Tambores en la noche, de Jorge Artel:
La mujer de color y su imaginario sexual

Deisy Jiménez
dejimene@ufl.edu

La poesía de Jorge Artel ha recibido atención de los críticos principalmente por su relevancia y aporte al desarrollo de la literatura afrocolombiana. Mucho se ha escrito sobre sus características estéticas y su relación con el movimiento conocido como Negritude. Sin embargo, la representación de la mujer negra o mulata en la obra de Artel no ha sido considerada en profundidad. En Tambores en la noche, publicado en 1940, la mujer de color está representada por una imagen estereotípica que la relaciona con la danza y el movimiento. Su cuerpo y sexualidad quedan expuestos como muestra del deseo sexual masculino. En el presente ensayo me propongo demostrar la objetivación  de la mujer de color en Tambores en la noche  y cómo esta representación la sitúa fuera de las normas de comportamiento femenino aceptado.

Mónica Mansour en su libro La poesía negrista afirma que “el sentido más importante de  [esta] poesía es la identificación del artista con el negro, la interpretación del negro ‘desde adentro’. De esta manera, el poeta vive las circunstancias del negro y expresa sus sentimientos” (212). La danza es uno de los temas más recurrentes entre los poetas negristas para demostrar su identificación con su ascendencia africana. Según Laurence Prescott, esta poesía “often pictured the merriment and excitement of black dance (e.g. the rumba), paying particular attention to the body movements of the female dancer” (114).  En Tambores en la noche, la danza es el tema central, materializado en el cuerpo de la mujer negra o mulata. En el poema ‘La cumbia’, el ritmo de esta danza posee las caderas femeninas:

la cumbia frenética,
la diabólica cumbia,
pone a cabalgar su ritmo oscuro
sobre las caderas ágiles
de las sensuales hembras.

El uso de la palabra ‘hembras’ animaliza a la mujer y la reduce a su función sexual. Mansour concluye al respecto que “la mujer se convierte en el símbolo del sexo” (204). En mi opinión, esta interpretación es válida pero superficial y no problematiza la condición femenina. En mí surgen varios cuestionamientos. Por ejemplo, ¿por qué limitar su presencia a un rol sexual? ¿Si se quiere resaltar la ‘sensualidad’ de los afro-descendientes americanos como una característica positiva y como un modo de afirmar su identidad, por qué poner la responsabilidad sobre el cuerpo femenino? ¿Dónde queda la realidad histórico-social de la mujer de color?

La exhibición de la anatomía de la mujer negra o mulata en la poesía de Artel tiene antecedentes en poetas como Nicolás Guillén. En Sóngoro Cosongo, el poema “signo” pone toda la gracia y sabiduría de la mujer negra en la desnudez de su cuerpo:

Tu vientre sabe más que tu cabeza
y tanto como tus muslos.
Esa
es la fuerte gracia negra
de tu cuerpo desnudo.

En Tambores en la noche, Jorge Artel se apropia de la imagen sensualizada de la mujer y carga su poesía con ella. En el poema “Danza mulata”, la voz poética dirige los movimientos de la mujer que baila a la vez que asume su deseo sexual:

Alza tus manos ágiles
para apresar el aire,
envuélvete en tu cuerpo
de rugiente deseo.

En este poema el cuerpo femenino se fragmenta, mostrándose solamente sus partes concebidas como sexuales. Otras imágenes incluyen: “el ardor de tu broncínea carne”, “el ritmo que tus senos estremece”, “tu talle atormentado” y “tus lúbricas caderas”. La mujer y su sexualidad son puestas en escena a través de una danza alucinante y una sexualidad animalizada. Jackson acierta al decir que “[T]he black woman becomes a sexually uninhibited amoral animal full of sensual jungle rhythm, oozing sex through animal eyes, sensual voice, and inviting flesh” (46).

Esta puesta en escena de la mujer de color da cuenta principalmente del deseo sexual masculino. El poeta exhibe la sexualidad femenina para demostrar su heterosexualidad. En la poesía de Artel, el sujeto poético masculinizado expresa su deseo simplificando a la mujer a su función inspiradora. En el poema “Barrio abajo” se lee:

Dame tu ritmo, negra,
que quiero uncirlo en mi verso,
mi verso untado en el áspero
olor de tu duro cuerpo.

El sujeto negro masculino busca afirmación sin cuestionar la sociedad patriarcal y asumiendo, probablemente, la idea de que el tema racial es un asunto entre hombres. El sentido de la poesía negrista de “vivir las circunstancias del negro y expresar sus sentimientos”, como afirma Mansour, queda limitado por una visión centrada en el hombre. No hay en los poemas de Artel evidencias de ‘las circunstancias’ ni ‘los sentimientos’ de la mujer afro-colombiana. A este respecto, Alicia Arrizón afirma que “[A]s a voiceless, gendered subject and one without a history, the mulata’s sensualized body tells more about the speaking subject’s positionality of desire than about her experience as a black woman. Her body is not much a fact but a performance” (144).

La representación de la mujer negra o mulata como un objeto sexual tiene antecedentes en la narrativa del siglo XIX, especialmente en novelas cubanas como Cecilia Valdés de Cirilo Villaverde. Según Sara Russel, en estas novelas “la temática siempre se desarrolla alrededor de los abusos hacia la mujer negra por parte del hombre blanco o la imposibilidad de la raza negra de constituir una familia legítima” (15). Consecuentemente, el abuso sexual de la mujer de color durante el período de la esclavitud significó también su marginación social. El hombre blanco concibe su relación con la mujer negra o mulata como una forma de disfrutar la sexualidad por fuera de las normas sociales.

Bell Hooks en su libro Black Looks cita a Sander Gilman para afirmar que la presencia negra en la temprana sociedad norteamericana “allowed whites to sexualize their world by projecting onto black bodies a narrative of sexualization dissassociated from whiteness”(62). La idea de una sexualidad casi animal se centró principalmente en el cuerpo femenino creando un estereotipo de la mujer marcado por su condición “outside the prevailing norms of accepted femenine behaviour.” (Williams, 121)

En la temprana poesía de Jorge Artel representada en la colección que aquí se analiza, encuentro más continuidades que rupturas con este estereotipo de la mujer de color creado por las dinámicas racistas del siglo XIX. Existen en Tambores en la noche dos objetos poéticos femeninos diferenciados por la atmósfera y las imágenes que los crean. Los poemas en que existe un sujeto poético ‘racializado’ (racialized), es decir identificado por su raza, están claramente marcados por el imaginario sexual. La mujer negra o mulata es danza, movimiento, sensualidad y carne. Por otro lado, existe una mujer inspiradora de un lenguaje sentimental. En el poema “Canción para un ayer definitivo”,  la presencia femenina está marcada por una atmósfera de nostalgia y amor romántico:

Te sé tan lejana que casi estás conmigo.
Yaces con tu voz y tu mirada,
como un ángel dormido,
reclinada sobre mi propia soledad.
Y toda mi noche la ilumina
la gracia vegetal que inunda tu sonrisa.

Con una estética más cercana a la poesía posmodernista, este poema no hace ninguna referencia racial sobre la mujer amada. La voz poética la ubica en un espacio celestial en el verso “como un ángel dormido”. No hay una exhibición de la anatomía femenina. Por el contrario, solamente se hace mención a “su voz”, “su mirada” y “su sonrisa”, que son imágenes ligadas más a la idea de un amor no carnal. Esta división de imágenes parece sugerir que la mujer “racializada”(racialized) es siempre la mujer de color. Y, consecuentemente, la mujer de color es siempre la mujer sexual.

En el poema “Breve canción para Zoila”, la mujer tiene nombre propio. Zoila está también libre del peso de la raza. Es merecedora de los más tiernos sentimientos sublimes como lo demuestran los siguientes versos:

Déjame arrullar tus días
más alegres que un sol recién nacido,
tus días tiernos como niños
embalsamados en paz.

No hay en estos versos el más leve asomo de una sexualidad animal. No hay movimientos desenfrenados llenos de deseo. Aunque en un rol igualmente pasivo, esta mujer, implícitamente blanca o blanqueada, no es exhibida sexualmente. Las palabras la acarician mas no la desnudan. En otra estrofa se lee:

Que tus manos,
finas, aureoladas de silencio,
dejen posarse sobre ellas
las musicales gaviotas de mi verso.

En este poema, el verso quiere posarse en las manos finas de la mujer; mientras que en la mujer negra el verso está ‘untado en el áspero olor de su duro cuerpo”. Estas dos mujeres evocan sentimientos muy distintos y estereotípicamente opuestos. El poema termina de la siguiente manera:

Forjo para ti una canción de lunas,
ebria de perfumadas palabras,
que, como un collar de ritmos trémulos,
ceñirá el eterno domingo de tu alma.

Zoila posee un alma, mientras que la anónima negra no es más que un cuerpo ardiente de deseo. Sobre esta visión de la mujer de color, Lorna V. Williams afirma que ésta es considerada hermosa pero, “to be beautiful in a superficial sense, possessing merely beauty of body and, therefore, a fundamental incapacity to evoke genuine admiration” (121).

Con respecto al tratamiento de la mujer en la poesía de Artel Prescott indica que “[...] the multiple, sensual references to the woman’s anatomy, [...] suggest the pervasive influence of male oriented or male-dominated discourse in negrista poetic imagery […]” (137). Sin embargo, justifica su presencia como recurso inevitable de la danza. En mi opinión, la actitud de Artel frente a la mujer muestra la visión patriarcal que predominó entre los poetas negristas. Interpreto esta actitud a través de lo que Sedgwick llama “male homo-social desire”, es decir, “the structure of men’s relations with other men” (2).En esta relación entre hombres, la sexualidad de la mujer representa un espacio de definición de la masculinidad. Las condiciones sociales de la mujer de color son ignoradas. En Tambores en la noche, la raza es vista como la diferencia radical entre los seres humanos de la cual el hombre es el portavoz y la mujer un simple instrumento.

Bibliografía:

—Arrizón, Alicia. “Race-ing Performativity thruogh Transculturation, Taste and the Mulata Body”.
—Artel, Jorge. Tambores en la noche.
—Guillén, Nicolas. Sóngoro Cosongo.
—Hooks, Bell. Black Looks.
—Jackson, Richard L. The Black Image in Latin American Literature.
—Mansour, Mónica. La poesía negrista.
—Prescott, Laurence. Without hatred or fears.
—Russel, Sarah. “Cecilia Valdés de Villaverde a Arenas: la (re)creación del mito de la mulata”.
—Sedwick, Eve Kosofsky. Between Men.
—Williams, Lorna. “From Dusky Venus to Mater Dolorosa: The Female Protagonist in the Cuban Antislavery Novel”.
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©   Deicy Jiménez

LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN:  0124 - 9282

Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen VII– Número 25
Abril-Mayo-Junio de 2006

DEPARTAMENTO DE IDIOMAS
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
Barranquilla - Colombia

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VOLUMEN VII - NÚMERO 25