invierno su cuerpo anclado en mi olfato.
La epidermis de la lengua lamiendo la noche;
El vaivén embriagado de las pupilas:
La desnudez completa flotando en el tacto,
Mientras las alas del aliento cruzan la vibración del vértigo.
Cuando la última saliva del deseo urde caracoles,
Cuando la espuma del jadeo trenza cabelleras,
Entonces, sólo entonces, mudamos la sal en alhelíes.
Ahora que ya no importa morir,
Ni que el mundo se desplome,
La forma del vacío me parece otra voz en naufragio.
Si acaso el espejo sangra frente a nuestra imagen,
Si la última estrella en su agonía abre ventanas,
Si los sueños cambian sus alas para ser ceniza,
Si la muerte proyecta su sombra de postrera lucha,
Si del cuerpo sepultado nadie resucita,
Es que estamos, amor, frente al mármol de la sepultura.
Si un hispanista viene y nos habla de Cervantes
Con cuatrocientos años soñolientos,
Si alguien aspira azules al ver tus pantorrillas,
Si alguien te sonríe como un promocional de Colgate Palmolive,
No te lo creas, amor, simplemente quiere horadar tu silencio.
Si alguien te dice que participó en el Festival de Cannes,
Y que además es un gran poeta, no te lo creas tanto;
Pero si ves tu cabellera convertida en barrilete,
Y el rescoldo de la carne ardiendo en la brisa,
Y la luz disuelta en el aire como pájaro,
Y el fuego de los ojos salvando la claridad,
Entonces, sí, estás frente a la ilusión desnuda
De este mundo inconcluso e interminable…
El autor:
André Cruchaga nació el 2 de mayo de 1957, en Chalatenango, El Salvador. Desempeña la función de director de Educación Básica en el Centro Escolar "Presbítero Nicolás Aguilar", y se dedica a escribir poesía desde los catorce años. Ha participado en diferentes certámenes nacionales y eventos literarios y publicado doce libros. Ver su Web haciendo clic en: www.elgatoconbotas.com
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© André Cruchaga
LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN: 0124 - 9282
Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen VI – Número 24
Enero-Febrero-Marzo de 2006
SUPLEMENTO LITERARIO CARIBANÍA
ISSN: 0124 - 9290
DEPARTAMENTO DE IDIOMAS
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
Barranquilla - Colombia
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